1 Bendice al Dios del Universo,
alma mía, que todo mi ser bendiga a su
santo Nombre. 2 Bendice, alma mía, al que siempre
ha sido, y nunca olvides sus beneficios. Es la Luz del Universo quien perdona
mis maldades, quien sana todas mis enfermedades, quien me aleja del sepulcro;
quien me llena de amor y de ternura; quien me satisface con todo lo mejor y me
rejuvenece dándome el vigor del águila.
3 El Dios del Universo, con su
Suprema Inteligencia juzga con justicia y otorga el derecho a los oprimidos. Él
nos ha mostrado sus caminos y sus hechos.
4 Es bondadoso y compasivo, es
paciente y lleno de amor. No nos reprende todo el tiempo, ni existe en El
rencor y por ello no nos ha dado el pago que merecen nuestras maldades e
impiedades; 5 tan inmenso es su amor por aquellos
que le honran como inmenso es todo el universo. Ha alejado de nosotros nuestras
impiedades como ha alejado en la distancia al oriente del occidente.
6 Con quienes le honran, el
Dios que es Luz del Universo es tierno como un padre con sus hijos, pues él
conoce nuestras debilidades y sabe que somos sombras; 7 porque la vida de los humanos
es como la hierba que brota como flor silvestre pero tan pronto la azota el
viento deja de existir y ya nadie se acuerda de ella.
8 Pero el amor de aquel que
forjó al Universo es eterno para aquellos que le honran; su justicia es
infinita por todas las generaciones para aquellos que acogen sus enseñanzas y
no se olvidan de cumplir con sus mandatos.
9 El Dios, Luz de salvación, se
asienta en la magnitud del Universo y desde su centro domina eternamente.
10 ¡Bendigan al Dios eterno y
vivo todos sus ángeles, sus divinos mensajeros que llevan sus mandatos a todos
los confines de la tierra!
11 ¡Bendigan al Padre generador
de la vida todo el Universo!
12 ¡Bendeciré al Poder Universal,
el Dios de toda la existencia, con toda mi alma!

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