Epístola a las Siete
Congregaciones de Anatolia
1 Yojanán, a las siete congregaciones que están en Anatolia:
Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete
ángeles que están delante de su gloria; 2 y de
Yehshua el Kristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el que está
sobre todos los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros
pecados con su sangre, 3 y nos hizo sacerdotes para Dios; a él sea
gloria y alabanzas por los siglos de los siglos. Amén.
4 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los
que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él.
Sí, amén.
5 “Yo soy el Alfa y la Omega (el Alef y el Tav), principio y
fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso”.
6 Yo Yojanán, vuestro hermano, y copartícipe
vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Yehshua el Kristo,
desde la isla llamada Patmos donde estoy, por causa de la palabra de Dios y el
testimonio de Kristo. 7 Oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, 8 que decía: “Yo soy el Alfa y la Omega, el
primero y el último. Escribe en una carta lo que me escuchas, y envíala a las
siete congregaciones que están en Anatolia: a Ephesos, Smyrna, Pérgamos,
Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodikeia.
9 Y me volví para ver quien hablaba conmigo;
y vuelto, vi siete candeleros de oro, 10 y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo
del Hombre. 11
Tenía en su diestra siete
estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos. 12 Y él puso su diestra sobre mí,
diciéndome: “No temas; yo soy el primero y el último; 13 y el que vivo, y estuve muerto; mas he
aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la
muerte y del Hades.
14 Escribe el mensaje que te comunico. 15 Las siete estrellas que has visto en mi
diestra son los ángeles de las siete congregaciones de Anatolia, y los siete
candeleros que has visto, son esas siete congregaciones.
El mensaje a Ephesos
16 Escribe al ángel de la
congregación en Ephesos: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que
anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: 17 Yo conozco tus obras, y tu
arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado
a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; 18 y has sufrido, y has tenido
paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has
desmayado.
19 Pero tengo contra ti, que has
dejado tu primer amor. 20
Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras
obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si
no te hubieres arrepentido. 21
Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo
también aborrezco.
22 El que tiene oído, oiga lo
que el Espíritu dice a las congregaciones. Al que venciere, le daré a comer del
árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.
El
mensaje a Smyrna
23 Y escribe al ángel de la
congregación en Smyrna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y ha
vuelto a la vida, dice esto: 24
Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero
tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino
sinagoga de Shaitán.
25 No temas en nada lo que vas a
padecer. He aquí, el maligno echará a algunos de vosotros en la cárcel, para
que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la
muerte, y yo te daré la corona de la vida.
26 El que tiene oído, oiga lo
que el Espíritu dice a las congregaciones. El que venciere, no sufrirá daño de
la segunda muerte.
El
mensaje a Pérgamos
27 Y escribe al ángel de la
congregación en Pérgamos: El que tiene la espada aguda de su Palabra dice esto:
28 Yo
conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Shaitán. Eres fiel a
mi nombre y no has renegado de mi palabra, ni siquiera en los días de Antipas,
mi testigo fiel, que fue muerto entre vosotros, ahí donde habita Shaitán.
29 Pero tengo unas pocas cosas
contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que
enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Yisraeil, induciéndoles a
danzar ante los ídolos, a embriagarse y a cometer fornicación. 30 Y también tienes a los que
retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco. 31 Por tanto, arrepiéntete; pues
si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi Palabra.
32 El que tiene oído, oiga lo que
el Espíritu dice a las congregaciones. Al que venciere, daré a comer del maná
escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un
nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.
El
mensaje a Tiatira
33 Y escribe al ángel de la
congregación en Tiatira: El Hijo de Dios, dice esto: 34 Yo conozco tus obras, y amor,
y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las
primeras.
35 Pero tengo unas pocas cosas
contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y
seduzca a mis siervos a fornicar y a ofrecer sacrificios a los ídolos. 36 Y le he dado tiempo para que
se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. 37 He aquí, yo la arrojo en cama,
y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las
obras de ella. 38 Yo
daré a cada uno según sus obras.
39 Pero a vosotros y a los demás
que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo
que ellos llaman las profundidades de Shaitán, yo os digo: No os impondré otra
carga; 41 pero
lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.
40 Al que venciere y guardare mis
obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, 41 como yo también la he recibido
de mi Padre; 42 y
le daré la estrella de la mañana.
43 El que tiene oído, oiga lo que
el Espíritu dice a las congregaciones.
El
mensaje a Sardis
44 Escribe al ángel de la iglesia
en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas,
dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás
muerto. 45 Sé
vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado
tus obras perfectas.
46 Acuérdate, pues, de lo que has
recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti
como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré.
47 Pero tienes unas pocas
personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en
vestiduras blancas, porque son dignas.
48 El que venciere será vestido
de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré
su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. 49 El que tiene oído, oiga lo que
el Espíritu dice a las congregaciones.
El
mensaje a Filadelfia
50 Escribe al ángel de la
congregación en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la
llave del Reino, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre: 51 Yo conozco tus obras; he aquí,
he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque
aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.
52 He aquí, yo entregaré a
aquellos de la sinagoga de Shaitán que se dicen ser judíos y no lo son, sino
que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y sepan que
yo te he amado.53 Por
cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la
hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que
moran sobre la tierra. 54 He
aquí, yo vengo en el momento menos pensado; retén lo que tienes, para que
ninguno tome tu corona.
55 Al que venciere, yo lo haré
columna en el templo de Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él
el nombre de Dios, y el nombre de la ciudad de Dios, la nueva Yerushaláyim, la
cual desciende del cielo, de Dios, y mi nombre nuevo.
56 El que tiene oído, oiga lo que
el Espíritu dice a las congregaciones.
El
mensaje a Laodikeia
58 Y escribe al ángel de la
congregación en Laodikeia: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el
principio de todo lo formado por Dios, dice esto: 59 Yo conozco tus obras, que ni
eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 60 Pero por cuanto eres tibio, y
no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 61 Porque tú dices: Yo soy rico,
y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres
un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
62 Por tanto, yo te aconsejo que
de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas
para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus
ojos con colirio, para que veas. 63
Yo reprendo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y
arrepiéntete.
64 He aquí, yo estoy a la puerta
y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo.
65 Al que venciere, le daré que participe
conmigo de la gloria, así como yo he vencido, y participo en la gloria del
Padre.
66 El que tiene oído, oiga lo que
el Espíritu dice a las congregaciones.
Luego que los discípulos
hubieron redactado la epístola que les encargara Yojanán, le dieron lectura en
alta voz y el apóstol le dio su consentimiento.


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