Deberes
de los seguidores de Yehshua
1 La voluntad de Dios es que
sean santos, que se abstengan del pecado carnal, 2 que cada uno sepa usar de su
cuerpo con santidad y respeto, 3 sin
dejarse arrastrar por los malos deseos, como hacen los paganos que no conocen a
Dios.
4 Que nadie se atreva a
perjudicar ni a dañar en esto a su hermano, porque el Señor hará justicia por
todas estas cosas, como ya se lo hemos dicho y atestiguado.
5 Dios, en efecto, no nos llamó
a la impureza, sino a la santidad. 6 Por eso, el que desprecia estas normas, no desprecia a un
hombre, sino a Dios, a ese Dios que les ha dado su Espíritu Santo.
7 ¡Qué profunda y llena de riqueza
es la sabiduría y la ciencia de la Suprema Inteligencia! ¡Qué insondables son
sus designios y qué incomprensibles sus caminos! 8 ¿Quién penetró en el
pensamiento del Padre del Universo? ¿Quién fue su consejero? 9 ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser
retribuido? 10
Porque todo viene de él, ha sido formado por él, y es para él. ¡A él sea la
gloria eternamente! Amén.
11 Por lo tanto, hermanos, yo les
exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima
viva, santa y agradable a Dios: 12
este es el culto espiritual que deben ofrecer.
13 No tomen como modelo al mundo
pervertido. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su
mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que
es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
14 No se estimen más de lo que
conviene; pero tengan por ustedes una estima razonable, según la medida de la
fe que Dios repartió a cada uno.
15 Renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su prójimo, ya que todos somos miembros, los unos de los
otros. 16
Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los
sorprenda enojados, 17
dando así ocasión al espíritu de la Sombra.
18 No
profieran palabras inconvenientes; al contrario, que sus palabras sean siempre
buenas, para que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a
aquellos que las escuchan.
19 No
entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el
día de la redención.
20 Eviten la amargura, los arrebatos,
la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.
2 Por el contrario, sean
mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los
ha perdonado en su Hijo, Yehshua.
22 Y sépanlo bien: ni el hombre
lujurioso, ni el impuro, ni el avaro — que es un idólatra — tendrán parte en la
herencia en la esfera universal de Kristo y de Dios.
23 No
abusen del vino que lleva al libertinaje; más bien, llénense del Espíritu
Santo.
24 Siempre y por cualquier
motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Yehshua.
25 No se dejen engañar por falsas razones ni torcidas interpretaciones:
todo eso atrae la ira de Dios sobre los que se resisten a obedecerle. 20 ¡No se hagan cómplices de los
que obran así!
26 Porque así como en un solo
cuerpo tenemos muchos miembros con diversas funciones, 28 también todos nosotros
formamos un solo Cuerpo en Yehshua el Bendecido, y en lo que respecta a cada uno, somos
miembros los unos de los otros.
29 Amen con sinceridad. Tengan
horror al mal y pasión por el bien. 30 Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los
otros como más dignos. 31
Con solicitud incansable y fervor de espíritu, sirvan al Padre de la Vida.
32 Toda la Ley está resumida
plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 33 Pero si ustedes se están
mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán
destruyéndose los unos a los otros. 34 Yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de
Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne.
35 Alégrense en la esperanza,
sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración.
36 Consideren como propias las
necesidades de los creyentes y practiquen generosamente la hospitalidad.
37 Bendigan a los que los
persiguen, bendigan y no maldigan nunca.
38 Alégrense con los que están
alegres, y lloren con los que lloran. 39 Vivan en armonía unos con otros, no quieran sobresalir,
pónganse a la altura de los más humildes. No presuman de sabios. 40 No devuelvan a nadie mal por
mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres. 41 En cuanto dependa de ustedes, traten de vivir en paz con
todos.
42 También os rogamos, hermanos,
que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis
a los débiles, que seáis pacientes para con todos. 43 Mirad que ninguno pague a otro
mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con
todos.
44 Estad siempre gozosos. 45 Orad sin cesar. 46 Dad gracias en todo, porque
esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Kristo Yehshua. 47 No apaguéis al Espíritu. 48 No menospreciéis las
profecías. 49 Examinadlo
todo; retened lo bueno. 50 Absteneos
de toda especie de mal. 51
Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu,
alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Yehshua
Kristo.
52 Queridos míos, no hagan
justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a la ira de Dios. Porque es
el Padre el que juzgará. “Yo daré la retribución”, dice la Suprema
Inteligencia. 53
Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber.
Haciendo esto, amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza”. 54 No te dejes vencer por el
mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien.
55 Vivan en el amor, a ejemplo de Yehshua, que nos amó y se entregó por
nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios.
56 Que la única deuda con los
demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley. 57 Porque los mandamientos: No
cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en éste: Amarás
a tu prójimo como a ti mismo. 58
El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley.
59 La noche está muy avanzada y
se acerca el día. Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la
armadura de la luz. 60
Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la
bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. 61 Por el contrario, revístanse
del Bendecido Yehshua, y no se preocupen por satisfacer los deseos innobles de
la carne.
62 Dios es el que produce en
ustedes el querer y el hacer, conforme a su designio de amor. Procedan en todo
sin murmuraciones ni discusiones: 63 así serán irreprochables y puros, hijos de Dios sin
mancha, en medio de una generación extraviada y pervertida, 64 dentro de la cual ustedes
brillan como haces de luz en el mundo.
65 Sean comprensivos con el que
es débil en la fe, sin entrar en discusiones. 66 Mientras algunos creen que les está permitido comer de
todo, los débiles sólo comen verduras. 67 Aquel que come de todo no debe despreciar al que se
abstiene, y este a su vez, no debe criticar al que come de todo, porque Dios ha
recibido también a este.
68 Unos tienen preferencia por
algunos días, mientras que para otros, todos los días son iguales. Que cada uno
se atenga a su propio juicio. 69
El que distingue un día de otro lo hace en honor del Padre; y 70 el que come, también lo hace
en honor del Padre, puesto que da gracias a Dios; del mismo modo, el que se
abstiene lo hace en honor del Padre, y también da gracias a Dios.
71 Nada es impuro por sí mismo;
pero si alguien estima que una cosa es impura, para él sí es impura. 72 Si por un alimento, afliges a
tu hermano, ya no obras de acuerdo con el amor. 73 ¡No permitas que por una cuestión de alimentos se pierda
aquel por quien murió Yehshua! 74
Después de todo, el Reino de Dios no es cuestión de comida o de bebida, sino de
justicia, de paz y de gozo en el Espíritu Santo.
75 No arruines la obra de Dios
por un alimento. En realidad, todo es puro, pero se hace malo para el que come
provocando escándalo. 76
Lo mejor es no comer carne ni beber vino ni hacer nada que pueda escandalizar a
tu hermano.
77 Los que son fuertes, deben
sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacerse a sí mismos. 78 Que cada uno trate de agradar
a su prójimo para el bien y la edificación común. 79 Porque tampoco Yehshua buscó
su propia complacencia.
80 Dejemos entonces de juzgarnos
mutuamente; tratemos más bien de no poner delante de nuestro hermano nada que
lo haga tropezar o caer.
81 El que sirve a Kristo de esta
manera es agradable a Dios y goza de la aprobación de los hombres. 82 Busquemos, por lo tanto, lo
que contribuye a la paz y a la mutua edificación.
82 Porque el siervo del Señor no
debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; 83 que con mansedumbre corrija a
los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para
conocer la verdad, 84 y
escapen del lazo del demonio, en que están cautivos a voluntad de él.
85 Dios nos hizo que fuésemos
ministros suficientes del Nuevo Testamento, no de la letra, sino del Espíritu;
porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica.

No hay comentarios:
Publicar un comentario