1 Luego del
asesinato de Ya’acov, hijo de Alfeo, el Sumo Pontífice Anás ben Anás, dio
órdenes para que tomaran preso a Yehudah Tadeo, hermano de Ya’acov; 2 pero los
discípulos de Yehshua y los seguidores del Camino, alertaron a Yehudah y
decidieron que fuera a predicar a Egipto.
3 En tanto,
Shimón Kananay Zelote se mantenía en Judea y predicaba bajo la oposición de los
zelotes que le decían: “No aceptamos esa doctrina que nos pide perdonar a
nuestros enemigos”, 4 porque todos estaban muy disgustados con los
atropellos de las legiones romanas. 5 Los zelotes reprochaban a Shimón diciéndole: “Te
has olvidado que eres un Kananay y das las espaldas a tu pueblo”.
6 Había tanta
amenaza sobre el apóstol que la comunidad cristiana decidió que Shimón
acompañara a Tadeo en Egipto. 7 En Alejandría se encontraron Shimón y Yehudah Tadeo
y visitaban las sinagogas judías llevando la Palabra del Rabbi Yehshua 8 y hacían
conversiones entre los judíos, pero muchos rechazaron la doctrina.
9 Sucedió que
Shimón mientras dormía tuvo un sueño revelador. En su sueño vio Shimón un gran
rollo con las palabras de la Torá y el mensaje de Yehshua, 10 entonces del
rollo brotó un enjambre de avispas de aspecto terrible. 11 Sus alas eran
de bronce bruñido y su cuerpo como de hierro y entre sus patas llevaban una
espada y una bandera. 12 Aquel enjambre rodeaba la cruz, la envolvía y la
hacía caer destrozada envuelta en lenguas de fuego, 13 y sonaba un
ruido como ruido de tormenta que gritaba diciendo: “Un solo Dios” y todos los
seguidores del Camino eran apartados con fuerte mano. 14 Entonces Shimón
vio a Yehshua que le miraba entristecido y le decía: “Vienen tristes días, la
Palabra ha sido deformada y mi Camino será borrado de la tierra en que te
encuentras 15 por los que siguen a un solo Dios que no es el Dios
de amor”.
16 Despertó Shimón
sobresaltado y no podía entender aquel sueño. Creyendo que se trataba de un
mensaje que le decía que abandonaran Egipto, 17 habló con Yehudah Tadeo diciéndole: “He tenido un
sueño terrible y pienso que es un mensaje del Señor diciéndome que debemos
partir hacia Tripolitania”.
18 Partieron
entonces para Tripolitania cruzando Cirene. Y fueron recibidos allá por un
hombre llamado Shimón que seguía el Camino, 19 pues había recibido la gracia del Señor Yehshua el
Kristo, cuando le ayudó a cargar la cruz. 20 Y fueron y predicaron entre los judíos de Cirene,
pero estos los rechazaron y marcharon sin hacer conversos.
21 Estuvieron
predicando con afán en Tripolitania y fueron pocos los que aceptaron la fe.
22 Marcharon luego
los dos apóstoles hacia Persia orando al Señor para que les permitiera mejor
suerte que la que habían tenido en Cirene y en Tripolitania. 23 Entraron en
Babilonia y muchos escucharon sus prédicas y venían a ellos los vecinos de
Babilonia trayéndoles enfermos que ellos sanaban por el nombre de Kristo.
24 Creció la fama
de los dos apóstoles en Babilonia y quiso Acab, el rey conocerles. Mandó a buscarles
y cuando estuvieron ante él, 25 Acab les preguntó: “Díganme de que arte se valen
para hacer sanaciones que nuestros médicos no han podido con todo su saber”.
26 Se adelantó
Yehudah Tadeo y dijo: “Escucha mis palabras, oh rey Acab. No tenemos ciencia
alguna para hacer curaciones, ni somos hechiceros, sino hombres de fe que creen
en un solo y único Dios que dio origen a la vida, 27 y en su Hijo
bien amado, llamado Yehshua que fuera crucificado por los sacerdotes de
Jerusalén cuando lo entregaron bajo el poder de los romanos. 28 Pero Él, por su
propio poder se levantó de la muerte y ascendió hasta la gloria del Padre del
Universo, Luz de Luz y Suprema Inteligencia 29 y quien vendrá con gloria para juzgar a todos los
hombres y a todas las naciones. 30 No somos nosotros,
rey Acab, los que curamos y sanamos enfermos, sino el poder de Kristo
que nos ha concedido para que su Palabra sea escuchada”.
31 Yehudah y
Shimón predicaron la Palabra al rey Acab y a sus principales con tales razones
que el rey creyó y pidió ser bautizado con toda su familia.
32 Pasados muchos
días se despidieron del rey y fueron a predicar en Persia. 33 Andando por
caminos polvorosos predicaban en las aldeas que encontraban en su viaje y
hacían conversos, pero en otras aldeas eran echados del lugar negándose a
escuchar su prédica. 34 Mas ellos no perdían el entusiasmo.
35 Llegaron a una
gran población donde se levantaban templos a los dioses que allí se adoraban. Y
el nombre de aquella ciudad era Sammir. 36 En las plazas comenzaron a predicar la palabra de
Yehshua condenando la adoración de dioses falsos, imágenes de los grigoris
condenados.
37 Muchos creyeron
en lo que predicaban los dos apóstoles y se apartaban de la fe de sus falsos
dioses. 38 Pero el pontífice del templo de Ares supo de la
predicación de Yehudah y Shimón y junto con los sacerdotes del templo y gente
armada fue donde los dos apóstoles apoderándose de ellos, diciendo: 39 “¿Qué blasfemia
predican contra nuestros dioses confundiendo al pueblo, ustedes que son
extranjeros?”
40 Y fueron
llevados Yehudah y Shimón al templo de Sammir, y los sacerdotes les exigían que
se inclinaran ante el ídolo y le pidieran perdón.
41 Habló entonces
Yehudah y dijo: “Escuchen, ustedes los que adoran falsos dioses. Solo existe un
Dios que dio origen al universo y que dio existencia a la vida y solo a Él se
le debe adoración. 42 Nosotros no nos inclinaremos ante una imagen de
falso dios. 43 El Dios que predico es Verdad mientras el dios que
ustedes adoran en Mentira. 44 Para demostrarles que hablamos con la verdad, yo me
inclinaré adorando a mi Dios y ustedes inclínense ante lo que ustedes adoran. 45 Nosotros
pediremos al Dios de la Vida que confirme nuestras palabras y ruede por el piso
el ídolo que ustedes adoran”.
46 Y todos se
postraron y adoraron. 47 Cuando los apóstoles se pusieron de pie, la tierra
se estremeció con violencia, los muros del templo temblaron 48 y en medio de
un gran estrépito cayó por tierra la estatua del dios Ares.
49 Los sacerdotes
furiosos se arrojaron sobre los dos apóstoles y les atravesaron con sus
espadas. 50 Luego llevaron los cuerpos afueras de la ciudad
diciendo: “Que las bestias se encarguen de sus cuerpos”.
51 Pero aquellos
que habían creído en el mensaje de los apóstoles recogieron sus cuerpos y los
enterraron en secreto. 52 Cuando el rey Acab de Babilonia conoció que los dos
apóstoles habían sido asesinados, tomó una fuerte escolta de hombres armados y
fue y recató los cuerpos para darles sepultura en Babilonia.

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