lunes, 8 de diciembre de 2014

Libro del Buen Mensaje del Señor Yehshua (10)

Libro de Yojanán Apóstol


Yehshua conoce que Eleazar está enfermo

1 Había un cierto enfermo, Eleazar, de B'thanía, pueblo de Mariam y de su hermana Martha. 2 Mariam era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Eleazar era el enfermo. 3 Las hermanas enviaron a decir a Yehshua: “Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo”.

4 Al oírlo Yehshua, dijo: “Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

5 Yehshua amaba a Martha, a su hermana y a Eleazar. 6 Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. 7 Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: “Volvamos de nuevo a Judea”. 8 Le dicen los discípulos: “Rabbi, hace poco los fariseos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?”

9 Yehshua respondió: “¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; 10 pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él”. 11 Dijo esto y añadió: “Nuestro amigo Eleazar duerme; pero voy a despertarle”. 12 Le dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, se curará”.

Eleazar muere

13 Yehshua lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Eleazar ha muerto, 15 y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él”.

16 Entonces Tau'ma llamado el Dídimo, dijo a los otros discípulos: “Vayamos también nosotros a morir con él”.

17 Cuando llegó Yehshua, se encontró con que Eleazar llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 B'thanía estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, 19 y muchos judíos habían venido a casa de Martha y Mariam para consolarlas por su hermano.

20 Cuando Martha supo que había venido Yehshua, le salió al encuentro, mientras Mariam permanecía en casa. 21 Dijo Martha a Yehshua: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22 Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá”. 23 Le dice Yehshua: “Tu hermano resucitará”

24 Le respondió Martha: “Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día”.

25 Yehshua le respondió: “Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; 26 y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”

27 Le dice ella: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mashíaj, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo”.

28 Dicho esto, fue a llamar a su hermana Mariam y le dijo al oído: “El Rabbi está ahí y te llama”. 29 Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde él. 30 Yehshua todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Martha lo había encontrado.

Yehshua devuelve la vida a Eleazar

31 Los vecinos que estaban con Mariam en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32 Cuando Mariam llegó donde estaba Yehshua, al verle, cayó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”.

33 Viéndola llorar Yehshua, y que también lloraban los vecinos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó 34 y dijo: “¿Dónde lo habéis puesto?” Le responden: “Señor, ven y lo verás”.

35 Yehshua se echó a llorar. 36 Los vecinos entonces decían: “Mirad cómo le quería”. 37 Pero algunos de ellos dijeron: “Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?”

38 Entonces Yehshua se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. 39 Dice Yehshua: “Quitad la piedra” Le responde Martha, la hermana del muerto: “Señor, ya huele; es el cuarto día”.

40 Le dice Yehshua: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?”

41 Quitaron, pues, la piedra. Entonces Yehshua levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias por haberme escuchado. 42 Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado”.

43 Dicho esto, gritó con fuerte voz: “¡Eleazar, sal fuera!”

44 Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Yehshua les dice: “Desatadlo y dejadle andar”.

Los sumos sacerdotes deciden dar muerte a Yehshua

45 Muchos de los que habían venido a casa de Mariam, viendo lo que había hecho, creyeron en él. 46 Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Yehshua. 47 Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: “¿Qué hacemos? Porque este hombre hace muchas señales. 48 Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación”.

49 Pero uno de ellos, Cayafás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: “Vosotros no sabéis nada, 50 ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación”. 51 Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Yehshua iba a morir por la nación 52 - y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. 53 Desde este día, decidieron darle muerte.

54 Por eso Yehshua no andaba ya en público entre los fariseos, escriba y sadoqueos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí residía con sus discípulos.   


55 Estaba cerca la fiesta del  Pesaj, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de Pesaj para purificarse. 56 Buscaban a Yehshua y se decían unos a otros estando en el Templo: “¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?” 57 Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.

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