XVI
Súplica del sabio
1 “¡Adonai, Padre y Dueño de mi
vida, no me abandones al capricho de mis labios ni me dejes caer por culpa de
ellos! 2
¿Quién aplicará el látigo a mi pensamiento, y a mi corazón, la disciplina de la
sabiduría, para que no se perdonen mis errores ni se pasen por alto mis
pecados?
3 Así no se multiplicarán mis
errores ni sobreabundarán mis pecados, ni caeré ante mis adversarios, ni mi
enemigo se burlará de mí.
4 Padre y Dios de mi vida, no
me des unos ojos altaneros 5
y aparta de mí los malos deseos. 6
¡Que la sensualidad y la lujuria no me dominen, no me entregues a las pasiones
vergonzosas!”
Los pecados de la lengua: los
juramentos vanos
7 Escuchen, hijos, cómo se educa
la lengua: el que observe esto no caerá en el lazo. 8 El pecador se enreda en sus
propias palabras, el maldiciente y el soberbio caen a causa de ellas.
9 No acostumbres tu boca a
jurar ni te habitúes a pronunciar el nombre del Santo. 10 Así como el servidor vigilado
constantemente nunca se libra de algún golpe, así el que jura y pronuncia el
Nombre en todo momento no quedará limpio de pecado.
11 El que jura constantemente
está lleno de iniquidad y el flagelo no se apartará de su casa. Si falta a su
juramento, incurre en pecado; si lo menosprecia, peca doblemente; si juró en
vano, no tendrá justificación y su casa se llenará de desgracias.
La grosería en el hablar
12 Hay un lenguaje comparable a
la muerte: ¡que no se lo encuentre en la herencia de Ya’acov! Los hombres
buenos están alejados de todas esas cosas: ¡que ellos no se revuelquen en los
pecados! 13
No acostumbres tu boca a decir groserías, porque al decirlas se peca con la
palabra. 14
Un hombre habituado a las palabras injuriosas no podrá ser corregido en toda su
vida.
XVII
El elogio de la sabiduría
1 La sabiduría hace el elogio
de sí misma y se gloría en medio de su pueblo, 2 abre la boca en la asamblea
del Altísimo y se gloría delante de su Poder:
3 “Yo salí de la boca del
Altísimo y cubrí la tierra como una neblina. 4
Levanté mi carpa en las alturas, y mi trono estaba en una columna de nube. 5 Yo sola recorrí el circuito del
cielo y anduve por la profundidad del universo. 6 Sobre las olas del mar y
sobre toda la tierra, sobre todo pueblo y nación, ejercí mi dominio.
9 La Suprema Inteligencia me engendró
antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de
existir. 10
Crecí como un cedro en el Líbano y como un ciprés en los montes del Hermón; 11 crecí como una palmera en
Engadí y como los rosales en Yériho; como un hermoso olivo en el valle, y como
un plátano, me elevé hacia lo alto.
12 Yo exhalé perfume como la
canela como el aspálato fragante y la mirra selecta, como el gálbano, la uña
aromática y el estacte, y como el humo del incienso en la Morada. 13 Extendí mis ramas como un
terebinto, y ellas son ramas de gloria y de gracia.
14 Yo, como una vid, hice
germinar la gracia, y mis flores son un fruto de gloria y de riqueza.
15 ¡Vengan a mí, los que me
desean, y sáciense de mis productos! 16
Porque mi recuerdo es más dulce que la miel y mi herencia, más dulce que un
panal. 17
Los que me coman, tendrán hambre todavía, los que me beban, tendrán más sed. 18 El que me obedezca, no se
avergonzará, y los que me sirvan, no pecarán”.



No hay comentarios:
Publicar un comentario