1 Kefa había reunido un numeroso grupo de
seguidores del Camino en Roma y muchos le veían con simpatías, 2 no así los sacerdotes de los templos
romanos y muchos de los judíos que aún permanecían en Roma.
3 Por aquel tiempo, antes del martirio de
los apóstoles Yehudah Tadeo y Shimón Kananay, estalló un poderoso incendio en
Roma que destruyó varios distritos de la ciudad y duró por cinco días. 4 Muchos culpaban al emperador Nerón del
incendio; otros decían que había sido castigo de los dioses enfurecidos por las
muchas conversiones al cristianismo.
5 Así muchos comenzaron a acusar a los
cristianos de incendiarios. Nerón decidió culpar a los cristianos. 6 Y decretó Nerón: “Hay que extirpar esta
perniciosa superstición que da adoración a un Dios extranjero”. Entonces se
inició la persecución. 7 Muchos cristianos fueron atormentados
acusados de incendiarios y otros, aún débiles en la fe, no soportando las
torturas se declararon culpables de haber iniciado el fuego por orden del guía
de los cristianos: Kefa.
8 Los cristianos se ocultaban para no ser
capturados y poder seguir adorando al Señor. Kefa les alentaba a mantenerse
firmes en la fe e imitaran la vida de Yehshua que fue capaz de recibir el
martirio sin oponer resistencia y sin lanzar frases de odio 9 y les alentaba diciéndoles: “Lo confieso,
hermanos entrañablemente amados, yo, que compartía con nuestro Señor Yehshua el
Kristo por temor le negué, y no una vez, sino tres veces.
10 Y el Señor, cuando vio mi cobardía no me
lo imputó. Me miró con dulce mirada y tuvo compasión de la dolencia de mi
carne, 11 cuando yo mismo condenaba mi cobardía
llorando amargamente y lamentando la debilidad de mi fe, 12 porque fui engañado por el Maligno y por
no haber mantenido la palabra de mi señor.
13 Y ahora les digo, hermanos amados,
reunidos en nombre de Kristo el Señor: 13 No
sean débiles, hermanos, tampoco permitan que su espíritu decaiga, sino, 14 sean fuertes y perseverantes y no duden:
Pues si el príncipe de la Sombra me hizo tropezar, a mí, a quien el señor tenía
en gran estima, 15 para que negara la luz de mi esperanza, y
pusiera dentro de mi alma el anhelo de huir, como si hubiera puesto mi
confianza en un hombre, 16 ¿qué puedo pensar que hagan ustedes que
son jóvenes en la fe?
17 Si nuestro Rabbi se levantó de los
muertos así nosotros también alcanzaremos vida eterna si morimos por su nombre.
18 Vuélvanse, por lo tanto, hermanos, elijan
al Señor y sean fuerte en Dios Todopoderoso, el Padre de nuestro Señor el
Kristo Yehshua, 19 que ningún hombre ha visto en ningún
momento, ni unos ni otros pueden ver, excepto el que ha creído en él. 20 Y sean conscientes que el temor de perder
la vida es la tentación que carga el Maligno sobre ustedes para apartarles de
la Gloria de Dios”.
21 Pero los cristianos le pidieron a Kefa
que abandonara la ciudad para mayor gloria de la Palabra, y salvando su vida
pudiera dedicarse a las enseñanzas por los campos del imperio. 22 Mas Kefa se negaba diciéndoles: “Les
ruego, hermanos, que no me hagan caer en tentación y de nuevo hacer que niegue
al Señor”.
23 Entonces los ancianos le replicaron: “Tú,
Kefa, has sufrido detenciones, maltratos y vejaciones. Todavía tienes mucho por
hacer para la Palabra. 24 Ahora nada te librará de la muerte. 25 Que Marcos tu discípulo quede en la
comunidad para que escriba tus dichos y las enseñanzas que nos has dado de la
predicación del Señor”.
26 Y prepararon la partida de Kefa para ir a
un lugar seguro. Entonces Kefa decidió que le acompañara solo un muchacho que le
sirviera de guía. 27 En la madrugada Kefa abandonó Roma,
pasando por la Porta Appia. A poco de andar Kefa ordenó al muchacho que
regresara a la ciudad y continuó su marcha solo.
28 Fue entonces que vio a un hombre que
venía en su dirección. Cuando pudo verle más de cerca comprendió que tenía una
visión: 29 era Yehshua que venía a su encuentro.
Entonces Kefa preguntó temeroso: “¿Dónde vas Señor?”
30 Yehshua le respondió diciendo: “Kefa,
Kefa, a Roma voy para ser crucificado”. Preguntó de nuevo Kefa: “¿Vas a ser
crucificado de nuevo, Señor?” 31 Y Yehshua contestó: “Si, Kefa, para ser
crucificado de nuevo”. 32 Entonces ante la mirada de Kefa
desapareció Yehshua. Lloró el apóstol comprendiendo que había recibido un
mensaje del Señor. 33 Entonces dio vuelta y retornó a Roma para
unirse de nuevo a la comunidad.
33 Y estuvo Kefa atendiendo a la comunidad
sin dejar de predicar y se movía de un lugar a otro dando consuelo a los
hermanos y avivándoles su espíritu. 34
Sucedió entonces que vinieron unos guardias romanos y tomaron preso a Kefa
junto con otros hermanos y fueron llevados a un calabozo, donde permanecieron
largo tiempo sin dejar de orar al Señor.
35 Un día sacaron a los cristianos y a Kefa
y les condujeron al Circo de Nerón, más allá de las murallas de la ciudad. Y
los soldados tenían órdenes de llevarles a la muerte. 36 Cuando iban a cumplir la orden, uno de
los guardias dijo al reconocer a Kefa: “He aquí este judío que era discípulo
del crucificado; ¿qué haremos con él?” 37
Entonces el centurión que les conducía dijo: “Pues a este lo dejamos aparte
para que muera como su Maestro el crucificado”.
38 Llevaron a empujones y atado a Kefa y el
centurión le reclamó: “Inclina tu cabeza y renuncia a tu Kristo”. Kefa le
contestó: 39 “No inclinaré mi cabeza ni renegaré de mi
Señor, recibo la muerte en la cruz con alegría”.
40 Y dijo el centurión: “Ya que no
inclinarás la cabeza, serás crucificado con la cabeza hacia la tierra”. 41 Entonces colocaron a Kefa sobre la cruz y
le clavaron al madero. Luego colocaron la cruz de forma invertida.
42 Sintió Kefa que entregaba su espíritu y
entonces escuchó la voz de Yehshua que le decía: “Kefa, en verdad tú has sido
piedra de fundación para congregar a mi pueblo”.



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