miércoles, 24 de junio de 2015

LIBRO DE LAS PALABRAS DE YEHSHUA EL VIVIENTE III


Según Dídimo Yehudah Tau’ma




76. Dijo Yehshua: “El reino del Padre se parece a un comerciante poseedor de mercancías, que encontró una perla. Ese comerciante era sabio: vendió sus mercancías y compró aquella perla única. Buscad vosotros también el tesoro imperecedero allí donde no entran ni polillas para devorarlo ni gusano para destruirlo”.

77. Dijo Yehshua: “Yo soy la luz que está sobre todos ellos. Yo soy el universo: el universo ha surgido de mí y ha llegado hasta mí. Partid un leño y allí estoy yo; levantad una piedra y allí me encontraréis”.

78. Dijo Yehshua: “¿A qué salisteis al desierto? ¿Fuisteis a ver una caña sacudida por el viento? ¿Fuisteis a ver a un hombre vestido de ropas finas? Mirad a vuestros reyes y a vuestros magnates: ellos son los que llevan ropas finas, pero no podrán reconocer la verdad”.

79. Le dijo una mujer de entre la turba: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”. El le respondió: “Bienaventurados aquellos que han escuchado la palabra del Padre y la han guardado de verdad, pues días vendrán en que diréis: Dichoso el vientre que no concibió y los pechos que no amamantaron”.

80. Dijo Yehshua: “El que haya reconocido al mundo, ha encontrado el cuerpo. Pero de quien haya encontrado el cuerpo, de éste no es digno el mundo”.

81. Dijo Yehshua: “Quien haya llegado a ser rico, que se haga rey; y quien detente el poder, que renuncie”.

82. Dijo Yehshua: “Quien esté cerca de mí, está cerca del fuego; quien esté lejos de mí, está lejos del Reino”.

83. Dijo Yehshua: “Las imágenes se manifiestan al hombre, y la luz que hay en ellas permanece latente en la imagen de la luz del Padre. Él se manifestará, quedando eclipsada su imagen por su luz”.

84. Dijo Yehshua: “Cuando contempláis lo que se os parece, os alegráis; pero cuando veáis vuestras propias imágenes hechas antes que vosotros — imperecederas y a la vez invisibles —, ¿cuánto podréis aguantar?”

85. Dijo Yehshua: “El que el hombre al inicio llegara a existir se debió a una gran fuerza y a una gran riqueza; sin embargo, no llegó a ser digno de vosotros, pues en el supuesto de que hubiera conseguido ser digno, no hubiera sufrido la muerte”.

86. Dijo Yehshua: “Las zorras tienen su guarida y los pájaros su nido, pero el Hijo del hombre no tiene lugar donde reclinar su cabeza y descansar”.

87. Dijo Yehshua: “Miserable es el cuerpo que depende de un cuerpo, y miserable es el alma que depende de entrambos”.

88. Dijo Yehshua: “Los ángeles y los profetas vendrán a vuestro encuentro y os darán lo que os corresponde; vosotros dadles asimismo lo que está en vuestra mano, dádselo y decíos: ¿Cuándo vendrán ellos a recoger lo que les pertenece?».

89. Dijo Yehshua: “¿Por qué laváis lo exterior del vaso? ¿Es que no comprendéis que aquel que hizo el interior no es otro que quien hizo el exterior?”

90. Dijo Yehshua: “Venid a mí, pues mi yugo es adecuado y mi dominio suave, y encontraréis reposo para vosotros mismos”.

91. Ellos le dijeron: “Dinos quién eres tú, para que creamos en ti”. Él les dijo: “Vosotros observáis el aspecto del cielo y de la tierra, y no habéis sido capaces de reconocer a aquel que está ante vosotros ni de intuir el momento presente”.

92. Dijo Yehshua: “Buscad y encontraréis: mas aquello por lo que me preguntabais antaño — sin que yo entonces os diera respuesta alguna — quisiera manifestároslo ahora, y vosotros no me hacéis preguntas en este sentido”.

93. Dijo Yehshua: “No echéis las cosas santas a los perros, no sea que vengan a parar en el muladar; no arrojéis las perlas a los puercos, para que ellos no las pisoteen”.

94. Dijo Yehshua: “El que busca encontrará, y al que llama se le abrirá”.

95. Dijo Yehshua: “Si tenéis algún dinero, no lo prestéis con interés, sino dádselo a aquel que no va a devolvéroslo”.

96. Dijo Yehshua: “El reino del Padre se parece a una mujer que tomó un poco de levadura, la introdujo en la masa y la convirtió en grandes hogazas de pan. Quien tenga oídos, que oiga”.

97. Dijo Yehshua: El reino del Padre se parece a una mujer que transportaba un recipiente lleno de harina. Mientras iba por un largo camino, se rompió el asa y la harina se fue desparramando a sus espaldas por el camino. Ella no se dio cuenta ni se percató del accidente. Al llegar a casa puso el recipiente en el suelo y lo encontró vacío”.

98. Dijo Yehshua: “El reino del Padre se parece a un hombre que tiene la intención de matar a un gigante: desenvainó primero la espada en su casa y la hundió en la pared para comprobar la fuerza de su mano. Entonces dio muerte al gigante”.

99. Los discípulos le dijeron: “Tus hermanos y tu madre están afuera”. Él les dijo: “Los aquí presentes que hacen la voluntad de mi Padre, éstos son mis hermanos y mi madre; ellos son los que entrarán en el reino de mi Padre”.

100. Le mostraron a Yehshua una moneda de oro, diciéndole: “Los agentes de César nos piden los impuestos”. Él les dijo: “Dad a César lo que es de César, dad a Dios lo que es de Dios y dadme a mí lo que me pertenece”.

101. Dijo Yehshua: “El que no aborreció a su padre y a su madre como yo, no podrá ser discípulo mío; y quien no amó a su padre y a su madre como yo, no podrá ser discípulo mío; pues mi madre, la que me engendró me dio la carne , pero mi madre de verdad me ha dado la vida”.

102. Dijo Yehshua: “¡Ay de ellos, los fariseos, pues se parecen a un perro echado en un pesebre de bueyes!: ni come, ni deja comer a los bueyes”.

103. Dijo Yehshua: “Dichoso el hombre que sabe por qué flanco van a entrar los ladrones, de manera que le dé tiempo a levantarse, recoger sus armas  y ceñirse los lomos antes de que entren”.

104. Le dijeron: “Ven, vamos hoy a hacer oración y a ayunar”. Respondió Yehshua: “¿Qué clase de pecado he cometido yo, o en qué he sido derrotado? Cuando el novio haya abandonado la cámara nupcial, ¡que ayunen y oren entonces!”

105. Dijo Yehshua: “Quien conociere al padre y a la madre, será llamado hijo de prostituta”.

106. Dijo Yehshua: “Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una sola, seréis hijos del Viviente; y si decís: ¡Montaña, trasládate de aquí!, se trasladará”.

107. Dijo Yehshua: “El Reino se parece a un pastor que poseía cien ovejas. Una de ellas — la más grande — se extravió. Entonces dejó abandonadas las noventa y nueve y se dio a la búsqueda de ésta hasta que la encontró. Luego — tras la fatiga — dijo a la oveja: Te quiero más que a las noventa y nueve”.

108. Dijo Yehshua: “Quien bebe de mi boca, vendrá a ser como yo; y yo mismo me convertiré en él, y lo que está oculto le será revelado”.

109. Dijo Yehshua: “El Reino se parece a un hombre que tiene escondido un tesoro en su campo sin saberlo. Al morir dejó el terreno en herencia a su hijo, que tampoco sabía nada de ello: éste tomó el campo y lo vendió. Vino, pues, el comprador y — al arar — dio con el tesoro; y empezó a prestar dinero con interés a quienes le plugo”.

110. Dijo Yehshua: “Quien haya encontrado el mundo y se haya hecho rico, ¡que renuncie al mundo!”

111. Dijo Yehshua: “Arrollados serán los cielos y la tierra en vuestra presencia, mientras que quien vive del Viviente no conocerá muerte ni corrupción”; pues Yehshua dice: Quien se encuentra a sí mismo, de él no es digno el mundo”.

112. Dijo Yehshua: “¡Ay de la carne que depende del alma! ¡Ay del alma que depende de la carne!”

113. Le dijeron sus discípulos: “¿Cuándo va a llegar el Reino?” Dijo Yehshua: “No vendrá con expectación. No dirán: ¡Helo aquí! o ¡Helo allá!, sino que el reino del Padre está extendido sobre la tierra y los hombres no lo ven”.

114. Shimón Kefa les dijo: “¡Que se aleje Mariam de nosotros!, pues las mujeres no son dignas de la vida”. Dijo Yehshua: “Mira, yo me encargaré de hacerla macho, de manera que también ella se convierta en un espíritu viviente, idéntico a vosotros los hombres: pues toda mujer que se haga varón, entrará en el reino del cielo”.

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