1 Había en Natzeret una mujer
que ya en su edad madura no había concebido y era considerada por sus vecinos
como mujer estéril. Su nombre era Hannah y estaba casada con un hombre mayor
que ella llamado Yehoyakim. 2 Y Hannah sufría por no haber
podido darle descendencia a su esposo y se lamentaba y clamaba al Altísimo para
que le permitiera concebir en su vientre.
3 Sucedió que una noche
Yehoyakim conoció a su esposa y disfrutaron su amor, teniendo momentos felices.
Hannah quedó dormida y tuvo un sueño. 4 En su sueño, Hannah vio a un hombre con apariencia de
ángel que se acercaba a ella y le decía: “Hannah, Hannah, no estés triste
porque no eres mujer estéril sino que no se ha cumplido en ti lo que es
voluntad del Altísimo. 5 Esta misma noche has quedado
embarazada y parirás, y se hablará de tu progenitura con veneración en toda la
tierra”.
6 Al despertar pensaba
esperanzada: “¿Será esta una visión divina, un mensaje que el Todopoderoso me
envía, o será un engaño de mi ansiedad por concebir?” 7 Y habló con Yehoyakim su
esposo y le contó su sueño.
8 Entonces exclamó Yehoyakim:
“¡Glorificado sea el Dios de Yisraeil, porque quizá sea cierta la visión que
tuviste! Mira que llegué cansado y sin embargo, a pesar de que ya no tengo los
fulgores de la juventud, me solacé contigo y disfruté de nuestro amor como
nunca antes”.
9 Y Hannah dijo: “Tan cierto
como Adonai, nuestro Dios, vive, si yo concibo, sea varón o sea hembra, le
consagraré a Dios”.
10 Y los meses de Hannah se
cumplieron, y, al noveno, dio a luz. Y preguntó a la partera: “¿Qué he parido?”
La partera contestó: “Una niña”. 11 Y Hannah repuso: “Mi alma se ha glorificado en este día.
Ya nadie podrá burlarse de mí diciéndome estéril, porque he parido a mi edad
madura cuando ya a las mujeres se les suspenden sus días”. 12 Y acostó a la niña en su
cama. Y, transcurridos los días legales, Hannah se lavó, dio el pecho a la
niña, y le puso por nombre Mariam.
13 Y Mariam fue creciendo llena
de salud y bajo el cuidado y el amor de sus padres. Y era aplicada a las
labores que Hannah le enseñaba 14 y recibía las enseñanzas,
escuchando con devoción las lecturas que se hacían en la sinagoga.
15 Sucedió que cuando cumplió
los trece años, su padre Yehoyakim cayó enfermo y sintiendo él que se
terminaban sus días, llamó a Mariam y dándole su bendición le dijo: 15 “Mariam, no sufras pensando
que mis días llegan a su fin, pues el Dios de Yisraeil ha dictado su sentencia
y he de acogerme al She’ol. No tuve hijo varón que transmitiera mi descendencia
pero Dios me ha bendecido con tu amor y mi nombre no será borrado por causa
tuya. 16 Tú serás bendecida porque
eres merecedora de la gracia del Todopoderoso”.
17 Y murió Yehoyakim y fue
enterrado en la tumba de sus padres.
18 Por esos mismos día, un
hombre de oficio carpintero llamado Joseph había enviudado. Joseph era un
hombre piadoso y ya de avanzada edad y con su oficio atendía al cuidado de sus
hijos. 19 Era él un hombre muy
respetado en Natzeret y conocido de Hannah.
20 Mucha era la angustia de
Hannah pensando en qué sería de su vida ahora, siendo viuda y sin hijos varones
que pudieran cuidar de ella y de la joven Mariam. 21 Entonces el principal de la
sinagoga habló con ella y le dijo: “Hannah, tú necesitas que un hombre atienda
tu casa, así que debes dar en desposorio a Mariam. 22 Ella es hermosa, dispuesta y
muy piadosa; cualquier hombre estaría feliz de recibirla”. Le contestó Hannah:
“Ah, señor, Natzeret es una aldea muy pequeña y no hay joven soltero que pueda
aspirar a mi hija; así es que 23 tendré que conformarme a
vivir como viuda sin la protección y el cuidado de un esposo o de un hijo varón
que vele por nosotras”.
24 A esto replicó el principal
de la sinagoga: “Escucha, Joseph, el carpintero
ha enviudado y es un hombre de gran piedad, muy laborioso, serio y muy
querido de todos. 25 Quizá Adonai dispusiera que
él quedara viudo cuando también quedaras tú viuda, para que su vida se uniera a
la de Mariam. Si tú me lo permites yo hablaré con el carpintero y le pediré que
pida a tu hija en desposorio”.
26 Hannah se resistía diciendo:
“No, Mariam es muy joven aún, en tanto que el carpintero ya es hombre mayor y
con hijos”. “Debes pensarlo”, le replicó el principal de la sinagoga. 27 Entonces Hannah dijo: “Solo
si el Todopoderoso consiente con esa unión le daré a Mariam en desposorio.
Cuando Adonai me dé señal de aceptación”.
27 Sin embargo, el principal fue
donde Joseph y le dijo: “Joseph, acabas de enviudar y no tienes ahora mujer que
cuide de tu casa, te haría bien tomar a una mujer joven como esposa tuya.
Mariam, la hija de la viuda Hannah es una hermosa doncella y es piadosa y
hacendosa. Bueno sería que la pidieras en desposorio. Recuerda que solo tienes
hijos varones”. 28 Así mismo, los amigos y
parientes de Joseph le proponían que tomara a Mariam en desposorio.
29 Pero Joseph se negaba a tomar
a Mariam en desposorio, diciendo: “Soy viejo, y tengo hijos, al paso que ella
es una niña. No quisiera servir de irrisión a los hijos de Yisraeil”.
30 Sucedió que tanto le
insistieran Joseph decidió ir donde Hannah acompañado del principal de la
sinagoga como amigo para pedirle a Mariam en desposorio. 31 Estando Joseph ante la puerta
apoyado en su vara una paloma llegó y se posó sobre la vara. 32 Al verlo, Hannah exclamó:
“¡Bendito seas, Joseph, que Adonai te ha elegido para esposo de mi hija
Mariam!”
33 Y firmaron el kidushin (esto
es, el desposorio). Entonces Mariam dijo: “Soy obediente a lo que decide el
Todopoderoso”. 34 Y permaneció Mariam en su
casa según la costumbre, y Joseph, desde ese momento, cuidó y atendió a Hannah
y Mariam.

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