miércoles, 17 de diciembre de 2014

Mariam de Natzeret V


Viaje a Belén

1 Siendo Herodes Arquelao etnarca sobre Judea, Samaria e Idumea y Publio Sulpicio Quirinio mandaba en Siria, 2 apareció un decreto del emperador César Augusto que ordenaba se realizaran censos en todos los dominios del imperio para el empadronamiento de todos sus habitantes. 3 Todos debían presentarse en sus ciudades de origen aunque estuvieran viviendo en otros lugares. Así fue que Joseph se preparó a viajar con sus hijos hasta Belén por ser de la estirpe y familia de David.

4 Mariam entonces se dispuso a marchar junto a Joseph y sus hijos y preparó alimentos para el viaje; pero Joseph se negaba diciéndole: “No seas imprudente, el viaje es largo y difícil y tú ya estás próxima para alumbrar”. 5 Sin embargo Mariam insistió diciendo: “Donde vaya mi esposo, iré yo. El Padre de la Vida dispondrá lo que más conviene”.

6 Esto lo decía Mariam inspirada por el Espíritu Santo para que se cumpliera lo anunciado por el profeta que había dicho que el Mashíaj nacería en Belén de Efrata.

7 Decidido entonces partieron hacia Judea para llegar a la ciudad de Belén. 7 Y ellos viajaron siguiendo a una comitiva que se dirigía a Belén para cumplir con el decreto del emperador romano. Mariam viajaba sentada sobre un asno.

La visión de Mariam

8 Al segundo día de la jornada,  Mariam tuvo una visión y le dijo a Joseph: “Veo ante mí dos pueblos, uno que llora, y otro que se regocija”. 9 Mas Joseph le respondió: “Estate sentada y sostente sobre tu montura, y no digas palabras inútiles”.

10 Entonces un anciano que iba entre la comitiva que se dirigía a Belem, y les había escuchado, le dijo a Joseph: “¿Por qué has llamado inútiles las palabras que esta mujer ha dicho sobre esos dos pueblos? 11 Ella ha visto al pueblo judío llorar, por haberse alejado de su Dios, y al pueblo de los goyim alegrarse, por haberse aproximado a la Luz, según la promesa hecha a nuestros padres, 12 puesto que se aproxima el tiempo en que todas las naciones deben ser benditas en la posteridad de Abraham”.

13 Joseph quiso replicarle al anciano pero este desapareció en medio de la comitiva; entonces razonó diciendo: “¡Cuantas maravillas nos muestra la Suprema Inteligencia, que hasta sus divinos mensajeros vienen a aconsejarnos y a interpretar nuestras visiones!”

Nacimiento de Yehshua

14 Tres días después llegaron a Belén y Joseph buscaba posada para alojar a su esposa; pero la ciudad estaba colmada de gentes que habían llegado para empadronarse. 15 Mariam se sentía mal y le comenzaban los dolores. Entonces Joseph encontró un posadero que le dijo: “Allí, a las afueras de Belén hay grutas donde se guardan granos y ganado. Algunas se han preparado para recibir huéspedes”.

16 Un hombre le mostró a Joseph una espaciosa gruta que estaba disponible y allá fue Joseph con sus hijos y con Mariam que ya tenía mayores dolores. Quiso Joseph salir en búsqueda de alguna mujer partera, 17 pero Mariam le imploró que se quedara con ella, y dijo: “Joseph, no hace falta mano de partera para que yo dé a luz al hijo de la Luz. 18 Por gracia he sido fecundada; por gracia pariré”.

19 Al amanecer los rayos de sol iluminaron la gruta pues su entrada se abría hacia el oriente, y se escuchó el llanto de un recién nacido. Mariam había alumbrado al Hijo de Dios. 20 Entonces, en el cielo, todos vieron un astro luminoso que aun a plena luz del día podía ser observado. 21 Mariam envolvió en pañales a su hijo y lo acostó sobre el pesebre.

Los sabios de Caldea

22 En Ur de Caldea, unos sabios vieron también aquel luminoso astro, y consultaron sus cartas y dedujeron que un rey glorioso había nacido en tierras de Palestina. 23 Decidieron pues, salir a darle homenaje a aquel rey que anunciaban las estrellas, diciendo: “Ha nacido un rey como no ha habido otro, porque ante él los pueblos del mundo inclinarán sus rodillas”.



24 Mariam quedó maravillada al ver entrar dentro de la gruta a aquellos hombres vestidos con ropas finas, que le saludaron inclinándose ante ella. Ellos dijeron: “Hemos venido de lejos, atravesando desiertos y montes, para ver a este niño que los astros anunciaron su nacimiento. 25 En Jerusalén nos dijeron que sabios de estas tierras habían profetizado el nacimiento de un gran rey en esta ciudad y estamos aquí para rendirle homenaje”.

26 Al ver al niño exclamaron: “Para rey este niño ha nacido; pero una espada atravesará el corazón de su madre. Será piedra de escándalo y su palabra tendrá la fuerza de los truenos. Él tiene la Luz y por Él se manifestará la Luz. 27 Una gran estrella le ha precedido. Por eso será grande como ningún otro lo ha sido ni lo será. 28 Bendita seas mujer que de ti nació este niño”.

29 Aquellas palabras quedaron guardadas en la mente de Mariam sin poder comprender claramente el mensaje que encerraban.


30 Entonces, abrieron sus arcas y colocaron ante el pesebre una ofrenda en oro, incienso y mirra. 31 Luego, retornaron a sus tierras sin pasar por Jerusalén, siguiendo el camino al que les condujera el mensajero de la Luz, Gavri’el y ellos no volvieron ante Herodes quien les había recibido a su llegada y esperaba que ellos les dieran noticia del sitio donde el nuevo rey había nacido. 32 Por impulso del Todopoderoso, la estrella les mostraba el camino de retorno. 33 Y la misma energía que brotaba de la estrella infundió en Joseph, un sueño, donde se le apareció Uri’el, el divino mensajero de la Luz, advirtiéndole que debía huir para salvar al recién nacido, porque Herodes había decidido darle muerte.

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