1 Estaba Nathán escribiendo según su
entender las crónicas del reino de David, cuando se presentó ante él Uri’el y
le dijo: “Nathán, Nathán ¿En qué te afanas?” 2 Y Nathán
contestó: “Escribo, mi señor la crónica del reinado y grandeza de mi señor
David que fue fiel seguidor del Padre del Universo”.
3 Uri’el hizo otra pregunta a Nathán:
“¿Acaso no fuiste elegido para advertir a David de su pecado cuando tomó como
mujer a la esposa de Urías, el inocente? 4
Entonces, ¿por qué tomaste partido a favor de las intrigas de la ambiciosa Bathsheba
y te prestaste para engañar a David? Tal vez lo hiciste impulsado por tu
orgullo, cuando el joven Adoniyah no te invitó al sacrificio que él ofrecía. 5 ¿Por qué no pediste consejo al Dios de la
Vida antes de unirte a la mujer rechazada por Adonai, tu Dios?
6 Con sangre se iniciará el reino de
Shalomom y con culto a los dioses egipcios, dioses que no ven, no hablan, no
oyen. 7 Ahora tú eres desechado y no tendrás
cabida entre los elegidos de la corte de Shalomom. Ya no tendrás visiones, ni
sueños, ya no escucharás de nuevo mi voz; porque tu orgullo te hizo profeta de
Sama’el.
8 El libro con que te afanas, escribiendo
historia, será borrado por siempre, como tú serás borrado del Libro de la
Vida”.
9 Cayó postrado sobre el suelo Nathán y
lloró amargamente y entre llanto dijo: “Grande es mi pecado, que el Padre de la
Vida tenga piedad de mi alma”.

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