Elifaz continúa atacando a Job. Su tesis
es que a Dios nada le importa que alguien sea justo; porque él está por encima
de todos; sin embargo a continuación se contradice para alegar que Dios castiga
las faltas y acusa a Job de que sus faltas no tienen límite, enumerando
acusaciones infundadas contra él.
Job sabe que no encontrará comprensión
en sus supuestos amigos y se decide por encontrar su respuesta exponiendo su
causa como si fuera ante un tribunal. Entonces aquí se revela la fe de Job en
Dios. Considera que sería escuchado y que le concedería su derecho.
Capítulo 22
Tercer
discurso de Elifaz: los sufrimientos de Job, atribuidos a sus pecados
1 Elifaz de Temán replicó, diciendo: 2 “¿Puede un hombre ser útil a Dios?
Incluso el más capaz, ¿le es útil en algo? 3 ¿Le
importa al Todopoderoso que tú seas justo? ¿Obtiene una ganancia si tu conducta
es perfecta? 4 ¿Es por tu piedad que te reprueba y
entabla un juicio contigo? 5 ¿No es más bien por tu enorme maldad y
porque tus faltas no tienen límite?
6 Tú exigías sin motivo prendas a tus
hermanos y despojabas de su ropa a los desnudos. 7 No dabas de beber al extenuado y negabas
el pan al hambriento. 8 ‘¡El país pertenece al de brazo fuerte;
el privilegiado se instala en él!’ 9
Despedías a las viudas con las manos vacías y quebrabas los brazos de los
huérfanos. 10 Por eso ahora estás rodeado de lazos y te
estremece un terror repentino. 11 Se oscureció la luz, y no ves; te
sumergen las aguas desbordadas.
12 ¿No está Dios en la cima del universo?
¡Mira qué alta es la bóveda estrellada! 13 Por
eso dijiste: ‘¿Qué sabe Dios? ¿Puede juzgar a través de los nubarrones? 14 Las nubes lo tapan, no puede ver; él se
pasea por los bordes del firmamento’.
15 ¿Quieres seguir por el camino antiguo que
recorrieron los hombres perversos? 16 Ellos
fueron arrebatados antes de tiempo, cuando un río inundó sus cimientos. 17 Decían a Dios: ‘¡Apártate de nosotros!
¿Qué puede hacernos el Todopoderoso?’ 18 Y
aunque él llenaba sus casas de bienes, el designio de los malvados seguía lejos
de él.
19 Los justos lo ven y se alegran, el
inocente se burla de ellos: 20 ‘¿No ha sido aniquilada su fortuna y el
fuego devoró hasta sus residuos?’
21 Llega a un acuerdo con Dios,
reconcíliate, y así alcanzarás la felicidad. 22
Recibe la instrucción de sus labios y guarda sus palabras en tu corazón. 23 Si vuelves al Todopoderoso con humildad y
alejas de tu carpa la injusticia; 24 si
arrojas el oro en el polvo y el oro de Ofir entre las piedras del torrente, 25 entonces el Todopoderoso será tu oro, él
será un montón de plata para ti.
26 En el Todopoderoso estará tu deleite y
levantarás tu rostro hacia Dios. 27 Tú le suplicarás y él te escuchará, y
podrás cumplir tus votos. 28 Si te propones algo, te saldrá bien, y
sobre tus senderos brillará la luz. 29
Porque él humilla la altivez del soberbio pero salva al que baja los ojos. 30 Él libra al hombre inocente, y tú te
librarás por la pureza de tus manos”.
Capítulo 23
Respuesta
de Job: el silencio de Dios y el triunfo del mal
1 Job respondió diciendo: 2 También hoy, mi queja es un desafío,
mientras gimo bajo el peso de su mano. 3 ¡Ah,
si supiera cómo encontrarlo, si pudiera llegar hasta su tribunal! 4 Yo expondría mi causa ante él y llenaría
mi boca de recriminaciones. 5 Sabría entonces cuál sería su respuesta,
y estaría atento a lo que él me dijera.
6 ¿Le haría falta mucha fuerza para
disputar conmigo? No, sólo bastaría que me prestara atención. 7 Allí, un hombre recto discutiría con él,
y yo haría triunfar mi derecho para siempre.
8 Pero voy hacia adelante, y él no está,
hacia atrás, y no lo percibo; 9 lo busco a la izquierda, y no lo diviso,
vuelvo a la derecha, y no lo veo. 10 Sin
embargo, él sabe en qué camino estoy: si me prueba en el crisol, saldré puro
como el oro. 11 Mis pies han seguido sus pasos, me mantuve
en su camino y no me desvié. 12 No me aparté del mandamiento de sus
labios, guardé en mi pecho las palabras de su boca.
13 Pero él ya decidió: ¿quién lo hará volver
atrás? Lo que él desea, lo hace. 14 Él va
a ejecutar mi sentencia, y hay en él muchos designios semejantes. 15 Por eso, le tengo temor, reflexiono, y
tiemblo ante él. 16 Dios me ha quitado el ánimo, el Todopoderoso
me ha llenado de espanto: 17 porque no son las tinieblas las que me
aniquilan ni tampoco la oscuridad que cubre mi rostro.
Capítulo 24
1 ¿Por qué al Todopoderoso no se le ocultan
los tiempos, pero sus fieles no ven esos días?
2 Los malvados remueven los linderos, se
apoderan del rebaño y del pastor. 3 Se
llevan el asno de los huérfanos, toman en prenda el buey de la viuda; arrancan
al huérfano del pecho materno y toman en prenda al niño pequeño del pobre. 4 Desvían al indigente del camino, y los
pobres del país tienen que esconderse.
5 Como asnos salvajes en el desierto, salen
los pobres, buscando una presa; y aunque ellos trabajan hasta la tarde, no
tienen pan para sus hijos. 6 Cosechan en el campo del impío, vendimian
la viña del malvado. 7 Pasan la noche desnudos, por falta de
ropa, sin un abrigo para taparse del frío. 8
Empapados por el aguacero de las montañas, 9 sin
refugio, se acurrucan contra las rocas. 10 Andan
desnudos, por falta de ropa, cargan las gavillas, y están hambrientos.11 Exprimen el aceite entre dos máquinas de
moler, pisotean el lagar, y están sedientos.
12 De la ciudad, salen los gemidos de los
moribundos, las gargantas de los heridos piden auxilio, ¡pero Dios no escucha
sus plegarias! 13 Hay otros que se rebelan contra la luz:
no reconocen sus caminos ni se detienen en sus senderos.
14 El asesino se levanta antes del alba para
matar al pobre y al indigente. El ladrón merodea por la noche, en la oscuridad,
perfora las casas. 15 El adúltero aguarda la penumbra,
pensando: “¡Ningún ojo me verá!”, y se cubre la cara con un velo. 16 Ellos se encierran durante el día, todos
ellos ignoran la luz. 17 Porque, para ellos, la mañana es la hora
sombría, están habituados a los terrores de la noche.
25 ¿Acaso no es así? ¿Quién me puede
desmentir o reducir a la nada mis palabras?

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