Según Dídimo Yehudah Tau’ma
76. Dijo Yehshua: “El reino del Padre se parece a un
comerciante poseedor de mercancías, que encontró una perla. Ese comerciante era
sabio: vendió sus mercancías y compró aquella perla única. Buscad vosotros
también el tesoro imperecedero allí donde no entran ni polillas para devorarlo
ni gusano para destruirlo”.
77. Dijo Yehshua: “Yo soy la luz que está sobre
todos ellos. Yo soy el universo: el universo ha surgido de mí y ha llegado
hasta mí. Partid un leño y allí estoy yo; levantad una piedra y allí me encontraréis”.
78. Dijo Yehshua: “¿A qué salisteis al desierto?
¿Fuisteis a ver una caña sacudida por el viento? ¿Fuisteis a ver a un hombre
vestido de ropas finas? Mirad a vuestros reyes y a vuestros magnates: ellos son
los que llevan ropas finas, pero no podrán reconocer la verdad”.
79. Le dijo una mujer de entre la turba: “Dichoso el
vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”. El le respondió: “Bienaventurados
aquellos que han escuchado la palabra del Padre y la han guardado de verdad,
pues días vendrán en que diréis: Dichoso el vientre que no concibió y los
pechos que no amamantaron”.
80. Dijo Yehshua: “El que haya reconocido al mundo,
ha encontrado el cuerpo. Pero de quien haya encontrado el cuerpo, de éste no es
digno el mundo”.
81. Dijo Yehshua: “Quien haya llegado a ser rico,
que se haga rey; y quien detente el poder, que renuncie”.
82. Dijo Yehshua: “Quien esté cerca de mí, está
cerca del fuego; quien esté lejos de mí, está lejos del Reino”.
83. Dijo Yehshua: “Las imágenes se manifiestan al
hombre, y la luz que hay en ellas permanece latente en la imagen de la luz del
Padre. Él se manifestará, quedando eclipsada su imagen por su luz”.
84. Dijo Yehshua: “Cuando contempláis lo que se os
parece, os alegráis; pero cuando veáis vuestras propias imágenes hechas antes
que vosotros — imperecederas y a la vez invisibles —, ¿cuánto podréis
aguantar?”
85. Dijo Yehshua: “El que el hombre al inicio
llegara a existir se debió a una gran fuerza y a una gran riqueza; sin embargo,
no llegó a ser digno de vosotros, pues en el supuesto de que hubiera conseguido
ser digno, no hubiera sufrido la muerte”.
86. Dijo Yehshua: “Las zorras tienen su guarida y
los pájaros su nido, pero el Hijo del hombre no tiene lugar donde reclinar su
cabeza y descansar”.
87. Dijo Yehshua: “Miserable es el cuerpo que
depende de un cuerpo, y miserable es el alma que depende de entrambos”.
88. Dijo Yehshua: “Los ángeles y los profetas
vendrán a vuestro encuentro y os darán lo que os corresponde; vosotros dadles
asimismo lo que está en vuestra mano, dádselo y decíos: ¿Cuándo vendrán
ellos a recoger lo que les pertenece?».
89. Dijo Yehshua: “¿Por qué laváis lo exterior del
vaso? ¿Es que no comprendéis que aquel que hizo el interior no es otro que
quien hizo el exterior?”
90. Dijo Yehshua: “Venid a mí, pues mi yugo es
adecuado y mi dominio suave, y encontraréis reposo para vosotros mismos”.
91. Ellos le dijeron: “Dinos quién eres tú, para que
creamos en ti”. Él les dijo: “Vosotros observáis el aspecto del cielo y de la
tierra, y no habéis sido capaces de reconocer a aquel que está ante vosotros ni
de intuir el momento presente”.
92. Dijo Yehshua: “Buscad y encontraréis: mas
aquello por lo que me preguntabais antaño — sin que yo entonces os diera
respuesta alguna — quisiera manifestároslo ahora, y vosotros no me hacéis
preguntas en este sentido”.
93. Dijo Yehshua: “No echéis las cosas santas a los
perros, no sea que vengan a parar en el muladar; no arrojéis las perlas a los
puercos, para que ellos no las pisoteen”.
94. Dijo Yehshua: “El que busca encontrará, y al que
llama se le abrirá”.
95. Dijo Yehshua: “Si tenéis algún dinero, no lo
prestéis con interés, sino dádselo a aquel que no va a devolvéroslo”.
96. Dijo Yehshua: “El reino del Padre se parece a
una mujer que tomó un poco de levadura, la introdujo en la masa y la convirtió
en grandes hogazas de pan. Quien tenga oídos, que oiga”.
97. Dijo Yehshua: El reino del Padre se parece a una
mujer que transportaba un recipiente lleno de harina. Mientras iba por un largo
camino, se rompió el asa y la harina se fue desparramando a sus espaldas por el
camino. Ella no se dio cuenta ni se percató del accidente. Al llegar a casa puso
el recipiente en el suelo y lo encontró vacío”.
98. Dijo Yehshua: “El reino del Padre se parece a un
hombre que tiene la intención de matar a un gigante: desenvainó primero la
espada en su casa y la hundió en la pared para comprobar la fuerza de su mano.
Entonces dio muerte al gigante”.
99. Los discípulos le dijeron: “Tus hermanos y tu
madre están afuera”. Él les dijo: “Los aquí presentes que hacen la voluntad de
mi Padre, éstos son mis hermanos y mi madre; ellos son los que entrarán en el
reino de mi Padre”.
100. Le mostraron a Yehshua una moneda de oro,
diciéndole: “Los agentes de César nos piden los impuestos”. Él les dijo: “Dad a
César lo que es de César, dad a Dios lo que es de Dios y dadme a mí lo que me
pertenece”.
101. Dijo Yehshua: “El que no aborreció a su padre y
a su madre como yo, no podrá ser discípulo mío; y quien no amó a su padre y a su
madre como yo, no podrá ser discípulo mío; pues mi madre, la que me engendró me
dio la carne , pero mi madre de verdad me ha dado la vida”.
102. Dijo Yehshua: “¡Ay de ellos, los fariseos, pues
se parecen a un perro echado en un pesebre de bueyes!: ni come, ni deja comer a
los bueyes”.
103. Dijo Yehshua: “Dichoso el hombre que sabe por
qué flanco van a entrar los ladrones, de manera que le dé tiempo a levantarse,
recoger sus armas y ceñirse los lomos
antes de que entren”.
104. Le dijeron: “Ven, vamos hoy a hacer oración y a
ayunar”. Respondió Yehshua: “¿Qué clase de pecado he cometido yo, o en qué he
sido derrotado? Cuando el novio haya abandonado la cámara nupcial, ¡que ayunen
y oren entonces!”
105. Dijo Yehshua: “Quien conociere al padre y a la
madre, será llamado hijo de prostituta”.
106. Dijo Yehshua: “Cuando seáis capaces de hacer de
dos cosas una sola, seréis hijos del Viviente; y si decís: ¡Montaña,
trasládate de aquí!, se trasladará”.
107. Dijo Yehshua: “El Reino se parece a un pastor
que poseía cien ovejas. Una de ellas — la más grande — se extravió. Entonces
dejó abandonadas las noventa y nueve y se dio a la búsqueda de ésta hasta que
la encontró. Luego — tras la fatiga — dijo a la oveja: Te quiero más que a
las noventa y nueve”.
108. Dijo Yehshua: “Quien bebe de mi boca, vendrá a
ser como yo; y yo mismo me convertiré en él, y lo que está oculto le será
revelado”.
109. Dijo Yehshua: “El Reino se parece a un hombre
que tiene escondido un tesoro en su campo sin saberlo. Al morir dejó el terreno
en herencia a su hijo, que tampoco sabía nada de ello: éste tomó el campo y lo
vendió. Vino, pues, el comprador y — al arar — dio con el tesoro; y empezó a
prestar dinero con interés a quienes le plugo”.
110. Dijo Yehshua: “Quien haya encontrado el mundo y
se haya hecho rico, ¡que renuncie al mundo!”
111. Dijo Yehshua: “Arrollados serán los cielos y la
tierra en vuestra presencia, mientras que quien vive del Viviente no conocerá
muerte ni corrupción”; pues Yehshua dice: Quien se encuentra a sí mismo, de
él no es digno el mundo”.
112. Dijo Yehshua: “¡Ay de la carne que depende del
alma! ¡Ay del alma que depende de la carne!”
113. Le dijeron sus discípulos: “¿Cuándo va a llegar
el Reino?” Dijo Yehshua: “No vendrá con expectación. No dirán: ¡Helo aquí!
o ¡Helo allá!, sino que el reino del Padre está extendido sobre la
tierra y los hombres no lo ven”.
114. Shimón Kefa les dijo: “¡Que se aleje Mariam de
nosotros!, pues las mujeres no son dignas de la vida”. Dijo Yehshua: “Mira, yo
me encargaré de hacerla macho, de manera que también ella se convierta en un
espíritu viviente, idéntico a vosotros los hombres: pues toda mujer que se haga
varón, entrará en el reino del cielo”.

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