1 Así habló la Suprema Inteligencia a sus
ángeles mayores: “Yo escogí al hombre entre todas las bestias para hacerle
cumbre de mi plan de vida. 2 Doté al hombre de alma, junto con su
espíritu aliento de vida. Le di inteligencia y capacidad de entendimiento y
razón, y le concedí libertad de elección. 3 El
hombre en su espíritu era virgen como los animales surgidos de mi plan de vida;
y quise dotarle de vida perpetua sobre la tierra; 4 pero Ahrimán, torciendo las intenciones
de los ángeles vigilantes, los grigori, que creé para proteger a los humanos, 5 ellos corrompieron el alma de los hombres
y la envolvieron de sombra.
6 Sin embargo en la parte luminosa de su
alma, el hombre me buscaba a tientas y adoró a los astros, a los montes y al
águila y al león sin conocerme. 7 Y se hizo dioses de los ángeles perversos
y ante los ídolos se inclinaron. 8 Mas
yo tracé mi plan de rescate y busqué presentarme a los hombres; 9 y transmití mi inspiración a maestros de
todas las tierras para que conocieran que Yo Soy.
10 Iluminé la mente de mi servidor
Zarathushtra y él me divisó como Suprema Inteligencia y me llamó Ahuramazda, el
Primero y el Último; 11 sin embargo su conocimiento de mí era
incompleto. 12 Entonces escogí a un hombre de Ur que
seguía las enseñanzas de Zarathushtra, de nombre Abram y era confiado en la
verdad de un Dios verdadero y viviente.
13 Abram que sería llamado Abraham no era
perfecto pues aunque en su alma había mucha luz también había sombras, pero él
me buscaba con afán y de la esterilidad de su mujer le di herencia para que
diera origen a un pueblo que me tuviera como su Dios único y verdadero.
14 Pero aquel pueblo se hizo rebelde y me
adoraba solo de palabra forjando dioses menores, dioses falsos junto a mi
Divinidad. 15 Y ellos forjaron su propio karma y
vivieron en vasallaje en Egipto. 16 De
Egipto llamé a mi pueblo y le di como guía a un hombre recto de nombre Moshé.
17 E hice pacto con Moshé por medio de
Yaho’el, el mensajero de la Luz que habita en medio de la Luz. Moshé, aunque
fiel a la palabra que mi ángel le transmitía cedió a las costumbres egipcias 18 y me consagró una casta sacerdotal que no
necesito; creyó que por medio de la fuerza conquistaría la tierra en mi nombre 19 y derramó sangre y no tuvo piedad con los
derrotados como hiciera también su oficial Yehoshúa.
20 Torcieron después mi Pacto y formularon
leyes crueles como si fueran mandatos míos. 21
Hicieron de mí un Dios cruel y rencoroso, que premiaba y castigaba los actos
durante la vida. 22 La piedad la sustituyeron por ritos y
tradiciones y proclamaron como virtud el temor hacia mi grandeza.
23 Crecieron y se dieron reyes. Los reyes
fueron crueles y ambiciosos y se inclinaron ante los ídolos cananeos, filisteos
y egipcios, corrompiendo así mis enseñanzas. 24 Yo
elegí profetas para alertarles de sus errores, pero esos profetas fueron
perseguidos y a unos apedrearon y a otros asesinaron. 25 No escucharon mis advertencias y formaron
su propio destino, pues, por sus muchos errores, fueron oprimidos por naciones
enemigas y su gente dispersada.
26 No les prometí vida eterna sino les
condené al She’ol, porque sus crímenes llegaban hasta mí. 27 Sin embargo ellos sería la fuente para
que mi pueblo se extendiera por todo el mundo y se cumpliera mi plan de
salvación. 28 Y me propuse que la Luz surgida de mi
propia Luz habitara entre los hombres y cargara sobre sí la culpa de los
hombres, para abrir camino a la derrota del perverso Sama’el, soberano sobre la
tierra, y del espíritu del mal, de Ahrimán la Sombra.
29 Así susurré en la mente de mi profeta
Ieshaiá diciéndole: Yo haré lo que no es
concebido por la lógica humana. Yo puedo hacer fértil a la que antes era
estéril y concebir a una doncella sin perder su virginidad; 30 así
una doncella concebirá y parirá un hijo que será Hijo de Dios y todos le
conocerán y dirán: ‘la Luz, Dios, está con nosotros’.
31 Yo escogí a una doncella y la hice
bienaventurada porque ella concebiría por la gracia del Espíritu Santo al
Rescatador, al portador de mis enseñanzas, al cordero inmolado para rescate de
muchos y la esperanza de la vida eterna.
32 Así escogí a una joven doncella de
Natzeret, que era piadosa y pura en su alma: la virgen concebiría y daría a luz
al que antes de los tiempos yo había engendrado. Su nombre: Mariam”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario