domingo, 21 de diciembre de 2014

Revelaciones de Hermas 18


1 Y dije yo al Pastor, al ángel que me guía: “He visto que muchos que han pecado grandemente se han arrepentido de todo corazón y, sin embargo siguen sufriendo penalidades, por el karma que sus acciones negativas forjaron”. 2 Me contestó Rapha’el, diciendo: “¿Crees tú que los pecados de los que se arrepienten son perdonados inmediatamente? De ningún modo. 3 El que en verdad se arrepiente de su vivir perverso, ha de torturar primero su alma, reparar sus faltas, si estas tienen reparación, ha de mostrarse humilde en cada una de sus acciones y sufrir aflicción por causa de sus errores; 4 si son capaces de soportar las penas que su mal proceder les creó, sin duda el Padre del Universo, el que por su impulso surgió todo lo existente, será movido a compasión y concederá algún remedio.  5 Así hará la Luz del Universo si en alguna forma ve dentro del alma del penitente el brillo de la luz.

Visión del gran sauce

6 Luego el ángel del arrepentimiento me mostró un gran sauce, que hacía sombra a llanuras y montañas, y bajo la sombra del sauce se habían congregado los que son llamados por el nombre del Señor. 7 Junto al sauce se erguía un ángel de la Luz, de gran estatura y de aspecto glorioso. 8 Y aquel ángel tenía en su mano una gran hoz y con ella cortaba ramas del sauce y se las daba a los que se resguardaban bajo la sombra del sauce; y les daba varas pequeñas de un codo de longitud.

9 Después que todos hubieron tomado las varas, el ángel echó a un lado la hoz, y el árbol estaba sano, tal como yo lo había visto al principio. Esto me sorprendió profundamente  y dije entonces: “¿Cómo es posible que el árbol esté sano, después que le han cortado tantas ramas?”

10 El pastor me dijo: “No te asombres que el árbol permanezca sano después que se le han cortado tantas ramas, sino espera hasta que veas todas las cosas, y se te mostrará lo que es”.

Las varas del sauce

11 Entonces vi que el ángel bajo el sauce pidió que le devolvieran las varas que había repartido. Citó a cada uno y estos le devolvían la vara. 12 El ángel tomaba las varas y las examinaba y comenzó a poner aparte a los que le devolvían las varas secas y como comidas. 13 Lo mismo hizo con los que le presentaban varas  medio secas y con grietas. Algunos entregaban varas verdes y con grietas; otros, sus varas estaban medio secas y medio verdes, y estos también eran puestos aparte.

14 Las varas de algunos tenían dos tercios verdes y la otra tercera parte seca, y las de otros  estaban con dos tercios secos y la tercera, verde; éstos también se quedaban aparte.

15 Y otros entregaban sus varas casi todas verdes, pero una pequeña porción seca en el extremo; pero había grietas en ellas; en las de otros había una pequeña parte verde, pero el resto de la vara estaba seca, 16 entonces ambos eran echados aparte.
17 Y otros venían trayendo sus varas verdes, tal como las habían recibido del ángel; y la mayor parte de la multitud entregaba sus varas en este estado; y el ángel se regocijaba en gran manera en éstos; éstos también estaban aparte. 18 Y otros entregaban sus varas verdes y con retoños; y los retoños tenían lo que parecía una especie de fruto. 19 Y éstos estaban contentos en extremo de que sus varas estuvieran en este estado. Y sobre éstos el ángel se gozaba, y el pastor estaba muy contento con ellos.

20 Entonces, el ángel de las varas ordenó que trajeran coronas. Y trajeron coronas hechas con ramas de olivo, y fueron coronados los que habían devuelto las varas que tenían retoños y algo de fruto. 21 Y fueron enviados a la torre. 22 Y los otros eran también enviados a la torre, a saber, los que habían traído las varas verdes y con retoños, pero los retoños no tenían fruto; y ponía un sello sobre ellos.

23 Todos los que eran conducidos a la torre vestían de blanco como la nieve. 24 Todos aquellos que entregaron sus varas verdes tal como las habían recibido fueron despedidos y recibieron blancos vestido y sellos.

25 Luego de todo esto, el ángel se apartó y quedamos en el campo, el Pastor y yo, y los que el ángel había apartado. Rapha’el me dijo: “Tomemos las varas de todos y plantémoslas, para ver si algunas de ellas pueden vivir”.

26 Observando yo las varas secas, dije: “Señor, estas cosas secas, ¿pueden vivir?” Él me contestó y 27 dijo: “Este árbol es un sauce, y esta clase de árboles se aferra a la vida. Si se plantan las varas y tienen un poco de humedad, muchas de ellas viven. Reguemos estas varas con agua y, si alguna de ellas puede vivir, me sentiré muy feliz”.

28 Así que el Pastor me mandó que los llamara, a cada uno según estaba colocado. Y ellos vinieron, fila tras fila, y entregaron sus varas al pastor. 29 Y el pastor tomó las varas y las plantó en hileras, y después de haberlas plantado vertió mucha agua sobre ellas, de modo que no se podían ver las varas por el agua.

30 Después que hubo regado las varas, me dijo: “Vayámonos ahora, y dentro de unos pocos días regresemos e inspeccionemos todas las varas; 31 porque el que plantó este árbol quiere que vivan todo los que han recibido varas de este árbol. 32 Y yo mismo espero que estas pequeñas varas, después de haber recibido humedad y haber sido regadas, vivan la mayoría de ellas”.

Explicación de la visión del sauce

33 Me sentía confundido con aquel hermoso árbol y le pedí al Pastor: “Quisiera, por favor cual es la naturaleza de este corpulento árbol; porque estoy perplejo pensando ¿cómo es posible que después que se le cortaran tantas ramas, todavía esté sano en todo su vigor sin que parezca que se le hayan podado tantas ramas? Por tanto, estoy perplejo.”

34 Me respondió el Pastor diciendo: “Escucha para que comprendas; este gran árbol que proyecta su sombra sobre llanuras y montañas y toda la tierra, no es otra cosa que las enseñanzas de Dios, que fueron dadas a todo el mundo; 35 y esta enseñanza es el Hijo de Dios predicado a todos los extremos de la tierra. 36 Todos esos que ves bajo la sombra del árbol son los que escucharon el mensaje de la palabra y han creído en el Hijo de Dios.

37 El gran ángel que viste con glorioso aspecto, es el Kristo, que tiene poder sobre esta gente y les conduce. 38 Él pone las enseñanzas en el cerebro de los creyentes y, por eso, él mismo inspecciona a aquellos a quienes las ha dado, por ver si las han observado. 39 Pero, tú ves las varas de cada uno; porque las varas son la instrucción. Tú ves muchas de estas varas echadas a perder por completo; 40 y notarás a todos los que no han cumplido con las enseñanzas que les han entregado, y verás el lugar distinto de cada uno en particular”.

41 Pregunté a continuación: “¿Por qué a unos se les envió a la torre y a otros se les dejó para tu juicio?”

42 Me contestó: “Todos los que transgredieron la enseñanza que han recibido de él, los que violaron el Pacto de la Suprema Inteligencia, a éstos los ha dejado bajo mi autoridad, para que se arrepientan; 43 pero todos los que han cumplido con las enseñanzas y se han ajustado al Pacto, a estos los recibe bajo su amparo”.

44 “¿Y quiénes son ─ pregunté ─ los que han sido coronados y entrado en la torre?”

45 Me contestó mi ángel del arrepentimiento: “Ellos son todos los que han luchado contra el Maligno, y le han vencido en el combate y merecen ser coronados, porque han sufrido defendiendo las enseñanzas. 46 Los otros, que también entregaron sus varas verdes y con retoños, aunque no con fruto, son los que fueron perseguidos por causa de la Palabra pero no sufrieron ni tampoco negaron la Palabra.


47 Pero los que entregaron verdes sus varas, tal como las habían recibido, son hombres sobrios y rectos, que anduvieron del todo en alma y mente puras y han guardado las enseñanzas del Señor. 48 Pero todo lo demás lo sabrás cuando examine estas varas que he plantado y regado”.

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