Según
Yojanán Marcos discípulo de Kefa
La
inminente destrucción del templo
1 Saliendo Yehshua del templo,
le dijo uno de sus discípulos: “Rabbi, mira qué piedras, y qué edificios”. 2 Yehshua, respondiendo, le
dijo: “¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea
derribada”.
3 Y se sentó en el monte de los
Olivos, frente al templo. Y Kefa, Ya’akov, Yojanán y Andras le preguntaron
aparte: 4 “Dinos, ¿cuándo serán estas
cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?”
El
comienzo de las tribulaciones
5 Yehshua, respondiéndoles,
comenzó a decir: “Mirad que nadie os engañe; 6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el
Mashíaj el Kristo; y engañarán a muchos.7 Mas cuando oigáis de guerras
y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así;
pero aún no es el fin. 8
Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá
terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de
dolores son estos.
9 Pero mirad por vosotros
mismos; porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y
delante de gobernadores y de reyes os llevarán por mi causa, para testimonio a
ellos. 10 Y es necesario que el
evangelio sea predicado antes a todas las naciones.
11 Pero cuando os trajeren para
entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo
que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que
habláis, sino el Paráclito.
12 Y el hermano entregará a la
muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los
padres, y los matarán. 13
Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere
hasta el fin, éste será salvo.
La
gran tribulación de Yerushaláyim
14 Pero cuando veáis la
abominación desoladora de que habló el profeta Dany’el, puesta donde no debe
estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los
montes. 15 El que esté en la azotea, no
descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; 16 y el que esté en el campo, no
vuelva atrás a tomar su capa.
17 Mas ¡ay de las que estén
encintas, y de las que críen en aquellos días! 18 Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno; 19 porque aquellos días serán de
tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la expansión que Dios
creó, hasta este tiempo, ni la habrá. 20 Y si Adonai no hubiese acortado aquellos días, nadie sería
salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días.
21 Entonces si alguno os dijere:
Mirad, aquí está el Kristo; o, mirad, allí está, no le creáis. 22 Porque se levantarán falsos Mashíaj
Kristo y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar, si fuese
posible, aun a los escogidos. 23
Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo antes.
La
manifestación gloriosa del Hijo del hombre
24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación,
el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, 25 y las estrellas caerán del
cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. 26 Entonces verán al Hijo del
Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. 27 Y entonces enviará sus
ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de
la tierra hasta el extremo del cielo.
La
parábola de la higuera
28 De la higuera aprended la
parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el
verano está cerca. 29
Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está
cerca, a las puertas. 30
De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.
31 El universo y la tierra
pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Exhortación
a la vigilancia y a la fidelidad
32 Pero de aquel día y de la
hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el
Padre. 33 Mirad, velad y orad; porque
no sabéis cuándo será el tiempo. 34 Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio
autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.
35 Velad, pues, porque no sabéis
cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al
canto del gallo, o a la mañana; 36
para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. 37 Y lo que a vosotros digo, a
todos lo digo: Velad”.


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