Hijo de
Dios, Hijo del Hombre. Estos
títulos otorgados a Yehshua han generado incontables debates dentro del mundo
cristiano sobre su condición, si humana o divina, o si las dos condiciones al
mismo tiempo. Como Hijo de Dios (el Padre) se alega que no había existido ad
eterno pues se originó del Padre o fue creado por el Padre y de hecho, tuvo un
inicio y hubo un tiempo cuando él no existía.
Yehshua se identifica a sí mismo, bien como Hijo de Dios,
o bien como Hijo del Hombre. Yehshua, el humano fue al mismo tiempo engendrado
por la gracia de Dios en el útero de una virgen y, por tanto, es hijo de Dios y
en consecuencia, divino, y concebido por una mujer, nace pues como descendiente
de los progenitores de la madre y entonces es Hijo del Hombre, es decir,
humano.
Pero ese es Yehshua, no el Kristo resucitado y
glorificado que luego de esto asume una
sola y única condición, la divina.
Mariam es la madre de Yehshua humano por transmitirle su
código genético y no es la madre de Dios, porque su fisiología humana no aporta
nada a la divinidad. Ella es un ser humano concebida por el coito de una pareja
humana. Yehshua es concebido en el óvulo fecundado por la energía del Espíritu
Santo sin el procedimiento del coito.
Ahora bien, ¿hay un Padre y un Hijo, tal como lo
entendemos según nuestra psicología? Dios es poder engendrante; poder generador,
no posee definición sexual, no es hombre, no es mujer, es solamente, Dios.
Entonces se nos complica el razonamiento ante esa relación paterno filial de
¿¡Padre-Hijo!?
Dios es Inteligencia Pura y la inteligencia genera en sí
misma sabiduría. La inteligencia pura no es antecedente de la sabiduría y la
sabiduría no es consecuencia de la inteligencia pura. El “Padre” (Dios
Inteligencia Pura) genera (“engendra”) en sí mismo al “Hijo” y al “Espíritu
Santo” (Sabiduría). Un Dios Único en tres manifestaciones, semejantes en
esencia y caracteres diferenciados e íntimamente vinculadas. Ninguno creado,
sino coexistente en la eternidad.
El agua de océano es como el agua de los lagos o de los
ríos siempre será el mismo líquido de igual composición química solo
aparentemente diferenciada en cuanto a sus agregados. El agua de los océanos se
evapora, se condensa formando nubes y se precipita como lluvia y se acumula en
las entrañas de la tierra para brotar en manantiales como agua pura, y seguir
siendo químicamente agua, la sustancia constituida con dos átomos de Hidrógeno
unidos a un átomo de Oxígeno. El Océano no engendró al agua de los manantiales
porque ambas son manifestaciones de la misma esencia: agua.
Moshé solo tuvo acceso al Dios indiferenciado, al “Yo
Soy” sin poder colegir su triple composición, ésta que solo pudo vislumbrarse
cuando el “Yo Soy” se presentó en forma humana y se manifestó en Espíritu
Santo. Moshé solo vio las nubes y las lluvias que de ellas provenían, sin
alcanzar a ver que estas eran manifestación de la totalidad, del agua del océano
y del agua de los lagos.
El Dios apenas vislumbrado por los hebreos y manifestado
a los cristianos no es como el Dios imaginado por los griegos. Zeus, padre de
los dioses, era de igual semejanza a los hombres, diferenciado solo en la
inmortalidad y por ello los griegos aceptaron que Zeus dentro de su cabeza
engendrara a Palas Atenea y haciendo abrir su cráneo nació la diosa con toda su
armadura. Quien razone que Dios, “el Padre”, engendró y concibió y parió al “Hijo”
es razonar con mentalidad pagana.
Quien conciba que “el Hijo” es creatura de Dios lo hace
pensando con su propio modo de ver su entorno. Dios creó a los ángeles, como
servidores y mensajeros suyos y no para que por medio de ellos todo fuera
hecho, el universo y la vida; solo el Logos, la Palabra, tenía la capacidad
idéntica a la del Dios generador de hacer que todo lo existente surgiera. Es la
Palabra de Dios la que da el primer impulso después de haber separado la Luz de
las Tinieblas, y por medio de la Palabra surge la gran expansión y la formación
de los astros y los planetas y esa Palabra no es creatura, es esencia de Dios.
“En el principio
estaba la Palabra, y la Palabra estaba con el Dios, y Dios era la Palabra” o
formuladas estas frases según la traducción habitual del primer versículo del libro
de Yojanán: “Al principio existía la
Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”. La
Palabra estaba con Dios y Dios es la Palabra: καὶ Θεὸς ἦν ὁ Λόγος, “y Dios era la Palabra”.
El Hijo ─ ¿Cuál es su Nombre? ─, ni es engendro ni es
creatura del Dios innominado. Es el mismo Dios “por quién todo fue hecho, todo
fue producido”. La Palabra, el Verbo, el Logos no es “un” Dios porque Dios
mismo es la Palabra. “En sí mismo (en
el Logos) estaba la vida, y la vida era
la luz del hombre”. “En ella (la
Palabra) estaba la vida, y la vida era la
luz de los hombres”: ἐν αὐτῷ ζωὴ ἦν,
καὶ ἡ ζωὴ ἦν τὸ φῶς τῶν ἀνθρώπων. ¿Quién es el poseedor de la vida? Solo
Dios posee en sí mismo (αὐτῷ) la vida. Ningún ángel es dueño de la vida ni es
luz de los hombres. Solo Dios es Luz del Universo y Padre de la Vida; por
tanto, la Palabra, el Verbo, el Logos, como poseedor de la vida, es Dios mismo.

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