El
juzgar a los demás
1 Tú que pretendes ser juez de
los demás — no importa quién seas — no tienes excusa, porque al juzgar a otros,
te condenas a ti mismo, ya que haces lo
mismo que condenas. 2 Sabemos que Dios juzga de
acuerdo con la verdad a los que se comportan así.
3 Tú que juzgas a los que hacen
esas cosas e incurres en lo mismo, ¿acaso piensas librarte del Juicio de Dios? 4 ¿O desprecias la riqueza de la bondad de Dios, de su
tolerancia y de su paciencia, sin reconocer que esa bondad te debe llevar a la
conversión?
5 Ninguno de nosotros vive para
sí, ni tampoco muere para sí. 6 Si vivimos, vivimos para la
Luz del Universo, y si morimos, morimos para la Luz: tanto en la vida como en
la muerte, pertenecemos al Señor. 7 Porque Yehshua murió y volvió a la vida para ser Señor de
los vivos y de los muertos.
8 Entonces, ¿con qué derecho
juzgas a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos, en efecto, tendremos que
comparecer ante el tribunal de Dios, 9 y cada uno de nosotros tendrá que rendir cuenta de sí
mismo a Dios.

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