martes, 2 de junio de 2015

Libro de la Buena Noticia del Bendecido Yehshua (10)

Según Yojanán Marcos discípulo de Kefa


Yehshua habla acerca del repudio

1Y Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía.

2 Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. 3 El, respondiendo, les dijo: “¿Qué os mandó Moshé?” 4 Ellos dijeron: “Moshé permitió dar carta de divorcio, y repudiarla”. 5 Y respondiendo Yehshua, les dijo: “Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; 6 pero al principio de los tiempos, varón y hembra los eligió Dios.

7 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, 8 y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno. 9 [Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre]”. 

10 En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo, 11 y les dijo: “Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; 12 y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

Yehshua y los niños

13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14 Viéndolo Yehshua, se indignó, y les dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 15 De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.

El hombre rico

17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: “Rabbi bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” 18 Yehshua le dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No adulteres.  No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre”.


20 El entonces, respondiendo, le dijo: “Rabbi, todo esto lo he guardado desde mi juventud”. 21 Entonces Yehshua, mirándole, le amó, y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz”.

El peligro de las riquezas

22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23 Entonces Yehshua, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Yehshua, respondiendo, volvió a decirles: “Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de la aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”.

26 Ellos se asombraban aún más, diciendo entre sí: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” 27 Entonces Yehshua, mirándolos, dijo: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios”.

La recompensa prometida a los discípulos

28 Entonces Kefa comenzó a decirle: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido”. 29 Respondió Yehshua y dijo: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y de la Buena Noticia, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras;  Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna. 31 Entonces muchos que ahora son primeros serán últimos, y los que son ahora últimos serán primeros”.

Yehshua anuncia por tercera vez su muerte

32 Continuaron el camino subiendo a Jerusalén; y Yehshua marchaba delante de ellos. Los discípulos estaban desconcertados y los demás que le seguían tenían miedo. Otra vez Jesús reunió a los Doce para decirles lo que le iba a pasar: 33 “Estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los extranjeros, 34 que se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán. Pero tres días después resucitará”.

La petición de Ya’acov y Yojanán


35 Entonces Ya’acov y Yojanán, hijos de Zebebdi, se le acercaron, diciendo: “Rabbi, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”.

36 Él les dijo: “¿Qué quieren de mí?” 37 Ellos le dijeron: “Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria”.

38 Entonces Yehshua les dijo: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo estoy bebiendo o ser bautizados como yo soy bautizado?”

39 Ellos dijeron: “Podemos”. Yehshua les dijo: “Pues bien, la copa que yo bebo, también la beberéis, y serán bautizados con el mismo bautismo que yo estoy recibiendo; 40 pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no me corresponde a mí el concederlo; eso ha sido preparado para otros.

41 Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron con Ya’acov y Yojanán. 42 Mas Yehshua, llamándolos, les dijo: “Sabéis que los que se consideran gobernantes de las naciones se enseñorean sobre ellas, y los que ocupan cargos abusan de su autoridad.

43 Pero no será así entre vosotros, por el contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos, 44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.

45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Curación de un ciego de Yériho

46 Entonces vinieron a Yériho; y al salir de Yériho él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47 Y oyendo que era Yehshua de Natzeret, comenzó a gritar: “¡Yehshua, Hijo de David, ten misericordia de mí!”

48 Varias personas trataban de hacerlo callar. Pero él gritaba con más fuerza: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”


49 Entonces Yehshua, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: “Ten confianza; levántate, te llama”.


50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y fue a donde estaba Yehshua. 51 Yehshua, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” Y el ciego le dijo: “Rabbi, que recobre la vista”. 52 Y Yehshua le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Yehshua por el camino.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Vistas de página en total