1 Yoshiyah había previsto que al morir él,
su hijo Yeho'ajaz debía ser coronado como rey, prefiriéndole antes que a su
primogénito Elyaquim; entonces el pueblo lo proclamó para ungirlo y hacerlo rey
en lugar de su padre. 2 Yeho’ajaz pretendía continuar los planes
de Yoshiyah de reconstruir el reino de David y para ello buscaba reforzar al
ejército que había tenido grandes pérdidas durante la batalla de Megiddon.
3 Algunos de los oficiales del palacio que
eran partidarios de Elyaquim, su hermano mayor, junto con aquellos que
celebraban cultos a Moloc y a Astoret se rebelaron contra él y proclamaron como
rey a Elyaquim, reduciendo a Yeho’ajaz al cautiverio. Yeho’ajaz reinó solo tres
meses.
4 Tras ser derrotado en Karkemish por los
ejércitos de Nabucodonosor, Nekau llegó a tierras de Judá y exigió que le
entregaran como prisionero a Yeho’ajaz, llevándole encadenado como cautivo a
Egipto. 5 Reconoció Nekau a Elyaquim como sucesor
de Yoshiyah, cambiándole el nombre por Joaquim. Luego impuso al país una
contribución de cien talentos de plata y diez de oro.
6 Joaquim entregó la plata
y el oro al faraón y, para pagar la contribución que el faraón exigía, impuso
una tasa a todo el país. Cada uno tuvo que pagar su cuota según lo que poseía.
Así Joaquim cobró de todo el pueblo el oro y la plata que debía dar al faraón.
7 Después de esto Nekau no
volvió a hacer incursiones fuera de Egipto. Mientras tanto, Nabu-kudurru-usur o
su nombre Nabucodonosor, rey de Babilonia, invadió todas las tierras desde el
río de Egipto hasta el río Eufrates, todo lo que había pertenecido al rey de
Egipto. 8 Joaquim viendo el poder de Nabucodonosor se
declaró su vasallo.
9 Así Judá se mantuvo
sometida a Babilonia durante tres años. Al conocer que entre los fenicios y los
filisteos se había producido rebeliones contra Babilonia, Joaquim se declaró en
rebeldía.
10 Para combatirle,
Nabucodonosor incitó a bandas de arameos, amonitas y moabitas a realizar
incursiones contra Judá; los envió
contra el país de Judá para someterlo, cumpliéndose lo que los mensajeros de la
Luz habían revelado a Huldá.
11 Todo esto ocurrió
solamente porque Yisraeil había escrito su propio destino, tal como ya había
sido anunciado desde los tiempos de Yehoshúa. 12 Yaho’el le habló entonces
a Yirmiyahu diciéndole: “Escucha, Yirmiyahu, así dice la Suprema Inteligencia:
Este pueblo que yo había escogido es insensato, no me reconoce, son hijos
necios que no recapacitan: son diestros para el mal, ignorantes para el bien. 13
Revisa las calles de Jerusalén, mira, inspecciona, busca en sus plazas a ver si
hay alguien que respete el derecho y practique la sinceridad; y la perdonaré. 14
Que no se hagan ilusiones con razones falsas, repitiendo: el templo de Yahvahé,
el templo de Yahvahé, el templo de Yahvahé. Poco me importa el incienso de Sabá
y la exótica caña aromada. 15 No me agradan los holocaustos que me
ofrecen. 16 Si se hubieran acogido a la bondad y al
amor, si no se hubieran manchado con sangre, si no hubieran despreciado el
derecho, mis designios sobre ustedes, sobre todos los que acogen mi nombre
habrían sido designios de prosperidad, no de desgracia, de darles un porvenir y
una esperanza; pero ustedes no rectificaron y no pudieron cambiar su destino”.
17 Cuando murió Joaquim, su
hijo Jeconías reinó en su lugar. En aquel tiempo los siervos de Nabucodonosor,
rey de Babilonia, subieron a Jerusalén, y la ciudad fue sitiada. 18
Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a la ciudad mientras sus siervos la
tenían sitiada.
18 Jeconías, rey de Judá, se
rindió junto con su madre, sus servidores, sus jefes y sus funcionarios. 19
Era el octavo año del reinado de Nabucodonosor, este los detuvo y se llevó los
tesoros del Templo y del palacio del rey.
19 Nabucodonosor llevó al
destierro a todos los jefes y notables, herreros, cerrajeros, a todos los
hombres de valor y aptos para la guerra. Un total de diez mil fueron
desterrados a Babilonia. Solamente quedó la parte más pobre de la población. 20
También Nabucodonosor se llevó a Jeconías con su madre, sus mujeres y los
funcionarios del palacio, y toda la gente valiosa.
21 Después de llevarse en
cautiverio a Jeconías, Nabucodonosor colocó en el trono de Judá a Matanías, tío
de Jeconías, a quien le cambió el nombre por el de Sedequías, y le hizo jurar
lealtad. 22 Pero Sedequías no cumplió su voto de
lealtad y se rebeló contra Nabucodonosor negándose a pagar tributo a Babilonia,
y aliándose con Egipto.
23 Entonces Yejezquel
profeta se presentó ante Sedequías y le conminó: “Escucha rey de Judá, nombrado
por Nabucodonosor. Haces mal buscando alianza con Egipto. Dios, por medio de
sus ángeles me ha dicho: 24 ‘Pero tú, Sedequías te rebelaste contra
él rey de Babilonia, enviando embajadores a Egipto para que te diese caballos y
muchos hombres de combate. ¿Será prosperado, escapará el que estas cosas hizo?
El que rompió el pacto, ¿podrá escapar?’ 25 Y tú has roto el pacto
con Nabucodonosor y esto traerá desgracias para la tierra, dolores y muertes.
Escucha y presta atención a lo que te aconsejo: 26 ni con gran ejército ni
con mucha compañía hará Nekau, rey de Egipto, nada por ti en la batalla, cuando
se levanten vallados y se edifiquen torres para cortar muchas vidas”.
27 Pero Sedequías se mantuvo
en su rebeldía.
28 En ese tiempo, los
oficiales de Nabucodonosor, rey de Babilonia, vinieron con todo su ejército a
atacar a Jerusalén, cercando la ciudad por medio de un muro de asedio alrededor
de ella. 29 Nabucodonosor llegó cuando la ciudad
estaba sitiada por su gente. 30 Por cuatro meses se mantuvo el sitio a
Jerusalén, y tan grande era el hambre en la ciudad que ya no quedaba alimentos
para la población. Cuando los guerreros de Babilonia lograron abrir una brecha
en las murallas de la ciudad, Sedequías con todo su séquito y todos los hombres
de guerra huyeron de noche por el camino de la puerta entre las dos murallas,
junto al jardín del rey, mientras los de Babilonia se mantenían alrededor de la
ciudad, y se fueron por el camino del Arabá.
31 Pero el ejército de
Babilonia persiguió al rey y lo alcanzó en los llanos de Yériho, y todo su
ejército se dispersó de su lado. 6 Entonces capturaron al rey y lo llevaron
ante Nabucodonosor que aguardaba en Ribla en la tierra de Hamat, y éste lo
sentenció. Los hijos de Sedequías fueron degollados en su presencia al igual
que los nobles que fueron capturados, y a Sedequías le sacó los ojos, lo ató
con cadenas de bronce y lo llevó a Babilonia.


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