sábado, 28 de marzo de 2015

La arrogancia y la prepotencia de los malvados


1 ¿Por qué, Luz del Universo, te mantienes distante? ¿Por qué te escondes en momentos de angustia?

2 Con arrogancia persigue el malvado al indefenso, pero se enredará en sus propias artimañas.

3 El malvado hace alarde de su propia codicia; alaba al ambicioso y menosprecia al Dios de la Vida. 4 El malvado levanta insolente la nariz, y no da lugar a Dios en sus pensamientos.

5 Todas sus empresas son siempre exitosas; tan altos y alejados de él están tus juicios que se burla de todos sus enemigos. 6 Y se dice a sí mismo: “Nada me hará caer. Siempre seré feliz. Nunca tendré problemas”.

7 Llena está su boca de maldiciones, de mentiras y amenazas; bajo su lengua esconde maldad y violencia.

8 Se pone al acecho en las aldeas, se esconde en espera de sus víctimas, y asesina a mansalva al inocente. 9 Cual león en su guarida se agazapa, listo para atrapar al indefenso;  le cae encima y lo arrastra en su red.

10 Bajo el peso de su poder,  sus víctimas caen por tierra. 11 Se dice a sí mismo: “Dios se ha olvidado. Se cubre el rostro. Nunca ve nada”.

12 ¡Levántate, Adonai! ¡Levanta, oh Dios, tu brazo! ¡No te olvides de los indefensos!

13 ¿Por qué te ha de menospreciar el malvado  ¿Por qué ha de pensar que tus ángeles no lo llamarán a cuentas?

14 Pero tú ves la opresión y la violencia, las tomas en cuenta y te harás cargo de ellas. Las víctimas confían en ti; tú eres la ayuda de los huérfanos.


15 Quebranta tú el brazo del inicuo,  ¡Pídeles a los tiranos cuentas de su maldad,  y haz que desaparezcan por completo!

16 Tú, Adonai, escuchas la petición de los indefensos,  les infundes aliento y atiendes a su clamor. 17 Tú defiendes al huérfano y al oprimido,  para que el hombre, que tú formaste,  no siga ya sembrando el terror; para que no siga corriendo la sangre del inocente.

18 Vengan tus ángeles envueltos en llamas de justicia para cobrar restitución por la violencia de los prepotentes, de los tiranos, que 19 abren su boca para pronunciar palabras de muerte; 20 que abren sus bocas para maldecir y predicar odio.


21 Pero Tú, Padre de la Vida, harás brillar tu justicia y te alabaremos en medio de las multitudes.

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