domingo, 12 de julio de 2015

El Camino de los Apóstoles 33


El asedio a Yerushaláyim

1 Yerushaláyim se estremece. La muerte le asedia. Resisten sus murallas y aclaman al Mashíaj libertador, a Yojanán de Giscala, el kananay. Le secunda y le rivaliza Shimón bar Giora, el sicario. 2 Y corre la sangre entre los hijos de Yerushaláyim, y la muerte viene avanzando por el norte y la amenaza se extiende por el valle del Cedrón; 3 y el valle de Hinnom abre su boca, la boca de la Gehena, sedienta de sangre y de cuerpos insepultos.  

4 El hambre crece en Yerushaláyim. Los vivos devoran a los muertos para seguir viviendo y claman las mujeres diciendo: “¡El Dios del Universo nos ha abandonado!”

5 Cuatro legiones asedian a Yerushaláyim. Hombres terribles dispuestos a todo forman en sus líneas. No temen la muerte y llevan consigo a la muerte. 6 Ellos ascienden por las murallas, sus ojos brillantes como ascuas encendidas, sus cuerpos forrados en sus armaduras.  ¿Quién les detendrá? 7 Los sacerdotes en el Templo elevan plegarias al Dios de los ejércitos; mientras el templo se alce, Yerushaláyim estará a salvo; 8 pero Dios no escucha las plegarias y no envía a sus ángeles para proteger a la ciudad. Dios ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos. 9 La ciudad ha forjado su karma de muerte.

10 Desde el Monte de la Atalaya asecha la muerte. Desde el Monte de los Olivos la muerte retorna a Yerushaláyim.

11 Los artilugios de guerra abren un boquete en la muralla exterior y como enjambre de furiosos tábanos asaltan los hombres de hierro a la Ciudad Nueva, sajando cuellos y desgarrando pechos y llegaron hasta la Ciudad Vieja donde estaba la fortaleza Antonia y donde estaba el Templo. 12 Y vieron en Yerushaláyim que se alzaban cruces, tantas que ya no quedaba madera para construirlas, y grande era el hedor de los muertos clavados sobre los troncos.  

13 Arden las piedras de las calles de Yerushaláyim y la sangre corría desde el Pretorio hasta el camino hacia el Gulgaltá.

14 Tito conduce las legiones y se alza como vencedor imbatible. No tiene piedad y es como el fuego de la Gehena y el brazo furioso de la ira del Señor. ¿Quién podrá detenerle?

Destrucción del Templo

15 El Templo ha dejado de ser Casa de Oración convertido en campo de combate. Los hombres se embisten en sus atrios y en lo profundo de sus habitaciones se refugian Yojanán de Giscala, el kananay, y el sicario Shimón bar Giora. Y ponen obstáculos de madera y hacen caer el techado por donde escalan los legionarios.

15 Y un legionario ¿quién conoce su nombre?, arroja una tea encendida sobre los maderos y comienza el fuego. 17 Tito grita: “¡Deténganse, no quemen el Templo!, porque los templos son moradas sagradas de los dioses”. Pero esta vez sus hombres no le obedecen y lanzan más teas al fuego y el fuego se expande por todo el templo y llega hasta el lugar santo. 18 Y comenzó la matanza de los que habían encontrado resguardo en el Templo, y los tesoros sagrados fueron saqueados por los soldados de Roma.

19 “Miren ─ lloran los hijos de Yerushaláyim ─, el templo es devorado por el fuego y ha desaparecido el salón del sanedrín. Dios nos ha abandonado; 20 pagamos por las culpas de una generación que ya es anciana”.


21 Por toda la ciudad corren los legionarios ansiosos de sangre degollando a todos con los que se topan, haciendo pilas de cadáveres sobre las callejuelas. 22 La sangre corre por las calles. Yerushaláyim ha muerto. Los jefes de la revuelta se esconden huyendo de la muerte. Enloqueció Shimón bar Giora por el hambre, por la sed y por la angustia de la derrota; Yojanán de Giscala es encontrado escondido entre las ruinas del templo. 23 La muerte los aguardaba. Ya no quedan Mashíajs en Yerushaláyim, 24 solo permanece el Viviente, Yehshua el Señor, el único que libera y salva. Amén.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Vistas de página en total