Según
Yojanán Marcos discípulo de Kefa
Parábola
de los labradores malvados
1 Entonces comenzó Yehshua a
decirles por parábolas: “Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó
un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 2 Y a su tiempo envió un siervo
a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. 3 Mas ellos, tomándole, le
golpearon, y le enviaron con las manos vacías.
4 Volvió a enviarles otro
siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron
afrentado. 5
Volvió a enviar otro, y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y
matando a otros. 6
Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos,
diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.
7 Mas aquellos labradores
dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será
nuestra. 8 Y tomándole, le mataron, y le
echaron fuera de la viña. 9¿Qué,
pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su
viña a otros.
10 ¿Ni aun esta escritura habéis
leído: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del
ángulo; 11 El Padre ha hecho esto, Y es
cosa maravillosa a nuestros ojos?”
12 Y procuraban prenderle,
porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; pero temían a la
multitud, y dejándole, se fueron.
El
pago de los impuestos
13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le
sorprendiesen en alguna palabra. 14 Viniendo ellos, le dijeron: “Rabbi, sabemos que eres
hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los
hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es
lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?”
15 Mas él, percibiendo la
hipocresía de ellos, les dijo: “¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que
la vea”. 16 Ellos se la trajeron; y les
dijo: “¿De quién es esta imagen y la inscripción?” Ellos le dijeron: “De César”.
17 Respondiendo Yehshua, les
dijo: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Y se
maravillaron de él.
Discusión
sobre la resurrección de los muertos
18 Entonces vinieron a él los sadoqueos,
que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: 19 “Rabbi, Moshé nos escribió
que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que
su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano. 20 Hubo siete hermanos; el
primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. 21 Y el segundo se casó con
ella, y murió, y tampoco dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera. 22 Y así los siete, y no dejaron
descendencia; y después de todos murió también la mujer. 23 En la resurrección, pues,
cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la
tuvieron por mujer?”
24 Entonces respondiendo Yehshua,
les dijo: “¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de
Dios? 25 Porque cuando resuciten de
los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los
ángeles que están en los cielos. 26 Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis
leído en el libro de Moshé cómo le habló el ángel de Dios en la zarza,
diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Yitzhak, el Dios de Ishma’el el Dios de Ya’acov? 27 Dios no es Dios de muertos,
sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis”.
El
mandamiento principal
28 Acercándose uno de los
escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien,
le preguntó: “¿Cuál es el primer mandamiento de todos?” 29 Yehshua le respondió: “El primer mandamiento
de todos es: Oye, Yisraeil; el Padre nuestro Dios, el Padre uno es. 30 Y amarás a Adonai tu Dios con todo tu corazón,
y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el
principal mandamiento.
31 Y el segundo es semejante:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.
32 Entonces el escriba le dijo: “Bien,
Rabbi, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33 y el amarle con todo el
corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas,
y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y
sacrificios”.
34 Yehshua entonces, viendo que
había respondido sabiamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y ya
ninguno osaba preguntarle.
El
Mashíaj es Señor de David
35 Enseñando Yehshua en el
templo, decía: “¿Cómo dicen los escribas que el Mashíaj Kristo es hijo de
David? 36 Porque el mismo David dijo
por el Paráclito: Dijo Adonai a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que
ponga tus enemigos por estrado de tus pies. 37 David mismo le llama Señor; ¿cómo, pues, es su hijo?” Y
gran multitud del pueblo le oía de buena gana.
Advertencia
contra los escribas
38 Y les decía en su doctrina: “Guardaos
de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones
en las plazas, 39
y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; 40 que devoran las casas de las
viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor
condenación”.
La
ofrenda de la viuda
41 Estando Yehshua sentado
delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca;
y muchos ricos echaban mucho. 42
Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. 43 Entonces llamando a sus
discípulos, les dijo: “De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que
todos los que han echado en el arca; 44 porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de
su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento”.



No hay comentarios:
Publicar un comentario