Hablemos
del anticristo. ¿Dónde se registra por vez primera este título? ¿Quién es el
anticristo?
Dentro
de los escritos neo testamentarios el nombre anticristo aparece, primera y
únicamente en la Carta Primera de Yojanán Apóstol; en ningún otro escrito se
hace uso de este título, ni siquiera en el libro apócrifo (aunque llevado al
canon bíblico) Revelaciones o Apocalipsis atribuido a Yojanán Zebebdi.
Yojanán
se refiere a la aparición del anticristo como una señal, ya oída, de la llegada
del “último tiempo”, y dice que ya se encontraba presente cuando redactó su
carta. Para el apóstol, el anticristo había surgido dentro de las comunidades
cristianas, y no uno, sino “muchos anticristos”, aquellos que negaron que
Yehshua era el ungido, el Kristo; aquellos que niegan “al Padre y al Hijo”;
Aquellos que negaban que Kristo había venido en carne. El que no reconoce,
confiesa, acuerda (ὁμολογεῖ) a Yehshua “es el espíritu del anticristo” (1 Yojanán
2:18-19,22. 4:2-3)
Cuando
Yojanán en su carta se refiere como anticristos a los que niegan la existencia
de Yehshua en carne, es evidente que está pensando en los que seguían la
doctrina docética (del griego δοκέω, dokéo, parecer o parecerle a uno) que
señalaba que Yehshua no había padecido en la cruz pues su cuerpo era solo
aparente y no real. Los docetistas consideraban que la materia era corrupta y
el cuerpo era cárcel del espíritu, por lo que no podían aceptar que la
divinidad se alojara en un cuerpo perecible y putrescible.
¿De
dónde toma Yojanán la idea del anticristo como señal de la llegada de los
últimos tiempos? No se conoce. Un antecedente del anticristo como señal del fin
de los tiempos, o del Tiempo de los Tiempos, se pudiera rastrear en el
evangelio de Mattai (24:24) referido a la profecía de Yehshua sobre el fin de
los tiempos. Sin embargo, Mattai no se refiere a un contendiente que se opone a
Kristo, sino de un suplantador de Kristo junto a falsos profetas. Ambos “harán
grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aún
a los escogidos” (Mattai 24:24), (Libro del Bendecido Yehshua 23:32-33).
En
su evangelio Mattai menciona no anticristos, sino “falsos Kristos” o
pseudocristos, al menos así aparece en la versión griega, única conocida de su
evangelio, utilizando la voz Ψευδόχριστος. Loukás haciendo referencia a los tiempos
finales presenta los falso Kristos que se presentarían hablando en nombre de
Kristo, diciendo: “Yo soy el Kristo, y:
El tiempo está cerca. No los
sigáis…” (Loukás 21:8)
De
acuerdo con los escritos que han llegado hasta nosotros, no existe el
Anticristo como figura antecedente al Día del Señor. Sin embargo, a lo largo de
toda la historia del cristianismo muchos
predicadores, y muchos fantasiosos, han creído
ver anticristos por todas partes y considerar que la segunda venida de
Kristo se encontraba cerca; “el Anticristo, por tanto, como expresa Francisco
Henares Díaz en El Anticristo: teología
política, escatología, Juicio Final) da para mucho, muy escocido y muy
adobado”.
Por
el tiempo de la Reforma de Lutero, se propaló la creencia que Nerón no había
muerto y continuaba vivo para seguir persiguiendo a los cristianos, tal como el
imaginario religioso concebía al Anticristo. A esta creencia se oponía Diego de
Arce (1587-1665) aunque sin rechazar que
pudiera presentarse, de todos modos, el Anticristo, declaró: “No tengo por verdadero este parecer. Muerto
es Nerón. Otro que él será el verdadero Anticristo” (Diego de Arce.
Miscelánea de oraciones eclesiásticas, fol. 2v. Citado por Henares Díaz)
Por
esa época comenzó a denominarse al Papa romano como el Anticristo. En efecto
Lutero lanzaría una fuerte diatriba contra el Papa en un escrito suyo de 1546
titulado En Contra del Papado; una
Institución del Diablo donde expresó: “El
Papa más Infernal, Pablo III, en su supuesta capacidad como obispo de la
Iglesia de Roma... la cabeza de la abominable Iglesia de todas las peores
sinvergüencerías de la tierra, vicario del diablo, enemigo de Dios, destructor
de la Iglesia de Cristo, maestro de mentiras... el guarda de burdel sobre todo
guarda de burdel y toda alimaña, incluso aquella que no puede ser nombrada; un
Anticristo..." A este ataque de Lutero, Arce, en respuesta, pintará a
Lutero como una de las encarnaciones más vivas del Anticristo (Francisco
Henares Díaz. El franciscano Diego de
Arce, predicador, calificador del Santo Oficio. Revista de la Inquisición)
Ya antes se había señalado como el Anticristo a Arrio y a Mahoma, considerados
todos ellos, de acuerdo con Arce, “como sus principales ministros y
aposentadores”.
Paulo
de Tarso no menciona algún “anticristo” que deberá manifestarse antes de la
parusía de Kristo; primero según él se producirá la gran apostasía y la
manifestación de uno que denomina “el
hombre de pecado o de iniquidad” (ἄνθρωπος
τῆς ἀνομίας) que es, al mismo
tiempo, “hijo de perdición o destrucción”
(2 Tesalonicenses 2:3). La principal característica de este odioso personaje no
está en que se presenta como un antagónico de Kristo o como un falso Kristo
sino como un destructor de todo lo sagrado, negación de Dios y, a la vez,
presentándose como si él mismo fuera Dios.
Ahora
bien, Paulo no se presenta en esta carta como un profeta ni está adelantando
una profecía nueva. Él está advirtiendo a los tesalonicenses de no dejarse
confundir con ciertas profecías que anunciaban que ya había llegado el día del
Señor, la parusía (2 Tesalonicenses 2:1) sino que debían recordar que primero
se produciría la gran apostasía y luego la aparición del destructor, el hombre
de la iniquidad; es decir un enunciado que ya de antes sería conocido y que
debían recordar.
Cabe
hacernos la misma pregunta que antes nos formulamos cuando mencionamos el
anticristo anunciado por Yojanán como criterio para reconocer la llegada de los
últimos tiempos. ¿De dónde toma Paulo este enunciado de la gran apostasía y del
destructor?
La
idea del hombre del pecado o de la iniquidad, tomado como hijo de desolación,
Paulo debe haberla extraído de su cultura farisea tomándole de Dany’el 9:27: “Después con la muchedumbre de las
abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que
está determinado se derrame sobre el desolador”. Lo que Dany’el ve como “muchedumbre de las
denominaciones” puede ser interpretado por Paulo como “gran apostasía” y lo que
Dany’el denomina “consumación”, puede ser tomado como “fin de los tiempos”, y
el “desolador” de Dany’el, para Paulo
sería el hombre del pecado, hijo de destrucción o perdición.
Algunas
denominaciones denominadas cristianas y restauracionistas fundamentan la
llamada gran apostasía en lo dicho por Paulo en Hechos 20:29-30: “Porque yo sé que
después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no
perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen
cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos”. Esto así planteado es
tomar una cita fuera de contexto para justificar una doctrina en particular.
Paulo
planeaba viajar a Jerusalén (Yerushaláyim) y al hacer una escala en Mileto hizo
llamar a los presbites de Anatolia para su despedida y darles unas últimas
instrucciones. Conocía que en Anatolia habían aparecido algunos ─ quizá los nicolaítas
─ predicando un mensaje que contradecía las enseñanzas que él había
transmitido. Y estas advertencias las hacía para el futuro inmediato tras su
partida y de ningún modo como un mensaje profético para el dia del Señor.
Es
su segunda carta a Timoteo, ya preso en Roma, Paulo le exhorta a que predique
la palabra con insistencia “a tiempo y fuera de tiempo” porque él sabe que en
poco tiempo, si no hay una constante enseñanza los neófitos en la doctrina se
dejarán llevar, oyendo lo que les gustaría oír de maestros que les conduzcan a
los mitos, a las fábulas en las que antes creían (2 Timoteo 4:1-4). Por tanto,
Paulo estaba convencido que la exhortación “con mucha paciencia y doctrina”
impediría la corrupción de las enseñanzas. No se trataba pues de un llamado
previniendo la gran apostasía, sino de un consejo didáctico dado por un maestro
experto a un joven en la enseñanza.
Ese
libro apócrifo, que ocasionó profundos y encontrados debates en torno a si
debía ser incluido en el canon bíblico o ser rechazado de plano, el Apocalipsis
atribuido sin bases históricas a la autoría de Yojanán, el Apóstol y
evangelista, ha generado y sigue generando delirantes interpretaciones sobre el
significado de las bestias descritas en su texto y, casi unánimemente
aceptadas, como representaciones del Anticristo.
Muchas
son las interpretaciones que se han dado del Apocalipsis, y todas de carácter
caótico y terrífico, expresión de una delirante escatología, que ha servido de
base para los fundamentos del milenarismo y justificación de la tesis de Kristo
como primera creatura de Dios. Así de sus símbolos se han hecho numerosas
tesis, especialmente tratando el tema de las dos bestias, identificadas con el anticristo. Muchas de las
confesiones restauracionistas se empeñan en ver al papado en la figura de la
Bestia o de ambas bestias, la que surge del mar y la que surge de la tierra.
Incluso, algunos interpretan la segunda bestia como una profecía del
surgimiento de los Estados Unidos, sin dejar de representar al papado con la
primera bestia. Ejemplo de esto es Ramón R. Herrera en Apocalipsis.
Descorriendo el Velo de la Historia.
Dejemos
claro que el Apocalipsis fue aceptado como libro canónico, precisamente por el
decreto de un Papa romano, Dámaso I (Papa desde 366 a 384), en el 374. Habría
que deducir entonces a partir de las interpretaciones que hacen del Papado
figura de la bestia, del anticristo, que el Apocalipsis es un libro bendecido
por la misma bestia. Por cierto Dámaso I es un Papa considerado “un luciferino
declarado” en la página “Centro Rey”, donde se citan palabras del apologista
bereano Dave Hunt (1926-2013): “Este papa
sanguinario, adinerado, poderoso y extremadamente corrupto, se rodeó de lujos
que habrían hecho sonrojar a un emperador. No hay forma alguna de poder
justificar cualquier conexión entre él y Cristo” (A Woman Rides the Beast). No obstante a este Papa se debe la
inclusión del Apocalipsis en el canon.
Resaltemos
antes de pasar al tema de la identificación de la bestia con el anticristo una
breve caracterización de este que fue enriquecido apologista. Estrictamente
creacionista que consideraba la evolución, la psicología, las preocupaciones
por el medioambiente o la conservación de la biodiversidad influencias paganas del
mundo actual. Para este pastor, prolífico escritor, la Biblia se debía
interpretar literalmente sin profundizar en las enseñanzas ocultas y
espirituales que en la escritura pudiera encontrarse y, de plano, rechazó la
meditación como tema propio del ocultismo.
Entremos
pues en el análisis de las dos bestias del Apocalipsis. Dos son las bestias
consagradas por el gran dragón. La primera asciende desde el mar, es la bestia
de las siete cabezas y posee sobre sus cabezas un nombre blasfemo “y abrió su boca en blasfemias contra Dios,
para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo”.
Evidentemente en lo escrito se nota que no fue Yojanán el autor. Yojanán es, de
todos los apóstoles el menos judaizante y representa la definitiva ruptura del
cristianismo con el judaísmo. El empleo de la sacralidad del tabernáculo es
propio de una mentalidad farisaica.
Por
otra parte es evidente que esta bestia no puede ser la representación de
ninguno de los credos cristianos. No es el Papado, no es Lutero, no son los
Testigos de Jehová. Independiente de que cualquier denominación cristiana sea
considerada por otras como apartada del cristianismo original, ninguna de ellas
blasfema contra Dios. La bestia es un poder religioso contrario, no solo al
cristianismo sino también al judaísmo. No es el anticristo tal como el mismo
Yojanán lo concebía. No es una visión de futuro distante; es una representación
de lo que acontecía en la época en que el autor desconocido redactara el
Apocalipsis. Evidentemente se trata del paganismo que ha recibido una herida de
muerte, pero todavía se mantiene con vida.
La
segunda bestia subió de la tierra. Ella “ejerce toda la autoridad de la primera
bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella
adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada”. Tiene poder para
imponer “a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene
la herida de espada, y vivió. Y se le permitió infundir aliento a la imagen de
la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la
adorase”. Su poder le permite imponerle “a todos, pequeños y grandes, ricos y
pobres, libres y esclavos, … una marca en la mano derecha, o en la frente; y
que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre
de la bestia, o el número de su nombre”. La bestia se distingue con un número,
el 666: “El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es
número de hombre”.
Las
siete cabezas de la primera bestia corresponden a los siete emperadores
romanos: Tiberio, Calígula, Claudio,
Nerón, Galba, Vespasiano y Tito. Luego de los años de tranquilidad para los
cristianos durante los gobiernos de Vespasiano y Tito, se levantó un nuevo
emperador, Domiciano, hijo de Vespasiano y hermano menor de Tito, los “dos cuernos
semejantes a los de un cordero”. Domiciano inició una nueva era de
persecuciones contra los cristianos y judíos que se negaran a rendir adoración
a los dioses paganos y rendir culto al emperador. Ese es el nombre de la bestia
y el 666 es el número de la total imperfección.
Si
algo hay de verdad en el Apocalipsis que encierre una enseñanza teológica no es
concluir que existe un anticristo precedente a la parusía; ni estar
extrapolando sus símbolos para demonizar a otras denominaciones cristianas, En
conclusión, tal como afirma el sacerdote católico Albert Shamon: “La profecía básica y constante del
Apocalipsis es que siempre habrá persecuciones de los buenos por parte del Mal.
Pero el Mal será castigado y los buenos triunfarán al final. Dios vencerá el
Mal”.
Coincidimos
plenamente con Juan Stam en El Anticristo: ¿Qué
dice la Biblia? Exégesis y tradición en la profecía predictiva: “En la interpretación del Apocalipsis, debe
quedar totalmente excluida toda referencia al Anticristo, ya que éste no
aparece en todo el libro. En la exposición de los demás pasajes, debemos
emplear el lenguaje de cada texto, dentro de su propio contexto y según la
intención de cada autor”.
Excelente
también las conclusiones que este autor citado hace de las epístolas juaninas,
cuando señala: “Para ser fieles a este
texto, sería mejor limitar el término "anticristo" a su sentido
bíblico, de negación del Cristo humano, y no confundirlo con otros términos
como el Malvado, la Bestia etc. Con eso evitaríamos la conflación simplista de
títulos de significados distintos. Así libraríamos el término
"anticristo" de los sobre tonos y resonancias terroríficos que ha
llegado a connotar y le devolveríamos su auténtico sentido cristológico. Nos
ayudaría también a concentrarnos en los "anticristos" presentes, en
nuestro tiempo y espacio, y no fijar la vista sólo en un "Anticristo"
final de quien este pasaje no habla”.
Coincidimos
plenamente con las opiniones que Juan Stam emplea en la conclusión de su
estudio: “ningún pasaje del Nuevo
Testamento presenta el cuadro tradicional del Anticristo, y mucho menos el
único texto que emplea el término "anticristo". Más bien, ese cuadro
se arma arbitrariamente, según el gusto de cada persona que interprete el tema,
sacando diferentes detalles de su contexto bíblico y juntándolos en un mosaico
que no corresponde a ningún pasaje bíblico específico. Es cierto que la Biblia
enseña que la historia es conflictiva, como lucha entre el bien y el mal, y que
habrá una confrontación final, pero la versión tradicional del
"Anticristo'" distorsiona ese tema. El efecto básico es de presentar
el Anticristo como una figura aterrorizadora y amenazante con un simplismo
esquematizado que carece de base en los textos”.
Falsos
Kristos han existido en todo los tiempos desde Shimón bar Giora que se
autoproclamó como mashíaj durante el sitio de Jerusalén (Yerushaláyim) en el 70
por las legiones de Tito. Muchos líderes políticos populistas se han creído
salvadores supremos cual falsos Kristos y han hundido a sus países en la
miseria y muchos olvidaron la advertencia dada por Yehshua: “No los sigáis”.

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