Uno
de los temas donde las congregaciones históricas del cristianismo y aquellas
surgidas de la Protesta o Reforma eclesiástica del siglo XV presentan
contradicciones y generan debates, es el denominado sacramento de la Eucaristía.
Eucaristía
proviene del griego εὐχαριστία (eujaristía) que significa “acción de gracias” y
aparece en los evangelios sinópticos (Mattai, Marcos y Loukás) que relatan la
cena de Yehshua con sus apóstoles antes de su crucifixión. Tanto Mattai como
Marcos refiriéndose al momento en que Yehshua toma la copa de vino, dicen que
la tomó “dando gracias” εὐχαριστήσας (eujaristésas). Loukás emplea esa misma
palabra, “dando gracias” pero referida al momento cuando Yehshua parte el pan.
La eucaristía es por tanto una acción de gracias que se hace con la
participación del pan y el vino en lo que se denomina “Cena del Señor”; es una
acción de gracias que Yehshua pide que se haga en memoria suya.
Cuando
Yehshua realiza un acto, como recibir el bautismo, o pide que se haga un
acto, como este de la cena, de hecho
está sacramentando dicho acto; así, la acción de gracias, la eucaristía, al
igual que el bautismo, constituye un sacramento cristiano. Ahora bien, esta
eucaristía ¿es la encarnación en las especies del pan y del vino del cuerpo y
de la sangre de Yehshua Kristo?
He
aquí el tema doctrinal que genera los debates. Algunas congregaciones
consideran que en el pan y en el vino, Kristo es representado de manera
simbólica, en tanto católicos, ortodoxos, coptos, anglicanos y algunas
denominaciones luteranas creen que en ambas especies se encuentra realmente
tanto el cuerpo como la sangre de Kristo ofrecida como sacramento para entrar
en comunión con él.
Hay
dos modos hermenéuticos de interpretar el “este es mi cuerpo…esta es mi sangre”
dicho por Yehshua, según los sinópticos. Uno es tomar el sentido literal al pie
de la letra; el otro es entenderlo de modo alegórico. Si se interpreta
literalmente se acepta que el pan es el cuerpo y el vino es la sangre de
Kristo: “Tomen, este es mi cuerpo” (Marcos 14:22); “Esta es la copa del nuevo
pacto en mi sangre” (Loukás 22:20).
En
Yojanán 6:48-50 dice Yehshua: “Yo soy el
pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.
Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de Él comiere, no muera”.
Una afirmación concreta de Yehshua: “Él es el pan de vida”. Es una alegoría a
su enseñanza que se da como alimento para alcanzar la vida eterna; sin embargo,
a continuación se refiere a un hecho concreto, no alegórico: los que antes se
alimentaron en el desierto con el maná, finalmente murieron. Luego se compara
él mismo con el maná, como alimento, pan que desciende del cielo, pero este nuevo
maná el que lo coma no morirá.
Inquietante
es lo que proclama Yehshua en el versículo 51:
“Yo soy el pan vivo
que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para
siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del
mundo”.
El
pan que él ofrecerá es su propia carne, su propio cuerpo que entregará, que
morirá, para dar vida al mundo. Esto fue demasiado para los sensibles fariseos
que le escuchaban: “¿Cómo puede éste
darnos su carne para comer?” “Yo daré mi carne como pan” “Coman, este (pan)
es mi cuerpo”. ¡Cuánta similitudes hay en estas dos afirmaciones de Yehshua,
dichas previo al momento de su muerte.
En
Yojanán 6:53-56, dice Yehshua: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida
en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le
resucitaré en el día postrero. Porque mi
carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come
mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en Él”.
Si
se toman literalmente estas expresiones tendríamos que sentir repugnancia ante
una idea tal de antropofagia y vampirismo. Aquí Yehshua está hablando de manera
figurada, alegórica; no está diciendo que vengan a comer su cuerpo físico y a
beber su sangre extraída de sus arterias, sino que se alimenten de sus
enseñanzas y vivan por el sacrificio de su sangre para ser justificados ante el
Padre; pero, al mismo tiempo puede estarse refiriendo al don que concederá a
los que creen en él de recibir su cuerpo en el pan y su sangre en el vino de la
acción de gracias, durante la cena consagrada.
Paulo
advirtiendo contra la idolatría y el participar en sus festejos aclara a los
corintios sobre la diferencia que existe entre esas cenas del paganismo y la
bendita cena, y dice en la primera carta a los corintios 10:16:
“La copa de bendición
que bendecimos, ¿no es la participación en la sangre de Cristo? El pan que
partimos, ¿no es la participación en el cuerpo de Cristo?”
Luego agrega (19-21):
“¿Quiero decir con esto que la carne
sacrificada a los ídolos tiene algún valor, o que el ídolo es algo? No, afirmo
sencillamente que los paganos ofrecen sus sacrificios a los demonios y no a
Dios. Ahora bien, yo no quiero que ustedes entren en participación con los
demonios. Ustedes no pueden beber de la
copa del Señor y de la copa de los demonios; tampoco pueden sentarse a la
mesa del Señor y a la mesa de los demonios”.
Participación puede ser
traducida también como “recibir una parte de algo” es decir, Comunión.
Paulo vuelve sobre el tema en
el siguiente capítulo de su misiva:
Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez
les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue
entregado, tomó el pan, 24 dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi Cuerpo,
que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.
De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la
Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en
memoria mía”. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán
la muerte del Señor hasta que él vuelva. Por eso, el que coma el pan o beba la
copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del
Señor (I
Cor 11, 23-27)
EL tema de la eucaristía o de
la cena del Señor es recogido en Mattai 26:26-28:
Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y
bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo”. Y tomando la copa,
y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: “Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que
por muchos es derramada para remisión de los pecados”.
Los Testigos de Jehová tienen
su particular interpretación de la “Cena del Señor”, establecida por Yehshua
como mandato, según ello para que los cristianos celebren “la Conmemoración de
la muerte de Cristo”. Este es un concepto manipulado. Para ellos “el pan y el
vino son solo símbolos. El pan representa el cuerpo perfecto de Cristo”. Y para
apuntalar su tesis afirman, sin ninguna evidencia dentro de los evangelios, que
Yehshua “utilizó un pan que sobró de la cena de la Pascua, hecho sin levadura o
fermento de ningún tipo”, lo que, según afirman, que “a menudo, la Biblia
emplea la levadura como símbolo del pecado o la corrupción”, y el pan sin
levadura es entonces un símbolo contrario al pecado y la corrupción, entonces
ese pan “representa el cuerpo perfecto que Jesús sacrificó”.
En la Biblia de los Testigos
de Jehová ─ Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras ─ traduce a Mattai 26:26-28 de esta manera:
26 Mientras continuaron comiendo, Jesús tomó un
pan y, después de decir una bendición, lo partió y, dándolo a los discípulos,
dijo: “Tomen, coman. Esto significa
mi cuerpo”. 27 También, tomó una copa y,
habiendo dado gracias, la dio a ellos, diciendo: “Beban de ella, todos ustedes;
28 porque esto significa mi ‘sangre del pacto’, que ha de ser derramada a
favor de muchos para perdón de pecados.
En la versión griega de Mateo 26:26 se
lee: Λάβετε (tomen, reciban) φάγετε· (coman) τοῦτό
(este, esta, éste) ἐστιν (es) τὸ (el, la, los) σῶμά
(cuerpo) μου (mío): “Tomen, coman. Esto es el cuerpo mío”.
No se dice para nada “Esto significa mi…” Se dice textualmente: “Esto es el
cuerpo mío”.
Los versículos 27 y 28 en griego koiné se
lee: καὶ (y, también, Entonces,
incluso) λαβὼν (tomó) ποτήριον (una copa) καὶ
(y, también, entonces, incluso) εὐχαριστήσας (dando gracias) ἔδωκεν
(él dio) αὐτοῖς (a ellos) λέγων (diciendo) Πίετε
(beban) ἐξ (de) αὐτοῦ (le, su, él, yo,
ella, lo, lo mismo) πάντες· (todos ustedes). τοῦτο
(este, esta, esa) γάρ (en verdad, en efecto) ἐστιν (es) τὸ
(el, la, los) αἷμά (sangre) μου
(mía) τῆς ( del, de la) διαθήκης (pacto) τὸ
(el, la, los) περὶ (para) πολλῶν (muchos) ἐκχυννόμενον
(siendo derramada) εἰς (por) ἄφεσιν (perdón) ἁμαρτιῶν
(de los pecados).: “Entonces tomó una copa y dando gracias la dio a ellos, diciendo:
Bébanla todos. Esto, en verdad es la sangre mía del pacto, por muchos derramada
para perdón de los pecados”.
Loukás también se refiere al tema de la
eucaristía o cena del Señor (22:19-20):
Después
tomó pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Esto es mi cuerpo,
que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Hizo lo mismo con la
copa después de cenar, diciendo: “Esta copa es la alianza nueva sellada con mi
sangre, que es derramada por ustedes.
La traducción que ofrece la llamada “Traducción
del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras” del versículo 20 es la siguiente:
20 También, la copa de la misma manera después
que hubieron cenado, diciendo él: “Esta copa significa el nuevo pacto en virtud de mi sangre, que ha de ser
derramada a favor de ustedes.
Los versículos de Loukás 19 y 20 en griego
se leen: καὶ (y) λαβὼν
(habiendo tomado) ἄρτον (el pan) εὐχαριστήσας (habiendo dado gracias) ἔκλασεν
(lo rompió, partió) καὶ (y) ἔδωκεν (lo dio) αὐτοῖς
(a ellos) λέγων (diciendo) Τοῦτό (este, esta, esa) ἐστιν
(es) τὸ (el, la, lo) σῶμά
(cuerpo) μου (mío) τὸ (el, la, lo) ὑπὲρ
(para) ὑμῶν (ustedes) διδόμενον
(es dado)· τοῦτο (este) ποιεῖτε (hacer) εἰς
(en) τὴν (el) ἐμὴν (de mi) ἀνάμνησιν (memoria). 20 καὶ (y) τὸ (el, la, lo) ποτήριον (la copa) ὡσαύτως
(igualmente) μετὰ (después) τὸ (el, la, los) δειπνῆσαι
(habiendo cenado), λέγων (diciendo) Τοῦτο
(este, esta, esto) τὸ (el. La. Lo) ποτήριον (copa) ἡ
(el) καινὴ (nuevo) διαθήκη
(pacto) ἐν (en) τῷ (el) αἵματί (sangre) μου (mía), τὸ (el, la, los) ὑπὲρ
(para) ὑμῶν (tu) ἐκχυννόμενον (está siendo derramada).
19 Y habiendo tomado el pan y dado gracias
lo partió y lo dio a ellos, diciendo: “Este es el cuerpo mío que para ustedes
es dado; hagan esto en memoria mía”. 20 También la copa, después de haber
cenado, diciendo: “Esta es la copa del nuevo pacto en la sangre mía que por
ustedes está siendo derramada”.
“Este es el cuerpo mío… esta es la sangre
mía…” La implicación es muy fuerte para el gusto de los Testigos de Jehová y
para su cuerpo gobernante (los “teócratas”), porque estas frases dan a entender
que, efectivamente, Yehshua está diciendo, no en sentido figurado sino en
sentido directo y afirmativo, que el pan sobre el cual dio gracias (εὐχαριστήσας-eucaristésas)
es el cuerpo suyo, y que la copa es el nuevo pacto que contiene su propia
sangre, por ello hacen una traducción libre y festinada de ambos textos con el
objetivo de adecuarlos conforme a su doctrina introduciendo la palabra
“significa” que no aparece en el texto griego ni siquiera de manera implícita.
Para negar que en el pan y en el vino está
realmente el cuerpo y la sangre de Kristo, tal como creen las ekklesías
históricas, católicas, ortodoxas, y coptas, dan una explicación más estúpida
que pueril. Y afirman:
“Hay quienes creen que Jesús convirtió realmente el pan en su carne, y
el vino en su sangre. Sin embargo, el cuerpo
de Jesús seguía entero cuando él ofreció el pan. ¿Puede decirse entonces
que comieron de verdad los apóstoles la carne de Jesús y bebieron su sangre?
No, pues eso habría sido un acto de canibalismo
y una violación de la ley de Dios”.
Por
supuesto que el cuerpo de Kristo continuó entero y no se convirtió en pan. Al
interpretar el mensaje contenido en los versículos citados de Mattai y de
Loukás, no se puede partir de lo material. Se trata de una proposición
eminentemente espiritual. No estoy declarando que el pan absorbiera el cuerpo
espiritual de Yehshua, ni que el vino, su sangre. Kristo se compara, se hace él
mismo, semejante al pan; él es el nuevo maná descendido de las alturas. Él es
el “pan de vida”; así lo recoge Yojanán citando palabras de Yehshua: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene,
nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. (Yojanán
6:31)
No
entienden, o no quieren que otros entiendan, qué es lo espiritual. No se trata
de un acto de canibalismo el que comete aquel que crea que el cuerpo y la
sangre de Kristo esté realmente en las dos especias, pan y vino; en todo caso
se trataría de una forma espiritual de “teofagia”,
término que nunca emplearían ya que ellos abrazan el arrianismo que niega la
divinidad de Kristo. Él podría muy bien transmitir su espiritualidad hacia dos
objetos materiales, dos alimentos para que después de su partida fuera
rememorado y s mantuviera su presencia entre su congregación, palpitante y vivo
como alimento espiritual, no como un símbolo simple y de poco valor doctrinal.
Ahora
bien, ¿está realmente presente en el pan y el vino de la cena de acción de
gracias, tanto el cuerpo como la sangre de Kristo?
Si
revisamos los escritos cristianos de los siglos I y II, nos percataremos que
los cristianos de aquellos tiempos apostólicos consideraban que Kristo se hacía
presente en la eucaristía. Así en el documento más antiguo del que se tiene
noticias sobre los primitivos rituales cristianos, la Didajé (del griego Διδαχή, enseñanza o doctrina) se dice:
Reuníos el día del
Señor y romped el pan y dad gracias después de haber confesado vuestros
pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro
(Didajé XIV: 1).
Ignacio de Antioquía
(25 o 28- 98 y el 110) escribió:
“Tened, pues, buen
cuidado de no celebrar más que una sola eucaristía, porque una sola es la carne de nuestro Señor Jesucristo, y uno solo el cáliz para la reunión de su
sangre, y uno solo el altar, y de la misma manera hay un solo obispo con
los presbíteros y diáconos”.
En
su epístola a los esmirneanos acusando a los que sostienen “doctrinas extrañas respecto a la gracia” de Kristo,
dijo:
“…ellos no admiten que
la eucaristía sea la carne de nuestro
Salvador Jesucristo, cuya carne sufrió por nuestros pecados, y a quien el
Padre resucitó por su bondad”.
Estos
dos ejemplos nos ilustran que desde muy al principio de la expansión del
cristianismo, ya los cristianos aceptaban la presencia de Kristo en las especies
del pan y el vino durante la consagración que de los mismos se hacía durante la
cena del Señor o la cena de acción de gracias que se acostumbraba celebrar en
domingo.
Ahora
bien, tengamos en cuenta que el único de los evangelistas que cita la frase de
“hagan esto en memoria mía” atribuida
a Yehshua durante la cena es Loukás y el emplea la palabra griega de Ἀνάμνησιν
como “memoria”, pudiendo también haber seleccionado la palabra Μνήμη (mnéme)
que también significa “memoria”; o haberse decidido por el empleo de la palabra
Αναμιμνησκω (anamimnesko) que quiere decir “recordar”. ¿Fue esta una decisión
tomada al azar? En las escrituras nada se escribe al azar, sino que cada
palabra se selecciona con el objeto de darle un significado especial o
característico; y Loukás se decidió por Ἀνάμνησιν. ¿Con qué propósito?
Consideremos
la palabra “anamnesis”; una palabra empleada por Platón con fuerte significado
tanto filosófico como metafísico (aunque la metafísica fue desarrollada
posteriormente por su discípulo Aristóteles) y que en sí implica, no solo la
memoria, sino también la reminiscencia, es decir, la facultad del alma que le
permite traer a la memoria imágenes que no se tienen presentes. De acuerdo con
Platón la anamnesis es la capacidad del alma para hacer presentes las experiencias que ha tenido en una
encarnación anterior.
Loukás
era un gentil educado dentro de la cultura griega hasta que se encontró con
Paulo y convertirse al cristianismo. Se supone que fue un hombre ilustrado, era
médico y posiblemente familiarizado con la filosofía de Platón.
Según
su filosofía, Platón consideró que la anamnesis (memoria) es la capacidad que
tiene el alma para recordar los conocimientos que ésta olvida al entrar a un
nuevo cuerpo; de este modo toda alma humana ha debido necesariamente contemplar
las esencias, pues de no ser así no hubiera podido entrar en el cuerpo de un
hombre. Porque el alma que no ha vislumbrado la verdad, no puede revestir la
forma humana.
Loukás
seleccionó a propósito la palabra anamnesis, no para expresar el solo deseo de
Yehshua de ser recordado tras su muerte, sino para magnificar la trascendencia
del espíritu de Kristo y su permanencia entre los creyentes.
Así,
la frase de Loukás 22:19 se puede parafrasear de la siguiente manera: “Hagan esto en memoria (en anamnesis) mía
para que mi esencia que han contemplado pueda entrar al interior de ustedes”;
o de otro modo: “Hagan esto para que mi esencia (como memoria, como anamnesis)
esté presente en esta especie”.
Haciendo
resumen de lo expresado en la Buena Nueva de Yojanán en Yojanán 6:31; 6:48-51 y
6:53-56, así como las citas paulinas de 1 Cor. 10:16; 10: 19-21 y 11: 23-27, podemos asegurar, como
artículo de fe inspirado por el Paracletos, que la eucaristía es la
manifestación de Kristo a través de un sacrificio simbólico realizado durante
la Cena de Acción de Gracia.
En
el pan y el vino está la presencia, por tanto, de Kristo como verdad reminiscente,
sin transformación de ambas especies, como anamnesis espiritual bajo el
accionar del Espíritu Santo. Es la esencia de Kristo transformada en alimento y
bebida espiritual. No es el cuerpo físico ni la sangre de Kristo disueltos, transubstanciados
en el pan y el vino, porque el pan no pierde su condición material y el vino
mantiene su color, su aroma y su sabor. Tanto el pan como el vino son
vehículos, medios para manifestar la anamnesis cristiana. No son simples
símbolos para expresar un concepto o una creencia.

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