sábado, 4 de julio de 2015

Divinidad de Kristo


Si el Hijo es engendrado por el Padre.
Y engendrar es propagar la propia especie.
Entonces el Hijo es de la misma especie que el Padre


Si el Hijo es engendrado por el Padre no procede de la nada. Se dice bíblicamente: “Dios creó el mundo”, en cambio se dice: “El Padre engendró al Hijo”. Existe una gran diferencia entre el término crear y el término engendrar. Se crea de la nada. El pensamiento crea ideas, imágenes. Engendrar requiere un vehículo para la concepción. Engendra el factor masculino y concibe el factor femenino. Dios es el pléroma varón/hembra elemental. Dios engendra en sí mismo y produce un ente semejante a Él y de su propia esencia. Dios crea a partir de la nada (aunque en realidad su creación consiste en la generación del primer impulso y, a partir de este, elabora lo existente) y lo creado no es de la misma esencia de Dios, pues lo creado no nace en Dios sino que se origina por Dios.

Los hebreos de los tiempos bíblicos tempranos eran eminentemente patriarcales. Estaban conformados por familias nómadas de ganaderos, donde el padre de familia era la figura más importante y la autoridad indiscutible dentro de sus estructuras sociales. Estas características patriarcales les hizo imaginar a Dios como una divinidad fálica; un dios con características varoniles, energético, poderoso, y al que se debía respetar y temer, Yahveh o Yahvahé. Dios no se podía concebir con caracteres femeninos y mucho menos como figura abstracta donde se igualaba lo masculino con lo femenino. Yehshua, incluso, denomina a Dios como Abba, Padre y no podría haber hecho diferente, dada la mentalidad machista que prevalecía en el Yisraeil (Israel) de su tiempo.

Así el cristianismo continuó venerando a Dios en figura de hombre y paulatinamente, entre los primeros cristianos se fue identificando la palabra engendrar con la palabra crear, haciéndolas sinónimas; porque no se concibe lógicamente que una identidad masculina pueda engendrar en sí mismo a otro ser de igual semejanza. El carácter fálico atribuido a la Divinidad impide comprenderla en toda su magnitud. Dios es Suma Inteligencia y Espíritu y no posee sexo; es Sí mismo es poder engendrante y capacidad de concebir. No es Padre, ni es Madre y es al mismo tiempo Padre/Madre.

Esta identificación de la palabra engendrar con la palabra crear, llevó a Arrio (256 - 336) a negar la consustancialidad del Padre con Kristo, concluyendo que “hubo un tiempo en que el Hijo no existía” (no se había creado) por tanto había que concluir que Kristo era una creación de Dios y como tal no era Dios.

Toda la confusión teológica/filosófica que origina el concepto de “creación” a partir de la nada conlleva al cuestionamiento de la divinidad o no de Kristo, de su identidad de esencia o su identidad como ser “creado”. Dios creó el primer impulso al separarse como Luz de la Sombra, y este primer impulso originó la expansión de la materia siempre existente. Dios, por medio de un plan elaborado por su gran inventiva, organizó el caos de la materia para dar forma al universo. El universo no es creación de Dios; es obra de Dios actuando sobre el movimiento de la materia.

Por otra parte, el concepto de creación, dentro del cristianismo, lleva inexorablemente a enfocar lo existente dentro de los conceptos platónicos de las ideas. Todo lo existente es solo una realidad aparente, sombras de la realidad. El universo es por tanto una apariencia y los hombres simples sombras sin existencia real. Todos los seres vivientes, dentro del criterio de creación a partir de la nada, son como los personajes de novelas creados por un literato. Nada de lo existente tiene realidad, todo es idea, imagen.

Con este concepto de que el mundo real es solo apariencia no hay cabida para un plan de salvación. ¿Salvar qué? ¿A las ideas?   

Dios creó a los ángeles, a ninguno de los cuales, según se testimonia en la Biblia, le llamó “hijo”, sino, servidores y mensajeros suyos. Ninguno de los ángeles fue engendrado por Dios. Solo uno fue el “engendrado”: el Hijo, Kristo, y, por tanto, este es un ser ni diferente, ni inferior a Él. Un tigre no engendra un gato, ni un hombre engendra un mono.

Dios engendra al Hijo en sí mismo: “¿No crees que yo estoy en el Padre (ὅτι  ἐγὼ  ἐν  τῷ  Πατρὶ)  y el Padre en mí? (ὁ  Πατὴρ  ἐν  ἐμοί)” (Yojanán 14:10) El Padre está en/dentro de Kristo, y Kristo está en/dentro del Padre; es decir: “¿No crees que yo soy de la misma esencia que el Padre, y el Padre es de la misma esencia que yo?”

La Suprema inteligencia, hecho Luz, genera dentro de sí, dentro de su esencia a la Luz (Hijo) esencia suya. El Hijo es el Logos originado antes de la existencia de los tiempos en el momento en que la Luz se separa de la Sombra y adquiere conciencia de sí mismo. Kristo, como identidad divina es anterior a la formación del universo y a la creación de los ángeles. Paulo en su Carta a los hebreos 1:6 dice, refiriéndose a la palabra de Dios: “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios”.

Dios reclama para Él, y solo a Él, adoración, entonces si El pide que sus ángeles adoren al Hijo ¿no está acaso igualando al Hijo, al Primogénito, consigo mismo?

Por otra parte, ¿Cuál de los ángeles de Dios posee el poder salvífico que Kristo, como Hijo de Dios posee? La Salvación, se dice, es don de Dios; por tanto es atributo exclusivo de Dios. Kristo reclama para sí el poder salvífico: “y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” (Yojanán 11:26)

Kristo no es un ángel creado por Dios; no es una criatura suya, aunque algunas denominaciones dentro del cristianismo lo identifican con Mija’el, y de acuerdo con las escrituras, el Tanaj y el Nuevo Testamento, junto con las tradiciones rabínicas (estas últimas denominan a Mija’el como “Príncipe de las Naciones”),  se puede inducir a identificar a Kristo con Mija’el ─ cuyo nombre en hebreo significa “Quién como Dios” ─, sin embargo no se puede afirmar categóricamente que ambos sean una misma criatura espiritual. Ciertamente a Mija’el las escrituras no lo identifican de modo taxativo como “hijo de Dios” como si lo hace con respecto a Kristo.


Kristo tiene poder para reprender al demonio; Mija’el carece de esa facultad: “Pero cuando el arcángel Mija’el contendía con el diablo, disputando acerca del cuerpo de Moshé, no se atrevió a usar juicio de maldición contra él, sino que dijo: “El Señor te reprenda”. (Biblia. Judas 1:9) En Marcos 1:25-26 se lee: “Pero Yehshua le REPRENDIO (al demonio), diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él". También en Marcos 3:11-12 se dice: “Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante del, y daban voces, diciendo: Tu eres el Hijo de Dios. Más él les REPRENDIA mucho para que no le descubriesen”. En  Loukás 9:42, se dice de Yehshua: “Y mientras se acercaban el muchacho, el demonio le derribó y le sacudió con violencia: pero Yehshua REPRENDIO al espíritu inmundo, y sano al muchacho, y se lo devolvió a su padre”.

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