1 Llevaba yo varios días meditando en los
mandatos que me había transmitido el ángel del arrepentimiento y comenzaba a
escribirlos para que sirvieran de guía a mis hermanos, cuando se presentó de
nuevo ante mí el pastor.
Vida
en país extranjero
2 Me dijo entonces: “Debes saber que los
hombres recibidos como hijos de Dios viven en un país extranjero. Sí,
ciertamente, porque vuestra ciudad está muy lejos de esta en la que vivís. 3 Así pues, si conocéis vuestra ciudad, la
verdadera en la cual viviréis, ¿por qué te afanas acumulando riquezas y te
desvelas por los placeres costosos y por todas las vanidades de esta ciudad
donde ahora moráis?; 4 ¿Acaso no tenéis intención de retornar a
vuestra propia ciudad?
5 ¡Oh hombre necio, de ánimo indeciso y
desgraciado!, ¿no ves que todo aquello que te afanas por poseer son ilusiones? 6 Porque llegará el día que seas echado de
esta ciudad, entonces ¿qué harás con las riquezas que acumulaste y con los
lujos y vanidades en que viviste? ¿Qué harás, pues, tú? 7 ¿Renunciarás a acogerte a las leyes de tu
verdadera ciudad y comportarte con arreglo a las leyes de la ciudad donde
resides solo por amor a tus riquezas y vanidades?
8 ¡Necio, no repudies la ley a la que te
debes!; porque si quieres regresar de nuevo a tu propia ciudad, con toda
seguridad no serás recibido por haber repudiado la ley de tu ciudad, y de
seguro quedarás excluido de ella.
No
afanarse por las riquezas y atenerse a las enseñanzas
10 Vigila como residente en tierra extraña
no afanarte por las riquezas, por el poder, por los lujos y las vanidades
costosas. Confórmate con lo que tu trabajo, con lo que tu sabiduría y con lo
que tu propio esfuerzo te ha deparado, 11 para
que cuando seas echado de la tierra extraña en la que habitas, puedas tener
asilo y hogar en tu propia ciudad y usar tu propia ley gozosamente, libre de
toda ofensa.
12 Atente a las enseñanzas que la Luz del
Universo te ha transmitido; sé obediente al Pacto de tu Dios. 13 Ten a la Suprema Inteligencia en lo
profundo de tu ser teniendo en cuenta sus divinas enseñanzas y las promesas que
Él ha hecho, y cree en Él que Él las realizará si guardas sus enseñanzas. 14 Por tanto, en lugar de afanarte por las
riquezas materiales, esfuérzate por acumular riquezas espirituales de justicia,
amor y derecho. 15 Los bienes que te ha concedido Dios
empléalos con cordura, sin olvidar tu ayuda a los humildes, a los menesterosos
a los desamparados.
Mejor
es acumular riquezas espirituales
16 Dios os ha enriquecido en espiritualidad,
para que podáis ejecutar su Palabra. Es mucho mejor acumular riquezas
espirituales que te engrandecerán en tu propia ciudad cuando vayas a residir en
ella. 17 Este dispendio abundante es hermoso y
gozoso y no trae tristeza ni temor, sino gozo. 18 No
tengas ansiedades por las riquezas materiales y gasto en placeres. Practica tu
propio dispendio de amor y justicia en el cual puedas gozarte. 19 No te corrompas con la usura, con la
envidia, con el despojo a otros: ejecuta tu propia tarea y recibirás acogida en
la ciudad de tu salvación.
El
olmo y la vid
20 Presta atención a esta comparación que te
haré: El rico es como el olmo que es de tronco fuerte y no produce fruto en
tanto el humilde es como la vid que aunque de tronco débil es capaz de producir
fruto delicioso. 21 Con todo, ambos árboles necesitan de sí,
porque si la vid no tiene el apoyo del olmo para crecer sujeta a su tronco se
arrastra por el suelo y el fruto que produce entonces es malo, porque no está
suspendida del olmo.
22 El rico tiene muchas riquezas pero sus
riquezas no dan fruto espiritual, porque esa riqueza le distrae y su intercesión
ante el Padre de la Vida es muy escasa; y aun cuando da, es poco y débil, y no
tiene poder dimanado de la gracia de Dios. 23
Cuando el rico atiende a las necesidades de los humildes cree que haciendo así
recibirá recompensa de Dios; 24 porque el humilde, aunque pobre en
riquezas es rico en el favor de Dios, así los que poseen se inclinan a suplir a
los humildes sin titubear, porque creen que recibirán bendiciones.
25 El humilde, que carece de todo, cuando es
auxiliado en sus necesidades por los afortunados hace para ellos intercesión
ante Dios por la ayuda que le han brindado. 26 Y el
rico es todavía más celoso en dar su ayuda al pobre, para que pueda seguir
viviendo; porque sabe que la intercesión del humilde es aceptable y rica
delante de Dios. 27 Los dos, pues, cumplen su obra; el pobre
haciendo intercesión, en que es rico y que él recibe del Dios Padre de la Vida;
y la devuelve, otra vez, a Dios que se la proporciona.
28 Cuando el rico comprende que es grato a
Dios compartir de sus riquezas con los humildes está haciendo la obra de Dios.
29 A la vista de los hombres, pues, el olmo
parece no llevar fruto, y no saben ni perciben que si viene una sequía, el
olmo, teniendo agua, nutrirá a la vid, y la vid, teniendo provisión constante
de agua, dará doble cantidad de fruto, tanto para sí como para el olmo. 30 De la misma manera el pobre, al
interceder ante el Señor por el rico que le presta su apoyo, afianza sus
riquezas espirituales, y también el rico, supliendo las necesidades del
humilde, afianza su alma.
31 Así pues, los dos participan en la obra
justa. Por tanto, el que hace estas cosas no será abandonado por Dios, sino que
será inscrito en los libros de los vivos. 32
Bienaventurados son los ricos que entienden también que son enriquecidos por
Dios. Porque los que piensan así podrán hacer una buena obra”.

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