1 Y en sus tiempos últimos, Shalomom,
levantó templos a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable
de los amonitas. 2 Luego entregó su espíritu y Uri’el le
condujo a la dimensión de la angustia donde permaneció hasta que el Hijo de la
Luz llegara para el rescate de las almas desesperadas.
Roboam
viaja a Siquem para su proclamación
3 Luego del entierro de Shalomom, su hijo Roboam,
se apresuró para ser declarado rey sobre todo el reino de David. Roboam era
joven y díscolo, dado a las celebraciones con sus amigos. 4 Partió entonces para Siquem porque los
sacerdotes, los ancianos y los principales de Yisraeil habían ido allí para
proclamarle rey.
5 Los notables de Yisraeil le dijeron
entonces: “Escucha, rey Roboam, hijo de Shalomom, hijo de David, nuestra
petición. Tu padre hizo muy penoso nuestro yugo. 6 Alivia tú ahora la dura servidumbre a la
que nos sometió y el penoso yugo que él nos impuso, y te serviremos a ti, y
siempre te seremos fieles”.
7 Roboam decidió consultar el asunto con
los ancianos en consejo privado; así que le dijo a los notables: “Váyanse y
vuelvan a verme dentro de tres días”. 8 Luego
Roboam fue a consultar a los ancianos que habían asistido a su padre Shalomom,
cuando este aún vivía, y les preguntó: “Los notables del reino se han quejado
ante mí, de las cargas impuestas por mi padre y me han pedido que alivie esas
cargas ¿Qué respuesta me aconsejan ustedes que deba dar a estos hombres?”
9 Ellos le aconsejaron así: “Recibe a esos
hombres sin arrogancia en tu semblante y compórtate como servidor de este
pueblo, si te muestras dispuesto a atender sus peticiones y les respondes con
buenas palabras, serán siempre tus servidores”.
Roboam
pide consejo a sus amigos
10 Sin embargo dudando del consejo recibido
de los ancianos decidió consultar a los jóvenes que se habían criado con él y
con los que siempre compartió sus festejos y lo servían como asistentes. 11 Les preguntó: “Y ustedes, ¿qué me
aconsejan? ¿Qué debemos responder a los notables de Yisraeil que me han pedido:
‘Alivia el yugo que nos impuso tu padre’?”
12 Ellos le contestaron: “Ahora tú eres el
rey y todos te deben obediencia; así es que no prestes atención a lo que esos
quejosos te piden, despídelos diciéndoles: ‘¡Mi dedo meñique es más grueso que
la cintura de mi padre! 13 Si mi padre los cargó con un yugo pesado,
yo lo haré más pesado aún; si él los castigó con látigos, yo usaré lonjas con
puntas de hierro’”.
14 Cuando Yarobham supo en Egipto de la
muerte de Shalomom y de que Roboam sería proclamado como rey, se dirigió a
Siquem y estuvo presente con los notables que le hicieran su petición al nuevo
rey. Al terminar el plazo dado por Roboam, se presentaron ante él los notables
y con ellos estaba Yarobham.
La
arrogancia de Roboam
15 Roboam se presentó ante ellos con gran
arrogancia y les dijo tal como le habían aconsejado sus jóvenes servidores: “Ya
he tomado consejo y esta es mi respuesta: Si mi padre les impuso un yugo
pesado, yo lo haré más pesado aún; mi padre los castigó con látigos, y yo usaré
lonjas con puntas de hierro y ante mí deben inclinarse”.
16 Los notables decepcionados por las
palabras de Roboam le dijeron: “Si esta es tu palabra, nosotros nos apartamos
de ti y nada, desde ahora, tenemos como herencia común con el hijo de Isaí! ¡Ahora,
ocúpate de tu casa, hijo de David!”
17 Roboam regresó a Jerusalén y, dispuesto a
reprimir la protesta de los notables, envió a Siquem al encargado del
reclutamiento llamado Adoram y él le acompañaba; 18 pero el pueblo enfurecido mató a pedradas
al reclutador. Y el mismo rey Roboam tuvo que subir precipitadamente a su carro
y huir a Jerusalén.
Yarobham
proclamado rey de Yisraeil
19 Cuando todo Yisraeil se enteró de que
había vuelto Yarobham, lo mandaron llamar a la asamblea y lo proclamaron rey de
todo Yisraeil. No hubo nadie que siguiera a la casa de David, fuera de la tribu
de Judá.
20 Mientras tanto, Roboam llegó a Jerusalén
y convocó a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín — ciento ochenta mil
guerreros adiestrados — para ir a combatir contra la casa de Yisra’el y
restituir el reino a Roboam, hijo de Shalomom. 21 En
estos preparativos se encontraba Roboam cuando se presentó ante él Shemayá, un
hombre de Dios, que le dijo: “Mantente en Judá y no salgas a combatir a
Yisraeil, no derrames la sangre de tus parientes. 22 Si hay descontento, fuiste tú quien lo
provocó. No tientes a tu Dios porque quizá ello ha sido decisión de Yah”.
23 Los jefes de Judá y de Benjamín
escucharon la palabra de Shemayá, que era un vidente muy conocido de todos, y
tomó cada uno el camino de regreso, porque creyeron que el vidente había
hablado en nombre de Yahvahé. 24 Yarobham, por su parte, fortificó Siquem,
en la montaña de Efrayim, y se estableció en ella. Luego salió de allí y
fortificó Penuel.

No hay comentarios:
Publicar un comentario