1 Y dije yo al Pastor, al ángel que me
guía: “He visto que muchos que han pecado grandemente se han arrepentido de
todo corazón y, sin embargo siguen sufriendo penalidades, por el karma que sus
acciones negativas forjaron”. 2 Me contestó Rapha’el, diciendo: “¿Crees
tú que los pecados de los que se arrepienten son perdonados inmediatamente? De
ningún modo. 3 El que en verdad se arrepiente de su
vivir perverso, ha de torturar primero su alma, reparar sus faltas, si estas
tienen reparación, ha de mostrarse humilde en cada una de sus acciones y sufrir
aflicción por causa de sus errores; 4 si
son capaces de soportar las penas que su mal proceder les creó, sin duda el
Padre del Universo, el que por su impulso surgió todo lo existente, será movido
a compasión y concederá algún remedio. 5 Así hará la Luz del Universo si en alguna
forma ve dentro del alma del penitente el brillo de la luz.
Visión
del gran sauce
6 Luego el ángel del arrepentimiento me
mostró un gran sauce, que hacía sombra a llanuras y montañas, y bajo la sombra
del sauce se habían congregado los que son llamados por el nombre del Señor. 7 Junto al sauce se erguía un ángel de la
Luz, de gran estatura y de aspecto glorioso. 8 Y
aquel ángel tenía en su mano una gran hoz y con ella cortaba ramas del sauce y
se las daba a los que se resguardaban bajo la sombra del sauce; y les daba
varas pequeñas de un codo de longitud.
9 Después que todos hubieron tomado las
varas, el ángel echó a un lado la hoz, y el árbol estaba sano, tal como yo lo
había visto al principio. Esto me sorprendió profundamente y dije entonces: “¿Cómo es posible que el
árbol esté sano, después que le han cortado tantas ramas?”
10 El pastor me dijo: “No te asombres que el
árbol permanezca sano después que se le han cortado tantas ramas, sino espera
hasta que veas todas las cosas, y se te mostrará lo que es”.
Las
varas del sauce
11 Entonces vi que el ángel bajo el sauce
pidió que le devolvieran las varas que había repartido. Citó a cada uno y estos
le devolvían la vara. 12 El ángel tomaba las varas y las examinaba
y comenzó a poner aparte a los que le devolvían las varas secas y como comidas.
13 Lo mismo hizo con los que le presentaban
varas medio secas y con grietas. Algunos
entregaban varas verdes y con grietas; otros, sus varas estaban medio secas y
medio verdes, y estos también eran puestos aparte.
14 Las varas de algunos tenían dos tercios
verdes y la otra tercera parte seca, y las de otros estaban con dos tercios secos y la tercera,
verde; éstos también se quedaban aparte.
15 Y otros entregaban sus varas casi todas
verdes, pero una pequeña porción seca en el extremo; pero había grietas en
ellas; en las de otros había una pequeña parte verde, pero el resto de la vara
estaba seca, 16 entonces ambos eran echados aparte.
17 Y otros venían trayendo sus varas verdes,
tal como las habían recibido del ángel; y la mayor parte de la multitud
entregaba sus varas en este estado; y el ángel se regocijaba en gran manera en
éstos; éstos también estaban aparte. 18 Y
otros entregaban sus varas verdes y con retoños; y los retoños tenían lo que
parecía una especie de fruto. 19 Y éstos estaban contentos en extremo de
que sus varas estuvieran en este estado. Y sobre éstos el ángel se gozaba, y el
pastor estaba muy contento con ellos.
20 Entonces, el ángel de las varas ordenó
que trajeran coronas. Y trajeron coronas hechas con ramas de olivo, y fueron
coronados los que habían devuelto las varas que tenían retoños y algo de fruto.
21 Y fueron enviados a la torre. 22 Y los otros eran también enviados a la
torre, a saber, los que habían traído las varas verdes y con retoños, pero los
retoños no tenían fruto; y ponía un sello sobre ellos.
23 Todos los que eran conducidos a la torre
vestían de blanco como la nieve. 24 Todos
aquellos que entregaron sus varas verdes tal como las habían recibido fueron
despedidos y recibieron blancos vestido y sellos.
25 Luego de todo esto, el ángel se apartó y
quedamos en el campo, el Pastor y yo, y los que el ángel había apartado.
Rapha’el me dijo: “Tomemos las varas de todos y plantémoslas, para ver si
algunas de ellas pueden vivir”.
26 Observando yo las varas secas, dije: “Señor,
estas cosas secas, ¿pueden vivir?” Él me contestó y 27 dijo: “Este árbol es un sauce, y esta
clase de árboles se aferra a la vida. Si se plantan las varas y tienen un poco
de humedad, muchas de ellas viven. Reguemos estas varas con agua y, si alguna
de ellas puede vivir, me sentiré muy feliz”.
28 Así que el Pastor me mandó que los
llamara, a cada uno según estaba colocado. Y ellos vinieron, fila tras fila, y
entregaron sus varas al pastor. 29 Y el pastor tomó las varas y las plantó
en hileras, y después de haberlas plantado vertió mucha agua sobre ellas, de
modo que no se podían ver las varas por el agua.
30 Después que hubo regado las varas, me
dijo: “Vayámonos ahora, y dentro de unos pocos días regresemos e inspeccionemos
todas las varas; 31 porque el que plantó este árbol quiere
que vivan todo los que han recibido varas de este árbol. 32 Y yo mismo espero que estas pequeñas
varas, después de haber recibido humedad y haber sido regadas, vivan la mayoría
de ellas”.
Explicación
de la visión del sauce
33 Me sentía confundido con aquel hermoso
árbol y le pedí al Pastor: “Quisiera, por favor cual es la naturaleza de este
corpulento árbol; porque estoy perplejo pensando ¿cómo es posible que después
que se le cortaran tantas ramas, todavía esté sano en todo su vigor sin que
parezca que se le hayan podado tantas ramas? Por tanto, estoy perplejo.”
34 Me respondió el Pastor diciendo: “Escucha
para que comprendas; este gran árbol que proyecta su sombra sobre llanuras y
montañas y toda la tierra, no es otra cosa que las enseñanzas de Dios, que fueron
dadas a todo el mundo; 35 y esta enseñanza es el Hijo de Dios
predicado a todos los extremos de la tierra. 36 Todos
esos que ves bajo la sombra del árbol son los que escucharon el mensaje de la
palabra y han creído en el Hijo de Dios.
37 El gran ángel que viste con glorioso
aspecto, es el Kristo, que tiene poder sobre esta gente y les conduce. 38 Él pone las enseñanzas en el cerebro de
los creyentes y, por eso, él mismo inspecciona a aquellos a quienes las ha
dado, por ver si las han observado. 39 Pero,
tú ves las varas de cada uno; porque las varas son la instrucción. Tú ves
muchas de estas varas echadas a perder por completo; 40 y notarás a todos los que no han cumplido
con las enseñanzas que les han entregado, y verás el lugar distinto de cada uno
en particular”.
41 Pregunté a continuación: “¿Por qué a unos
se les envió a la torre y a otros se les dejó para tu juicio?”
42 Me contestó: “Todos los que
transgredieron la enseñanza que han recibido de él, los que violaron el Pacto
de la Suprema Inteligencia, a éstos los ha dejado bajo mi autoridad, para que
se arrepientan; 43 pero todos los que han cumplido con las
enseñanzas y se han ajustado al Pacto, a estos los recibe bajo su amparo”.
44 “¿Y quiénes son ─ pregunté ─ los que han
sido coronados y entrado en la torre?”
45 Me contestó mi ángel del arrepentimiento:
“Ellos son todos los que han luchado contra el Maligno, y le han vencido en el
combate y merecen ser coronados, porque han sufrido defendiendo las enseñanzas.
46 Los otros, que también entregaron sus
varas verdes y con retoños, aunque no con fruto, son los que fueron perseguidos
por causa de la Palabra pero no sufrieron ni tampoco negaron la Palabra.
47 Pero los que entregaron verdes sus varas,
tal como las habían recibido, son hombres sobrios y rectos, que anduvieron del
todo en alma y mente puras y han guardado las enseñanzas del Señor. 48 Pero todo lo demás lo sabrás cuando
examine estas varas que he plantado y regado”.

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