Paulo
predica en la sinagoga de Tesalónica
1 Tan pronto como arribaron a Tesalónica y
de acuerdo a lo que siempre hacían, Paulo y sus acompañantes visitaron primero
la sinagoga de los judíos.
2 Entrando en la sinagoga, y tras desearles
la paz, se sentaron a escuchar la lectura de la Torá y el rollo de Ieshaiá, que
refiriéndose al Mashíaj decía: 3 “Despreciado,
desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como
alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por
nada… 4 Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El
castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados… 5 Fue detenido y juzgado injustamente, y,
¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los
vivientes y golpeado por las rebeldías
de mi pueblo. 6 Se le dio un sepulcro con los malhechores
y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño
en su boca… expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables, siendo así que llevaba el pecado de muchos e
intercedía en favor de los culpables”.
7 Al
terminar la lectura se puso de pie Paulo y dijo: “Hermanos, este el Mashíaj de
quien nos habla Ieshaiá; el que sería injustamente condenado y traspasado,
quien no había cometido violencia ni había engaño en su boca. 8 Este
es el Mashíaj, el Kristo que yo les anuncio, Yehshua, que fue colgado de una
cruz por nuestros pecados y levantado de la muerte por el Padre de la Vida”.
9 Y
durante tres Sabbath, Paulo en aquella sinagoga explicaba
los textos del Tanaj y demostraba que el Mashíaj debía sufrir y resucitar de
entre los muertos.
10 Algunos se convencieron porque le
escucharon hablar, tomándole no como palabra de hombre, sino como palabra de
Dios, y lo que declaraba lo entendieron como verdad, y se unieron al grupo de Paulo y de Silas, lo
mismo que un gran número de judíos piadosos, de goyim y varias mujeres de buena
condición. 11 Entre los que aceptaron el mensaje de
Paulo estaba Jasón un judío griego de buena posición económica que les invitó a
pernoctar en su casa.
12 Los creyentes de Tesalónica, luego de
abandonar la adoración a los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero,
recibieron la esperanza del regreso de Yehshua el Kristo, instruyéndoles Paulo
que Yehshua, a quien Dios, el Padre, le resucitó para librar, a todos los que
en él creen, de la ira que vendría.
13 Y Paulo les exhortaba a cumplir la
voluntad de Dios: “Hermanos, absténganse del pecado carnal y cada uno sepa usar
su cuerpo con decoro y respeto, sin dejarse arrastrar por los deseos impuros de
la concupiscencia, como hacen los adoradores de ídolos que no conocen al Dios
verdadero. Que ninguno ose perjudicar ni dañar con esto a su hermano”.
El
alboroto contra los predicadores
14 Llenos de envidia por los avances de
Paulo y Silas, los judíos reunieron un grupo de gente de la calle y promovieron
un alboroto, sembrando la agitación en la ciudad. Entonces se presentaron
delante de la casa de Jasón en busca de Paulo y de Silas, para conducirlos ante
el ágora de la ciudad.
15 Como no los encontraron, arrastraron a
Jasón y a algunos hermanos ante los magistrados de la ciudad, gritando: “Esos
hombres que han revolucionado todo el mundo comenzando por Antioquía y
continuado por Philippi, han venido también aquí 16 y este hombre Jasón los ha recibido en su
casa. Toda esta gente contraviene los edictos del Emperador, pretendiendo que
hay otro rey, que dicen llamarse Yehshua”.
17 Estos gritos impresionaron mucho a la
multitud. 10
Los magistrados consideraron
entre sí que aquellas denuncias eran exageradas y que el reinado del que
hablaban los apósteles se trataba quizá de un reino espiritual, desatendieron
las acusaciones y solamente exigieron una fianza a Jasón para luego ponerles en
libertad. 18 Esa misma noche, los seguidores de Paulo
le hicieron partir a él y a Silas hacia Beroea.
19 Los creyentes de Tesalónica, luego de
abandonar la adoración de los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero,
llegaron a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya; porque
muchos de la comunidad cristiana allí se dedicaron a predicar las enseñanzas de
Paulo, no solo en Macedonia y Acaya sino hasta más lejos haciendo más converso.
Paulo
y Silas en Beroea
20 Al igual que en anteriores ocasiones, los
predicadores se dirigieron a la sinagoga de los judíos cuando llegaron a
Beroea. 21 Los judíos de esta ciudad eran más
abiertos a las nuevas ideas y menos fundamentalistas que los de Tesalónica así
es que acogieron la prédica de Paulo con sumo interés, y examinaban todos los
días los escritos de los profetas para verificar la exactitud de lo que oían.
21 Muchos de ellos abrazaron la fe, lo mismo
que algunos de los goyim que recibieron la predicación de Paulo y de Silas,
entre los cuales había mujeres de la aristocracia y un buen número de hombres. 22 Pero los judíos de Tesalónica se
enteraron que Paulo predicaba el nombre de Kristo, se llenaron de furia y
enviaron a algunos de ellos para perturbar a las multitudes y provocar
agitación pública.
23 Lanzaron contra Paulo a personas
alborotadoras con amenazas. Entonces la congregación de conversos decidió que
Paulo se dirigiera al mar y se embarcara hacia Atenas; Silas y Timoteo, en
cambio, permanecieron en Beroea. 24 Los
que acompañaron a Paulo hasta Atenas, a los pocos día regresaron con la orden
de que Silas, Timoteo y Loukás se reunieran lo más pronto posible con él.
Paulo
en Atenas
25 En Atenas Paulo observaba con estupor los
lujosos templos dedicados a los dioses griegos y las hermosas estatuas
dedicadas a esos dioses. En su alma se agitaba la angustia preguntándose cómo
hacer para apartar a los atenienses de la adoración de sus dioses y sembrar la
fe en un Dios único y formador del Universo con todos sus astros, sus estrellas
y planetas, y Padre de la Vida.
26 En la sinagoga de Atenas Paulo debatía
con los judíos hablándoles del Mashíaj, el Kristo, que había resucitado para
salvación de muchos y su prédica la llevaba hasta la plaza pública para ser
escuchado por los que por allí pasaban.
27 Incluso, algunos filósofos epicúreos y
estoicos que practican como canon la ataraxia, es decir, la idea de que la
felicidad se alcanza mediante el control de las pasiones y los deseos guiándose
por la razón y la virtud, dialogaban con él. Y unos decían: “¿De qué habla este
charlatán?” Y otros: “Parece que este pregona alguna deidad extranjera”; porque
él les predicaba el nombre de Kristo, y argumentaba sobre la resurrección.
Paulo
habla en el Areópago
28 Entonces le llevaron con ellos al
Areópago y le dijeron a Paulo: “¿Podríamos saber en qué consiste la nueva
doctrina que tú enseñas? 29 Las cosas que nos predicas nos parecen
extrañas y quisiéramos saber qué significan”. 30
Porque todos los atenienses y los extranjeros que residían allí, no tenían otro
pasatiempo que el de transmitir o escuchar la última novedad.
31 Paulo, de pie, en medio del Areópago,
dijo: “Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más
religiosos de todos los hombres. 32 En
efecto, mientras me paseaba mirando los templos y los monumentos sagrados que
ustedes tienen, encontré entre otras cosas un altar con esta inscripción: ‘Al
dios desconocido’. Ahora, yo vengo a anunciarles ese al que ustedes adoran sin
conocer. 33 El Dios que por su impulso se ha formado
el mundo y todo lo que hay; que no habita en templos hechos por manos de
hombre, porque es la Luz del universo y de la tierra; 34 Que tampoco puede ser servido por manos
humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el
aliento y todas las cosas. 35 El hizo salir de un solo principio a todo
el género humano para que habite sobre toda la tierra, y dio señales a todos
los pueblos 36 para que ellos busquen a Dios, aunque sea
a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada
uno de nosotros.
36 En efecto, en él vivimos, nos movemos y
existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: ‘Nosotros somos
también de su raza’. 37 Y si nosotros somos de la raza de Dios,
no debemos creer que la divinidad de Dios es semejante al oro, la plata o la
piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. 38 Pero ha llegado el momento en que Dios,
pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en
todas partes, que se arrepientan. 39
Porque él ha anunciado un día para juzgar al universo con justicia, por medio
de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar
de entre los muertos”.
40 Cuando le escucharon hablar de
resurrección de los muertos, unos se burlaban de él y otros decían: “Ven otro
día para que nos hables de la resurrección de los que han muerto, ya hoy nos
has dicho demasiado”. 41 Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. 42 Sin embargo, algunos lo siguieron y
abrazaron la fe. Entre ellos, estaban el magistrado Dionisio, llamado el
Areopagita, su mujer y algunos otros.

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