Según
Yojanán Marcos discípulo de Kefa
Acuerdo
para prender a Yehshua
1 Dos días después era la
pascua, y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales
sacerdotes y los escribas cómo prenderle por engaño y matarle. 2 Y decían: “No durante la
fiesta para que no se haga alboroto del pueblo”.
Yehshua
ungido en B’thanía
3 Pero estando él en B'thanía,
en casa de Shimón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso
de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de
alabastro, se lo derramó sobre su cabeza.
4 Y hubo algunos que se
enojaron dentro de sí, y dijeron: “¿Para qué se ha hecho este desperdicio de
perfume? 5 Porque podía haberse vendido
por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres”. Y murmuraban
contra ella. 6
Pero Yehshua dijo: “Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. 7 Siempre tendréis a los pobres
con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me
tendréis. 8
Esta
ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la
sepultura. 9
De cierto os digo que dondequiera que se predique este buen mensaje, en todo el
mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella”.
La
traición de Yehudah
10 Entonces Yehudah Iskaryyot,
uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. 11 Ellos, al oírlo, se alegraron,
y prometieron darle dinero. Y Yehudah buscaba oportunidad para entregarle.
Institución
de la eucaristía
12 El primer día de la fiesta de
los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la pascua, sus
discípulos le dijeron: “¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la
pascua?” 13 Y envió dos de sus discípulos,
y les dijo: “Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un
cántaro de agua; seguidle, 14
y donde entrare, decid al señor de la casa: Nuestro Rabbi dice: ¿Dónde está el
aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? 15Y él os mostrará un gran
aposento alto ya dispuesto; preparadlo para nosotros allí”.
16 Fueron sus discípulos y
entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon la pascua.
17 Y cuando llegó la noche, vino
él con los doce. 18
Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Yehshua: “De cierto os
digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar”.
19 Entonces ellos comenzaron a
entristecerse, y a decirle uno por uno: “¿Seré yo?” Y el otro: “¿Seré yo?” 20 El, respondiendo, les dijo: “Es
uno de los doce, el que moja conmigo en el plato. 21 A la verdad el Hijo del
Hombre se va, tal y como está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien
el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido”.
22 Y mientras comían, Yehshua
tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos,
diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo”.
23 Después tomó una copa, y
habiendo dado gracias, les dio; y todos bebieron de ella. 24 Y les dijo: “Esta es mi
sangre. La sangre de la nueva alianza, que por muchos es derramada. 25 De cierto os digo que no
beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que beba el vino nuevo en el
reino de Dios”.
Yehshua
anuncia la negación de Kefa
26 Cuando hubieron cantado el
himno, salieron al monte de los Olivos. 27 Entonces Yehshua les dijo: “Todos os escandalizaréis de mí
esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas serán
dispersadas. 28
Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 29 Entonces Kefa le dijo: “Aunque
todos se escandalicen, yo no. 30
Yehshua le respondió: “De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que
el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces”.
31 Pero él con mayor insistencia
le decía: “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré”. También todos decían
lo mismo.
Oración
en Getsemaní
32 Vinieron, pues, a un lugar
que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: “Sentaos aquí, entre tanto que
yo oro”. 33 Y tomó consigo a Kefa, a Ya’akov
y a Yojanán, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. 34 Y les dijo: “Mi alma está muy
triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad”.
35 Yéndose un poco adelante, se
postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. 36 Y decía: “Abba, Padre, todas las
cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero,
sino lo que tú deseas.
37 Vino luego y los halló
durmiendo; y dijo a Kefa: “Shimón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? 38 Velad y orad, para que no
entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es
débil”.
39 Otra vez fue y oró, diciendo
las mismas palabras. 40
Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban
cargados de sueño; y no sabían qué responderle.
41 Vino la tercera vez, y les
dijo: “Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del
Hombre es entregado en manos de los pecadores. 42 Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega”.
El
arresto de Yehshua
43 Luego, hablando él aún, vino Yehudah,
que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de
los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos. 44 Y el que le entregaba les
había dado señal, diciendo: “Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle
con seguridad”. 45
Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: “Rabbi, Rabbi”. Y le besó. 46 Entonces ellos le echaron
mano, y le prendieron. 47
Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo
sacerdote, cortándole la oreja.
48 Y respondiendo Yehshua, les dijo: “¿Cómo si yo
fuera un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? 49 Cada día estaba con vosotros
enseñando en el templo, y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan
las Escrituras”.
50 Entonces todos los
discípulos, dejándole, huyeron. 51
Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le
prendieron; 52 mas
él, dejando la sábana, huyó desnudo.
Yehshua
ante el concilio
53 Llevaron, pues, a Yehshua al
sumo sacerdote; y se reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos
y los escribas. 54
Y Kefa le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote; y estaba
sentado con los alguaciles, calentándose al fuego.
55 Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban
testimonio contra Yehshua, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban. 56 Porque muchos decían falso
testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban.
57 Entonces levantándose unos,
dieron falso testimonio contra él, diciendo: 58 “Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo
hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano”. 59 Pero ni aun así concordaban
en el testimonio.
60 Entonces el sumo sacerdote,
levantándose en medio, preguntó a Yehshua, diciendo: “¿No respondes nada? ¿Qué
testifican éstos contra ti?”
61 Mas él callaba, y nada
respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: “¿Eres tú el Mashíaj,
el Hijo del Bendito?” 62
Y Yehshua le dijo: “Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra
del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.
63 Entonces el sumo sacerdote,
rasgando su vestidura, dijo: “¿Qué más necesidad tenemos de testigos? 64 Habéis oído la blasfemia;
¿qué os parece?” Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte.
65 Y algunos comenzaron a
escupirle, y a cubrirle el rostro y a darle de puñetazos, y a decirle: “Adivina”.
Y los alguaciles le daban de bofetadas.
Negación
de Kefa
66 Estando Kefa abajo, en el
patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; 67 y cuando vio a Kefa que se
calentaba, mirándole, dijo: “Tú también estabas con Yehshua el nazareno”. 68 Mas él negó, diciendo: “No le
conozco, ni sé lo que dices”. Y salió a la entrada; y cantó el gallo. 69 Y la criada, viéndole otra
vez, comenzó a decir a los que estaban allí: “Este es de ellos”.70 Pero él negó otra vez. Y poco
después, los que estaban allí dijeron otra vez a Kefa: “Verdaderamente tú eres
de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos”.
71 Entonces él comenzó a
maldecir, y a jurar: “No conozco a este hombre de quien habláis”. 72 Y el gallo cantó la segunda
vez. Entonces Kefa se acordó de las palabras que Yehshua le había dicho: “Antes
que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces”. Y pensando en esto,
lloraba.





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