domingo, 2 de agosto de 2015

Sobre la “Gran Apostasía”


Mucho está de moda esto de la Gran Apostasía, cuantas elucubraciones se hacen al respecto y cuantas idioteces se dicen en torno a esta terrible, estremecedora y angustiante categoría. Bandera es que enarbolan con ardor apocalíptico las sectas llamadas a sí mismas restauracionistas. Sectas, difícilmente catalogables como verdaderamente cristianas, que se consideran, cada una de ellas, ser elegidas por el Dios del Universo como las ordenadas para restaurar el cristianismo a su prístino origen y liberarle de la maldición a la que se aboca por la gran apostasía de todas las congregaciones cristianas a excepción de ellas, las restauradoras.

El significado de apostasía es la negación o la abjuración a las doctrinas de un credo o de una religión. Proviene del griego Ἀποστασία, vocablo compuesto de dos expresiones, απο (apo), que significa “fuera de”, y στασις (stasis), que significa “colocarse”; es decir, “ponerse, colocarse afuera”; pero también, “apartarse”, “deserción”, “revuelta” y “salida”.

Apostasía y apóstatas

Apostasía y apóstatas ha habido en todos los tiempos. Creyentes y ateos han convivido por siglos. Para los judíos el surgimiento del cristianismo debió considerarse como una gran apostasía, se abandonaba la ley mosaica por un nuevo pacto. Los pogromos que los cristianos en muchas partes realizaron contra los judíos y la persecución nazi antisemita que originó  el gran holocausto, ¿acaso no sería sentido por los judíos como la “gran tribulación”?

El anuncio de la gran apostasía se plantea dentro de la comunidad cristiana y solo dentro de ella; ¿no cuentan para nada los musulmanes que son estrictamente monoteístas y su fundador se inspiró en la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, para confeccionar el Corán pero atribuyéndolo a revelaciones que le concediera Dios por medio del ángel Gavri’el?

Paulo, tan citado en los argumentos de los partidarios de la gran apostasía, ni pasó, ni pudo pasarle por la mente que 555 años después de su muerte surgiría el Islam que, con el correr de los años, arrancaría territorios cristianos para unirlos a sus doctrinas y gobierno, aquello constituiría una gran apostasía cuando los de fe cristiana se convirtieron al Islam triunfante; como tampoco tuvo la iluminación de ver el surgimiento del islamismo terrorista con su más distintivo grupo del Estado Islámico (ISIS) que, cual el temido anticristo, se ha propuesto destruir y dominar al mundo cristiano sin detenerse para masacrar a los cristianos. Realmente, Paulo “profetizaba” para su tiempo, al que consideraba como inminencia del retorno de Kristo. Debe considerarse también que la profecía atribuida a Paulo sobre la apostasía y la llegada del “hijo de la perdición” aparece en la Segunda Epístola a los tesalonicenses (2:3-5), un documento que ha quedado demostrado no es de la autoría del incansable predicador fariseo-cristiano Paulo de Tarso.   
        
Yojanán, el apóstol advierte en su Epístola Universal (2:18-19) sobre la apostasía de los que él denominó anticristos:

Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros”.

Hay apostasía cuando los fieles de un credo se separan del mismo, se ponen aparte y reniegan de ese credo o conforman una nueva congregación doctrinal. Así, la Reforma Protestante constituyó apostasía, porque salieron del catolicismo y se opusieron a sus doctrinas. Lutero fue un apóstata, suena mal pero es lo que es. Las comunidades dentro del universo del protestantismo han conocido numerosas apostasías que dieron origen a nuevas comunidades. Cada una de estas apostasías parciales se justificaba con la pretendida idea de renovación o reforma de la congregación originaria de la cual los reformadores se habían separado.

Los que anuncian la gran apostasía

Entre los restauracionistas que predican la existencia de la gran apostasía, se encuentran los adventistas y las sectas Los Santos de los Últimos Días (mormones), los Testigos de Jehová y La Luz del Mundo. Los restauracionistas consideran que el cristianismo se ha corrompido por influencias paganas y por el compromiso que contrajo con el mundo, alejándose de este modo de la congregación (ἐκκλησία - ekklesía) instituida por Yehshua; es decir se abrazó a la apostasía que deformó toda la doctrina del verdadero y legítimo cristianismo. El restauracionismo es una nueva corriente, pretendida como el verdadero cristianismo, surgida en los Estados Unidos del siglo XIX.

Todas estas sectas coinciden en un punto: “la apostasía ya ocurrió”; sin embargo como señala José Miguel Arráiz en Apologética católica, “no se ponen de acuerdo exactamente en qué momento comenzó. La gran mayoría son partidarios de ubicarla cuando el emperador romano Constantino el Grande concedió libertad de culto a los cristianos en el Edicto de Milán (año 313 d. C). Otros más osados señalan una fecha mucho más temprana, llegando incluso a ubicar su comienzo con la muerte del último apóstol”.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) considera que la gran apostasía ha tenido un tiempo limitado, comenzó tras la muerte de los apóstoles y concluyó cuando en 1820 su fundador José Smith recibió la revelación directamente, nada menos que del “Padre Celestial y Su Hijo Amado”, dando inicio así “a la restauración de la plenitud del Evangelio”.

Los adventistas inspirados en los delirios de su afamada profetisa Elena de White, hablan de un alfa y un omega de la apostasía: “Una cosa segura pronto a ser realizado, es la gran apostasía, la cual se está desarrollando, va incrementado y creciendo más fuerte. Continuará haciéndolo hasta que el Señor descenderá del cielo con un grito“. La gran apostasía comienza cuando el cristiano, según los adventistas, se aparta de las leyes judaicas de la obediencia del sábado y de las prohibiciones sobre alimentos. La observancia del sábado es la señal del creyente verdadero. La “marca de la bestia” corresponde a los que observan el domingo en lugar del sábado. ¿Habrá idiotez mayor? 

Para los Testigos de Jehová, la gran apostasía se inició tras la muerte del último apóstol, es decir de Yojanán, quien se cree murió posiblemente en el año 101. A partir de esa fecha, el cristianismo se corrompió con las prácticas y modelos del paganismo. Entonces, cuando las congregaciones cristianas comenzaron a organizarse en cuerpo jerárquico apareció “el hombre del pecado, el hijo de la perdición” que se menciona en 2 Tesalonicenses. 2, 3-5, una carta falsamente atribuida a Paulo de Tarso, y que ellos con su particular traducción del griego denominan “el hombre del desafuero” y así se inició la gran apostasía, sin embargo, en el escrito de referencia no se califica esa apostasía, sencillamente se dice “ha de venir la apostasía”.

"No es difícil ver como la Cristiandad, compuesta de aquellos que solamente aparentan ser Cristianos sean víctimas del engaño. Los testigos de Jehová, por su parte, se separan por completo de la Cristiandad, una separación basada únicamente en la Palabra de Dios y en sus principios de verdad y justicia. Podemos estar seguros que en este tiempo de la siega de la que Jesús habló, no volverá a haber de nuevo apostasía masiva".

 “Una gran apostasía fue predicha y un misterio de desafuero estaba ya activo en el Primer Siglo de la Era Común. Con el tiempo, hombres que aceptaron puestos de responsabilidad en la congregación empezaron a enseñar doctrinas falsas. El lenguaje de ellos estaba lejos de ser puro. De esta manera apareció el hombre del desafuero; un grupo compuesto por el clero de la Cristiandad que enseño tradiciones religiosas falsas, filosofía mundana y enseñanzas que no se basaban en la Palabra de Dios” (La Atalaya 1 de Mayo de 1991)

Todas estas sectas, salvadoras de la Palabra, según su propio juicio, desmienten a Yehshua cuando le aseguró a Kefa que las puertas del Hades no prevalecerán contra su congregación, contra su ekklesía (Mat. 16:18) ¿Aceptan todo lo recogido en la Biblia como palabra de Dios, como la única verdad? Entonces por qué creen que el cristianismo no pudo subsistir libre de las influencias del Maligno y se dejó corromper por su influencia. “las puertas del Hades, del infierno, del demonio, ─ o como quieran definir palabra Hades ─, no perdurarán, no subsistirán” contra la ekklesía (o congregación o pueblo de Dios) que quería Yehshua levantar.

En el libro Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, la particular biblia de los Testigos de Jehová, esta perícopa es traducida de la siguiente manera:

También, yo te digo a ti: Tú eres Pedro, y sobre esta masa rocosa edificaré mi congregación, y las puertas del Hades no la subyugarán.

Según como definen al Hades[1], no como “infierno”, no como lugar de tinieblas, sino equivalente al She’ol, el lugar de los muertos, al “lugar con la muerte de la que se puede resucitar” esta perícopa podría leerse también de esta manera: “También, yo te digo a ti:

Tú eres Pedro, y sobre esta masa rocosa edificaré mi congregación, y las puertas del “lugar con la muerte de la que se puede resucitar” no la subyugarán”. No tiene sentido. Esta digresión tiene solo el propósito de demostrar las insensateces presentes en las doctrinas de esta secta.

Algo más. Esta tesis del inicio de la gran apostasía a partir del siglo II nos puede hacer pensar que Dios se cruzó de brazos permitiendo que tantas almas se perdieran en el engaño en que habían vivido. Es inaceptable que Dios esperara 1719 años para elegir como salvador de las almas a José Smith fundador de los mormones; o que hubiera tenido que aguardar 1762 años para iluminar a la humanidad con la fundación del adventismo; o se retardara 1780 años para darle las llaves de la salvación del mundo a Charles Taze Russell fundador de la Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania y dejar en el abandono a los pobres cristianos engañados por los apóstatas durante 1830 años, hasta que, finalmente se revelara a los elegidos de los elegidos, a los que formaran los 144000 que han de gobernar el mundo junto a Kristo por mil años, los Testigos de Jehová. ¡Qué gran descuido de Dios con su pueblo!

El cristianismo- paulista

¿Qué se conoce de las enseñanzas de los apóstoles? ¿Qué escrito recoge la predicación de Andras, el hermano de Kefa; o de Filíppos, Netan’el Barptolomé, Ya’akov el de Alfeo (Santiago), Yehudah Tadeo y Shimón Cananeo o el zelote? ¡Nada, solo lo que dice la tradición! Apenas se conoce lo predicado por Kefa y muy poco de Tadeo y de Santiago (Ya’akov) el menor, y lo que aparece en el Nuevo Testamento de estos dos últimos, sus epístolas, se duda que sea de su autoría.

Solo Paulo resalta como apóstol sin haber sido discípulo de Yehshua, gracias a la labor de Loukás por medio del libro Hechos de los Apóstoles. De Paulo se conocen un número importante de cartas reconocidas como suyas la Epístola a los romanos, la Primera y la Segunda epístola a los corintios, la Epístola a los gálatas, la Epístola a los filipenses, la Primera epístola a los tesalonicenses y la Epístola a Filemón; el resto son consideradas pseudoepigráficas.

Toda la teología de Paulo de Tarsos se distingue por su concepción de fariseo cristianizado y por sus prejuicios machistas y misóginos, sin dejar de aportar algunas enseñanzas útiles para la doctrina cristiana. Dentro de las prácticas fariseas de Paulo, las congregaciones cristianas se organizaron jerárquicamente bajo el control de los presbytes (ancianos) al uso de las sinagogas judías, episkopos (vigilantes, obispos) y diakonos (diácono o servidor). El clericalismo se debió a la ingente labor paulina; ese clericalismo que los restauracionistas consideran como origen de la apostasía.

El cristianismo, tal como se conoce actualmente es cristianismo paulista.

Por otra parte, Paulo de Tarso desconoció la autoridad de los apóstoles de Yehshua. Así lo dijo en Gálatas 1:11-12, 15-17:

“Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Yehshua Kristo (…) Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre y sin subir a Yerushaláyim para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco”.

Paulo dice no necesitar aprender nada de los apóstoles y, tal como hacen hoy los restauracionistas, se declara como iluminado, elegido desde el seno de su madre, y  directamente instruido por Dios para “revelarle” a su Hijo. Más adelante, en esa misma epístola reafirma su desprecio hacia los apóstoles cuando dice:

Gálatas 2: 6-8: “En cuanto a los que eran reconocidos como personas importantesaunque no me interesa lo que fueran, porque Dios no juzga por las apariencias—, no me impusieron nada nuevo. Al contrario, reconocieron que a mí se me había encomendado predicar el evangelio a los gentiles, de la misma manera que se le había encomendado a Pedro predicarlo a los judíos. El mismo Dios que facultó a Kefa como apóstol de los judíos me facultó también a mí como apóstol de los gentiles”.

En la carta primera a los corintios, él se proclama “como el más pequeño de los apóstoles”, pero reclamando haber trabajado más que los apóstoles:

1Co 15:9-10: “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la Iglesia de Dios.  Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia hacía mí no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos…” 

Como muy instruido fariseo, Paulo en sus escritos hace amplio uso de citas de la Tanaj extraídas de la versión griega de la Septuaginta; en cambio no cita ninguna de las frases pronunciadas por Yehshua y no las cita porque no las conocía y porque, sencillamente no recibió enseñanzas de los apóstoles o de los numerosos discípulos de Yehshua, los cuales no les interesaba para nada aunque fueran “personas importantes”.  

Es que hasta los hombres santos cometen errores y están sometidos a pasiones, nadie escapa a las trampas que nos ponen nuestra mente y nuestro ego en cada situación de la vida en que nos encontremos; y Paulo era primero hombre antes que santo. Solo Dios nos juzga y su juicio es certero.

Tras la muerte del último apóstol, Yojanán, el cristianismo continuó por las sendas trazadas por Paulo en Anatolia, Grecia e Italia y así continuó hasta el 313 con el Edicto de Milán y el Primer Concilio de Nicea en el año 325.

Si hubo una gran apostasía, entonces, se podría decir que comenzó en la fecha de redacción de la carta a los gálatas. Pero la gran apostasía es solo delirio de milenaristas y de líderes carismáticos y fundamentalistas; líderes que promueven la apostasía de los fieles de otras congregaciones cristianas y maldicen como apóstatas a los que abandonan sus filas.

Los fundamentos de la gran apostasía

Los predicadores alarmistas de la apostasía se fundan en algunas citas del Nuevo Testamento. Entre las citas favoritas, las principales son: Loukás 18:8; 1 Tesalonicenses 5:9-11, 2Timoteo 4:34 y, principalmente 2 Tesalonicenses. 2:3-5.

Analicemos cada una de estas citas:

Loukás 18:8: Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra? Esta inquietante pregunta aparece al final de la parábola sobre el juez injusto y la viuda, donde Yehshua explica la importancia de orar con insistencia para alcanzar el favor de Dios (Lc 18: 1- 8) Esta parábola solo es citada por Loukás, ningún otro de los evangelios sinópticos la refiere. Loukás no conoció a Yehshua personalmente, sus conocimientos sobre los dichos y hechos de Yehshua aparentemente los pudo obtener mediante un proceso de investigación particular entre los que habían tenido contacto directo con el Rabbi y a través de la consulta de muchos de los posibles y ahora desconocidos escritos que intentaban “relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros”.

 (Lc 1:1-4) Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.

La pregunta que en el texto parece atribuida a Yehshua ningún otro evangelista la cita, y esto resulta sospechoso, que ni siquiera Mattai, que fuera discípulo de Yehshua la recogiera y que omitiera una pregunta con tanto valor doctrinal o catequético. Tampoco es recogida por Yojanán, el discípulo más cercano a Yehshua, tanto que a él encomendó el cuidado de su madre.

Si se analiza adecuadamente el texto, esta interrogante solo tendría sentido si se enmarcara dentro de los comentarios de Yehshua sobre las señales de los “últimos tiempos” y de la parusía (Loukás 21:5-28,31-36), y absolutamente fuera de lugar cuando el texto se refiere al valor de la oración insistente. En conclusión, no debe aceptarse categóricamente que la pregunta fuera pronunciada por Yehshua y, lo más probable es que se trata de una apostilla de Lucas agregada al texto; una simple y sencilla acotación al escrito que hace el evangelista donde es él quien se pregunta: “Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?” 

1 Tesalonicenses 5:9-11: “Dios no nos ha puesto para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que vigilemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él. Por lo cual, animaos unos a otros y edificaos unos a otros, así como lo estáis haciendo”.

Algunos ven en estas primeras palabras, “Dios no nos ha puesto para ira” una referencia a la gran tribulación: “Dios no nos ha puesto para ‘la gran tribulación’, sino para alcanzar salvación”; porque la gran tribulación es un supuesto hecho posterior a la gran apostasía, y por causa de esa apostasía, creen los catastrofistas del restauracionismo, se desencadenarán los años de horror de la gran tribulación. Para evadir la ira de Dios se requiere la restauración para “vivir juntamente con Kristo” y esto se logra “animándonos unos a otros y edificándonos unos a otros” dentro, por supuesto, de los Testigos de Jehová, o dentro de los adventistas, o dentro de los mormones.

Pero Paulo no está advirtiendo sobre el peligro de la gran tribulación. Él le dice a los creyentes en Kristo: “ustedes no son llamados a la ira, a la condenación divina, sino para alcanzar la salvación que proviene de Kristo confiando en él siempre (ya sea que vigilemos, o que durmamos) y animándonos y edificándonos en comunión con él.

El complemento a estas opiniones se busca en la pseudoepigráfica Segunda carta a los tesalonicenses 1:6-10:

“…será en el día en que el Señor Yehshua aparezca con sus ángeles poderosos, viniendo del cielo entre llamas de fuego. Vendrá para castigar a los que no reconocen a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Yehshua. Estos serán castigados con destrucción eterna, y serán arrojados lejos de la presencia del Señor y de su gloria y poder, cuando el Señor venga en aquel día entre su pueblo santo y admirado por todos los creyentes; pues ustedes han creído en el testimonio que les dimos”.

La tribulación de la que hablara Yehshua y que sería acortada por causa de los escogidos, era la tribulación de Yerushaláyim durante el sitio impuesto por Tito, cuando el Templo fue destruido. Así queda claro en lo que dice refiriéndose a esa gran tribulación: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mat 24:34)

Pero también habló de otra tribulación, no la gran tribulación, para antes del regreso del Hijo del Hombre quien “enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”.

Yehshua les habló a sus apóstoles advirtiéndoles que serían despreciados, perseguidos y llevados ante los tribunales. “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra” (Yojanán 15:20). Si, el cristiano ha de enfrentar momentos de aflicción, vejado, atacado y hasta perseguido por mantenerse en la Palabra; por esto Yehshua advirtió a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Yojanán 16:33).

2Tm 4,34: “Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas”.

Estos dos versículos tomados fuera del contexto en que fueran redactados  pueden generar múltiples interpretaciones, según la intención de quien les use. Pueden referirse a las causas que originaron la gran apostasía; pueden referirse para atacar a los maestros del catolicismo tras el Concilio de Nicea; pero también pueden referirse a los eternos fundadores de sectas, un montón de maestros que apartarán los oídos de los creyentes “de la verdad” y hacerles volver a las fábulas.

Digamos primero que las dos cartas a Tito en realidad se deben clasificar como pastorales que dan instrucciones a seguir en cuanto al ministerio dentro de las congregaciones. Aunque muchos la aceptan como propias de Paulo, existen suficientes evidencias que los críticos aducen para declararlas como pseudoepigráficas que intentan imitar el estilo del gran predicador.

En definitiva sea o no Paulo el autor de estas dos pastorales estas se enmarcan dentro del tiempo del autor y no se refieren al periodo de los últimos tiempos. Así el autor de la Segunda carta le advierte a Timoteo:  

2 Tim  3:1-5: “Quiero que sepas que en los últimos tiempos sobrevendrán momentos difíciles. Porque los hombres serán egoístas, amigos del dinero, jactanciosos, soberbios, difamadores, rebeldes con sus padres, desagradecidos, impíos, incapaces de amar, implacables, calumniadores, desenfrenados, crueles, enemigos del bien, traidores, aventureros, obcecados, más amantes de los placeres que de Dios; y aunque harán ostentación de piedad, carecerán realmente de ella. ¡Apártate de esa gente!”

Aunque comienza diciendo que “en los últimos tiempos sobrevendrán momentos difíciles”, la exhortación final: “¡Apártate de esa gente!”, demuestra que se está refiriendo en presente todo lo expresado. Así es posible colegir que este llamado a los últimos tiempos se puede expresar en presente diciendo: “en estos últimos tiempos”.

Volviendo a lo dicho en 2Tm 4,34, el autor le aclara a Timoteo que llegará el tiempo cuando los hombres no soportarán la doctrina sana, apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. ¿Se está refiriendo supuestamente a la gran apostasía? ¡De ningún modo! Timoteo está en Ephesos, la ciudad donde se erigía el gran templo de Diana y tenía que esforzarse frente a los paganos. Muchos de los griegos conversos en Ephesos provenían del paganismo y muchas enseñanzas torcidas aparecían entre los efesios. Así que el autor de la pastoral le recomienda a Timoteo que esté preparado con las enseñanzas de las escrituras que le serán de utilidad  “para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim 3:16-17).

Ya Paulo cuando peregrinó a Yerushaláyim en una escala que realizara en Mileto, no queriendo pasar por Ephesos, convocó a los presbites para advertirles que cuidaran de ellos mismos y de toda la congregación, diciéndoles, además:

Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño. De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí” (Hechos 20:28-30)

La carta que se le envía a Timoteo se enmarca en esa misma preocupación: la posibilidad de que lobos voraces, los maestros que enseñarán doctrinas falsas para apartar a aquellos de los cristianos de Ephesos que, movidos por sus propias pasiones, se dejarán conducir de regreso a las fábulas, es decir al paganismo tan acendrado en aquella sociedad de Ephesos. Ciertamente se trata de evitar una apostasía entre los efesios recién convertidos al cristianismo.

2 Tesalonicenses. 2:3-5: “Que nadie en modo alguno os engañe, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre del pecado, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a sí mismo. ¿No recordáis que estando entre vosotros ya os decía esto?”

Esta carta es del todo evidente que no fue escrita por Paulo ya que lo desautoriza en el sentido de que la parusía, el Día del Señor estaba cercano. El pseudopaulo dice al respecto:

2 Tesalonicenses 2:2: “…no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca”.

Paulo, siempre creyó que el Tiempo de los Tiempos estaba próximo, lo que se evidencia precisamente en la Primera carta a los tesalonicenses, documento que todos los estudiosos declaran como de su legítima autoría. En esta carta (4:15-17) Paulo da a entender que la parusía estaría cercana, tanto que aparentemente él esperaba ser testigo de ella. Así dice:

Os decimos eso como Palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron. El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor”.

Por tanto no vale nada tomar en consideración, ni aceptar como profecía inspirada la declaración de un impostor. Por otra parte, aunque la carta fuera verdaderamente paulina, habría que preguntarse de dónde sacó la idea del “el hombre del pecado, el hijo de la perdición” que ha de “sentarse en el templo de Dios y proclamarse Dios a sí mismo”. Yehshua habló de los tiempos finales cuando él regresaría para juzgar a vivo y muertos (parusía) y habló de las señales que anunciarían ese acontecimiento. Habló, ciertamente de falsos profetas y de falsos Mashíajs; pero nunca hizo referencia a un hombre tenebroso que se proclamaría Dios y se sentaría como tal en el Templo. Yehshua incluso predijo la destrucción del Templo anunciando que la generación a la que él pertenecía sería testigo de la gran tribulación que se viviría en Yerushaláyim (Jerusalén); y si predijo la destrucción del Templo, ¿cómo alguien puede hablar de un hijo de la perdición que se sentaría en el Templo de Dios para proclamarse a sí mismo como Dios?

¿Cuál es ese Templo de Dios? Si dicen que es el Vaticano, donde quizá un anti papa se entrone, entonces estarán aceptando que el catolicismo es guardián del Templo de Dios. Esto sería una contradicción total con los criterios de los restauracionistas que ven al catolicismo, al Vaticano, como la ramera de la gran Babilonia.

Amarrados a la interpretación de las escrituras e inspirados en los extravíos del Apocalipsis, estos mercaderes de la Palabra dejan de ser ministros suficientes de la verdad de Kristo y abandonan la vitalidad del Espíritu. 2Co 2:6: “Dios  nos hizo que fuésemos ministros suficientes del Nuevo Testamento, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica.

Los apóstatas del cristianismo

Apóstatas dentro del cristianismo son todos aquellos que siguen la doctrina de Arrio y niegan la divinidad de Kristo. Como Dios, Kristo fue llamado por Tau’ma (Tomás) al decirle: “Señor mío y Dios mío”. Señor mío, es decir, “Adonai” el título reservado al Dios del Universo entre los judíos (Yojanán 20:28). En el texto griego de Yojanán se dice: Ὁ  Κύριός  μου (O Kirios moy- el Señor mío);  καὶ  ὁ  Θεός  μου (kai o Theós moy- y el Dios mío).

Ignacio de Antioquía, discípulo de Yojanán Evangelista, cuyos escritos están próximos en el tiempo a la redacción de los evangelios, denomina a Kristo como “nuestro Dios” y hace referencia a la “sangre de Dios”, y dice:

Sólo hay un médico, de la carne y del espíritu, engendrado y no engendrado, Dios en el hombre, verdadera Vida en la muerte, hijo de María e Hijo de Dios, primero pasible y luego impasible: Jesucristo nuestro Señor”. (Carta a los efesios).

Justino que fuera martirizado hacia el año 165 afirma sobre Kristo:

engendrado antes de las criaturas, cuando (el Padre) al principio creó y ordenó por medio de él todas las cosas—se le llama Cristo a causa de su unción (…) que es Dios por voluntad del Padre, su Hijo, ángel que le sirve según sus designios (…) Cristo es Señor y Dios, Hijo de Dios”.

Ireneo de Lyon (130-202 o 203) en su Teología habla de Kristo presentándolo como Dios:

Hemos mostrado a partir de las Escrituras, que absolutamente ninguno de los hijos de Adán puede ser llamado Dios o Señor en sentido propio, pero que Cristo, al contrario de todos los hombres que jamás existieron, es anunciado por todos los profetas y los apóstoles y por el mismo Espíritu como Dios en sentido propio, y Señor, y Rey eterno, Hijo Único y Verbo encarnado: lo cual puede comprobar cualquiera capaz de alcanzar aún una pequeña parte de la verdad”.

Apóstatas son los que niegan que Dios es uno y, al mismo tiempo, trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Así lo creían los cristianos antes del Concilio de Nicea. Justino lo pone de manifiesto cuando explica el método de bautizo que se aplicaba en el Siglo II: “…se someten al baño por el agua, en el nombre del Padre de todas las cosas y Señor Dios, y en el de nuestro salvador Jesucristo y en el del Espíritu Santo (...) Este baño se llama iluminación (...) Y el que es así iluminado, se lava también en el nombre de Jesucristo, el que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y en el nombre del Espíritu Santo, que nos anunció previamente por los profetas todo lo que se refiere a Jesús”.

En su apología del cristianismo, Atenágoras de Atenas, maestro del Siglo II nos dice:

Así. pues, suficientemente queda demostrado que no somos ateos, pues admitimos a un solo Dios... ¿Quién, pues, no se sorprenderá de oír llamar ateos a quienes admiten a un Dios Padre ya un Dios Hijo y un Espíritu Santo, que muestran su potencia en la unidad y su distinción en el poder?” (Súplica, X).

Esto es lo que creían los cristianos de los primero tiempos, antes de que el cristianismo fuera legalizado por Roma en el 313; enseñanzas de discípulos directos de los apóstoles y de sus discípulos.

Los que niegan al Dios uno y trino, viven en el engaño y propalan el engaño. No han podido penetrar en la inmensidad espiritual de Dios. Dios no son tres personas, esto es cierto, porque persona solo es el ser humano como identidad individual, con conciencia y voluntad. Dios es más que persona; Él es una identidad en tres manifestaciones; es El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. Tres identidades reconocibles, sin diferencia de estado ni de gracia, ni de substancia ni de forma, ni de potestad ni de especie, pues son de una misma sustancia, y de un grado y de una potestad. El Padre es la Voluntad y la fuerza generadora; El Hijo es la Palabra poderosa de Dios; El Espíritu Santo es la Sabiduría. Estas Tres manifestaciones constituyen una sola y complementaria Unidad: La Suprema  Inteligencia como amor infinito, bondad sin discusión, justicia y sabiduría inalcanzable. Uno y Trino.

Alertas ante las profecías escatológicas

Estemos alertas. Así nos recomendó Yehshua. Alertas y con el entendimiento prevenido para no dejarnos llevar por anuncios tremebundos de arrebatos, de días de ira y tribulación y la amenaza de un Harmagedón cuando descenderán los ángeles para degollar y cortar cabezas. Estemos despiertos y sin dejarnos quitar el sueño por maestros alienados que nos dicen “¡Ya estamos en el fin de los tiempos! ¡Ya viene o ya llegado) Kristo para lanzar maldiciones contra los pecadores!

En verdad ya han aparecido falsos profetas ─ aunque desde los inicios del cristianismo no han dejado de haber falsos profetas ─ que despreciando lo afirmado por Yehshua se atreven a anunciar la llegada del fin. Los nuevos “profetas”, los nuevos “iluminados”, los que ahora se dicen escuchar la voz de Dios ordenándoles emprender una nueva cruzada llamada restauración elevan su voces cargadas de fuego, como el fuego de la Gehena para aterrarnos.  

Cuidado con estos mensajeros escatológicos. Cuidado con sus profecías abiertas a la espera de su cumplimiento quizá en los días presentes, quizá en un futuro inminente del cual no se conoce a cuantos años llega su inminencia. Desde el gran chasco de William Miller (1782-1849), el padre del Adventismo quien aseguró que el regreso de Kristo se produciría en 1843: “Yo creo ─ informó el visionario  que la segunda venida de Jesucristo está cerca, casi en puerta, aún dentro de veinte años, o antes de 1843”, hasta la fallida profecía de Charles Taze Russell, padre de los actuales Testigos de Jehová que aseguró que los tiempos de los gentiles habían terminado y Kristo regresaría en 1914 para establecer su reino milenario sobre la tierra. Todos han resultado ridículos; sin embargo ante el estrepitoso fallo de sus predicciones, han sabido “dorar la píldora” para engañar incautos y mantener a sus seguidores dentro de la apostasía.

Efectivamente, tras la no aparición de Kristo ni se produjo la resurrección de los patriarcas del Antiguo Testamento los Testigos de Jehová inventaron el bulo del retorno invisible de Kristo: “aunque fue invisible a los ojos humanos, en octubre de 1914 sucedió en el cielo un acontecimiento de trascendencia mundial. Jesucristo, el Heredero permanente del “trono de David”, comenzó a gobernar como Rey sobre toda la humanidad”.

No estamos en los últimos tiempos; Dios no pretende destruir el planeta; no desea desatar sobre gran parte de la humanidad un terrible cataclismo; porque Dios no eligió a la raza humana para perdición sino para que tuviera vida eterna. Así lo expresó el profeta Yejezquel (Ezequiel):

¿Acaso me complazco yo en la muerte del impío ─ declara el Señor DIOS ─ y no en que se aparte de sus caminos y viva?” (Ez 18:23)

Yo me pregunto y me respondo: ¿Estoy inspirado por el Espíritu Santo para creer que el Tiempo de los Tiempos aún está distante y que ni esta ni la próxima generación lo verá? No, no he recibido revelación del Espíritu Santo; pero así lo creo porque todavía no se cumplen las manifestaciones que se anunciaron para su llegada. Rumores de guerra se escuchan y las dos guerras mundiales que ha sufrido la humanidad se corresponde con la profecía de Yehshua de que se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Sin embargo hubo guerras en tiempos pasados que involucraron a varias naciones; así ocurrió en la Guerra de los Siete Años entre 1756 y 1763 y se vieron involucrados los reinos de Prusia, Gran Bretaña, Hanóver y Portugal coaligados contra Sajonia, el Imperio austríaco, Francia, el Imperio ruso, Suecia, y España. Antes entre 1618 y 1648, se levantaron en campaña de guerra muchos reinos e imperios de Europa; y hasta después de la Reforma hubo numerosas guerras de carácter religioso.

Cierto es que también se han producido hambrunas y poderosos terremotos, pero las hambrunas han existido a lo largo de la historia de la humanidad y los desastres geológicos no han dejado de ocurrir en todos los tiempos y en todos los continentes.

Pero estas señales anunciadas por Yehshua en Marcos 13:8, no son aquellas que el viera y anunciara para advertencia nuestra. Tendrá  que producirse un conflicto militar de tal envergadura que no quede nación ni continente fuera de su radio de acción; el hambre tendrá que sacudir a gran parte  de los pueblos del mundo en tal grado como nunca antes se conociera. Esto será inicio de tribulación, cuando todos se sientan afectados.

Es el hombre quien labra su futuro; él mismo desencadenará la furia de los elementos si continúa envenenando la atmósfera, los mares y la tierra con el empleo descontrolado de sustancias químicas; con la feroz explotación de los recursos forestales; con sus ansias sin límites de poder y dominio; con la entrega a las drogas de niños y adolescentes. Cuando todo esto se produzca será el Tiempo de los Tiempos.

No obstante debemos mantenernos alertas porque ni siquiera con certidumbre real. Quizá, cualquier día a cualquier hora ya sea de día ya de noche se impacte un poderoso meteorito contra el planeta provocando un descomunal cataclismo. Por tanto sigamos el consejo dado por el Salvador en Marcos 13,33-37:

Estén despiertos y vigilantes: pues no saben ustedes cuándo llegará el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que vigilara. Estén atentos, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: ¡estén vigilantes!”

Seguir el consejo ofrecido en Loukás 12:39-40:

Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada.

Tengamos bien presente lo que Kefa nos advierte en 2 Kefa 3:10:

Sin embargo, el Día del Señor llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida”.

No seamos mercaderes de la Palabra, ni alimentemos nuestra vanidad con palabras de temor; porque tal y como se lee en 2Co 2:17: “no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos de Kristo”.




[1] Cuando aprendemos lo que enseña la Biblia acerca de la resurrección, entendemos mejor qué es el Seol o Hades. La Palabra  de Dios relaciona este lugar con la muerte de la que se puede resucitar (Job 14:13; Hechos 2:31; Revelación [Apocalipsis] 20:13). * También indica que allí están tanto los que sirvieron a Jehová como muchos que no lo hicieron (Génesis 37:35; Salmo 55:15). Por eso asegura que habrá “resurrección así de justos como de injustos” (Hechos 24:15). (Definición de los Testigos de Jehová) 

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