miércoles, 15 de julio de 2015

Libro de la Sabiduría de Yehshua ben Sirac XVI y XVII

XVI

Súplica del sabio


1 “¡Adonai, Padre y Dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios ni me dejes caer por culpa de ellos! 2 ¿Quién aplicará el látigo a mi pensamiento, y a mi corazón, la disciplina de la sabiduría, para que no se perdonen mis errores ni se pasen por alto mis pecados?

3 Así no se multiplicarán mis errores ni sobreabundarán mis pecados, ni caeré ante mis adversarios, ni mi enemigo se burlará de mí.

4 Padre y Dios de mi vida, no me des unos ojos altaneros 5 y aparta de mí los malos deseos. 6 ¡Que la sensualidad y la lujuria no me dominen, no me entregues a las pasiones vergonzosas!”

Los pecados de la lengua: los juramentos vanos

7 Escuchen, hijos, cómo se educa la lengua: el que observe esto no caerá en el lazo. 8 El pecador se enreda en sus propias palabras, el maldiciente y el soberbio caen a causa de ellas.

9 No acostumbres tu boca a jurar ni te habitúes a pronunciar el nombre del Santo. 10 Así como el servidor vigilado constantemente nunca se libra de algún golpe, así el que jura y pronuncia el Nombre en todo momento no quedará limpio de pecado.

11 El que jura constantemente está lleno de iniquidad y el flagelo no se apartará de su casa. Si falta a su juramento, incurre en pecado; si lo menosprecia, peca doblemente; si juró en vano, no tendrá justificación y su casa se llenará de desgracias.

La grosería en el hablar

12 Hay un lenguaje comparable a la muerte: ¡que no se lo encuentre en la herencia de Ya’acov! Los hombres buenos están alejados de todas esas cosas: ¡que ellos no se revuelquen en los pecados! 13 No acostumbres tu boca a decir groserías, porque al decirlas se peca con la palabra. 14 Un hombre habituado a las palabras injuriosas no podrá ser corregido en toda su vida.

XVII

El elogio de la sabiduría


1 La sabiduría hace el elogio de sí misma y se gloría en medio de su pueblo, 2 abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de su Poder:  

3 “Yo salí de la boca del Altísimo y cubrí la tierra como una neblina. 4 Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna de nube. 5 Yo sola recorrí el circuito del cielo y anduve por la profundidad del universo. 6 Sobre las olas del mar y sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y nación, ejercí mi dominio.

9 La Suprema Inteligencia me engendró antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de existir. 10 Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en los montes del Hermón; 11 crecí como una palmera en Engadí y como los rosales en Yériho; como un hermoso olivo en el valle, y como un plátano, me elevé hacia lo alto.

12 Yo exhalé perfume como la canela como el aspálato fragante y la mirra selecta, como el gálbano, la uña aromática y el estacte, y como el humo del incienso en la Morada. 13 Extendí mis ramas como un terebinto, y ellas son ramas de gloria y de gracia.

14 Yo, como una vid, hice germinar la gracia, y mis flores son un fruto de gloria y de riqueza.


15 ¡Vengan a mí, los que me desean, y sáciense de mis productos! 16 Porque mi recuerdo es más dulce que la miel y mi herencia, más dulce que un panal. 17 Los que me coman, tendrán hambre todavía, los que me beban, tendrán más sed. 18 El que me obedezca, no se avergonzará, y los que me sirvan, no pecarán”. 

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