martes, 11 de agosto de 2015

Libro de la Buena Noticia del Bendecido Yehshua (15)

Según Yojanán Marcos discípulo de Kefa


Yehshua ante Poncio Pilato

1 Y luego, muy de mañana, cuando los principales sacerdotes ya habían consultado con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Yehshua atado, y le entregaron a Pilato.

2 Pilato le preguntó: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Respondiendo él, le dijo: “Tú lo dices”.

3 Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. 4 Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: “¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan”. 5 Mas Yehshua ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba.

6 Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7 Y había uno que se llamaba Yehshua bar Abbas, preso con sus compañeros de motín que habían cometido homicidio en una revuelta. 8 Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como siempre les había hecho. 9 Y Pilato les respondió diciendo: “¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?” 10 Porque conocía que por envidia le habían  entregado los principales sacerdotes. 11 Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a bar Abbas.

12 Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: “¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?” 13 Y ellos volvieron a dar voces: “¡Crucifícale!”

14 Pilato les decía: “¿Pues qué mal ha hecho?” Pero ellos gritaban aún más: “¡Crucifícale!” 15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a bar Abbas, y entregó a Yehshua, después de azotarle, para que fuese crucificado.

Yehshua escarnecido por la soldadesca

16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía. 17 Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona  tejida de espinas, 18 comenzaron luego a saludarle: “¡Salve, Rey de los judíos!” 19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. 20 Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura, y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.

Shimón de Cirene carga con la cruz de Yehshua

21 Y obligaron a uno que pasaba, Shimón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. 22 Y le llevaron a un lugar llamado Gulgaltá, que traducido es: Lugar de la Calavera. 23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó.

24 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno.

Este es el Rey de los judíos


25 Era la hora tercera cuando le crucificaron. 26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. 27 Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda. 28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.

29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: “¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, 30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz”.

31 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo, se decían unos a otros, con los escribas: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. 32 El Mashíaj, Rey de Yisraeil, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos”. También los que estaban crucificados con él le injuriaban.

Yehshua expira

33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34 Y a la hora novena Yehshua clamó a gran voz, diciendo: “Elí, Elí, ¿lama sabactani?” que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: “Mirad, llama a Eliyahu”.

36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: “Dejad, veamos si viene Eliyahu a bajarle”. 37 Mas Yehshua, dando una gran voz, expiró.

38 Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.

40 También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban Mariam de Magdala, Mariam la madre de Ya’akov el menor y de Joseph, y Salomé, 41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Yerushaláyim.

El cuerpo  de Yehshua llevado al sepulcro


42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, 43 Joseph de Armathajim, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Yehshua. 44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. 45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a Joseph, 46 el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.  


47 Y Mariam de  Magdala y Mariam madre de Joseph miraban dónde lo ponían.  

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