domingo, 21 de diciembre de 2014

El Camino de los Apóstoles (15)


Paulo predica en la sinagoga de Tesalónica

1 Tan pronto como arribaron a Tesalónica y de acuerdo a lo que siempre hacían, Paulo y sus acompañantes visitaron primero la sinagoga de los judíos.

2 Entrando en la sinagoga, y tras desearles la paz, se sentaron a escuchar la lectura de la Torá y el rollo de Ieshaiá, que refiriéndose al Mashíaj decía: 3Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada… 4 Él fue traspasado por nuestras rebeldías  y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados… 5 Fue detenido y juzgado injustamente, y, ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes  y golpeado por las rebeldías de mi pueblo. 6 Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca… expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables,  siendo así que llevaba el pecado de muchos e intercedía en favor de los culpables”.

7 Al terminar la lectura se puso de pie Paulo y dijo: “Hermanos, este el Mashíaj de quien nos habla Ieshaiá; el que sería injustamente condenado y traspasado, quien no había cometido violencia ni había engaño en su boca. 8 Este es el Mashíaj, el Kristo que yo les anuncio, Yehshua, que fue colgado de una cruz por nuestros pecados y levantado de la muerte por el Padre de la Vida”.

9 Y durante tres Sabbath, Paulo en aquella sinagoga explicaba los textos del Tanaj y demostraba que el Mashíaj debía sufrir y resucitar de entre los muertos.
10 Algunos se convencieron porque le escucharon hablar, tomándole no como palabra de hombre, sino como palabra de Dios, y lo que declaraba lo entendieron como verdad,  y se unieron al grupo de Paulo y de Silas, lo mismo que un gran número de judíos piadosos, de goyim y varias mujeres de buena condición. 11 Entre los que aceptaron el mensaje de Paulo estaba Jasón un judío griego de buena posición económica que les invitó a pernoctar en su casa.

12 Los creyentes de Tesalónica, luego de abandonar la adoración a los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero, recibieron la esperanza del regreso de Yehshua el Kristo, instruyéndoles Paulo que Yehshua, a quien Dios, el Padre, le resucitó para librar, a todos los que en él creen, de la ira que vendría.

13 Y Paulo les exhortaba a cumplir la voluntad de Dios: “Hermanos, absténganse del pecado carnal y cada uno sepa usar su cuerpo con decoro y respeto, sin dejarse arrastrar por los deseos impuros de la concupiscencia, como hacen los adoradores de ídolos que no conocen al Dios verdadero. Que ninguno ose perjudicar ni dañar con esto a su hermano”.

El alboroto contra los predicadores

14 Llenos de envidia por los avances de Paulo y Silas, los judíos reunieron un grupo de gente de la calle y promovieron un alboroto, sembrando la agitación en la ciudad. Entonces se presentaron delante de la casa de Jasón en busca de Paulo y de Silas, para conducirlos ante el ágora de la ciudad.

15 Como no los encontraron, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante los magistrados de la ciudad, gritando: “Esos hombres que han revolucionado todo el mundo comenzando por Antioquía y continuado por Philippi, han venido también aquí 16 y este hombre Jasón los ha recibido en su casa. Toda esta gente contraviene los edictos del Emperador, pretendiendo que hay otro rey, que dicen llamarse Yehshua”.

17 Estos gritos impresionaron mucho a la multitud. 10 Los magistrados consideraron entre sí que aquellas denuncias eran exageradas y que el reinado del que hablaban los apósteles se trataba quizá de un reino espiritual, desatendieron las acusaciones y solamente exigieron una fianza a Jasón para luego ponerles en libertad. 18 Esa misma noche, los seguidores de Paulo le hicieron partir a él y a Silas hacia Beroea.

19 Los creyentes de Tesalónica, luego de abandonar la adoración de los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero, llegaron a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya; porque muchos de la comunidad cristiana allí se dedicaron a predicar las enseñanzas de Paulo, no solo en Macedonia y Acaya sino hasta más lejos haciendo más converso.

Paulo y Silas en Beroea

20 Al igual que en anteriores ocasiones, los predicadores se dirigieron a la sinagoga de los judíos cuando llegaron a Beroea. 21 Los judíos de esta ciudad eran más abiertos a las nuevas ideas y menos fundamentalistas que los de Tesalónica así es que acogieron la prédica de Paulo con sumo interés, y examinaban todos los días los escritos de los profetas para verificar la exactitud de lo que oían.

21 Muchos de ellos abrazaron la fe, lo mismo que algunos de los goyim que recibieron la predicación de Paulo y de Silas, entre los cuales había mujeres de la aristocracia y un buen número de hombres. 22 Pero los judíos de Tesalónica se enteraron que Paulo predicaba el nombre de Kristo, se llenaron de furia y enviaron a algunos de ellos para perturbar a las multitudes y provocar agitación pública.

23 Lanzaron contra Paulo a personas alborotadoras con amenazas. Entonces la congregación de conversos decidió que Paulo se dirigiera al mar y se embarcara hacia Atenas; Silas y Timoteo, en cambio, permanecieron en Beroea. 24 Los que acompañaron a Paulo hasta Atenas, a los pocos día regresaron con la orden de que Silas, Timoteo y Loukás se reunieran lo más pronto posible con él.

Paulo en Atenas

25 En Atenas Paulo observaba con estupor los lujosos templos dedicados a los dioses griegos y las hermosas estatuas dedicadas a esos dioses. En su alma se agitaba la angustia preguntándose cómo hacer para apartar a los atenienses de la adoración de sus dioses y sembrar la fe en un Dios único y formador del Universo con todos sus astros, sus estrellas y planetas, y Padre de la Vida.

26 En la sinagoga de Atenas Paulo debatía con los judíos hablándoles del Mashíaj, el Kristo, que había resucitado para salvación de muchos y su prédica la llevaba hasta la plaza pública para ser escuchado por los que por allí pasaban.

27 Incluso, algunos filósofos epicúreos y estoicos que practican como canon la ataraxia, es decir, la idea de que la felicidad se alcanza mediante el control de las pasiones y los deseos guiándose por la razón y la virtud, dialogaban con él. Y unos decían: “¿De qué habla este charlatán?” Y otros: “Parece que este pregona alguna deidad extranjera”; porque él les predicaba el nombre de Kristo, y argumentaba sobre la resurrección.

Paulo habla en el Areópago

28 Entonces le llevaron con ellos al Areópago y le dijeron a Paulo: “¿Podríamos saber en qué consiste la nueva doctrina que tú enseñas? 29 Las cosas que nos predicas nos parecen extrañas y quisiéramos saber qué significan”. 30 Porque todos los atenienses y los extranjeros que residían allí, no tenían otro pasatiempo que el de transmitir o escuchar la última novedad.

31 Paulo, de pie, en medio del Areópago, dijo: “Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más religiosos de todos los hombres. 32 En efecto, mientras me paseaba mirando los templos y los monumentos sagrados que ustedes tienen, encontré entre otras cosas un altar con esta inscripción: ‘Al dios desconocido’. Ahora, yo vengo a anunciarles ese al que ustedes adoran sin conocer. 33 El Dios que por su impulso se ha formado el mundo y todo lo que hay; que no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es la Luz del universo y de la tierra; 34 Que tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. 35 El hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y dio señales a todos los pueblos 36 para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros.

36 En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: ‘Nosotros somos también de su raza’. 37 Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad de Dios es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. 38 Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. 39 Porque él ha anunciado un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos”.


40 Cuando le escucharon hablar de resurrección de los muertos, unos se burlaban de él y otros decían: “Ven otro día para que nos hables de la resurrección de los que han muerto, ya hoy nos has dicho demasiado”. 41 Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. 42 Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban el magistrado Dionisio, llamado el Areopagita, su mujer y algunos otros.

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