domingo, 23 de agosto de 2015

Libro de la Sabiduría de Yehshua ben Sirac XVIII a XX

XVIII


1 Muchos han pecado por amor a las ganancias y el que busca enriquecerse hace como quien no ve. 2 Entre la juntura de las piedras se clava la estaca, y entre la compra y la venta se desliza el pecado. 3 El que no se aferra resueltamente la adoración del Padre de Luz verá muy pronto su casa en ruinas.

4 Cuando se zarandea la criba, quedan los residuos: así los desechos de un hombre aparecen en sus palabras. 5 El horno pone a prueba los vasos del alfarero, y la prueba del hombre está en su conversación.

6 El árbol bien cultivado se manifiesta en sus frutos: así la palabra expresa la índole de cada uno. 7 No elogies a nadie antes de oírlo razonar, porque allí es donde se prueban los hombres.

La búsqueda de la justicia

8 Si buscas la justicia, la alcanzarás, y te revestirás de ella como de una túnica gloriosa.

9 Los pájaros buscan la compañía de sus semejantes y la verdad retorna a aquellos que la practican.

10 El león está al acecho de su presa y el pecado, de los que practican la injusticia.

XIX


1 El hombre vengativo sufrirá la venganza de los mensajeros de la Luz, que llevarán cuenta exacta de todos sus pecados.

2 Perdona el agravio a tu prójimo y entonces, cuando ores, serán absueltos tus pecados.

3 Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo pretende que el Padre de la Vida lo sane? 4 No tiene piedad de un hombre semejante a él ¡y se atreve a implorar por sus pecados! 5 Él, un simple mortal, guarda rencor: ¿quién le perdonará sus pecados?  

6 Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte y sé fiel a los mandamientos; 7 acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; piensa en la Alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.

Las discusiones y los altercados

8 Evita los altercados y pecarás mucho menos, porque el hombre iracundo enciende las disputas.

9 El pecador siembra la confusión entre los amigos y crea división entre los que vivían en paz.

10 El fuego arde según el combustible, y la disputa se enciende en la medida del empecinamiento; según sea su fuerza, será la furia de un hombre, y según su riqueza, dará libre curso a su ira.

11 Una discordia repentina enciende un fuego, y una disputa precipitada hace correr la sangre.

12 Si soplas una chispa, se inflama; si le escupes encima, se extingue, y ambas cosas salen de tu boca.

La maledicencia

13 Maldice al murmurador y al de lengua doble: ellos han arruinado a mucha gente que vivía en paz.

14 La lengua triple ha hecho tambalear a muchos y los dispersó de nación en nación; ella arrasó ciudades fortificadas y echó por tierra casas de potentados; 15 hizo repudiar a mujeres valerosas y las privó del fruto de sus trabajos. 16 El que le presta atención, no encuentra más descanso y ya no puede vivir en paz.

17 Un golpe de látigo deja una marca, pero un golpe de lengua quiebra los huesos.

18 Muchos han caído al filo de la espada, pero son menos que los caídos a causa de la lengua. 19 ¡Feliz el que está al resguardo de ella y no ha quedado expuesto a su furor, el que no ha tirado de su yugo ni ha sido atado a tus cadenas! 20 Porque su yugo es un yugo de hierro y sus cadenas son cadenas de bronce. 21 ¡Muerte funesta es la que inflige y es preferible el Abismo a una lengua así! 22 Pero ella no tiene poder sobre los hombres buenos y ellos no se quemarán en sus llamas.

23 Los que abandonan al Señor serán sus víctimas: ella los abrasará sin extinguirse, se lanzará sobre ellos como un león y los destrozará como una pantera. 24 Por eso, rodea tu posesión con un cerco de espinas, guarda bien tu plata y tu oro; 25 fabrícate una balanza y una pesa para tus palabras, y una puerta y un cerrojo para tu boca.

26 Presta atención, no sea que resbales a causa de la lengua y caigas ante los que te acechan.

XX


Peligro de las riquezas

1 Los desvelos del rico terminan por consumirlo y el afán de riquezas hace perder el sueño. 2 La preocupación por el sustento no deja dormir, y priva del sueño más que una grave enfermedad.

3 El rico se fatiga por amontonar una fortuna, y si descansa, es para hartarse de placeres; 4 El pobre se fatiga para vivir modestamente, y si descansa, cae en la indigencia.

5 El que ama el oro nunca podrá ser justo, y el afán de lucro hace extraviar a un hombre. 6 Muchos acabaron en la ruina por culpa del oro y se enfrentaron con su propia perdición, 7 porque el oro es una trampa para los que se enloquecen por él, y todos los insensatos se dejan atrapar. 8 ¡Feliz el rico que se conserva íntegro y no corre detrás del oro! 9 ¿Quién es él? Y lo felicitaremos porque ha hecho maravillas en su pueblo.

10 ¿Quién pasó por esta prueba y demostró ser perfecto? Tiene un buen motivo para gloriarse. ¿Quién pudo transgredir y no transgredió, hacer el mal y no lo hizo?  11 Sus bienes estarán asegurados y la asamblea publicará sus beneficios.

La frugalidad en los banquetes

12 ¿Estás sentado a la mesa de un grande? No digas, relamiéndote los labios: “¡Cuántas cosas hay aquí!”. 13 Acuérdate que está mal tener un ojo ávido: ¿ha sido creado algo peor que el ojo? Por eso derrama lágrimas por cualquier cosa.

14 No extiendas la mano a todo lo que veas, para no tropezar con tu vecino en el plato.

15 Juzga al prójimo por lo que tú mismo sientes y reflexiona siempre que hagas algo.

16 Escúchame, hijo mío, no me desprecies, y al final comprenderás mis palabras: sé moderado en todas tus acciones y nunca caerás enfermo.

17 Los labios bendicen al que sirve bien de comer y el testimonio de su generosidad es digno de fe.

Beneficios y peligros del vino

18 Como la fragua pone a prueba el temple del acero, el vino prueba al hombre en las disputas de los prepotentes.

19 El vino es como la vida para el hombre, siempre que se lo beba con moderación. ¿Qué es la vida cuando falta el vino? Porque él fue creado para alegría de los hombres. 20 Gozo del corazón y alegría del alma es el vino bebido a su tiempo y en la medida conveniente.

21 Amargura del alma es el vino bebido en exceso, con ánimo de desafiar y provocar.


22 La embriaguez enfurece al necio hasta el escándalo, disminuye sus fuerzas y le provoca heridas. 

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