Solo hay una comunidad
cristiana que forma la Asamblea del Pueblo de Kristo. Sin embargo, ese pueblo
de Kristo es guiado dentro de diferentes congregaciones y cada una con sus
particularidades. ¿Puedes juzgarles según sus disímiles doctrinas? ¿Te crees tú
juez sobre toda la cristiandad, para determinar cuál de los credos que siguen
el Camino es el verdadero, el único que está en la verdad?
Todo el que confiese a Kristo,
como Hijo de Dios, como Redentor y como Luz, sin los errores del arrianismo es
cristiano y está en camino de salvación. Todo el que predique la Palabra, sin
intención de imponer su particular punto de vista a otros, está cumpliendo con
el mandato de Yehshua Kristo y debe ser bienvenido por cualquiera que profese
la esperanza y fidelidad al Camino.
¿Qué te puede molestar la
estructura que rige en cada congregación? Esto es secundario; aunque un
seguidor de la Luz prefiere que no haya casta sacerdotal ni obispos, ni
pastores que hagan oficio del ejercicio de la Palabra o lucre con la enseñanza.
La estructura no es doctrinal y ¿para qué perder tiempo discutiendo sobre la
misma?
¿Crees que los únicos hombres
santos se encuentran solo en tu congregación? Entonces, si haces esto, estás
dudando o negando que Dios, en su gran amor y ciencia, da su iluminación y
santidad a cualquiera que elija entre los que profesan las enseñanzas de
Kristo.
Ciertamente, no hablamos de
falsos profetas, porque al igual que hay santos, también hay falsos profetas
dentro de todas las congregaciones. A estos los conocemos, al igual que
conocemos que ningún árbol sano dará frutos malos, que ningún peral dará fruto
espinoso sino fruto agradable al paladar.
Hay una gran verdad en lo
dicho por Erasmo de Róterdam (1466 - 1536): “Todos tienen estas palabras en la boca: Evangelio — Palabra Divina — Fe
— Cristo — Espíritu, pero veo a muchos de ellos comportarse como si estuvieran
poseídos por el demonio”. Entonces ¿por qué atacamos con furia sectaria a
otras congregaciones cristianas? ¿Por qué gritas: “Nosotros somos seguidores
verdaderos de los evangelios, de la Buena Noticia del Reino”? ¿Será cierto?
¿Acaso eres tú y tu congregación los únicos receptores de la Palabra Divina?
¿Será cierto? ¿Por qué proclamas en todas las plazas que tienes fe y por tu fe
rechazas a otros que también tienen fe? ¿Estarás cayendo en el fanatismo? ¿Crees
que solo tú y tu congregación son los únicos seguidores de Kristo y del Espíritu
cuando otros, según su modo de entender la doctrina, creen en la divinidad de
Kristo al igual que tú y creen en la Santa Trinidad como crees tú también?
¡Cuidado puedes estar siendo tentado por Sama’el-Zebut buscando que haya
tropiezos entre los cristianos!
Erasmo fue sabio en su tiempo
y quiso, en medio de los trastornos surgidos tras la Protesta de Lutero, que
hubiera un compromiso entre el protestantismo y el papado, porque propugnaba la
práctica de religiosidad interior y espiritual más allá de las contradicciones
doctrinales. ¿Por qué no seguir esta sabia propuesta como verdaderos seguidores
de Kristo Yehshua?
¿Crees como condición única
para ser salvo en el principio “Sola
fide, sola gratia”?, fortalece entonces tu fe, con dedicación y sin llegar
al extremo de la hipertrofia, pues esto conduce al fanatismo y el fanatismo es
otra forma de idolatría. ¿Crees que además de la fe, se requiere poner en
práctica tus obras, justificadas en la fe? Bien, hazlo. Haz el bien y práctica
tu fe y llénate de generosidad hacia tu hermano que piensa diferente.
¿Preguntarás mi opinión al
respecto? Te digo, querido hermano: un seguidor de la Luz considera que la fe,
o mejor expresado, la creencia firme en el Espíritu Universal ─ Padre, Hijo y
Paráclito Espíritu Santo ─, la fidelidad en la Palabra y la esperanza de
alcanzar la gracia, esto que se llama fe, si carece de obras que expresen amor
y ánimo de justicia, está muerta. El seguidor de la Luz cree firmemente que
Dios nos da la gracia de la salvación, pero para alcanzar esa gracia se
requiere buscar la perfección sin apartarnos del Camino, porque, al final, si
desfallecemos y acumulamos errores y hacemos transgresión, esa gracia podemos
perderla y nada podrá alegarse para ser justificados.
Mira hermano, hay hombres con
un toque de santidad y de inspiración en todas las congregaciones. ¿Acaso
Francisco de Asís no fue un hombre santificado con la bendición de Dios? Sí, lo
fue.
¿Quién puede negarle a Jacobus
Arminius que fuera hombre de Dios? ¿Qué decir de Simón Episcopius? El creía y
sostenía que el cristianismo es una actitud que está por encima de creencias
particulares y por encima de los dogmas. Episcopius postuló, tal como lo
consideran los seguidores de la Luz, que el cristianismo verdadero es una
renovación espiritual, tanto en la mente como en la vida personal del que vive
en la Palabra.
¿Podemos negarle santidad a John
Wesley, quien siguiendo en su conciencia las enseñanzas de Kristo se opuso al
esclavismo cuando muchos predicadores bendecían esa perversa institución?
¿Puede alguien negarle santidad a William Tyndale que murió por atreverse a
traducir al inglés común el Nuevo Testamento cuando en Europa imperaba el
fanatismo religioso? Tyndale fue atado a un poste, fue ahorcado y luego quemado
su cuerpo en la hoguera.
¡Ah! Pero hay muchos dentro de
la gran congregación cristiana que se empeñan en encontrar anticristos en otras
congregaciones que no comparten sus mismas doctrinas. ¿Es el Papado el
anticristo o más exactamente la gran ramera de Babilonia, marcada como la
“madre de las fornicaciones y de las abominaciones de la tierra”? Nada hay en
el libro apócrifo de Yojanán que se ajuste con el catolicismo. No es una
profecía de condena contra la iglesia de Roma, sino un argumento de
resentimiento contra esa congregación que ciertamente no está exenta de errores
como no está exenta de errores cualquier otra congregación cristiana.
El catolicismo no difiere en
mucho de las congregaciones ortodoxas de oriente. Uno y otros veneran santos,
realizan rituales muy semejantes, ambos reconocen el bautismo de infantes. Los
ortodoxos creen en el Espíritu Santo como una de las personas de Dios a
semejanza de los católicos, pero difieren en cuanto, para los católicos el Espíritu
Santo “procede del Padre y del Hijo” (conflicto del Filioque) y los ortodoxos creen que procede solo de El Padre. Los
ortodoxos no aceptan el dogma del Purgatorio y difieren de los católicos en
cuanto al llamado “pecado original”, pero aceptan el dogma del “pecado
ancestral”; no creen en la herencia de la transgresión de Adán y Eva pues
consideran estos ya pagaron con su expulsión del Edén. Los ortodoxos no aceptan
el dogma de la “inmaculada concepción de Mariam”, pero creen y son devotos de
la “Santísima, Purísima, Bendita Señora Madre de Dios y Siempre Virgen” Mariam.
Se puede afirmar que es más lo que une
que lo que separa a católicos y ortodoxos.
La ruptura entre ortodoxos y
católicos, acto conocido históricamente como el Gran Cisma o Cisma de Oriente y
Occidente, se produjo en el siglo XI, en el año 1054, dividiéndose la
cristiandad entonces en dos distintivos credos, el de Roma y el de
Constantinopla. El Patriarca de Constantinopla dictó excomunión contra los
obispos que seguían los ritos de Roma de utilizar pan ácimo en la eucaristía y
la respuesta de Roma fue similar, declarando excomulgado al Patriarca Miguel
Cerulario. En 1965, el Papa Pablo VI y Patriarca
Ecuménico Atenágoras I acordaron “borrar de la memoria y de la Iglesia las
sentencias de excomunión del año 1054”.
Con tales semejanzas entre
católicos y ortodoxos, ¿por qué no se incluyen a estos últimos como
copartícipes en la grande Babilonia?
En Apocalipsis (apócrifo de
Yojanán) con sus muchos símbolos e imágenes consideradas proféticas, nunca
profetizó que se produciría el Gran Cisma y mucho menos que la iglesia católica
occidental recibiría el embate de la Protesta de Lutero y el surgimiento del
protestantismo que se multiplicaría, con el correr de los años, como el hongo
en tiempos de lluvia, en incontables congregaciones y sectas, todas convencidas
de que ellas únicamente poseen la Verdad Revelada.
La Reforma tuvo su inicio
dentro de la misma congregación católica occidental impulsada por un monje
agustino católico.
La Verdad se ha dispersado en
secciones de verdades relativas. ¿Cuál de las comunidades, hoy existentes
dentro del cristianismo, poseen la verdad indiscutible? Creo que ninguna, pero
no soy yo quien juzga. Solo la Suprema Inteligencia puede diferenciar entre el
error y lo que es cierto; entre la Verdad y las “verdades” de cada
congregación. Sin embargo, una sola es la comunidad cristiana y en ella se
integran tanto católicos como ortodoxos, luteranos y calvinistas, así como todo
el universo de congregaciones denominadas protestantes y “evangelistas”.
No busquemos anticristos,
porque anticristos hay muchos y aparecen dentro de todas las congregaciones;
pero ya ha aparecido el Anticristo, el que crea disensión y conflictos entre
los cristianos de todas las congregaciones con el propósito de debilitar al
pueblo de Kristo. Anticristo es aquel que siendo un apóstata ataca a todas las
congregaciones cristianas igualándolas a todas bajo el mismo rubro de ser parte
de la gran apostasía.
Recuerda hermano, todos, por
la sangre de Kristo derramada sobre la cruz nos hemos convertidos en
merecedores de ser llamados hijos de Dios. Todo aquel que acepta a Kristo como
su redentor y salvado es hermano nuestro; por tanto, ¿por qué atacar a mi
hermano que cree en el mismo Dios y acepta la Palabra?






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