Mucho
está de moda esto de la Gran Apostasía, cuantas elucubraciones se hacen al
respecto y cuantas idioteces se dicen en torno a esta terrible, estremecedora y
angustiante categoría. Bandera es que enarbolan con ardor apocalíptico las
sectas llamadas a sí mismas restauracionistas. Sectas, difícilmente
catalogables como verdaderamente cristianas, que se consideran, cada una de
ellas, ser elegidas por el Dios del Universo como las ordenadas para restaurar
el cristianismo a su prístino origen y liberarle de la maldición a la que se
aboca por la gran apostasía de todas las congregaciones cristianas a excepción
de ellas, las restauradoras.
El
significado de apostasía es la negación o la abjuración a las doctrinas de un
credo o de una religión. Proviene del griego Ἀποστασία, vocablo compuesto de
dos expresiones, απο (apo), que significa “fuera de”, y στασις (stasis), que
significa “colocarse”; es decir, “ponerse, colocarse afuera”; pero también,
“apartarse”, “deserción”, “revuelta” y “salida”.
Apostasía y apóstatas
Apostasía
y apóstatas ha habido en todos los tiempos. Creyentes y ateos han convivido por
siglos. Para los judíos el surgimiento del cristianismo debió considerarse como
una gran apostasía, se abandonaba la ley mosaica por un nuevo pacto. Los
pogromos que los cristianos en muchas partes realizaron contra los judíos y la
persecución nazi antisemita que originó
el gran holocausto, ¿acaso no sería sentido por los judíos como la “gran
tribulación”?
El
anuncio de la gran apostasía se plantea dentro de la comunidad cristiana y solo
dentro de ella; ¿no cuentan para nada los musulmanes que son estrictamente
monoteístas y su fundador se inspiró en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento,
para confeccionar el Corán pero atribuyéndolo a revelaciones que le concediera
Dios por medio del ángel Gavri’el?
Paulo,
tan citado en los argumentos de los partidarios de la gran apostasía, ni pasó,
ni pudo pasarle por la mente que 555 años después de su muerte surgiría el
Islam que, con el correr de los años, arrancaría territorios cristianos para
unirlos a sus doctrinas y gobierno, aquello constituiría una gran apostasía
cuando los de fe cristiana se convirtieron al Islam triunfante; como tampoco
tuvo la iluminación de ver el surgimiento del islamismo terrorista con su más
distintivo grupo del Estado Islámico (ISIS) que, cual el temido anticristo, se
ha propuesto destruir y dominar al mundo cristiano sin detenerse para masacrar
a los cristianos. Realmente, Paulo “profetizaba” para su tiempo, al que
consideraba como inminencia del retorno de Kristo. Debe considerarse también
que la profecía atribuida a Paulo sobre la apostasía y la llegada del “hijo de
la perdición” aparece en la Segunda Epístola a los tesalonicenses (2:3-5), un
documento que ha quedado demostrado no es de la autoría del incansable
predicador fariseo-cristiano Paulo de Tarso.
Yojanán,
el apóstol advierte en su Epístola Universal (2:18-19) sobre la apostasía de
los que él denominó anticristos:
“Hijos
míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien,
muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la
última hora. Salieron de entre nosotros;
pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían
permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no
todos son de los nuestros”.
Hay apostasía cuando los fieles de un
credo se separan del mismo, se ponen aparte y reniegan de ese credo o conforman
una nueva congregación doctrinal. Así, la Reforma Protestante constituyó
apostasía, porque salieron del catolicismo y se opusieron a sus doctrinas.
Lutero fue un apóstata, suena mal pero es lo que es. Las comunidades dentro del
universo del protestantismo han conocido numerosas apostasías que dieron origen
a nuevas comunidades. Cada una de estas apostasías parciales se justificaba con
la pretendida idea de renovación o reforma de la congregación originaria de la
cual los reformadores se habían separado.
Los
que anuncian la gran apostasía
Entre los restauracionistas que predican
la existencia de la gran apostasía, se encuentran los adventistas y las sectas
Los Santos de los Últimos Días (mormones), los Testigos de Jehová y La Luz del
Mundo. Los restauracionistas consideran que el cristianismo se ha corrompido
por influencias paganas y por el compromiso que contrajo con el mundo, alejándose
de este modo de la congregación (ἐκκλησία - ekklesía) instituida por Yehshua;
es decir se abrazó a la apostasía que deformó toda la doctrina del verdadero y
legítimo cristianismo. El restauracionismo es una nueva corriente, pretendida
como el verdadero cristianismo, surgida en los Estados Unidos del siglo XIX.
Todas estas sectas coinciden en un punto:
“la apostasía ya ocurrió”; sin embargo como señala José Miguel Arráiz en
Apologética católica, “no se ponen de
acuerdo exactamente en qué momento comenzó. La gran mayoría son partidarios de
ubicarla cuando el emperador romano Constantino el Grande concedió libertad de
culto a los cristianos en el Edicto de Milán (año 313 d. C). Otros más osados
señalan una fecha mucho más temprana, llegando incluso a ubicar su comienzo con
la muerte del último apóstol”.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de
los Últimos Días (mormones) considera que la gran apostasía ha tenido un tiempo
limitado, comenzó tras la muerte de los apóstoles y concluyó cuando en 1820 su
fundador José Smith recibió la revelación directamente, nada menos que del
“Padre Celestial y Su Hijo Amado”, dando inicio así “a la restauración de la
plenitud del Evangelio”.
Los adventistas inspirados en los delirios
de su afamada profetisa Elena de White, hablan de un alfa y un omega de la
apostasía: “Una cosa segura pronto a ser
realizado, es la gran apostasía, la cual se está desarrollando, va incrementado
y creciendo más fuerte. Continuará haciéndolo hasta que el Señor descenderá del
cielo con un grito“. La gran apostasía comienza cuando el cristiano, según
los adventistas, se aparta de las leyes judaicas de la obediencia del sábado y
de las prohibiciones sobre alimentos. La observancia del sábado es la señal del
creyente verdadero. La “marca de la bestia” corresponde a los que observan el
domingo en lugar del sábado. ¿Habrá idiotez mayor?
Para los Testigos de Jehová, la gran
apostasía se inició tras la muerte del último apóstol, es decir de Yojanán,
quien se cree murió posiblemente en el año 101. A partir de esa fecha, el
cristianismo se corrompió con las prácticas y modelos del paganismo. Entonces,
cuando las congregaciones cristianas comenzaron a organizarse en cuerpo
jerárquico apareció “el hombre del pecado, el hijo de la perdición” que se
menciona en 2 Tesalonicenses. 2, 3-5, una carta falsamente atribuida a Paulo de
Tarso, y que ellos con su particular traducción del griego denominan “el hombre
del desafuero” y así se inició la gran apostasía, sin embargo, en el escrito de
referencia no se califica esa apostasía, sencillamente se dice “ha de venir la
apostasía”.
"No es difícil ver
como la Cristiandad, compuesta de
aquellos que solamente aparentan ser Cristianos sean víctimas del engaño.
Los testigos de Jehová, por su parte, se separan por completo de la
Cristiandad, una separación basada únicamente en la Palabra de Dios y en sus
principios de verdad y justicia. Podemos estar seguros que en este tiempo de la
siega de la que Jesús habló, no volverá
a haber de nuevo apostasía masiva".
“Una gran apostasía fue predicha y un misterio
de desafuero estaba ya activo en el Primer
Siglo de la Era Común. Con el tiempo, hombres que aceptaron puestos de
responsabilidad en la congregación empezaron a enseñar doctrinas falsas. El
lenguaje de ellos estaba lejos de ser puro. De esta manera apareció el hombre del desafuero; un grupo compuesto por el clero de la Cristiandad que enseño tradiciones
religiosas falsas, filosofía mundana y enseñanzas que no se basaban en la
Palabra de Dios” (La Atalaya 1 de Mayo de 1991)
Todas estas sectas, salvadoras de la
Palabra, según su propio juicio, desmienten a Yehshua cuando le aseguró a Kefa
que las puertas del Hades no prevalecerán contra su congregación, contra su
ekklesía (Mat. 16:18) ¿Aceptan todo lo recogido en la Biblia como palabra de
Dios, como la única verdad? Entonces por qué creen que el cristianismo no pudo
subsistir libre de las influencias del Maligno y se dejó corromper por su
influencia. “las puertas del Hades, del infierno, del demonio, ─ o como quieran
definir palabra Hades ─, no perdurarán, no subsistirán” contra la ekklesía (o
congregación o pueblo de Dios) que quería Yehshua levantar.
En el libro Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, la particular
biblia de los Testigos de Jehová, esta perícopa es traducida de la siguiente
manera:
También,
yo te digo a ti: Tú eres Pedro, y sobre esta masa rocosa edificaré mi
congregación, y las puertas del Hades no la subyugarán.
Según como definen al Hades[1],
no como “infierno”, no como lugar de tinieblas, sino equivalente al She’ol, el
lugar de los muertos, al “lugar con la muerte de la que se puede resucitar”
esta perícopa podría leerse también de esta manera: “También, yo te digo a ti:
Tú eres Pedro, y sobre esta
masa rocosa edificaré mi congregación, y las puertas del “lugar con la muerte de la que se puede resucitar” no la subyugarán”.
No tiene sentido. Esta digresión tiene solo el propósito de demostrar las
insensateces presentes en las doctrinas de esta secta.
Algo
más. Esta tesis del inicio de la gran apostasía a partir del siglo II nos puede
hacer pensar que Dios se cruzó de brazos permitiendo que tantas almas se
perdieran en el engaño en que habían vivido. Es inaceptable que Dios esperara
1719 años para elegir como salvador de las almas a José Smith fundador de los
mormones; o que hubiera tenido que aguardar 1762 años para iluminar a la
humanidad con la fundación del adventismo; o se retardara 1780 años para darle
las llaves de la salvación del mundo a Charles Taze Russell fundador de la Watch Tower Bible and Tract Society of
Pennsylvania y dejar en el abandono a los pobres cristianos engañados por
los apóstatas durante 1830 años, hasta que, finalmente se revelara a los
elegidos de los elegidos, a los que formaran los 144000 que han de gobernar el
mundo junto a Kristo por mil años, los Testigos de Jehová. ¡Qué gran descuido
de Dios con su pueblo!
El cristianismo- paulista
¿Qué
se conoce de las enseñanzas de los apóstoles? ¿Qué escrito recoge la
predicación de Andras, el hermano de Kefa; o de Filíppos, Netan’el Barptolomé, Ya’akov
el de Alfeo (Santiago), Yehudah Tadeo y Shimón Cananeo o el zelote? ¡Nada, solo
lo que dice la tradición! Apenas se conoce lo predicado por Kefa y muy poco de
Tadeo y de Santiago (Ya’akov) el menor, y lo que aparece en el Nuevo Testamento
de estos dos últimos, sus epístolas, se duda que sea de su autoría.
Solo
Paulo resalta como apóstol sin haber sido discípulo de Yehshua, gracias a la
labor de Loukás por medio del libro Hechos de los Apóstoles. De Paulo se
conocen un número importante de cartas reconocidas como suyas la Epístola a los
romanos, la Primera y la Segunda epístola a los corintios, la Epístola a los
gálatas, la Epístola a los filipenses, la Primera epístola a los tesalonicenses
y la Epístola a Filemón; el resto son consideradas pseudoepigráficas.
Toda
la teología de Paulo de Tarsos se distingue por su concepción de fariseo
cristianizado y por sus prejuicios machistas y misóginos, sin dejar de aportar
algunas enseñanzas útiles para la doctrina cristiana. Dentro de las prácticas
fariseas de Paulo, las congregaciones cristianas se organizaron jerárquicamente
bajo el control de los presbytes (ancianos) al uso de las sinagogas judías,
episkopos (vigilantes, obispos) y diakonos (diácono o servidor). El
clericalismo se debió a la ingente labor paulina; ese clericalismo que los
restauracionistas consideran como origen de la apostasía.
El
cristianismo, tal como se conoce actualmente es cristianismo paulista.
Por
otra parte, Paulo de Tarso desconoció la autoridad de los apóstoles de Yehshua.
Así lo dijo en Gálatas 1:11-12, 15-17:
“Quiero
que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los
hombres, porque yo no la recibí ni
aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Yehshua Kristo (…) Pero cuando
Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su
gracia, se complació en revelarme a su
Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre y sin subir a
Yerushaláyim para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a
Arabia y después regresé a Damasco”.
Paulo
dice no necesitar aprender nada de los apóstoles y, tal como hacen hoy los
restauracionistas, se declara como iluminado, elegido desde el seno de su madre,
y directamente instruido por Dios para
“revelarle” a su Hijo. Más adelante, en esa misma epístola reafirma su
desprecio hacia los apóstoles cuando dice:
Gálatas
2: 6-8: “En cuanto a los que eran reconocidos como personas importantes —aunque no me interesa lo que fueran, porque
Dios no juzga por las apariencias—, no
me impusieron nada nuevo. Al contrario, reconocieron que a mí se me
había encomendado predicar el evangelio a los gentiles, de la misma manera
que se le había encomendado a Pedro predicarlo a los judíos. El mismo Dios que
facultó a Kefa como apóstol de los judíos me facultó también a mí como apóstol
de los gentiles”.
En la carta primera a los corintios, él se
proclama “como el más pequeño de los apóstoles”, pero reclamando haber
trabajado más que los apóstoles:
1Co
15:9-10: “Porque yo soy el más pequeño de los
apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la Iglesia
de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y
su gracia hacía mí no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos…”
Como muy instruido fariseo, Paulo en sus
escritos hace amplio uso de citas de la Tanaj extraídas de la versión griega de
la Septuaginta; en cambio no cita ninguna de las frases pronunciadas por
Yehshua y no las cita porque no las conocía y porque, sencillamente no recibió
enseñanzas de los apóstoles o de los numerosos discípulos de Yehshua, los
cuales no les interesaba para nada aunque fueran “personas importantes”.
Es que hasta los hombres santos cometen
errores y están sometidos a pasiones, nadie escapa a las trampas que nos ponen
nuestra mente y nuestro ego en cada situación de la vida en que nos
encontremos; y Paulo era primero hombre antes que santo. Solo Dios nos juzga y
su juicio es certero.
Tras
la muerte del último apóstol, Yojanán, el cristianismo continuó por las sendas
trazadas por Paulo en Anatolia, Grecia e Italia y así continuó hasta el 313 con
el Edicto de Milán y el Primer Concilio de Nicea en el año 325.
Si
hubo una gran apostasía, entonces, se podría decir que comenzó en la fecha de
redacción de la carta a los gálatas. Pero la gran apostasía es solo delirio de
milenaristas y de líderes carismáticos y fundamentalistas; líderes que
promueven la apostasía de los fieles de otras congregaciones cristianas y
maldicen como apóstatas a los que abandonan sus filas.
Los fundamentos de la gran
apostasía
Los
predicadores alarmistas de la apostasía se fundan en algunas citas del Nuevo
Testamento. Entre las citas favoritas, las principales son: Loukás 18:8; 1
Tesalonicenses 5:9-11, 2Timoteo 4:3‐4 y, principalmente 2 Tesalonicenses. 2:3-5.
Analicemos
cada una de estas citas:
Loukás 18:8: Pero, cuando el Hijo del hombre venga,
¿encontrará la fe sobre la tierra? Esta inquietante pregunta aparece al
final de la parábola sobre el juez injusto y la viuda, donde Yehshua explica la
importancia de orar con insistencia para alcanzar el favor de Dios (Lc 18: 1-
8) Esta parábola solo es citada por Loukás, ningún otro de los evangelios
sinópticos la refiere. Loukás no conoció a Yehshua personalmente, sus
conocimientos sobre los dichos y hechos de Yehshua aparentemente los pudo
obtener mediante un proceso de investigación particular entre los que habían
tenido contacto directo con el Rabbi y a través de la consulta de muchos de los
posibles y ahora desconocidos escritos que intentaban “relatar ordenadamente
los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros”.
(Lc 1:1-4) Muchos han tratado de relatar ordenadamente
los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron
transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y
servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo
desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo
Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las
enseñanzas que has recibido.
La
pregunta que en el texto parece atribuida a Yehshua ningún otro evangelista la
cita, y esto resulta sospechoso, que ni siquiera Mattai, que fuera discípulo de
Yehshua la recogiera y que omitiera una pregunta con tanto valor doctrinal o
catequético. Tampoco es recogida por Yojanán, el discípulo más cercano a
Yehshua, tanto que a él encomendó el cuidado de su madre.
Si
se analiza adecuadamente el texto, esta interrogante solo tendría sentido si se
enmarcara dentro de los comentarios de Yehshua sobre las señales de los
“últimos tiempos” y de la parusía (Loukás 21:5-28,31-36), y absolutamente fuera
de lugar cuando el texto se refiere al valor de la oración insistente. En
conclusión, no debe aceptarse categóricamente que la pregunta fuera pronunciada
por Yehshua y, lo más probable es que se trata de una apostilla de Lucas
agregada al texto; una simple y sencilla acotación al escrito que hace el
evangelista donde es él quien se pregunta: “Pero,
cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?”
1 Tesalonicenses 5:9-11: “Dios no nos ha
puesto para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor
Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que vigilemos, o que
durmamos, vivamos juntamente con él. Por lo cual, animaos unos a otros y
edificaos unos a otros, así como lo estáis haciendo”.
Algunos
ven en estas primeras palabras, “Dios no nos ha puesto para ira” una referencia
a la gran tribulación: “Dios no nos ha puesto para ‘la gran tribulación’, sino para alcanzar salvación”; porque la gran
tribulación es un supuesto hecho posterior a la gran apostasía, y por causa de
esa apostasía, creen los catastrofistas del restauracionismo, se desencadenarán
los años de horror de la gran tribulación. Para evadir la ira de Dios se
requiere la restauración para “vivir juntamente con Kristo” y esto se logra
“animándonos unos a otros y edificándonos unos a otros” dentro, por supuesto,
de los Testigos de Jehová, o dentro de los adventistas, o dentro de los
mormones.
Pero
Paulo no está advirtiendo sobre el peligro de la gran tribulación. Él le dice a
los creyentes en Kristo: “ustedes no son llamados a la ira, a la condenación
divina, sino para alcanzar la salvación que proviene de Kristo confiando en él
siempre (ya sea que vigilemos, o que
durmamos) y animándonos y edificándonos en comunión con él.
El
complemento a estas opiniones se busca en la pseudoepigráfica Segunda carta a
los tesalonicenses 1:6-10:
“…será en el día en
que el Señor Yehshua aparezca con sus ángeles poderosos, viniendo del cielo
entre llamas de fuego. Vendrá para castigar a los que no reconocen a Dios ni
obedecen al evangelio de nuestro Señor Yehshua. Estos serán castigados con destrucción eterna, y
serán arrojados lejos de la presencia del Señor y de su gloria y poder, cuando
el Señor venga en aquel día entre su pueblo santo y admirado por todos los
creyentes; pues ustedes han creído en el testimonio que les dimos”.
La
tribulación de la que hablara Yehshua y que sería acortada por causa de los
escogidos, era la tribulación de Yerushaláyim durante el sitio impuesto por
Tito, cuando el Templo fue destruido. Así queda claro en lo que dice
refiriéndose a esa gran tribulación: “De
cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”
(Mat 24:34)
Pero
también habló de otra tribulación, no la gran tribulación, para antes del
regreso del Hijo del Hombre quien “enviará
sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro
vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.
Yehshua
les habló a sus apóstoles advirtiéndoles que serían despreciados, perseguidos y
llevados ante los tribunales. “Si a mí me
han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra,
también guardarán la vuestra” (Yojanán 15:20). Si, el cristiano ha de
enfrentar momentos de aflicción, vejado, atacado y hasta perseguido por
mantenerse en la Palabra; por esto Yehshua advirtió a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí
tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al
mundo” (Yojanán 16:33).
2Tm 4,3‐4: “Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina
sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de
maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se
volverán a las fábulas”.
Estos
dos versículos tomados fuera del contexto en que fueran redactados pueden generar múltiples interpretaciones, según
la intención de quien les use. Pueden referirse a las causas que originaron la
gran apostasía; pueden referirse para atacar a los maestros del catolicismo
tras el Concilio de Nicea; pero también pueden referirse a los eternos
fundadores de sectas, un montón de maestros que apartarán los oídos de los
creyentes “de la verdad” y hacerles volver a las fábulas.
Digamos
primero que las dos cartas a Tito en realidad se deben clasificar como
pastorales que dan instrucciones a seguir en cuanto al ministerio dentro de las
congregaciones. Aunque muchos la aceptan como propias de Paulo, existen suficientes
evidencias que los críticos aducen para declararlas como pseudoepigráficas que
intentan imitar el estilo del gran predicador.
En
definitiva sea o no Paulo el autor de estas dos pastorales estas se enmarcan
dentro del tiempo del autor y no se refieren al periodo de los últimos tiempos.
Así el autor de la Segunda carta le advierte a Timoteo:
2 Tim 3:1-5:
“Quiero que sepas que en los últimos tiempos sobrevendrán
momentos difíciles. Porque los hombres serán egoístas, amigos del dinero,
jactanciosos, soberbios, difamadores, rebeldes con sus padres, desagradecidos,
impíos, incapaces de amar, implacables, calumniadores, desenfrenados, crueles,
enemigos del bien, traidores, aventureros, obcecados, más amantes de los
placeres que de Dios; y aunque harán ostentación de piedad, carecerán realmente
de ella. ¡Apártate de esa gente!”
Aunque comienza diciendo que “en los
últimos tiempos sobrevendrán momentos difíciles”, la exhortación final:
“¡Apártate de esa gente!”, demuestra que se está refiriendo en presente todo lo
expresado. Así es posible colegir que este llamado a los últimos tiempos se
puede expresar en presente diciendo: “en estos últimos tiempos”.
Volviendo a lo dicho en 2Tm 4,3‐4, el autor le aclara a Timoteo que
llegará el tiempo cuando los hombres no soportarán la doctrina sana, apartarán
sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. ¿Se está refiriendo
supuestamente a la gran apostasía? ¡De ningún modo! Timoteo está en Ephesos, la
ciudad donde se erigía el gran templo de Diana y tenía que esforzarse frente a
los paganos. Muchos de los griegos conversos en Ephesos provenían del paganismo
y muchas enseñanzas torcidas aparecían entre los efesios. Así que el autor de
la pastoral le recomienda a Timoteo que esté preparado con las enseñanzas de
las escrituras que le serán de utilidad
“para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”
(2 Tim 3:16-17).
Ya Paulo cuando peregrinó a Yerushaláyim
en una escala que realizara en Mileto, no queriendo pasar por Ephesos, convocó
a los presbites para advertirles que cuidaran de ellos mismos y de toda la
congregación, diciéndoles, además:
“Sé que después de mi
partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al
rebaño. De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas
e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí” (Hechos 20:28-30)
La carta que se le envía a Timoteo se
enmarca en esa misma preocupación: la posibilidad de que lobos voraces, los
maestros que enseñarán doctrinas falsas para apartar a aquellos de los
cristianos de Ephesos que, movidos por sus propias pasiones, se dejarán
conducir de regreso a las fábulas, es decir al paganismo tan acendrado en
aquella sociedad de Ephesos. Ciertamente se trata de evitar una apostasía entre
los efesios recién convertidos al cristianismo.
2 Tesalonicenses. 2:3-5: “Que nadie en modo
alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el
hombre del pecado, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo
lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y
proclamarse Dios a sí mismo. ¿No recordáis que estando entre vosotros ya os
decía esto?”
Esta carta es del todo evidente que no fue
escrita por Paulo ya que lo desautoriza en el sentido de que la parusía, el Día
del Señor estaba cercano. El pseudopaulo dice al respecto:
2 Tesalonicenses 2:2: “…no
os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por
espíritu, ni por palabra, ni por carta
como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca”.
Paulo, siempre creyó que el Tiempo de los
Tiempos estaba próximo, lo que se evidencia precisamente en la Primera carta a
los tesalonicenses, documento que todos los estudiosos declaran como de su
legítima autoría. En esta carta (4:15-17) Paulo da a entender que la parusía
estaría cercana, tanto que aparentemente él esperaba ser testigo de ella. Así
dice:
“Os decimos eso como Palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor no
nos adelantaremos a los que murieron. El Señor mismo, a la orden dada por la
voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que
murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos
arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y
así estaremos siempre con el Señor”.
Por tanto no vale nada tomar en
consideración, ni aceptar como profecía inspirada la declaración de un
impostor. Por otra parte, aunque la carta fuera verdaderamente paulina, habría
que preguntarse de dónde sacó la idea del “el hombre del pecado, el hijo de la
perdición” que ha de “sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a sí
mismo”. Yehshua habló de los tiempos finales cuando él regresaría para juzgar a
vivo y muertos (parusía) y habló de las señales que anunciarían ese
acontecimiento. Habló, ciertamente de falsos profetas y de falsos Mashíajs;
pero nunca hizo referencia a un hombre tenebroso que se proclamaría Dios y se
sentaría como tal en el Templo. Yehshua incluso predijo la destrucción del
Templo anunciando que la generación a la que él pertenecía sería testigo de la
gran tribulación que se viviría en Yerushaláyim (Jerusalén); y si predijo la
destrucción del Templo, ¿cómo alguien puede hablar de un hijo de la perdición
que se sentaría en el Templo de Dios para proclamarse a sí mismo como Dios?
¿Cuál es ese Templo de Dios? Si dicen que
es el Vaticano, donde quizá un anti papa se entrone, entonces estarán aceptando
que el catolicismo es guardián del Templo de Dios. Esto sería una contradicción
total con los criterios de los restauracionistas que ven al catolicismo, al
Vaticano, como la ramera de la gran Babilonia.
Amarrados a la interpretación de las
escrituras e inspirados en los extravíos del Apocalipsis, estos mercaderes de
la Palabra dejan de ser ministros suficientes de la verdad de Kristo y
abandonan la vitalidad del Espíritu. 2Co
2:6: “Dios nos hizo que fuésemos ministros suficientes del Nuevo Testamento, no de la letra, sino del
Espíritu; porque la letra mata, pero
el Espíritu vivifica”.
Los
apóstatas del cristianismo
Apóstatas
dentro del cristianismo son todos aquellos que siguen la doctrina de Arrio y
niegan la divinidad de Kristo. Como Dios, Kristo fue llamado por Tau’ma (Tomás)
al decirle: “Señor mío y Dios mío”.
Señor mío, es decir, “Adonai” el título reservado al Dios del Universo entre
los judíos (Yojanán 20:28). En el texto griego de Yojanán se dice: Ὁ
Κύριός μου (O Kirios moy- el
Señor mío); καὶ ὁ Θεός
μου (kai o Theós moy- y el Dios mío).
Ignacio
de Antioquía, discípulo de Yojanán Evangelista, cuyos escritos están próximos
en el tiempo a la redacción de los evangelios, denomina a Kristo como “nuestro
Dios” y hace referencia a la “sangre de Dios”, y dice:
“Sólo hay un médico, de la carne y del espíritu, engendrado y no
engendrado, Dios en el hombre,
verdadera Vida en la muerte, hijo de María e Hijo de Dios, primero pasible y
luego impasible: Jesucristo nuestro
Señor”. (Carta a los efesios).
Justino
que fuera martirizado hacia el año 165 afirma sobre Kristo:
“engendrado antes de las criaturas,
cuando (el Padre) al principio creó y ordenó por medio de él todas las cosas—se
le llama Cristo a causa de su unción (…) que es Dios por voluntad del Padre, su Hijo, ángel que le sirve según
sus designios (…) Cristo es Señor y Dios,
Hijo de Dios”.
Ireneo de Lyon (130-202 o 203) en su Teología habla de Kristo presentándolo
como Dios:
“Hemos mostrado a partir de las Escrituras, que absolutamente ninguno de
los hijos de Adán puede ser llamado Dios o Señor en sentido propio, pero que Cristo, al contrario de todos los
hombres que jamás existieron, es
anunciado por todos los profetas y los apóstoles y por el mismo Espíritu como Dios en sentido propio, y Señor, y
Rey eterno, Hijo Único y Verbo encarnado: lo cual puede comprobar cualquiera
capaz de alcanzar aún una pequeña parte de la verdad”.
Apóstatas son los que niegan que Dios es
uno y, al mismo tiempo, trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así lo creían los
cristianos antes del Concilio de Nicea. Justino lo pone de manifiesto cuando
explica el método de bautizo que se aplicaba en el Siglo II: “…se someten al baño por el agua, en el nombre del Padre de todas las
cosas y Señor Dios, y en el de nuestro
salvador Jesucristo y en el del
Espíritu Santo (...) Este baño se
llama iluminación (...) Y el que es así iluminado, se lava también en el nombre de Jesucristo, el que fue
crucificado bajo Poncio Pilato, y en el
nombre del Espíritu Santo, que nos anunció previamente por los profetas
todo lo que se refiere a Jesús”.
En su apología del cristianismo, Atenágoras
de Atenas, maestro del Siglo II nos dice:
“Así. pues, suficientemente queda demostrado que no somos ateos, pues
admitimos a un solo Dios... ¿Quién, pues, no se sorprenderá de oír llamar ateos
a quienes admiten a un Dios Padre ya un
Dios Hijo y un Espíritu Santo, que muestran su potencia en la unidad y su
distinción en el poder?” (Súplica, X).
Esto es lo que creían los cristianos de
los primero tiempos, antes de que el cristianismo fuera legalizado por Roma en
el 313; enseñanzas de discípulos directos de los apóstoles y de sus discípulos.
Los que niegan al Dios uno y trino, viven
en el engaño y propalan el engaño. No han podido penetrar en la inmensidad
espiritual de Dios. Dios no son tres personas, esto es cierto, porque persona
solo es el ser humano como identidad individual, con conciencia y voluntad.
Dios es más que persona; Él es una identidad en tres manifestaciones; es El
Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. Tres identidades reconocibles, sin
diferencia de estado ni de gracia, ni de substancia ni de forma, ni de potestad
ni de especie, pues son de una misma sustancia, y de un grado y de una
potestad. El Padre es la Voluntad y la fuerza generadora; El Hijo es la Palabra
poderosa de Dios; El Espíritu Santo es la Sabiduría. Estas Tres manifestaciones
constituyen una sola y complementaria Unidad: La Suprema Inteligencia como amor infinito, bondad sin
discusión, justicia y sabiduría inalcanzable. Uno y Trino.
Alertas ante las profecías
escatológicas
Estemos alertas. Así nos recomendó
Yehshua. Alertas y con el entendimiento prevenido para no dejarnos llevar por
anuncios tremebundos de arrebatos, de días de ira y tribulación y la amenaza de
un Harmagedón cuando descenderán los ángeles para degollar y cortar cabezas.
Estemos despiertos y sin dejarnos quitar el sueño por maestros alienados que
nos dicen “¡Ya estamos en el fin de los tiempos! ¡Ya viene o ya llegado) Kristo
para lanzar maldiciones contra los pecadores!
En verdad ya han aparecido falsos profetas
─ aunque desde los inicios del cristianismo no han dejado de haber falsos
profetas ─ que despreciando lo afirmado por Yehshua se atreven a anunciar la
llegada del fin. Los nuevos “profetas”, los nuevos “iluminados”, los que ahora
se dicen escuchar la voz de Dios ordenándoles emprender una nueva cruzada
llamada restauración elevan su voces cargadas de fuego, como el fuego de la
Gehena para aterrarnos.
Cuidado con estos mensajeros
escatológicos. Cuidado con sus profecías abiertas a la espera de su
cumplimiento quizá en los días presentes, quizá en un futuro inminente del cual
no se conoce a cuantos años llega su inminencia. Desde el gran chasco de
William Miller (1782-1849), el padre del Adventismo quien aseguró que el
regreso de Kristo se produciría en 1843: “Yo creo ─ informó el visionario que la segunda venida de Jesucristo está
cerca, casi en puerta, aún dentro de veinte años, o antes de 1843”, hasta la
fallida profecía de Charles Taze Russell, padre de los actuales Testigos de
Jehová que aseguró que los tiempos de los gentiles habían terminado y Kristo
regresaría en 1914 para establecer su reino milenario sobre la tierra. Todos
han resultado ridículos; sin embargo ante el estrepitoso fallo de sus
predicciones, han sabido “dorar la píldora” para engañar incautos y mantener a
sus seguidores dentro de la apostasía.
Efectivamente, tras la no aparición de
Kristo ni se produjo la resurrección de los patriarcas del Antiguo Testamento
los Testigos de Jehová inventaron el bulo del retorno invisible de Kristo: “aunque fue invisible a los ojos humanos, en
octubre de 1914 sucedió en el cielo un acontecimiento de trascendencia mundial.
Jesucristo, el Heredero permanente del “trono de David”, comenzó a gobernar
como Rey sobre toda la humanidad”.
No estamos en los últimos tiempos; Dios no
pretende destruir el planeta; no desea desatar sobre gran parte de la humanidad
un terrible cataclismo; porque Dios no eligió a la raza humana para perdición
sino para que tuviera vida eterna. Así lo expresó el profeta Yejezquel
(Ezequiel):
“¿Acaso me complazco yo en la muerte del impío ─ declara el Señor DIOS ─
y no en que se aparte de sus caminos y viva?” (Ez 18:23)
Yo me pregunto y me respondo: ¿Estoy
inspirado por el Espíritu Santo para creer que el Tiempo de los Tiempos aún
está distante y que ni esta ni la próxima generación lo verá? No, no he
recibido revelación del Espíritu Santo; pero así lo creo porque todavía no se
cumplen las manifestaciones que se anunciaron para su llegada. Rumores de
guerra se escuchan y las dos guerras mundiales que ha sufrido la humanidad se
corresponde con la profecía de Yehshua de que se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Sin
embargo hubo guerras en tiempos pasados que involucraron a varias naciones; así
ocurrió en la Guerra de los Siete Años entre 1756 y 1763 y se vieron
involucrados los reinos de Prusia, Gran Bretaña, Hanóver y Portugal coaligados
contra Sajonia, el Imperio austríaco, Francia, el Imperio ruso, Suecia, y España.
Antes entre 1618 y 1648, se levantaron en campaña de guerra muchos reinos e
imperios de Europa; y hasta después de la Reforma hubo numerosas guerras de
carácter religioso.
Cierto es que también se han producido
hambrunas y poderosos terremotos, pero las hambrunas han existido a lo largo de
la historia de la humanidad y los desastres geológicos no han dejado de ocurrir
en todos los tiempos y en todos los continentes.
Pero estas señales anunciadas por Yehshua
en Marcos 13:8, no son aquellas que el viera y anunciara para advertencia
nuestra. Tendrá que producirse un
conflicto militar de tal envergadura que no quede nación ni continente fuera de
su radio de acción; el hambre tendrá que sacudir a gran parte de los pueblos del mundo en tal grado como nunca
antes se conociera. Esto será inicio de tribulación, cuando todos se sientan
afectados.
Es el hombre quien labra su futuro; él
mismo desencadenará la furia de los elementos si continúa envenenando la atmósfera,
los mares y la tierra con el empleo descontrolado de sustancias químicas; con
la feroz explotación de los recursos forestales; con sus ansias sin límites de
poder y dominio; con la entrega a las drogas de niños y adolescentes. Cuando
todo esto se produzca será el Tiempo de los Tiempos.
No obstante debemos mantenernos alertas
porque ni siquiera con certidumbre real. Quizá, cualquier día a cualquier hora
ya sea de día ya de noche se impacte un poderoso meteorito contra el planeta
provocando un descomunal cataclismo. Por tanto sigamos el consejo dado por el
Salvador en Marcos 13,33-37:
“Estén despiertos y vigilantes: pues no saben ustedes cuándo llegará el momento. Es igual que un hombre que se fue de
viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al
portero que vigilara. Estén atentos, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la
casa, si al atardecer, o a media noche, o al canto del gallo, o al amanecer; no
sea que venga inesperadamente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: ¡estén vigilantes!”
Seguir el consejo ofrecido en Loukás 12:39-40:
“Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el
ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos
pensada”.
Tengamos bien presente lo que Kefa nos
advierte en 2 Kefa 3:10:
“Sin embargo, el Día del Señor
llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán
estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra,
con todo lo que hay en ella, será consumida”.
No seamos mercaderes de la Palabra, ni alimentemos
nuestra vanidad con palabras de temor; porque tal y como se lee en 2Co 2:17: “no somos como muchos, mercaderes falsos de
la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de Dios, delante de Dios,
hablamos de Kristo”.
[1] Cuando aprendemos lo que enseña la Biblia acerca de la
resurrección, entendemos mejor qué es el Seol o Hades. La Palabra de Dios relaciona este lugar con la muerte de
la que se puede resucitar (Job 14:13; Hechos 2:31; Revelación [Apocalipsis]
20:13). * También indica que allí están tanto los que sirvieron a Jehová como
muchos que no lo hicieron (Génesis 37:35; Salmo 55:15). Por eso asegura que
habrá “resurrección así de justos como de injustos” (Hechos 24:15). (Definición
de los Testigos de Jehová)

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