1 Cuando Netan’el Barptolomé llegó a
Armenia fue recibido alegremente por la comunidad cristiana que había formado
en aquellas tierras. 2 El fortaleció a la comunidad avivándola
con el entusiasmo de su fe, esforzándoles a amar al Hijo de Dios y confiar en su
poder.
3 Pero los sacerdotes de los dioses
adorados en aquellas tierras se sentían molestos por las muchas conversiones
que hacía Netan’el con su palabra 4 y
comenzaron a instigar en su contra llevando sus quejas ante Astriaes hermano de
Sanatruces quien ambicionaba el trono. 5
Entonces Astriaes fue ante el rey Tiridates y le dijo: “Escucha soberano, ha
llegado a tu reino un judío que predica el Nombre de un dios y blasfema en
contra de los dioses de la tierra. 6 Él
trastorna al pueblo pues su palabra es poderosa. Bueno sería que tú le
expulsaras de tu reino”.
7 Y dijo el rey: “No condenaré a nadie sin
antes escucharle, pues yo hago justicia a todos con debida reverencia, según
las enseñanzas del Maestro. 8 Trae ante mí a ese judío y yo decidiré
después de escucharle”.
9 Netan’el fue llevado ante la presencia de
Tiridates y este le dijo, luego de escucharle hablar: “Judío eres pero te
expresas bien en griego. Dime, 10 ¿cuál es ese credo que predicas y alarma
tanto a los que te escuchan? 11 Recuerda que en estos momentos, los
judíos no son bien vistos por los romanos, pues se han revelado contra Roma”.
12 Habló entonces Netan’el: “Escucha mis
palabras, soberano. Yo no predico odio, ni levanto espada contra ningún poder. 13 Mi espada es la Palabra y la Verdad de
Dios transmitida por su Hijo Bendito, Yehshua, llamado el Kristo, 14 Solo hay un Dios y a Él se le debe toda
gloria, poder y adoración. 15 Por su poder se formó todo lo existente,
todo lo que está sobre los cielos y lo que está sobre la Tierra”.
16 Dijo Tiridates: “Bien has hablado, solo
hay un Dios y su nombre es Ormuz, la Luz que está sobre las Tinieblas. 17 Dime, ¿Cuál es el nombre del Dios que tú
predicas; porque también mencionas a un Hijo de ese tu Dios?”
18 Tomó la palabra Barptolomé y le dijo al
rey: “Nosotros llamamos Abba (es decir Padre) a nuestro Dios y 19 es el que se reveló a Moshé, hombre
bendito de Dios, diciendo que su nombre es El que Soy; 19 pero su nombre es impronunciable y abarca
todas las Totalidades. 20 El Padre es Luz del Universo contra quien
la Sombra no tiene poder. 21 Él es Suprema Inteligencia y nadie se le
iguala 22 y su Hijo es Yehshua, engendrado por Él
ante de todos los tiempos, 23 que vivió entre nosotros, sus testigos,
como hombre verdadero y esencia del Padre de la Vida y fue anunciado por los
profetas que vivieron antes que nosotros. 24 El
Hijo recibirá el Reino de la Luz porque vino para el rescate del pecado a
muchos 25 y para que los hombres pudieran conocer
la vida eterna donde no hay vejez ni enfermedades ni muerte.
26 Yehshua fue entregado a los romanos por
sus captores, los sacerdotes de Jerusalén, y condenado a morir en muerte
indigna; pero 27 al tercer día de haber sufrido la muerte,
por su propio poder se levantó de entre los muertos, anunciando la resurrección
futura de todos los justos para gozar la gloria del Padre. 28 A Él se le ha conferido todo el poder
para juzgar a vivos y a muertos. 29 Es al
Kristo al que yo anuncio y por quien predico su mensaje”.
30 Tiridates escuchó con interés las
palabras de Netan’el Barptolomé y le dijo a Astriaes: “Nada veo en este hombre
que pueda afectar a mi reino. 31 Así pues, le dejo en libertad y que
continúe adorando a su Dios Abba, como yo adoro a mi Dios Ormuz”.
32 Sucedió por ese tiempo que el pueblo de
los alanos invadió Armenia para hacer pillajes y Tiridates salió a enfrentarles
y darles batalla. 33 Astriaes aprovechó la ausencia del rey
para detener a Netan’el Barptolomé, 34 así
que envió hombres armados para que le llevaran ante él. Cuando el apóstol estuvo ante su presencia 35 dijo Astriaes: “Contra el rey, nada
puedo. El cree en un solo dios como tú pero nada hace en contra de nuestros
dioses, 36 pero tú, atacas a nuestros dioses y por
ello mereces la muerte. Mas soy clemente y te daré una oportunidad de salvar tu
vida”.
37 Dicho esto llevaron a Netan’el hasta el
templo de los ídolos Baal Shamen, Aglibol y Malakbel y le dijeron: “Inclínate y
reverencia a nuestros dioses, al dios de la tierra, al dios de la luna y al
dios del sol”.
38 Y dijo Netan’el: “Ídolos estos son imagen
de los demonios, grigoris inmundos y falsos. 39 Solo
me inclinaré y daré adoración a mi Señor y Redentor Yehshua y al Padre de la
Vida. En estos ídolos no hay aliento ni vida y ellos caerán hechos pedazos
cuando llegue el momento. 40 Solo en Kristo Yehshua hay aliento y
esperanza de vida”.
41 Furioso Astriaes declaró: “Pues que te
salve tu Kristo. Haré que te arranquen la piel y verás cómo te inclinarás ante
nuestros dioses”.
42 Ataron a Netan’el Barptolomé a un árbol y
comenzaron a arrancarle tiras de su piel, y cuando estaba casi desollado y
sangrando profusamente, 43 Astriaes le conminó: “Detén tu
sufrimiento, reniega de tu Kristo y adora a nuestros dioses”. 44 Pero Netan’el contestó con sus últimos
alientos: “Solo adorarás a tu Dios, Padre de la Vida y solo ante Él te
inclinarás. 45 Estoy mirando a las alturas y veo la Luz
de mi Dios que me ilumina y conforta”.
46 Entonces Astriaes blandió una espada y de
un solo tajo decapitó al apóstol, y el ángel Uri’el tomó el alma de Netan’el y
la condujo a la gloria del Padre.

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