1
¡Luz del Universo, mi Dios y mi Salvador, día y noche estoy clamando ante ti:
que mi plegaria llegue a tu presencia; inclina tu oído a mi clamor!
2
Me igualo con los muertos, con los que descendieron a la tumba, y ya en mí, no
quedan fuerzas.
3
Muéstrame, Dios mío, tus caminos, enséñame tus senderos.
4
Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi
Salvador, y yo espero en tí todo el día.
5
Acuérdate, Dios y Padre mí, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos.
No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: por tu bondad,
acuérdate de mí.
6
¡Por la gloria de tu Nombre, Suprema Luz del mundo, perdona mi culpa, aunque
sea muy grande!
7
Ten piedad de mí, Padre, porque estoy angustiado: mis ojos, mi garganta y mis entrañas
están extenuados de dolor.
8
Pero yo confío en ti, Suprema Inteligencia, y te digo: “Tú eres mi Dios, mi
destino está en tus manos”.
9
Líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen.
10
Mírame, Oh Dios, y ten piedad de mí, porque estoy solo y afligido: alivia las
angustias de mi corazón, y sácame de mis tribulaciones.
11
Mira mi aflicción y mis fatigas, y perdona todos mis pecados.

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