martes, 14 de abril de 2015

El Camino de los Apóstoles 27


1 Luego del asesinato de Ya’acov, hijo de Alfeo, el Sumo Pontífice Anás ben Anás, dio órdenes para que tomaran preso a Yehudah Tadeo, hermano de Ya’acov; 2 pero los discípulos de Yehshua y los seguidores del Camino, alertaron a Yehudah y decidieron que fuera a predicar a Egipto.

3 En tanto, Shimón Kananay Zelote se mantenía en Judea y predicaba bajo la oposición de los zelotes que le decían: “No aceptamos esa doctrina que nos pide perdonar a nuestros enemigos”, 4 porque todos estaban muy disgustados con los atropellos de las legiones romanas. 5 Los zelotes reprochaban a Shimón diciéndole: “Te has olvidado que eres un Kananay y das las espaldas a tu pueblo”.

6 Había tanta amenaza sobre el apóstol que la comunidad cristiana decidió que Shimón acompañara a Tadeo en Egipto. 7 En Alejandría se encontraron Shimón y Yehudah Tadeo y visitaban las sinagogas judías llevando la Palabra del Rabbi Yehshua 8 y hacían conversiones entre los judíos, pero muchos rechazaron la doctrina.

9 Sucedió que Shimón mientras dormía tuvo un sueño revelador. En su sueño vio Shimón un gran rollo con las palabras de la Torá y el mensaje de Yehshua, 10 entonces del rollo brotó un enjambre de avispas de aspecto terrible. 11 Sus alas eran de bronce bruñido y su cuerpo como de hierro y entre sus patas llevaban una espada y una bandera. 12 Aquel enjambre rodeaba la cruz, la envolvía y la hacía caer destrozada envuelta en lenguas de fuego, 13 y sonaba un ruido como ruido de tormenta que gritaba diciendo: “Un solo Dios” y todos los seguidores del Camino eran apartados con fuerte mano. 14 Entonces Shimón vio a Yehshua que le miraba entristecido y le decía: “Vienen tristes días, la Palabra ha sido deformada y mi Camino será borrado de la tierra en que te encuentras 15 por los que siguen a un solo Dios que no es el Dios de amor”.

16 Despertó Shimón sobresaltado y no podía entender aquel sueño. Creyendo que se trataba de un mensaje que le decía que abandonaran Egipto, 17 habló con Yehudah Tadeo diciéndole: “He tenido un sueño terrible y pienso que es un mensaje del Señor diciéndome que debemos partir hacia Tripolitania”.

18 Partieron entonces para Tripolitania cruzando Cirene. Y fueron recibidos allá por un hombre llamado Shimón que seguía el Camino, 19 pues había recibido la gracia del Señor Yehshua el Kristo, cuando le ayudó a cargar la cruz. 20 Y fueron y predicaron entre los judíos de Cirene, pero estos los rechazaron y marcharon sin hacer conversos.

21 Estuvieron predicando con afán en Tripolitania y fueron pocos los que aceptaron la fe.

22 Marcharon luego los dos apóstoles hacia Persia orando al Señor para que les permitiera mejor suerte que la que habían tenido en Cirene y en Tripolitania. 23 Entraron en Babilonia y muchos escucharon sus prédicas y venían a ellos los vecinos de Babilonia trayéndoles enfermos que ellos sanaban por el nombre de Kristo.

24 Creció la fama de los dos apóstoles en Babilonia y quiso Acab, el rey conocerles. Mandó a buscarles y cuando estuvieron ante él, 25 Acab les preguntó: “Díganme de que arte se valen para hacer sanaciones que nuestros médicos no han podido con todo su saber”.

26 Se adelantó Yehudah Tadeo y dijo: “Escucha mis palabras, oh rey Acab. No tenemos ciencia alguna para hacer curaciones, ni somos hechiceros, sino hombres de fe que creen en un solo y único Dios que dio origen a la vida, 27 y en su Hijo bien amado, llamado Yehshua que fuera crucificado por los sacerdotes de Jerusalén cuando lo entregaron bajo el poder de los romanos. 28 Pero Él, por su propio poder se levantó de la muerte y ascendió hasta la gloria del Padre del Universo, Luz de Luz y Suprema Inteligencia 29 y quien vendrá con gloria para juzgar a todos los hombres y a todas las naciones. 30 No somos nosotros,  rey Acab, los que curamos y sanamos enfermos, sino el poder de Kristo que nos ha concedido para que su Palabra sea escuchada”.

31 Yehudah y Shimón predicaron la Palabra al rey Acab y a sus principales con tales razones que el rey creyó y pidió ser bautizado con toda su familia.

32 Pasados muchos días se despidieron del rey y fueron a predicar en Persia. 33 Andando por caminos polvorosos predicaban en las aldeas que encontraban en su viaje y hacían conversos, pero en otras aldeas eran echados del lugar negándose a escuchar su prédica. 34 Mas ellos no perdían el entusiasmo.

35 Llegaron a una gran población donde se levantaban templos a los dioses que allí se adoraban. Y el nombre de aquella ciudad era Sammir. 36 En las plazas comenzaron a predicar la palabra de Yehshua condenando la adoración de dioses falsos, imágenes de los grigoris condenados.

37 Muchos creyeron en lo que predicaban los dos apóstoles y se apartaban de la fe de sus falsos dioses. 38 Pero el pontífice del templo de Ares supo de la predicación de Yehudah y Shimón y junto con los sacerdotes del templo y gente armada fue donde los dos apóstoles apoderándose de ellos, diciendo: 39 “¿Qué blasfemia predican contra nuestros dioses confundiendo al pueblo, ustedes que son extranjeros?”

40 Y fueron llevados Yehudah y Shimón al templo de Sammir, y los sacerdotes les exigían que se inclinaran ante el ídolo y le pidieran perdón.

41 Habló entonces Yehudah y dijo: “Escuchen, ustedes los que adoran falsos dioses. Solo existe un Dios que dio origen al universo y que dio existencia a la vida y solo a Él se le debe adoración. 42 Nosotros no nos inclinaremos ante una imagen de falso dios. 43 El Dios que predico es Verdad mientras el dios que ustedes adoran en Mentira. 44 Para demostrarles que hablamos con la verdad, yo me inclinaré adorando a mi Dios y ustedes inclínense ante lo que ustedes adoran. 45 Nosotros pediremos al Dios de la Vida que confirme nuestras palabras y ruede por el piso el ídolo que ustedes adoran”.

46 Y todos se postraron y adoraron. 47 Cuando los apóstoles se pusieron de pie, la tierra se estremeció con violencia, los muros del templo temblaron 48 y en medio de un gran estrépito cayó por tierra la estatua del dios Ares.

49 Los sacerdotes furiosos se arrojaron sobre los dos apóstoles y les atravesaron con sus espadas. 50 Luego llevaron los cuerpos afueras de la ciudad diciendo: “Que las bestias se encarguen de sus cuerpos”.


51 Pero aquellos que habían creído en el mensaje de los apóstoles recogieron sus cuerpos y los enterraron en secreto. 52 Cuando el rey Acab de Babilonia conoció que los dos apóstoles habían sido asesinados, tomó una fuerte escolta de hombres armados y fue y recató los cuerpos para darles sepultura en Babilonia.

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