Mattai
24:26-27 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o
mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale
del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del
Hijo del Hombre.
Mattai
24:29-30 Pero inmediatamente después de la tribulación de esos días (…) aparecerá en el cielo la señal del Hijo del
Hombre
Tras la resurrección de Yehshua y su
elevación a la Gloria de la Suprema Inteligencia, los apóstoles y los primeros
cristianos esperaban con ansiedad su regreso creyendo que sería inminente. Así
en los escritos de los apóstoles y en los de Paulo se encuentran alusiones a la
pronta segunda venida de Yehshua. Yojanán en su carta a los cristianos del Asia
Menor escribió: “Hijitos, ya es la
última hora; y como oísteis que el anticristo había de venir, así también
ahora han surgido muchos anticristos. Por
esto sabemos que es la última hora. Y agrega refiriéndose a Yehshua:
“Ahora, hijitos, permaneced en él para que, cuando aparezca, tengamos confianza
y no nos avergoncemos delante de él, en su venida”. (Carta Primera de Yojanán 2:18 y 28)
Paulo en 1 Corintios 7:29-31:29, dice:
“Pero quiero decirles, hermanos, que el
tiempo se acorta; por lo tanto, el
que tiene esposa debe vivir como si no la tuviera; el que llora, como si no
llorara; el que se alegra, como si no se alegrara; el que compra, como si no
tuviera nada; y el que disfruta de este mundo, como si no lo disfrutara; porque el mundo que conocemos está por
desaparecer”. En 1 Corintios 15:51-52, Paulo advierte: Fíjense bien en el
misterio que les voy a revelar: No todos
moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y
cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los
muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos
transformados.
En 1
Tesalonicenses 4:15-17 manifiesta la
esperanza de sobrevivir hasta la parusía, y escribe: “Conforme a lo dicho por
el Señor, afirmamos que nosotros, los
que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna
manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. El Señor mismo descenderá del
cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los
muertos en Cristo resucitarán primero. Luego
los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto
con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así
estaremos con el Señor para siempre”.
El apóstol Ya’acov en su epístola a las “las
doce tribus que están esparcidas” expresa su convicción de la inminencia de la
parusía; así, dice en 5: 7-8: “Por
tanto, hermanos, tened paciencia hasta
la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la
tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y la
tardía. Tened también vosotros paciencia; fortaleced
vuestros corazones, porque la venida del Señor se acerca”.
Sí, creían inminente el retorno de
Yehshua con gran poder, pero no adelantaban ni predecían fechas para su
llegada, porque confiaban en lo que Yehshua había dicho al respecto: “Pero de aquel día o de aquella hora nadie
sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Marcos 13:32)
Creían que el regreso de Yehshua sería
manifiesto. Paulo dice: “El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con
trompeta de Dios…” (1 Tesalonicenses
4:16). Y Marcos (Marcos 13:26 y 27)
reproduce las palabras de Yehshua que anunciaban la parusía: “Entonces verán al Hijo del Hombre que viene en las nubes con gran poder y gloria.
Y entonces enviará a los ángeles, y reunirá a sus escogidos de los cuatro
vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo”.
No obstante desde fechas tempranas del
cristianismo hasta la época actual no han dejado de aparecer predicciones
consideradas “proféticas” de la llegada del día del juicio, de la vuelta de
Kristo a la Tierra y hasta la desaparición del mundo, ya sea de su sistema de
gobierno o de su propia existencia como planeta o constelación. Todas esas
predicciones, hasta la fecha, han constituido un rotundo chasco.
Los profetas y calculadores del fin de
los tiempos han existido dentro de todas las comunidades cristianas, desde
católicos, anabaptistas, adventistas, hasta mormones y Testigos de Jehová,
aunque estos últimos no pueden clasificarse como una verdadera comunidad
cristiana.
Uno de los primeros en vaticinar el fin
del mundo se atribuye a Clemente Romano, de quien se dice fue asistente de
Paulo y conocedor personal de Kefa. Se dice que este Clemente, obispo de Roma,
había vaticinado que el fin de los tiempos se produciría en cualquier momento del año 90. Cuando se evidenció
la falsedad de su profecía, Clemente declaró que Dios había dado una segunda
oportunidad a los humanos.
Se menciona también al obispo francés
Hilario de Poitiers (315-367) profetizando que en el año 365 se produciría el
fin del mundo, alegando que el emperador romano Flavio Julio Constancio
(317-361) quien le había desterrado a Frigia era el Anti Kristo, un emperador
que declararía prohibida la práctica del paganismo, y al mismo tiempo un
seguidor de las doctrinas arrianas.
El obispo Martín de Tours (316-397) en
el 375 aseguró en un escrito que: “No hay
dudas de que el anticristo ya nació. Firmemente establecido ya en sus primeros
años, después de alcanzar la madurez, alcanzará el poder supremo”.
Considerando que cuando este anticristo cumpliera 25 años, se apoderaría del
mundo para destruirle, lo que acontecería en el año 400.
El monje español Beato de Liébana
profetizó la segunda llegada de Cristo y el fin del mundo para el 6 de abril de
793. El historiador, arqueólogo y biblista español Joaquín González Echegaray
en “Obras completas de Beato de Liébana”,
señaló que el monje "compartía la creencia de que la Parusía o fin del
mundo estaba muy cercana. No sólo en las postrimerías del siglo X iba a cundir
el terror de la proximidad del fin del mundo, sino que ya, en los finales el
siglo VIII, estaba extendida por toda Europa la creencia de que en el año 800
sobrevendría el final de los tiempos. Esta creencia se basaba en la idea de que
el mundo creado cumpliría entonces los seis mil años de su existencia. El
nacimiento de Cristo, según los cálculos antiguos, habría tenido lugar hacia el
año 5200. Resultaba así que el temido año 6000 ─ el término de la sexta edad ─
habría de coincidir con el 800 de nuestra Era, o a lo sumo con el 80l".
No solo clérigos y visionarios fijaron
fechas para el fin del mundo o para la manifestación de la segunda llegada de
Kristo, también hombres de ciencia como Isaac Newton se aventuraron a fijar
fechas para esos apocalípticos acontecimientos. En 1704 Newton firmó algunos
documentos que auguraban la destrucción del mundo en 53 años, es decir en 1757
y, tomando como base el libro de Daniel pronóstico que el fin llegaría en el
2060.
Junto a las fallidas predicciones de la
llegada de Kristo y del final de los tiempos subyacía además el milenarismo (mille annorum) o quiliasmo (χιλιάς mil), y en ocasiones mezclado con
tesis arrianas de negación de la Trinidad. Ya con carácter quiliasta surgieron
nuevas profecías milenaristas en el siglo XIX. Joseph Smith fundador de la
Iglesia de los Santos de los Últimos Tiempos anunció en febrero de 1835 que
había tenido una revelación de Dios que le informaba que Kristo regresaría en
los próximos 56 años, es decir, en 1891 empezando entonces el fin del mundo.
En 1832, William Miller, fundador del
adventismo sintió la inspiración bíblica de la parusía y la visión de la
llegada del fin del mundo el 20 de marzo de 1843. Su profecía atrajo a muchos
partidarios que fueron conocidos como milleristas. Cuando quedó en evidencia la
falsedad profética de Miller, este se justificó diciendo que había equivocado
el mensaje y declaró que en realidad la fecha de la parusía sería el 21 de
marzo de 1844. Nuevamente no se cumplió la predicción, por lo que propuso una
nueva fecha, el 18 de abril de 1844. Se había producido el gran chasco del
millerismo. Miller, finalmente dio una respuesta pública aceptando su fracaso:
“Confieso mi error ─ escribió ─ y reconozco mi decepción; pero aún creo que
el día del Señor está cerca, casi a la puerta”.
Jonas Wendell, un seguidor de William
Miller, estudiando la cronología bíblica concluyó que el fin llegaría en 1863,
hecho que resultó un nuevo fracaso, así rectificó sus cálculos y señaló el 1868
como la fecha del fin de los tiempos. Otro fracaso.
Sin embargo Wendell no renunció a
profetizar una nueva fecha, señalando ahora que se produciría en 1873. Hizo el
ridículo pero sus ideas no quedaron abandonadas siendo recogidas en 1873 por
Charles T. Russell, su amigo y discípulo y que luego fundaría la Sociedad de
los Estudiantes de la Biblia y propondría una nueva fecha para el fin sería el
1874, luego anunció 1874 como la fecha de la llegada de Kristo, para declarar
en 1899 que finalmente Kristo llegaría a gobernar en el mundo en 1914.
Pero el fracaso de profetizar una fecha
no induce a muchos a reconsiderar su adhesión al “profeta” o a su grupo, si se
sabe cómo manipularles. Como siempre habrá crédulos ciegos, apareció un nuevo personaje:
Joseph Franklin Rutherford, segundo presidente de los Estudiantes de la Biblia
(Testigos de Jehová), sucesor de Charles Taze Russell. Y este nuevo “profeta
iluminado” propone una nueva fecha y dice: “La
fecha de 1925 es aún más claramente indicada por las Escrituras que la de 1914”
(La Atalaya, 1 enero 1922, p. 262).
Rutherford en el libro “Millones que ahora viven no morirán jamás”,
predicó a favor del fin inmediato que ocurriría para 1925; pero en 1942, luego
de que no se hubiera cumplido su profecía no alcanzó a cumplir la promesa que
había hecho en su libro. Ese año murió. Ahora los Testigos de Jehová apenas
mencionan su nombre y muchos de sus fieles ni siquiera le conocen.
Ahora haciendo omisión de sus fallidas
profecías sobre la parusía, vuelven, como el perro al vómito, a declarar que
Kristo “está gobernando activamente como
Rey, con autoridad recibida de Dios sobre toda la Tierra desde 1914”.
(Watchtower Online Library rs pág. 380). El reino milenario de Kristo como
reminiscencia del mesianismo judío que espera la llegada del Mashíaj temporal,
aunque declarando que esta parusía se ha producido en espíritu. Una especie
milenarismo mitigado; es decir, semejante a la doctrina de aquellos que enseñan
que antes del juicio final, con previa o sin previa resurrección de justos,
Kristo volvería a la tierra a reinar; pero en esta propuesta de la Watchtower,
a diferencia de los que manifiestan el milenarismo mitigado, que plantea que
Kristo volvería para gobernar corporal y visiblemente, los Testigos de Jehová
se decantan por la presencia de Kristo de manera espiritual.
Sin embargo hay que destacar que en los
escritos neotestamentarios se prevé la segunda venida de Kristo para después de
la Gran Tribulación y esto será, según Paulo, “en el día en que el Señor Yehshua aparezca con sus ángeles poderosos,
viniendo del cielo entre llamas de fuego. Vendrá para castigar a los que no
reconocen a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Yehshua. Estos serán
castigados con destrucción eterna, y serán arrojados lejos de la presencia del
Señor y de su gloria y poder, cuando el Señor venga en aquel día entre su
pueblo santo y admirado por todos los creyentes; pues ustedes han creído en el
testimonio que les dimos”. (2 Tesalonicenses 1:6-10)
Los Testigos de Jehová, confrontados en
relación a la gran tribulación que debía producirse antes de la segunda vuelta
de Kristo, se justifican diciendo: “Durante
algunos años pensamos que la “gran tribulación” había empezado en 1914 con la
Primera Guerra Mundial. Y creíamos que Jehová había hecho que “se acortaran
aquellos días” en 1918, cuando terminó el conflicto… También comprendimos que
la primera fase de la gran tribulación no se inició en 1914. ¿Por qué llegamos
a esa conclusión? Porque la Biblia revela que comenzaría con un ataque a la
religión falsa, no con una guerra entre naciones. Por lo tanto, los
acontecimientos que se desencadenaron a partir de 1914 no dieron comienzo a la
gran tribulación, sino que fueron un “principio de dolores de angustia” (…)
Jesús predijo: “Cuando alcancen a ver la cosa repugnante que causa desolación,
como se habló de ella por medio de Daniel el profeta, de pie en un lugar santo
(use discernimiento el lector), entonces los que estén en Judea echen a huir a
las montañas” (Mat. 24:15, 16). Estas
palabras se cumplieron por primera vez en el año 66: el ejército romano
(“la cosa repugnante”) estuvo “de pie en un lugar santo” cuando atacó Jerusalén
y su templo (considerado santo por los judíos). En el segundo cumplimiento, la
Organización de las Naciones Unidas (“la
cosa repugnante” de la actualidad) estará “de pie en un lugar santo” cuando ataque a la cristiandad (santa
para los supuestos cristianos) y al resto de Babilonia la Grande. Este suceso,
descrito en Revelación 17:16-18, dará comienzo a la gran tribulación”. Como
puede verse, toda una maraña de falacias dirigidas a justificar el chasco de
1914.
¿Debemos creerles? Son simples
especulaciones. Si Kristo está gobernando activamente como Rey, con autoridad
recibida de Dios sobre toda la Tierra, pero en espíritu ¿Cómo lo saben? ¿Acaso
por medio de una teofanía recibida por alguno de los redactores de La Atalaya o
por Rutherford ─ él nunca se refirió a una semejante experiencia ─ concedida
por el mismo Señor Yehshua? Al menos Joseph
Smith, padre del mormonismo, justificó su especial teología alegando haber
recibido una visión directamente de Dios Padre y de Yehshua.
El milenarismo de los Testigos de Jehová
lo extraen de sus precipitadas y particulares interpretaciones del capítulo 20
de Apocalipsis (20:4 Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad
de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús
y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen,
y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y
reinaron con Cristo mil años. 20:6-7 Bienaventurado
y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no
tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y
reinarán con él mil años. Cuando los
mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión).
¿Es posible un reino mesiánico y
terrenal de Kristo? ¿Kristo como rey del mundo? Pilatos estaba perplejo ante
Yehshua y le pregunta: “¿Eres Tú el Rey
de los judíos?” La respuesta de Yehshua es sencilla y clara: “Mi
reino no es de este mundo; si mi
reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera
entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí”. Y vuelve Pilatos a
preguntarle: “¿Luego, eres tú rey?”
La respuesta inmediata de Yehshua es contundente: “Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo
aquel que es de la verdad, oye mi voz”. (Yojanán 18:33, 36-37) El reino del Kristo es la Verdad; quien
escucha su palabra ya está viviendo dentro del “reino” de Kristo. Pilato luego
confronta a la multitud diciendo: “…vosotros
tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?” La respuesta de la multitud es de
rechazo; prefieren a Bar Abbas. Este pasaje recogido en el libro de Yojanán
(18:39-40) es un rechazo al mesianismo judío. Kristo no es Rey del Mundo, no
gobernará sobre la Tierra después del Tiempo de los Tiempos.
Tengamos en cuenta que entre los
teólogos de los primeros dos siglos del cristianismo hubo opiniones de rechazo
a incluir el Apocalipsis en el Canon. Cayo, el romano, consideraba que este
libro propiciaba el milenarismo y Dionisio, obispo de Alejandría, discípulo de
Orígenes, rechazaba la idea de un reino terrenal de Kristo que era defendido
por Cerinto.
Cerinto consideraba que todo había sido
creado por los ángeles y no por Yahvahé; predicó la proximidad de un milenio
feliz de gobierno de Kristo sobre la tierra antes de la resurrección. Juan
Crisóstomo junto con otros teólogos rechazó la inclusión del apocalipsis en el
canon del Nuevo Testamento, considerando principalmente las dificultades que
planteaban su interpretación y el peligro latente que podía presentar la
incorrecta comprensión de sus símbolos.
En el siglo XVI, el iniciador de la
Reforma, Martin Lutero, sintió rechazo hacia el esotérico libro y, aunque
aceptó mantenerlo dentro del canon, expuso sus inquietudes en Prefacio que
hiciera del libro en 1522, señalando: “Echo
de menos más de una cosa en este libro, y me hace considerar que sea ni
apostólico ni profético (…) De
ninguna manera puedo detectar que el Espíritu Santo lo produjo (…) Mi espíritu no puede dar cabida a este libro
(...) Cristo no se enseña ni se sabe de
él aquí”.
Si aceptamos como inspirada la palabra
de Paulo en su primera carta a los tesalonicenses, la parusía se producirá de
manera inesperada y Él vendrá “como un
ladrón en plena noche”; y en su segunda carta a los tesalonicenses advierte
que aparecerá la apostasía ante de la llegada del “Día del Señor” y la
manifestación del “inicuo, a quien el
Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su
venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y
señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se
pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”. (2
Tesalonicenses 2:8-10) ¿Cuál es la señal para reconocer al inicuo? La respuesta
puede encontrarse en Tito 1:15-16: “Todas
las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada
les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los
hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a
toda buena obra”.
Pero la apostasía no será universal,
sino presente en algunos sectores del cristianismo: “El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe
entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas, por la
hipocresía de embaucadores" (1 Tim. 4, 1).
Agustín de Hipona refiriéndose al
capítulo 20 del Apocalipsis, nos dice: “La
primera resurrección, de la cual este capítulo trata, nos dice él, se refiere
al renacimiento espiritual en el
bautismo; el shabbat de mil años,
después de seis mil años de historia, es
la vida eterna, o en otras palabras, el número de mil años intenta expresar
la perfección, y el último espacio de mil años debe entenderse como referencia
al fin del mundo; en todo caso, el reino de Jesucristo, del cual el Apocalipsis
habla, sólo puede aplicarse a la Iglesia” (Ciudad de Dios XX.5-7). El reino
de Kristo es el reino de la gran comunidad cristiana unida en espíritu y
sabiduría y más allá de las diferencias que puedan existir entre aquellos que
confiesan que Kristo es consustancial con el Padre y hombre y Dios verdadero.
Hermanos no nos dejemos conducir por
falsas interpretaciones que conducen al error; recordemos que Shaitán la Sombra
es extremadamente astuto y manipulador. Benedicto XVI acierta cuando advierte: “La interpretación de la Biblia puede
efectivamente volverse un instrumento del Anticristo”.

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