lunes, 29 de diciembre de 2014

2 DAVID 15


Yarobham establece el culto a El

1 Yarobham iba consolidando su poder en Yisraeil. Había rebajado las cargas que Shalomom había impuesto y disfrutaba del apoyo de los notables; 2 pero una duda puso en su mente Sama’el viendo que el pueblo peregrinaba a Jerusalén para hacer sacrificios en el Templo edificado por Shalomom; 3 y se dijo a sí mismo: “Si este pueblo continúa subiendo a Jerusalén para sacrificar en el Templo, terminarán por ponerse de parte de Roboam; entonces me matarán a mí y regresarán a Roboam, rey de Judá. Si no encuentro solución para esta contingencia, perderé el reino”.

4 Después de haber reflexionado mucho sobre este asunto y buscar consejo entre los notables, mandó a forjar la imagen de dos toros alados; colocó uno en Siquem y el otro lo puso en Bethel. 5 Entonces convocó a los ancianos, a los notables y a los jefes de familias y les dijo: “¿Por qué han de acudir al templo que edificó el que les cargó con pesados tributos? Ya no más Jerusalén. 6 Este es El, el dios que creó todas las cosas, al hombre e incluso a todos los dioses; es el dios que les hizo salir de Egipto”.

7 Todo el pueblo fue en procesión siguiendo al toro que se colocaría en Bethel, y comenzaron a adorar a El, al que confundieron con el Elokhin Yahvahé de Yisraeil.

8 Yarobham erigió templetes en los lugares altos, e instituyó sus propios sacerdotes, para que guiaran el culto a El y junto con sus hijos expulsaron a los sacerdotes de la casta de Leví. 9 Por esa razón, los sacerdotes y levitas de todo Yisraeil dejaron sus tierras y posesiones, y se unieron a Roboam. Se quedaron a vivir en Jerusalén y en el territorio de Judá.

Gavri’el anuncia el fin del reino de David

10 El mensajero de la Luz, llamado Gavri’el, se presentó en un sueño a un vidente de Judá 11 y le dijo: “Ve a Bethel donde Yarobham estará de pie junto al altar del dios El para quemar incienso, y maldice en nombre de la Suprema Inteligencia aquel altar. 12 Dirás entonces: ¿Por qué han confundido al Dios del Universo con una mentira y rebajan su nombre para hacer de él un ídolo? 13 Muchos vendrán con doctrinas de hombres para presentar a la Luz del Universo según sus propias creencias, según sus propias interpretaciones. Dios es uno y su verdad es una. Dios es Suprema Inteligencia y en Él no hay necedad alguna. 14 Él es Dios de Justicia y Dios de Amor; no conoce el odio, ni el rencor; no se desdice de su palabra ni reniega de su obra. 15 Jamás se volverá a reunir el reino de David sobre las doce tribus porque será desechado por el Reino de la Luz sobre todos los confines de la tierra”.

El vidente de Judá maldice el altar de Bethel

16 Y el vidente de Judá se presentó en Bethel cuando Yarobham estaba de pie junto al altar para quemar incienso, y maldijo el altar diciendo: “Maldito sea este altar donde quemas incienso, rey de Yisraeil. “Esta es la señal  que da Adonai: el altar se va a resquebrajar, y se desparramará la ceniza grasienta que hay sobre él”.


17 Al escuchar la maldición que profiriera el vidente de Judá contra el altar de Bethel, Yarobham extendió su brazo desde encima del altar, diciendo: “¡Detengan a ese hombre!” Pero el brazo que había extendido hacia el vidente le quedó paralizado, y no pudo volverlo atrás.

18 En ese mismo instante el altar se resquebrajó y se desparramó la ceniza grasienta que había en él. Temeroso, Yarobham imploró al vidente: “Por favor pídele a Adonai tu Dios, para que se apiade de mi y pueda doblar mi brazo”. El vidente oró a Dios que tuviera piedad hacia Yarobham y le perdonara su soberbia. 19 Gavri’el entonces permitió que el rey pudiera de nuevo doblar su brazo.

Yarobham ordena el asesinato del vidente

20 El rey queriendo alejar de la mirada del pueblo al vidente le dijo: “Entra conmigo en la casa para reconfortarte, y te haré un regalo”. 21 Pero el vidente le replicó: “Aunque me des la mitad de tu casa, no iré contigo. No comeré pan ni beberé agua en este lugar, porque aquí reside la abominación”.

22 De seguida el vidente abandonó el lugar. Cuando le veía marchar, Yarobham ordenó a uno de sus oficiales: “Síguele y mátale en el camino sin darle sepultura, para que parezca que las fieras le mataron y el pueblo crea que fue castigo de nuestro dios El”.

23 Así lo hizo el oficial y dejó el cuerpo sobre el camino. Unos hombres que pasaban por ahí vieron el cadáver tendido sobre el camino y corrieron a dar aviso. Entonces Yarobham dijo: “Este es castigo de nuestro dios por no haber aceptado mi hospitalidad”.


24 Después que sucedió esto, Yarobham no se convirtió de su mala conducta. Volvió a instituir como sacerdotes de los lugares altos a personas tomadas del común de la gente; todo el que lo deseaba era investido por él y se convertía en sacerdote de los lugares altos. 

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