jueves, 9 de abril de 2015

Palabras del Predicador (Kohelet) 10 y 11

Capítulo 10


Dichos de sabiduría

1 Las moscas muertas apestan  y echan a perder el perfume. Pesa más una pequeña necedad que la sabiduría y la honra juntas.

2 El corazón del sabio busca el bien,  pero el del necio busca el mal. 3 Y aun en el camino por el que va, el necio revela su falta de inteligencia y a todos va diciendo lo necio que es.

4 Si el ánimo del gobernante se exalta contra ti, no abandones tu puesto. La paciencia es el remedio para los grandes errores. Hay un mal que he visto en esta vida, semejante al error que cometen los gobernantes: 6  al necio se le dan muchos puestos elevados, pero a los capaces se les dan los puestos más bajos. 7 He visto esclavos montar a caballo, y príncipes andar a pie como esclavos. 8 El que cava la fosa, en ella se cae. Al que abre brecha en el muro, la serpiente lo muerde. 9 El que pica piedra, con las piedras se hiere. El que corta leña, con los leños se lastima.

10 Si el hacha pierde su filo, y no se vuelve a afilar, hay que golpear con más fuerza. El éxito radica en la acción  sabia y bien ejecutada. 11 Si la serpiente muerde antes de ser encantada, no hay ganancia para el encantador.

12 Las palabras del sabio son placenteras, pero los labios del necio son su ruina; 13 sus primeras palabras son necedades, y las últimas son terribles sandeces. 14  ¡Pero no le faltan las palabras! Nadie sabe lo que ha de suceder, y lo que será aun después, ¿quién podría decirlo?

15 El trabajo del necio tanto lo fatiga  que ni el camino a la ciudad conoce. 16 Por causa del ocio se viene abajo el techo, y por la pereza se desploma la casa.

17 Para alegrarse, el pan; para gozar, el vino; para disfrutarlo, el dinero.

Capítulo 11

1 Lanza tu pan sobre el agua; después de algún tiempo volverás a encontrarlo. 2 Comparte lo que tienes entre siete,  y aun entre ocho, pues no sabes qué calamidad pueda venir sobre la tierra.

3 Cuando las nubes están cargadas, derraman su lluvia sobre la tierra. Si el árbol cae hacia el sur, o cae hacia el norte, donde cae allí se queda. 4 Quien vigila al viento, no siembra; quien contempla las nubes, no cosecha.

5 Así como no sabes por dónde va el viento ni cómo se forma el niño en el vientre de la madre, tampoco entiendes la obra de Dios, creador de todas las cosas. 6 Siembra tu semilla en la mañana, y no te des reposo por la tarde, pues nunca sabes cuál siembra saldrá mejor, si ésta o aquélla, o si ambas serán igual de buenas.

7 Grata es la luz, y qué bueno que los ojos disfruten del sol.  8 Mas si el hombre vive muchos años, y todos ellos los disfruta, debe recordar que los días tenebrosos serán muchos y que lo venidero será un absurdo.


9 Alégrate, joven, en tu juventud; deja que tu corazón disfrute de la adolescencia. Sigue los impulsos de tu corazón y responde al estímulo de tus ojos, pero toma en cuenta que Dios te juzgará por todo esto.  10 Aleja de tu corazón el enojo, y echa fuera de tu ser la maldad, porque confiar en la juventud y en la flor de la vida es un absurdo.

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