Primera Parte
En su primera carta a los tesalonicenses Paulo
escribió: “Y el mismo Dios de paz os
santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea
guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor” (1 Tes 5:23); así
quedó planteada la tricotomía que el gran predicador veía en el hombre:
espíritu, alma y cuerpo. El hombre es un ser biológico y, al mismo tiempo,
espiritual: “espíritu” y “alma”.
A partir de estas frases de Paulo se ha abierto un
debate que aún continúa, planteado en los siguientes términos: ¿qué se entiende
por espíritu?, ¿qué es el alma?, ¿son ambos una misma identidad? Y, finalmente
¿es el alma eterna o muere al morir el cuerpo físico? Teólogos y predicadores
han adelantado sus opiniones, y cada cual ha intentado explicar estos conceptos
de acuerdo particular manera que tenga de interpretar las escrituras, la Biblia
judeo-cristiana.
Y ciertamente en la Biblia no se da una definición
de alma y de espíritu que deje fuera de lugar cualquier particular
interpretación. En los escritos del Tanaj (Antiguo Testamento) así como en el
Nuevo Testamento las ideas de alma y espíritu se expresan de manera muy vaga de
aquí que hayan surgido diferentes, y a veces pueriles, definiciones para estos conceptos.
En el mítico relato de la creación del hombre por
Dios se dice que “sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). Sin
embargo, ¿qué es el aliento de vida? ¿El espíritu? ¿El alma? Según los estoicos
este aliento de vida sería propiamente el alma considerada por ellos como “una
respiración que impregna el cuerpo” y se identifica con el Logos Cósmico o
Pneuma. Para los vitalistas se trata del Élan Vital una fuerza de vida que no
tiene explicación por las leyes de la física y de la química. Para el filósofo
francés Henri-Louis Bergson el Élan vital es una corriente que va de un germen
a otro, por medio de un organismo vivo, para impulsar la evolución.
Finalmente, el “aliento de vida” ¿es el alma, es el
espíritu o es la fuerza vital del Élan? Detengámonos un momento para analizar
el versículo de Gen 2:7. Dios sopló en el protohombre por él formado aliento de
vida y de este modo se convirtió en viviente, adquirió vida. Se desprende que
solo a ese ser formado de la tierra Dios le concedió su aliento vital para que
alcanzara la vida; sin embargo antes Dios había “creado” todos los vegetales:
Gen 1:11: Después dijo Dios: Produzca la
tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según
su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Este fue
el tercer día de la “creación”. Más tarde Dios ‘creó” todas las especies
marinas y las aves del cielo: Gen 1:20-21 Dijo
Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra,
en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos
marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su
género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Esto
supuestamente ocurrió en el día quinto. Sin embargo nada se dice en Génesis de
que estos seres biológicos hubieran recibido “aliento de vida”; solo al hombre
se le concedió el aliento de vida. ¿Cuál es entonces la diferencia que existe
entre los seres biológicos, la hierba verde, los árboles de fruto, los peces,
todos los seres vivientes que se mueven, las aves y el hombre? Solo al hombre
se le concedió el aliento de vida que brota de Dios. Por tanto, el hombre,
además de adquirir vida por el aliento divino, posee algo que le hace diferente
a todos los otros seres vivientes, algo unido al aliento que Dios le
concediera. No es solo el espíritu, es un fluido especial al cual se pudiera
dar el nombre de alma-espíritu. El hombre, según el relato de su creación
recibe, junto con el espíritu el alma, diferenciado del resto de las especies
por la posesión de ese algo especial, el alma.
Entonces en el hombre deberá existir la dicotomía de
cuerpo físico y cuerpo espiritual compuesto de espíritu y alma. Pero entonces
se produce un conflicto entre esta concepción y lo dicho por Paulo de Tarsos en
1 Tes 5:23 que presenta como individuos particulares al espíritu, al alma y al
cuerpo. Debemos hacer notar el orden que Paulo le da a estos tres entes. Al
espíritu la da prioridad antes que al alma y a esta antes que el cuerpo.
Planteémonos nuevas interrogantes: ¿Prevalece el
espíritu sobre el alma y ambos conceptos sobre el cuerpo? El ordenamiento dado
por Paulo ¿fue hecho a propósito o simplemente casual? Esto no tenemos modo de
saberlo; sin embargo puede colegirse o podemos elucubrar que Paulo diera
prioridad al espíritu porque este es la energía vital que permite que el cuerpo
sea viviente y como ser humano ser el receptáculo del alma. El espíritu es
primario, una vez “escapado” del cuerpo, el individuo deja de existir y el alma
se desprende del cuerpo.
¿Dicotomía
o Tricotomía? Espíritu y Cuerpo- Espíritu, Alma y Cuerpo
En el mundo cristiano existen dos modos diferentes de
interpretar la esencia humana: una, la que ve una dualidad del ser (dicotomía),
la otra, la que se enfoca en un concepto tríplice del ser (tricotomía).
La doctrina católica abraza el concepto de la
dicotomía, expresada bajo el concepto de “la sustancialidad del alma”. Según la
Enciclopedia Católica, el alma “puede definirse como el principio interior fundamental por el que pensamos, sentimos y deseamos, y por el que nuestros cuerpos son animados”. De este modo tanto el
espíritu como el alma son la misma e idénticas realidades.
Tomás de Aquino (1224/1225 – 1274) asumió el
criterio dualista alma y cuerpo de la esencia humana como un solo sujeto. El
alma para Tomás de Aquino era inmaterial
e incorruptible. El alma, esencia espiritual, es creación de Dios y no
transmisible por herencia de generación a generación:
“Siendo el alma una naturaleza espiritual, no puede ser causada por
generación, sino solo por creación de Dios. Decir, por lo tanto, que un alma
intelectual es causada por generación no es otra cosa que decir que no es
subsistente y que, por lo tanto, se corrompe con el cuerpo. Por ello, es
herético decir que el alma intelectual se propague con el semen”. (Citado
por José Antonio Sayés. La esencia del
cristianismo: diálogo con K. Rahner y H.U. von Balthasar)
Paulo en su segunda carta a los corintios aparenta
decidirse por el dualismo al mencionar el “hombre exterior” en contraposición
del “hombre interior”:
2Cor 4,16: “Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de
día en día”.
Sin embargo, esta contraposición hombre
exterior/hombre interior no es definitivamente una contradicción con lo dicho
en 1 Tes 5:23, pues está hablando del cuerpo humano, el exterior, el cuerpo que
se degrada y fenece, y de otro tipo de cuerpo, el interior que no se desgasta
sino que se renueva dia en día. Este es el cuerpo espiritual, que puede ser
considerado como solo alma que implícitamente lleva incorporado el espíritu,
tanto como puede entenderse como un “cuerpo” de dos componentes, ambos
espirituales, alma y espíritu.
El filósofo costarricense Celedonio Ramírez en La idea del hombre en el pensamiento
occidental considera que en el hombre hay una doble composición: “la composición de esencia y existencia y la
composición de cuerpo y alma” y agrega que “el hombre es mortal como cualquier otra cosa material” sin que esto
no quiera decir que “el alma humana sea
corruptible, puesto que no tiene partes que puedan separarse”.
Consideremos ahora las opiniones tricotómicas de la
antropología teológica.
El prolífico predicador chino Nee Shu-tsu - Watchman
Nee (1930-1972) fue un decidido defensor de las tesis tricotomitas. De acuerdo
con su visión antropológica consideró como “indudablemente correcto” que “el cuerpo
es la cobertura externa del hombre”, pero aclara que la Biblia “nunca confunde el espíritu y el alma como si
fueran una misma cosa. No son solamente estos distintos términos; si no que la
misma naturaleza difiere entre uno y otro”. Para él “"…el alma es la expresión de la personalidad.
La Voluntad, intelecto y emociones del hombre están ahí”, y agrega: "Los elementos que nos hacen humanos están en
el alma. Intelecto, pensamiento, ideales, amor, emoción, discernimiento,
decisión, selección, etc. son experiencias del alma"; de este modo, Watchman
Nee incluye dentro del alma conceptos propios de la mente, de la psiquis
humana.
Por otra parte, para él, el espíritu es “el órgano con el cual nos comunicamos con
Dios”; y define al espíritu de la siguiente manera:
“De
acuerdo con lo que enseña la Biblia… se puede decir que el espíritu del hombre
está compuesto de tres partes o que tiene tres funciones. Estas tres partes son
la conciencia, la intuición y la comunión
(con Dios, que es lo mismo que la adoración)
La
conciencia es el órgano que
discierne entre lo correcto y lo incorrecto, lo cual no es afectado por el
conocimiento intelectual; es más bien un juicio directo y espontáneo. Muchas
veces, la conciencia condenará las cosas que los razonamientos de uno toleran.
La obra de la conciencia es independiente… no es afectada por las
circunstancias… La intuición es la
percepción dentro del espíritu… absolutamente diferente a la percepción del
cuerpo y del alma. Esta percepción es directa y no depende de nada más; no
necesitamos la ayuda de la mente ni de la parte emotiva, ni de la voluntad… Los
creyentes conocen todas las revelaciones de Dios y toda la actividad del
Espíritu Santo por medio de la intuición… A Dios se le conoce directamente por
medio del espíritu, es decir, por medio del “hombre interior”, y no por el
alma, que es el hombre exterior”.
Vemos, como nos referiremos más adelante, que al
espíritu le da componentes que son propios del alma y a esta la identifica con
el “hombre exterior” es decir con el ego, la conciencia del hombre de su propia
identidad como individuo.
Un autor anónimo de la Revista Aguas Vivas. (Nº 37 ·
Enero - Febrero 2006) reconociendo la condición tríplice de hombre en espíritu,
alma y cuerpo, dice:
El
alma, ubicada entre el espíritu y el cuerpo, es la sede de la personalidad del
hombre (Dios lo creó un “alma viviente”). El alma es un reducto inalienable, el
cual ni siquiera Dios puede violar. Allí en el alma el hombre tiene todo el
poder de decisión.
El alma como “sede de la personalidad del hombre” es
identificarla, como hace Watchman Nee, con la mente y psiquis humana.
Desde una concepción agnóstica el parapsicólogo José
María Herrou Aragón en La Religión
Prohibida expone su concepto tricotómico. Considera como “engendro creado”
al que identifica como cuerpo-alma. El espíritu no está atado al cuerpo, sino
al alma y, a través de ella está comunicado al cuerpo. Según su criterio, el
alma “es el soplo del dios creador sobre
el hombre, que lo convierte en ‘alma viviente’”; en tanto que el espíritu
es increado, representado como una “chispa antimaterial sin la cual ningún ser humano hubiera
evolucionado hasta llegar a ser lo que es ahora”. El espíritu es para él,
una “chispa especial, increada, divina,
proveniente del reino incognoscible”.
No comparto los criterios de Herrou Aragón, sin
embargo debo señalar que al tratar quizá el de caracterizar al espíritu como
algo fundamentalmente no material, cae en un total absurdo cuando utiliza la
poco feliz expresión de “chispa antimaterial”. La antimateria es la antítesis
de la materia constituida por antiátomos, en un contacto directo entre átomos y
antiátomos ambos se aniquilan.
La Watch Tower por medio de su agencia Testigos de Jehová
no se identifica claramente ni como dualista ni como partidaria de la triple
esencia del hombre. Para la Watch Tower el alma no es una identidad sino una
denominación para referirse básicamente a “1) las personas, 2) los animales o
3) la vida que tienen tanto las personas como los animales”.
Asegura, dice basándose en las escrituras:
Si continúa estudiando la Palabra
de Dios, verá que no hay en ella ni un solo versículo que combine la palabra
“alma” con otras como “inmortal” o “eterna”. Por el contrario, las Escrituras muestran que el alma es
mortal, que ciertamente muere (Ezequiel 18:4, 20). Eso explica que la Biblia se refiera a un cadáver con la
expresión “alma muerta” (Levítico 21:11).
Aclaremos un concepto, la versión hebrea de este
versículo 11 del capítulo 21 de Levítico dice: נַפְשֹׁ֥ת (nephesh) que puede traducirse
tanto como “alma” como “cuerpo” y מֵ֖ת (muth) que significa
“muerto”. Así si consideramos el texto a partir del versículo anterior, al
versículo 10, veremos que la palabra nephesh se está refiriendo claramente a un
cuerpo, a una persona:
Lev 21: 10-11 Y el sumo sacerdote
entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción, y
que fue consagrado para vestir las vestimentas, no descubrirá su cabeza, ni
rasgará sus vestidos; ni entrará donde haya alguna (alma) persona muerta, ni por
su padre, ni por su madre se contaminará.
“ni por el cuerpo muerto de su padre, ni por el
cuerpo muerto de su madre se contaminará”. Se trata claramente del empleo de
una Sinécdoque que toma la parte, “el alma”, para expresar el todo, “el cuerpo”.
Si entonces nos referimos al inicio del capítulo
confirmamos que en este caso la palabra nephesh se debe entender, no como alma,
sino como cuerpo:
1 Y el SEÑOR dijo a Moisés: Habla a los sacerdotes hijos de Aarón, y
diles que no se contaminen por un muerto
en sus pueblos.
En cuanto al concepto de espíritu, la Watch Tower se
acerca a su verdadero significado aunque con interpretaciones adaptada a la doctrina
que difunde. Considera correctamente que espíritu y alma no son la misma
manifestación y agrega acertadamente que “el
“espíritu” se refiere a una fuerza
invisible, a la chispa de la vida
que anima a todas las criaturas”.

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