1 Gran angustia estremecía el ánimo de
Joseph con aquel sueño donde el ángel de la Luz le advertía que debía huir para
salvar al hijo de Mariam. 2 Como fiel judío tenía que cumplir con la
ley de Moshé que decía: “la que dé a luz un varón permanecerá impura durante
treinta y tres día para su purificación ante el sacerdote”. 3 Entonces oró al Padre de la Vida pidiendo
su protección y el amparo para recién nacido.
Circuncisión
de Yehshua y alabanza de Shimón
4 Llegado el octavo día del nacimiento,
Joseph tomó a la madre y al niño, como está establecido por la ley de Moshé,
para circuncidar al que darían por nombre Yehshua. 5 Cuando entraron al Templo llegó junto a
ellos un anciano de nombre Shimón quien al ver al niño lo tomó entre sus brazos
6 y daba alabanzas a la Suprema
Inteligencia, diciendo: “Tú me prometiste, Padre de la Vida, que no moriría sin
antes ver al Hijo de tu Gloria. Ahora, Gran Poder del Universo, se ha cumplido
tu promesa y 7 ya puedo morir en paz; porque me has
concedido el poder ver con mis ojos a aquel que lleva la Luz y su Luz traerá
salvación para todos los pueblos y gloria para tu pueblo”.
8 Admirados estaban Joseph y Marian
escuchando la alabanza que pronunciaba aquel anciano. Shimón devolvió el niño a
la madre y les bendijo. 9 Entonces mirando fijamente a Mariam, le
dijo: “Escucha mujer: Este niño está destinado para que en la nación muchos
caigan o se eleven. Por muchos será rechazado y las intenciones de quienes le
rechacen quedarán al descubierto y reconocida la maldad de sus corazones. 10 Escucha mujer: a ti una espada atravesará
tu corazón cuando se cumpla lo que Adonai ha decidido y te haga bendita por
todas las generaciones”.
11 Luego Joseph, fue con Mariam y con el
recién nacido y con sus hijos a pedir albergue en casa de un pariente que vivía
en B'thanía, y a quien su esposa le había dado un hijo varón de nombre Eleazar
que ya correteaba por el patio. 12 Y allí permanecieron hasta que se
cumplieron los días de la purificación de Mariam y ofrecer en expiación un par
de tórtolas.
Huida
hacia Egipto
13 Entonces una voz habló en la mente de
Joseph diciéndole: “Joseph, de la estirpe de David. No aguardes más y parte de
inmediato para Egipto, porque se acercan los que quieren la vida de Yehshua. 14 En Egipto permanecerás hasta que yo te
llame”.
15 En medio de la noche Joseph inició la
huida de su familia y se dirigió hacia Hebrón para continuar por Gaza. 16 Dificultoso era el traslado; pero El
Padre de la Vida les proporcionaba ayuda adecuada en cada etapa. Así,
finalmente llegaron a Alejandría. Dos años la familia permaneció en Alejandría.
17 Sucedió una noche, mientras dormían,
Gavri’el, el mensajero de la Luz se presentó en sueños a Joseph y le dijo:
“Joseph, el tiempo se ha cumplido. Ya han muerto los que querían la muerte de
Yehshua. 18 Regresa a tu tierra, a Galilea para ser
contradicción para los judíos”.
19 Joseph y su familia regresaron a su aldea
de Natzeret. Allí creció Yehshua, y Mariam observaba que en él crecía la
Sabiduría; 20 porque Yaho’el el mensajero de la Luz que
mora en medio de la Luz, le instruía.
21 En cierta ocasión, Mariam sorprendió a
Yehshua de pie ante un despeñadero que se abría
próximo a donde se levantaba la vivienda de Joseph. 22 Sintió temor al verle ante el barranco y
con los brazos y la mirada elevados a las alturas en actitud contemplativa. Se
acercó a él y le preguntó: “Yehshua, ¿qué haces de pie tan cerca del
despeñadero?” 23 Se volvió Yehshua hacia ella y le
contestó: “¿Acaso un hijo no ha de conversar con el Padre? Pero no temas,
mujer, porque hay ángeles que me guardan y me libran de caer en el abismo”. 24 Y Yehshua tenía solo diez años. 25 Mariam, le abrazó y le llevó a la casa,
admirada por lo dicho por su hijo, que ella no podía comprender.


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