Libro de Yojanán Apóstol
Yehshua
conoce que Eleazar está enfermo
1 Había un cierto enfermo, Eleazar, de
B'thanía, pueblo de Mariam y de su hermana Martha. 2 Mariam era la que ungió al
Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Eleazar era
el enfermo. 3 Las hermanas enviaron a decir a Yehshua:
“Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo”.
4 Al oírlo Yehshua, dijo: “Esta enfermedad
no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea
glorificado por ella”.
5 Yehshua amaba a Martha, a su hermana y a Eleazar.
6 Cuando se enteró de que estaba enfermo,
permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. 7 Al cabo de ellos, dice a sus discípulos:
“Volvamos de nuevo a Judea”. 8 Le dicen los discípulos: “Rabbi, hace
poco los fariseos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?”
9 Yehshua respondió: “¿No son doce las
horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
10 pero si uno anda de noche, tropieza,
porque no está la luz en él”. 11 Dijo esto y añadió: “Nuestro amigo Eleazar
duerme; pero voy a despertarle”. 12 Le
dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, se curará”.
Eleazar
muere
13 Yehshua lo había dicho de su muerte, pero
ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Eleazar
ha muerto, 15 y me alegro por vosotros de no haber
estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él”.
16 Entonces Tau'ma llamado el Dídimo, dijo a
los otros discípulos: “Vayamos también nosotros a morir con él”.
17 Cuando llegó Yehshua, se encontró con que
Eleazar llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 B'thanía
estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, 19 y muchos judíos habían venido a casa de
Martha y Mariam para consolarlas por su hermano.
20 Cuando Martha supo que había venido Yehshua,
le salió al encuentro, mientras Mariam permanecía en casa. 21 Dijo Martha a Yehshua: “Señor, si
hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22 Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a
Dios, Dios te lo concederá”. 23 Le dice Yehshua: “Tu hermano resucitará”
24 Le respondió Martha: “Ya sé que
resucitará en la resurrección, el último día”.
25 Yehshua le respondió: “Yo soy la
resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; 26 y todo el que vive y cree en mí, no
morirá jamás. ¿Crees esto?”
27 Le dice ella: “Sí, Señor, yo creo que tú
eres el Mashíaj, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo”.
28 Dicho esto, fue a llamar a su hermana Mariam
y le dijo al oído: “El Rabbi está ahí y te llama”. 29 Ella, en cuanto lo oyó, se levantó
rápidamente, y se fue donde él. 30 Yehshua todavía no había llegado al
pueblo; sino que seguía en el lugar donde Martha lo había encontrado.
Yehshua
devuelve la vida a Eleazar
31 Los vecinos que estaban con Mariam en
casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron
pensando que iba al sepulcro para llorar allí. 32
Cuando Mariam llegó donde estaba Yehshua, al verle, cayó a sus pies y le dijo:
“Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”.
33 Viéndola llorar Yehshua, y que también
lloraban los vecinos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó 34 y dijo: “¿Dónde lo habéis puesto?” Le
responden: “Señor, ven y lo verás”.
35 Yehshua se echó a llorar. 36 Los vecinos entonces decían: “Mirad cómo
le quería”. 37 Pero algunos de ellos dijeron: “Este, que
abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?”
38 Entonces Yehshua se conmovió de nuevo
en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una
piedra. 39 Dice Yehshua: “Quitad la piedra” Le
responde Martha, la hermana del muerto: “Señor, ya huele; es el cuarto día”.
40 Le dice Yehshua: “¿No te he dicho que, si
crees, verás la gloria de Dios?”
41 Quitaron, pues, la piedra. Entonces Yehshua
levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias por haberme
escuchado. 42 Ya sabía yo que tú siempre me escuchas;
pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has
enviado”.
43 Dicho esto, gritó con fuerte voz: “¡Eleazar,
sal fuera!”
44 Y salió el muerto, atado de pies y manos
con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Yehshua les dice: “Desatadlo y
dejadle andar”.
Los
sumos sacerdotes deciden dar muerte a Yehshua
45 Muchos de los que habían venido a casa de
Mariam, viendo lo que había hecho, creyeron en él. 46 Pero algunos de ellos fueron donde los
fariseos y les contaron lo que había hecho Yehshua. 47 Entonces los sumos sacerdotes y los
fariseos convocaron consejo y decían: “¿Qué hacemos? Porque este hombre hace
muchas señales. 48 Si le dejamos que siga así, todos creerán
en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación”.
49 Pero uno de ellos, Cayafás, que era el
Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: “Vosotros no sabéis nada, 50 ni caéis en la cuenta que os conviene que
muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación”. 51 Esto no lo dijo por su propia cuenta,
sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Yehshua iba a morir
por la nación 52 - y no sólo por la nación, sino también
para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. 53 Desde este día, decidieron darle muerte.
54 Por eso Yehshua no andaba ya en público
entre los fariseos, escriba y sadoqueos, sino que se retiró de allí a la región
cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí residía con sus discípulos.
55 Estaba cerca la fiesta del Pesaj, y muchos del país habían subido a
Jerusalén, antes de Pesaj para purificarse. 56
Buscaban a Yehshua y se decían unos a otros estando en el Templo: “¿Qué os
parece? ¿No vendrá a la fiesta?” 57 Los
sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía
dónde estaba, lo notificara para detenerle.

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