viernes, 28 de agosto de 2015

Espíritu, Alma y Neuma

Segunda Parte


Consideraciones finales

El cuerpo

El cuerpo animado es la estructura biosomática de la materia orgánica organizada con funciones citológicas, histológicas y fisiológicas específicas, presentando las características de masa, volumen y densidad corporales. El centro de la actividad vital del cuerpo de los animales superiores radica en el cerebro que ejerce un control sobre los diferentes órganos del cuerpo. El cerebro forma la estructura física de la mente dando lugar a la conciencia y al pensamiento.

La mente es el órgano cognoscitivo del cerebro. En ella se produce el intelecto, con sus prejuicios y conceptos éticos aprehendidos por influencia del medio social; en la mente se guardan las memorias de la vida del hombre, del tiempo que corresponde a su edad biológica (conciencia), sus ansiedades, sus temores, sus aversiones, sus ambiciones, en fin todo su ego, la manifestación del hombre exterior, tal y como el individuo se considera y ve.

En la mente se alojan las emociones, es decir, los sentimientos de sorpresa, asco, tristeza, alegría, pesimismo, la desesperanza y el desamparo, así como la ira, la rabia o enojo, el resentimiento y la irritabilidad. También en la mente se guardan los instintos animales del hombre de supervivencia, de reproducción, así como el ansia de poder y dominio y la búsqueda del placer en sí mismo y el rechazo del dolor.

La mente es poderosa, actúa sobre todo el organismo y se interrelaciona con el alma. Es el motor que hace funcionar todo el aparato biológico del cuerpo y que se alimenta por una energía especial, la energía vital, que le induce a conservar la vida. Esa energía que recorre todo el cuerpo, que genera el instinto de conservación y de reproducción, guardado en lo profundo de la mente, es el espíritu.

Es en la mente del hombre donde nace el pecado al guiarse exclusivamente por sus instintos sin control sobre sus emociones; cuando se deja dominar por los excesos, como la lujuria, el egoísmo extremo, la avaricia, el ansia por las riquezas, la envidia, la soberbia y la entrega al falso placer de las drogas. Estos son los desvaríos que tienen un fin, como dijera Tomás de Aquino, excesivamente deseable de manera que en su cumplimiento el ser humano cae en graves errores y en el pecado, al mismo tiempo y como consecuencia de esas ansias, degrada al espíritu y al cuerpo y precipita el fin de su existencia

Como organismo biológico el cuerpo está condenado a la degradación, a la muerte y a la descomposición. Pero esto no quiere significar que el cuerpo sea objeto de desprecio ni fuente de pecado. El cuerpo, como obra del primer impulso dado por Dios no es inmundo, más bien debe ser considerado como sagrado y nadie tiene el derecho de mancillarle.

El Espíritu

Dios, Neuma Esencial de todo lo existente, quiso que hubiera vida, que la materia se organizara para dar inicio a la vida y con la vida dar principio a la evolución de las especies vivientes, vegetales y animales. Entonces sopló sobre el agua de los océanos el neuma primordial del espíritu, la energía de vida transmitida como herencia de organismo a organismo, de especie a especie y de individuos a individuos.

El espíritu es el aliento de vida, fuerza vital que anima al cuerpo y fluye por todo el organismo biológico y fuente de todas las actividades vegetativas de los organismos vivientes, permitiendo su proceso homeostático que les permite mantener la estabilidad interna frente a los cambios en el medio exterior.  El espíritu está en el aliento; sin el aliento el espíritu se desvanece y el organismo muere.

Como energía procedente de Dios el espíritu es de la naturaleza de lo siempre eterno; no muere porque tiene la capacidad de retornar a Dios y de redoblarse. Pero en los cuerpos orgánicos, el espíritu es fuerza que se desvanece con el tiempo, de acuerdo a las etapas de madurez por las que transcurre el individuo. Muere el individuo y el espíritu se transmite por herencia a las nuevas generaciones. Entonces el espíritu rige el proceso evolutivo de las especies a través del ADN y los genes.

Como afirma el fundamentalista bautista Jack Fleming en “Espíritu, Alma y Cuerpo”: “El espíritu es la parte más interior de nuestro ser, con la cual podemos comunicarnos con Dios…” Independiente de sus grandes errores interpretativos, Fleming acierta al considerar al espíritu como un conducto de comunicación con Dios. El espíritu es un fluido que parte directamente de Dios y se identifica con el alma por cuanto esta es también parte del Neuma Divino.

El Alma

El Alma (nephesh) es el ser interior y verdadero del hombre; es el asiento de los sentimientos de amor, de bondad y de justicia, de la Intuición de Dios y de la voluntad; es la esencia que difiere del cuerpo y no se disuelve con la muerte. El alma posee memoria innata de sus experiencias pasadas. El principio de sabiduría se encierra dentro del alma. El alma solo es realidad en el ser humano.

Con el espíritu el alma se vincula para dar una sola identidad espiritual. Cuando el espíritu se desprende del cuerpo retorna a Dios y el alma fluye hacia la búsqueda de Dios.

El alma es de la naturaleza del Neuma y de componentes de materia sutil. El alma en sí misma, lleva el espíritu de eternidad, creada por Dios tuvo principio pero no tiene fin, Solo Dios decide la suerte de cada alma. Las almas cargadas de luz están llamadas a la gloria; pero aquellas cargadas de sombras serán condenadas a la extinción.

Entre el alma y la mente humana hay interrelación. La mente influye sobre el alma y el alma sobre la mente. La Sabiduría el hombre la alcanza por la comunicación del alma con Dios cuando se pone en contacto con la mente y el espíritu en unidad.

La comunicación con Dios se realiza a través del conducto que es el espíritu, el aliento de vida que ha cedido Dios a los seres vivientes y que siempre vuelve a Él. Es el vínculo del alma con Dios, con el Espíritu Universal (Neuma). El alma debe llegar a Dios por sus méritos después de atravesar un proceso de purificación.

Las enseñanzas recibidas por una mente abierta, sin prejuicios, sin fanatismo, dispuesta a conocer la Verdad, ilumina al alma. La mente torcida, apartada del amor, de la bondad y de la justicia, apartada de Dios, oscurece al alma. La espiritualidad que une al ser humano con la Divinidad es la consolidación en unidad de espíritu, alma y cuerpo (mente). Aunque el cuerpo haya perecido el alma renace con Kristo, no duerme, no perece: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Yojanán 11:25-26). No morirá eternamente aquel que cree que Yehshua es resurrección y vida, porque el alma no muere y en el tiempo del Juicio Dios dará nueva existencia al alma.

Paulo lo expresa claramente cuando dice que mientras el “hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”. Ese hombre interior es el alma que se renueva cada día con las enseñanzas de Yehshua; y es al hombre interior al que debemos manifestar por medio de la práctica de la meditación espiritual. La mente abierta en comunión espiritual con lo Divino recibe en su alma las enseñanzas prometidas por Yehshua, porque el alma iluminada por el Paráclitos recibe las enseñanzas, tal como dijo Yehshua “…el Consolador (Paráclitos), el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho” (Yojanán 14:26).

Yehshua según Tau’ma dijo: “Quien conoce todo pero carece de conocerse a sí mismo, carece de todo” (Tau’ma 67) De nada vale conocer y ser versado en  toda la Escritura, capaz de citar de memoria cientos de versículos sino se conoce a sí mismo, sino conoce su ser interior, su alma. Quien no está en contacto con su alma, carece de todo.

El Neuma

Paulo en 1Cor 2:10 refiriéndose a lo que antes no había sido revelado afirma: Dios nos lo reveló a nosotros por el Espíritu (Πνεύματος): porque el Espíritu (Πνεῦμα) todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” y se pregunta a continuación (1Cor 2:11): “¿Quién en verdad conoce entre los hombres las cosas del hombre, si no el neuma (πνεῦμα) del hombre que está dentro de él?”, para luego agregar: “así también nadie conoce las cosas de Dios sino el Neuma (Πνεῦμα) de Dios”.  

Tenemos que preguntarnos: ¿Qué es el neuma? Neuma del griego Πνεῦμα quiere decir aliento, viento, espíritu. El Neuma es un fluido no material. Paulo se está refiriendo en el texto seleccionado a cuatro manifestaciones del Neuma. Una al Espíritu de Revelación, es decir, el Espíritu Santo. La segunda al Espíritu que todo lo escudriña, es decir el fluido universal que abarca todo lo existente y que todo lo penetra hasta lo profundo de la Divinidad. La tercera al neuma (con minúscula) del hombre, es decir el componente espiritual dentro del hombre de alma y espíritu. La cuarta al Neuma de Dios, es decir al Espíritu de Dios sin principio ni fin, que es todo Luz y Suprema Inteligencia. La esencia primordial y fundamental de Dios es el Neuma.

El hombre, al poseer alma y espíritu participa del Neuma divino y por esta razón, tiene la capacidad de establecer una comunicación directa con Dios, una comunicación eminentemente espiritual con Él.

El Neuma es la chispa o el flujo de energía de lo siempre existente que fluye por todo el universo. Es vibración constante, movimiento permanente; el Espíritu Universal esencia de todo lo viviente. El Neuma está presente en el aliento, espíritu vital que anima a los seres vivientes y componente sutil del alma plena de vida. Origen de todo lo vivo y de todo movimiento; es la razón que domina en el mundo u que dirige a las cosas hacia su propia perfección.

Los ángeles, seres espirituales creados por la Suprema Inteligencia, poseen aliento de vida (espíritu) y neuma con poder de conocimiento, de decisión y de actuación.

Conclusiones

Creen los fundamentalistas que Dios inspiró solo a los redactores del Tanaj; pero Dios no es Dios de una sola y única revelación y se reveló a muchos hombres iluminados, a sabios y filósofos de todas las tierras y su verdad se repartió como en un convite se reparte el vino, en muchas y diferentes copas.

Dios no creó las especies. El inició la vida y la evolución a partir de la materia inerte disuelta en las aguas de los océanos. Dios no creó las bacterias y los virus que causan enfermedades, fue la evolución la que creó esas formas, la que generó los entes benéficos y los entes patológicos. En la naturaleza predomina la violencia. La misma evolución es una batalla constante entre formas primarias y formas superiores, el fuerte vence al débil porque se impone la ley de la supervivencia. En la naturaleza todo es instinto, no existe el sentimiento de lo bueno y de lo malo, solo existe el temor, el rechazo a lo que amenaza, y el deleite. En el hombre natural superviven todas estas condiciones dentro de su mente; por eso en el hombre hay sombras y hay luz.

El Neuma, Espíritu Universal de Dios, controló el caos surgido de la gran expansión de la materia para dar forma y estabilidad al Universo. Todo el universo por influjo divino adquirió el carácter de lo para siempre existente.

Platón el filósofo griego acertó al decir: “Dios quería, pues, que todo fuese bueno y nada malo, en cuanto de él dependiese”; sin embargo Él puso en movimiento la ley de la evolución por influjo de su aliento de vida, del espíritu, del Neuma y trazó el plan de salvación para el ser humano.

A la luz de la razón (Dios) encontró que de todas las cosas visibles no podía absolutamente sacar ninguna obra, que fuese más bella que un ser inteligente, y que en ningún ser podría encontrarse la inteligencia sin tener un alma. En consecuencia puso la inteligencia en el alma, el alma en el cuerpo; y ordenó el universo de manera que resultara una obra de naturaleza excelente y perfectamente bella”. (Timeo. Diálogos de Platón). Dios, en verdad, dotó al Homo sapiens, bestia separada de la bestia, de inteligencia y de razón y las situó dentro de su cerebro, y, al mismo instante, le insufló el alma, una partícula de su divinidad.

Para cerrar digamos como se expresara el Timeo de los Diálogos de Platón:


acuérdate de que yo, que hablo, y vosotros, que me juzgáis, todos somos hombres; y que en asuntos de esta naturaleza [divinidad y surgimiento del universo] debemos aceptar una explicación probable, sin aspirar a profundizar más.

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