viernes, 24 de julio de 2015

No ataques a otros cristianos


Solo hay una comunidad cristiana que forma la Asamblea del Pueblo de Kristo. Sin embargo, ese pueblo de Kristo es guiado dentro de diferentes congregaciones y cada una con sus particularidades. ¿Puedes juzgarles según sus disímiles doctrinas? ¿Te crees tú juez sobre toda la cristiandad, para determinar cuál de los credos que siguen el Camino es el verdadero, el único que está en la verdad?

Todo el que confiese a Kristo, como Hijo de Dios, como Redentor y como Luz, sin los errores del arrianismo es cristiano y está en camino de salvación. Todo el que predique la Palabra, sin intención de imponer su particular punto de vista a otros, está cumpliendo con el mandato de Yehshua Kristo y debe ser bienvenido por cualquiera que profese la esperanza y fidelidad al Camino. 

¿Qué te puede molestar la estructura que rige en cada congregación? Esto es secundario; aunque un seguidor de la Luz prefiere que no haya casta sacerdotal ni obispos, ni pastores que hagan oficio del ejercicio de la Palabra o lucre con la enseñanza. La estructura no es doctrinal y ¿para qué perder tiempo discutiendo sobre la misma?

¿Crees que los únicos hombres santos se encuentran solo en tu congregación? Entonces, si haces esto, estás dudando o negando que Dios, en su gran amor y ciencia, da su iluminación y santidad a cualquiera que elija entre los que profesan las enseñanzas de Kristo.

Ciertamente, no hablamos de falsos profetas, porque al igual que hay santos, también hay falsos profetas dentro de todas las congregaciones. A estos los conocemos, al igual que conocemos que ningún árbol sano dará frutos malos, que ningún peral dará fruto espinoso sino fruto agradable al paladar.


Hay una gran verdad en lo dicho por Erasmo de Róterdam (1466 - 1536): “Todos tienen estas palabras en la boca: Evangelio — Palabra Divina — Fe — Cristo — Espíritu, pero veo a muchos de ellos comportarse como si estuvieran poseídos por el demonio”. Entonces ¿por qué atacamos con furia sectaria a otras congregaciones cristianas? ¿Por qué gritas: “Nosotros somos seguidores verdaderos de los evangelios, de la Buena Noticia del Reino”? ¿Será cierto? ¿Acaso eres tú y tu congregación los únicos receptores de la Palabra Divina? ¿Será cierto? ¿Por qué proclamas en todas las plazas que tienes fe y por tu fe rechazas a otros que también tienen fe? ¿Estarás cayendo en el fanatismo? ¿Crees que solo tú y tu congregación son los únicos seguidores de Kristo y del Espíritu cuando otros, según su modo de entender la doctrina, creen en la divinidad de Kristo al igual que tú y creen en la Santa Trinidad como crees tú también? ¡Cuidado puedes estar siendo tentado por Sama’el-Zebut buscando que haya tropiezos entre los cristianos!

Erasmo fue sabio en su tiempo y quiso, en medio de los trastornos surgidos tras la Protesta de Lutero, que hubiera un compromiso entre el protestantismo y el papado, porque propugnaba la práctica de religiosidad interior y espiritual más allá de las contradicciones doctrinales. ¿Por qué no seguir esta sabia propuesta como verdaderos seguidores de Kristo Yehshua?

¿Crees como condición única para ser salvo en el principio “Sola fide, sola gratia”?, fortalece entonces tu fe, con dedicación y sin llegar al extremo de la hipertrofia, pues esto conduce al fanatismo y el fanatismo es otra forma de idolatría. ¿Crees que además de la fe, se requiere poner en práctica tus obras, justificadas en la fe? Bien, hazlo. Haz el bien y práctica tu fe y llénate de generosidad hacia tu hermano que piensa diferente.

¿Preguntarás mi opinión al respecto? Te digo, querido hermano: un seguidor de la Luz considera que la fe, o mejor expresado, la creencia firme en el Espíritu Universal ─ Padre, Hijo y Paráclito Espíritu Santo ─, la fidelidad en la Palabra y la esperanza de alcanzar la gracia, esto que se llama fe, si carece de obras que expresen amor y ánimo de justicia, está muerta. El seguidor de la Luz cree firmemente que Dios nos da la gracia de la salvación, pero para alcanzar esa gracia se requiere buscar la perfección sin apartarnos del Camino, porque, al final, si desfallecemos y acumulamos errores y hacemos transgresión, esa gracia podemos perderla y nada podrá alegarse para ser justificados.


Mira hermano, hay hombres con un toque de santidad y de inspiración en todas las congregaciones. ¿Acaso Francisco de Asís no fue un hombre santificado con la bendición de Dios? Sí, lo fue.


¿Quién puede negarle a Jacobus Arminius que fuera hombre de Dios? ¿Qué decir de Simón Episcopius? El creía y sostenía que el cristianismo es una actitud que está por encima de creencias particulares y por encima de los dogmas. Episcopius postuló, tal como lo consideran los seguidores de la Luz, que el cristianismo verdadero es una renovación espiritual, tanto en la mente como en la vida personal del que vive en la Palabra.


¿Podemos negarle santidad a John Wesley, quien siguiendo en su conciencia las enseñanzas de Kristo se opuso al esclavismo cuando muchos predicadores bendecían esa perversa institución? ¿Puede alguien negarle santidad a William Tyndale que murió por atreverse a traducir al inglés común el Nuevo Testamento cuando en Europa imperaba el fanatismo religioso? Tyndale fue atado a un poste, fue ahorcado y luego quemado su cuerpo en la hoguera.


¡Ah! Pero hay muchos dentro de la gran congregación cristiana que se empeñan en encontrar anticristos en otras congregaciones que no comparten sus mismas doctrinas. ¿Es el Papado el anticristo o más exactamente la gran ramera de Babilonia, marcada como la “madre de las fornicaciones y de las abominaciones de la tierra”? Nada hay en el libro apócrifo de Yojanán que se ajuste con el catolicismo. No es una profecía de condena contra la iglesia de Roma, sino un argumento de resentimiento contra esa congregación que ciertamente no está exenta de errores como no está exenta de errores cualquier otra congregación cristiana.

El catolicismo no difiere en mucho de las congregaciones ortodoxas de oriente. Uno y otros veneran santos, realizan rituales muy semejantes, ambos reconocen el bautismo de infantes. Los ortodoxos creen en el Espíritu Santo como una de las personas de Dios a semejanza de los católicos, pero difieren en cuanto, para los católicos el Espíritu Santo “procede del Padre y del Hijo” (conflicto del Filioque) y los ortodoxos creen que procede solo de El Padre. Los ortodoxos no aceptan el dogma del Purgatorio y difieren de los católicos en cuanto al llamado “pecado original”, pero aceptan el dogma del “pecado ancestral”; no creen en la herencia de la transgresión de Adán y Eva pues consideran estos ya pagaron con su expulsión del Edén. Los ortodoxos no aceptan el dogma de la “inmaculada concepción de Mariam”, pero creen y son devotos de la “Santísima, Purísima, Bendita Señora Madre de Dios y Siempre Virgen” Mariam.  Se puede afirmar que es más lo que une que lo que separa a católicos y ortodoxos.

La ruptura entre ortodoxos y católicos, acto conocido históricamente como el Gran Cisma o Cisma de Oriente y Occidente, se produjo en el siglo XI, en el año 1054, dividiéndose la cristiandad entonces en dos distintivos credos, el de Roma y el de Constantinopla. El Patriarca de Constantinopla dictó excomunión contra los obispos que seguían los ritos de Roma de utilizar pan ácimo en la eucaristía y la respuesta de Roma fue similar, declarando excomulgado al Patriarca Miguel Cerulario.  En 1965, el Papa Pablo VI y Patriarca Ecuménico Atenágoras I acordaron “borrar de la memoria y de la Iglesia las sentencias de excomunión del año 1054”.

Con tales semejanzas entre católicos y ortodoxos, ¿por qué no se incluyen a estos últimos como copartícipes en la grande Babilonia?

En Apocalipsis (apócrifo de Yojanán) con sus muchos símbolos e imágenes consideradas proféticas, nunca profetizó que se produciría el Gran Cisma y mucho menos que la iglesia católica occidental recibiría el embate de la Protesta de Lutero y el surgimiento del protestantismo que se multiplicaría, con el correr de los años, como el hongo en tiempos de lluvia, en incontables congregaciones y sectas, todas convencidas de que ellas únicamente poseen la Verdad Revelada.

La Reforma tuvo su inicio dentro de la misma congregación católica occidental impulsada por un monje agustino católico.

La Verdad se ha dispersado en secciones de verdades relativas. ¿Cuál de las comunidades, hoy existentes dentro del cristianismo, poseen la verdad indiscutible? Creo que ninguna, pero no soy yo quien juzga. Solo la Suprema Inteligencia puede diferenciar entre el error y lo que es cierto; entre la Verdad y las “verdades” de cada congregación. Sin embargo, una sola es la comunidad cristiana y en ella se integran tanto católicos como ortodoxos, luteranos y calvinistas, así como todo el universo de congregaciones denominadas protestantes y “evangelistas”.

No busquemos anticristos, porque anticristos hay muchos y aparecen dentro de todas las congregaciones; pero ya ha aparecido el Anticristo, el que crea disensión y conflictos entre los cristianos de todas las congregaciones con el propósito de debilitar al pueblo de Kristo. Anticristo es aquel que siendo un apóstata ataca a todas las congregaciones cristianas igualándolas a todas bajo el mismo rubro de ser parte de la gran apostasía.


Recuerda hermano, todos, por la sangre de Kristo derramada sobre la cruz nos hemos convertidos en merecedores de ser llamados hijos de Dios. Todo aquel que acepta a Kristo como su redentor y salvado es hermano nuestro; por tanto, ¿por qué atacar a mi hermano que cree en el mismo Dios y acepta la Palabra?

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