Viaje
a Belén
1 Siendo Herodes Arquelao etnarca sobre
Judea, Samaria e Idumea y Publio Sulpicio Quirinio mandaba en Siria, 2 apareció un decreto del emperador César
Augusto que ordenaba se realizaran censos en todos los dominios del imperio
para el empadronamiento de todos sus habitantes. 3 Todos debían presentarse en sus ciudades
de origen aunque estuvieran viviendo en otros lugares. Así fue que Joseph se
preparó a viajar con sus hijos hasta Belén por ser de la estirpe y familia de
David.
4 Mariam entonces se dispuso a marchar
junto a Joseph y sus hijos y preparó alimentos para el viaje; pero Joseph se
negaba diciéndole: “No seas imprudente, el viaje es largo y difícil y tú ya
estás próxima para alumbrar”. 5 Sin embargo Mariam insistió diciendo:
“Donde vaya mi esposo, iré yo. El Padre de la Vida dispondrá lo que más
conviene”.
6 Esto lo decía Mariam inspirada por el
Espíritu Santo para que se cumpliera lo anunciado por el profeta que había
dicho que el Mashíaj nacería en Belén de Efrata.
7 Decidido entonces partieron hacia Judea
para llegar a la ciudad de Belén. 7 Y
ellos viajaron siguiendo a una comitiva que se dirigía a Belén para cumplir con
el decreto del emperador romano. Mariam viajaba sentada sobre un asno.
La
visión de Mariam
8 Al segundo día de la jornada, Mariam tuvo una visión y le dijo a Joseph:
“Veo ante mí dos pueblos, uno que llora, y otro que se regocija”. 9 Mas Joseph le respondió: “Estate sentada
y sostente sobre tu montura, y no digas palabras inútiles”.
10 Entonces un anciano que iba entre la
comitiva que se dirigía a Belem, y les había escuchado, le dijo a Joseph: “¿Por
qué has llamado inútiles las palabras que esta mujer ha dicho sobre esos dos
pueblos? 11 Ella ha visto al pueblo judío llorar, por
haberse alejado de su Dios, y al pueblo de los goyim alegrarse, por haberse
aproximado a la Luz, según la promesa hecha a nuestros padres, 12 puesto que se aproxima el tiempo en que
todas las naciones deben ser benditas en la posteridad de Abraham”.
13 Joseph quiso replicarle al anciano pero
este desapareció en medio de la comitiva; entonces razonó diciendo: “¡Cuantas
maravillas nos muestra la Suprema Inteligencia, que hasta sus divinos
mensajeros vienen a aconsejarnos y a interpretar nuestras visiones!”
Nacimiento
de Yehshua
14 Tres días después llegaron a Belén y
Joseph buscaba posada para alojar a su esposa; pero la ciudad estaba colmada de
gentes que habían llegado para empadronarse. 15
Mariam se sentía mal y le comenzaban los dolores. Entonces Joseph encontró un
posadero que le dijo: “Allí, a las afueras de Belén hay grutas donde se guardan
granos y ganado. Algunas se han preparado para recibir huéspedes”.
16 Un hombre le mostró a Joseph una
espaciosa gruta que estaba disponible y allá fue Joseph con sus hijos y con
Mariam que ya tenía mayores dolores. Quiso Joseph salir en búsqueda de alguna
mujer partera, 17 pero Mariam le imploró que se quedara con
ella, y dijo: “Joseph, no hace falta mano de partera para que yo dé a luz al
hijo de la Luz. 18 Por gracia he sido fecundada; por gracia
pariré”.
19 Al amanecer los rayos de sol iluminaron
la gruta pues su entrada se abría hacia el oriente, y se escuchó el llanto de
un recién nacido. Mariam había alumbrado al Hijo de Dios. 20 Entonces, en el cielo, todos vieron un
astro luminoso que aun a plena luz del día podía ser observado. 21 Mariam envolvió en pañales a su hijo y lo
acostó sobre el pesebre.
Los
sabios de Caldea
22 En Ur de Caldea, unos sabios vieron
también aquel luminoso astro, y consultaron sus cartas y dedujeron que un rey
glorioso había nacido en tierras de Palestina. 23
Decidieron pues, salir a darle homenaje a aquel rey que anunciaban las
estrellas, diciendo: “Ha nacido un rey como no ha habido otro, porque ante él
los pueblos del mundo inclinarán sus rodillas”.
24 Mariam quedó maravillada al ver entrar
dentro de la gruta a aquellos hombres vestidos con ropas finas, que le
saludaron inclinándose ante ella. Ellos dijeron: “Hemos venido de lejos,
atravesando desiertos y montes, para ver a este niño que los astros anunciaron
su nacimiento. 25 En Jerusalén nos dijeron que sabios de
estas tierras habían profetizado el nacimiento de un gran rey en esta ciudad y
estamos aquí para rendirle homenaje”.
26 Al ver al niño exclamaron: “Para rey este
niño ha nacido; pero una espada atravesará el corazón de su madre. Será piedra
de escándalo y su palabra tendrá la fuerza de los truenos. Él tiene la Luz y
por Él se manifestará la Luz. 27 Una gran estrella le ha precedido. Por
eso será grande como ningún otro lo ha sido ni lo será. 28 Bendita seas mujer que de ti nació este
niño”.
29 Aquellas palabras quedaron guardadas en
la mente de Mariam sin poder comprender claramente el mensaje que encerraban.
30 Entonces, abrieron sus arcas y colocaron
ante el pesebre una ofrenda en oro, incienso y mirra. 31 Luego, retornaron a sus tierras sin pasar
por Jerusalén, siguiendo el camino al que les condujera el mensajero de la Luz,
Gavri’el y ellos no volvieron ante Herodes quien les había recibido a su
llegada y esperaba que ellos les dieran noticia del sitio donde el nuevo rey
había nacido. 32 Por impulso del Todopoderoso, la estrella
les mostraba el camino de retorno. 33 Y la
misma energía que brotaba de la estrella infundió en Joseph, un sueño, donde se
le apareció Uri’el, el divino mensajero de la Luz, advirtiéndole que debía huir
para salvar al recién nacido, porque Herodes había decidido darle muerte.


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