Según
Yojanán Marcos discípulo de Kefa
Yehshua
habla acerca del repudio
1Y Levantándose de allí, vino a la región
de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de
nuevo les enseñaba como solía.
2 Y se acercaron los fariseos y le
preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. 3 El, respondiendo, les dijo: “¿Qué os mandó
Moshé?” 4 Ellos dijeron: “Moshé permitió dar carta
de divorcio, y repudiarla”. 5 Y respondiendo Yehshua, les dijo: “Por la
dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; 6 pero al principio de los tiempos, varón y
hembra los eligió Dios.
7 Por esto dejará el hombre a su padre y a
su madre, y se unirá a su mujer, 8 y los dos serán una sola carne; así que no
son ya más dos, sino uno. 9 [Por tanto, lo que Dios juntó, no lo
separe el hombre]”.
10 En casa volvieron los discípulos a
preguntarle de lo mismo, 11 y les dijo: “Cualquiera que repudia a su
mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; 12 y si la mujer repudia a su marido y se
casa con otro, comete adulterio”.
Yehshua
y los niños
13 Y le presentaban niños para que los
tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14 Viéndolo Yehshua, se indignó, y les dijo:
“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el
reino de Dios. 15 De cierto os digo, que el que no reciba
el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las
manos sobre ellos, los bendecía.
El
hombre rico
17 Al salir él para seguir su camino, vino
uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: “Rabbi bueno,
¿qué haré para heredar la vida eterna?” 18 Yehshua
le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso
testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre”.
20 El entonces, respondiendo, le dijo: “Rabbi,
todo esto lo he guardado desde mi juventud”. 21 Entonces
Yehshua, mirándole, le amó, y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende todo lo
que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme,
tomando tu cruz”.
El
peligro de las riquezas
22 Pero él, afligido por esta palabra, se
fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23
Entonces Yehshua, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente
entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus
palabras; pero Yehshua, respondiendo, volvió a decirles: “Hijos, ¡cuán difícil
les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo
de la aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”.
26 Ellos se asombraban aún más, diciendo
entre sí: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” 27 Entonces
Yehshua, mirándolos, dijo: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no;
porque todas las cosas son posibles para Dios”.
La
recompensa prometida a los discípulos
28 Entonces Kefa comenzó a decirle: “He
aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido”. 29 Respondió Yehshua y dijo: “De cierto os
digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre,
o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y de la Buena Noticia, 30 que no reciba cien veces más ahora en
este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras; Pues, aun con persecuciones, recibirá cien
veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y
en el mundo venidero la vida eterna. 31 Entonces
muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán
primeros”.
Yehshua
anuncia por tercera vez su muerte
32 Continuaron el camino subiendo a
Jerusalén; y Yehshua marchaba delante de ellos. Los discípulos estaban
desconcertados y los demás que le seguían tenían miedo. Otra vez Jesús reunió a
los Doce para decirles lo que le iba a pasar: 33 “Estamos
subiendo a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales
sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los extranjeros,
34 que se burlarán de él, le escupirán, lo
azotarán y lo matarán. Pero tres días después resucitará”.
La
petición de Ya’acov y Yojanán
35 Entonces Ya’acov y Yojanán, hijos de Zebebdi,
se le acercaron, diciendo: “Rabbi, queremos que nos concedas lo que te vamos a
pedir”.
36 Él les dijo: “¿Qué quieren de mí?” 37 Ellos le dijeron: “Concédenos que nos
sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria”.
38 Entonces Yehshua les dijo: “No sabéis lo
que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo estoy bebiendo o ser bautizados como yo
soy bautizado?”
39 Ellos dijeron: “Podemos”. Yehshua les
dijo: “Pues bien, la copa que yo bebo, también la beberéis, y serán bautizados
con el mismo bautismo que yo estoy recibiendo; 40 pero
el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no me corresponde a mí el
concederlo; eso ha sido preparado para otros.
41 Cuando
los otros diez oyeron esto, se enojaron con Ya’acov y Yojanán. 42 Mas Yehshua, llamándolos, les dijo: “Sabéis
que los que se consideran gobernantes de las naciones se enseñorean sobre
ellas, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad.
43 Pero no será así entre vosotros, por el
contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el
servidor de todos, 44 y el que de vosotros quiera ser el
primero, será siervo de todos.
45 Porque el Hijo del Hombre no vino para
ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Curación
de un ciego de Yériho
46 Entonces vinieron a Yériho; y al salir de Yériho
él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo,
estaba sentado junto al camino mendigando. 47 Y
oyendo que era Yehshua de Natzeret, comenzó a gritar: “¡Yehshua, Hijo de David,
ten misericordia de mí!”
48 Varias personas trataban de hacerlo
callar. Pero él gritaba con más fuerza: “¡Hijo de David, ten misericordia de
mí!”
49 Entonces Yehshua, deteniéndose, mandó
llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: “Ten confianza; levántate, te llama”.
50 El entonces, arrojando su capa, se
levantó y fue a donde estaba Yehshua. 51
Yehshua, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” Y el ciego le dijo: “Rabbi,
que recobre la vista”. 52 Y Yehshua le dijo: “Vete, tu fe te ha
salvado”. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Yehshua por el camino.




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