Capítulo 25
Tercer
discurso de Bildad: himno a la grandeza de Dios
1 Bildad de Súaj replicó, diciendo: 2 Su dominio es soberano y temible: él hace
reinar la paz en sus alturas.
3 ¿Se pueden contar sus legiones? ¿Sobre
quién no se alza su luz? 4 ¿Cómo puede un hombre ser justo ante Dios
o ser puro un hijo de mujer? 5 Si hasta la luna no tiene brillo ni las
estrellas son puras a sus ojos, 6 ¡cuánto menos el hombre, ese gusano, el
hijo del hombre, que es sólo una lombriz!
Capítulo 26
Respuesta
de Job: afirmación de su inocencia
1 Job replicó, diciendo: 2 ¡Qué bien has ayudado al débil y socorrido
al brazo sin fuerza! 3 ¡Qué bien has aconsejado al ignorante y
enseñado la prudencia al simple! 4 ¿A
quién le has dirigido tus palabras y quién inspiraba lo que salió de ti?
5 Bajo la tierra se retuercen las Sombras,
las aguas y los que habitan en ellas. 6 El
Abismo está desnudo ante él, y nada cubre a la Perdición.
7 Él extiende el Norte sobre el vacío, suspende
la tierra sobre la nada. 8 Encierra el agua en sus densos nubarrones,
y las nubes no se rompen bajo su peso. 9
Oscurece la faz de la luna llena, desplegando sus nubes sobre ella. 10 Trazó un círculo sobre la superficie de
las aguas, en el límite mismo de la luz y las tinieblas.
11 Las columnas del cielo vacilan, presas de
terror por su amenaza. 12 Con su fuerza, reprimió al Mar, con su inteligencia,
quebrantó a Rahab. 13 Con su soplo, despejó los cielos, su mano
traspasó a la Serpiente huidiza.
14 ¡Y esto no es más que un vestigio de su
poder! ¡Qué eco tan débil percibimos de él! ¿Quién entenderá, entonces, su
poderío atronador?
Capítulo 27
1 Job continuó pronunciando su poema, y
dijo: 2 ¡Por el Dios viviente, que me priva de mi
derecho, y por el Todopoderoso, que me llenó de amargura: 3 mientras haya en mí un aliento de vida y
el soplo de Dios esté en mis narices, 4 mis
labios no dirán nada falso ni mi lengua pronunciará una mentira!
5 ¡Lejos de mí darles la razón a ustedes:
hasta que expire, no renunciaré a mi integridad! 6 Me aferré a mi justicia, y no la soltaré:
mi corazón no se avergüenza de ninguno de mis días.
7 ¡Que mi enemigo tenga la suerte del
malvado, y mi adversario, la del hombre injusto! 8 Porque ¿qué puede esperar el impío,
aunque suplique, aunque eleve su alma a Dios? 9
¿Acaso Dios escuchará su grito cuando le sobrevenga la calamidad? 10 ¿Se deleita él en el Todopoderoso e
invoca a Dios en todo tiempo? 11 Yo los instruyo sobre la conducta de
Dios, no oculto las intenciones del Todopoderoso: 12 Si todos ustedes ya lo han comprobado,
¿por qué se pierden en pensamientos vanos?
Tercer
discurso de Sofar: insistencia en el justo castigo de los malvados
13 Esta es la parte que Dios asigna al
malvado y la herencia que los violentos reciben del Todopoderoso. 14 Si tienen muchos hijos, la espada los
espera, y sus vástagos no se saciarán de pan. 15 A los
que sobrevivan, los sepultará la Muerte, y sus viudas no llorarán.
16 Si él acumula plata como polvo y amontona
ropa fina como arcilla, 17 ¡que siga amontonando!: un justo se
vestirá con ella y un inocente heredará la plata. 18 Se edificó una casa como la araña, como la
choza que hace un guardián. 19 Se acuesta rico, pero es por última vez:
abre los ojos, y no queda nada.
20 En pleno día lo asaltan los terrores y
por la noche lo arrebata un torbellino. 21 El viento
del este lo levanta y se lo lleva, lo barre del lugar donde habita. 22 Se lo hostiga sin compasión y tiene que
huir de la mano que lo hiere. 23 La gente aplaude por su ruina y se lo
silba por todas partes.
PARÉNTESIS: REFLEXIÓN SOBRE LA
SABIDURÍA
Este elogio de la Sabiduría no tiene mucha relación con los
problemas abordados por Job y sus amigos. Probablemente, el autor lo escribió
como obra independiente, y luego lo insertó aquí como una especie de
paréntesis, para disminuir la tensión provocada por el acalorado debate de los
capítulos precedentes. El tema fundamental del poema es la trascendencia de la
Sabiduría divina, que resulta impenetrable para la inteligencia humana. El
hombre explora el universo y va extrayendo, con ingenio y tenacidad, sus
tesoros ocultos. Pero la Sabiduría –el más preciado de todos los tesoros– queda
fuera de su alcance. Sólo Dios la posee y conoce el camino que conduce hacia
ella.
Capítulo 28
La
Sabiduría, inaccesible a los hombres
1 Hay un sitio de donde se extrae la plata
y un lugar donde se refina el oro; 2 el
hierro se saca del polvo y la piedra fundida da el cobre. 3 El hombre disipa las tinieblas y explora
hasta el límite más extremo la roca lóbrega y sombría. 4 Gente extranjera perfora galerías ignoradas
por el pie del caminante; allí, lejos de los mortales, oscilan suspendidos en
el vacío. 5 La tierra, de donde sale el alimento, se
transforma en su interior como por el fuego. 6 Sus
piedras son el lugar del zafiro y contienen polvo de oro.
7 El ave de rapiña no conoce ese camino y el
ojo del buitre nunca lo vio. 8 No lo pisaron los animales feroces ni el
león anduvo por él.
9 El hombre extiende su mano al pedernal y
conmueve las montañas hasta su raíz. 10 Abre
túneles en la roca y ve toda clase de piedras preciosas. 11 Explora las fuentes de los ríos y saca a
luz tesoros escondidos. 12 Pero la Sabiduría, ¿de dónde sale? ¿Y
cuál es el lugar de la Inteligencia?
13 El hombre no conoce su camino ni se la
encuentra en la tierra de los vivientes. 14 El
Abismo dice: “No está en mí”, y el Mar: “No está conmigo”.
15 No se puede dar oro fino a cambio de ella
ni se la compra a precio de plata. 16 No se
la evalúa con oro de Ofir ni con ónix precioso o zafiro. 17 No se le igualan ni el oro ni el cristal,
ni se la puede cambiar por vasos de oro. 18 Los
corales y el cuarzo, ¡mejor ni nombrarlos!, y adquirir la Sabiduría vale más
que las perlas. 19 El topacio de Cus no se le iguala, ni se
la puede evaluar con oro fino.
20 La Sabiduría, entonces, ¿de dónde viene?
¿Y cuál es el lugar de la Inteligencia?
La
Sabiduría, sólo accesible al Dios de la Vida
21 Ella se oculta a los ojos de todos los
vivientes y se esconde de los pájaros del cielo. 22 La Perdición y la Muerte dicen: “Sólo su
fama llegó a nuestros oídos”.
23 Dios es el que discierne sus caminos y
sólo él sabe donde está, 24 porque él mira hasta los confines de la
tierra y ve todo lo que hay bajo el cielo.
25 Cuando él daba consistencia al viento y
fijaba las medidas de las aguas; 26
cuando imponía una ley a la lluvia y un camino al estampido de los truenos, 27 entonces, él la vio y la valoró, la
apreció y la escrutó hasta el fondo.
28 Y dijo al hombre: “El temor de Dios es la
Sabiduría, y apartarse del mal, la Inteligencia”.

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