Según
Yojanán Marcos discípulo de Kefa
Yehshua
en Natzeret
1 Salió Yehshua de allí y vino a su tierra,
y le seguían sus discípulos. 2 Y llegado el día de reposo, comenzó a
enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde
tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos
milagros que por sus manos son hechos? 3 ¿No
es éste el carpintero, hijo de Mariam, hermano de Ya’acov, de Joseph, de Yehudah
y de Shimón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se
escandalizaban de él.
4 Mas Yehshua les decía: No hay profeta sin
honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro,
salvo que sanó a unos pocos enfermos,
poniendo sobre ellos las manos. 6 Y estaba asombrado de la incredulidad de
ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.
Misión
de los doce discípulos
7 Después llamó a los doce, y comenzó a
enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. 8 Y les mandó que no llevasen nada para el
camino, sino solamente bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto, 9 sino que calzasen sandalias, y no
vistiesen dos túnicas.
10 Y les dijo: Dondequiera que entréis en
una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar. 11 Y si en algún lugar no os recibieren ni
os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies,
para testimonio a ellos. De cierto os digo que en el día del juicio, será más
tolerable el castigo para los de Sadom y Gomorah, que para aquella ciudad.
12 Y saliendo, predicaban que los hombres se
arrepintiesen. 13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungían
con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.
Muerte
de Yojanán el Bautista
14 Oyó el rey Herodes la fama de Yehshua,
porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Yojanán el Bautista ha
resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. 15 Otros decían: Es Eliyahu. Y otros decían:
Es un profeta, o alguno de los profetas. 16 Al
oír esto Herodes, dijo: Este es Yojanán, el que yo decapité, que ha resucitado
de los muertos. 17 Porque el mismo Herodes había enviado y
prendido a Yojanán, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías,
mujer de Filipo su hermano; pues la había tomado por mujer. 18 Porque Yojanán decía a Herodes: No te es
lícito tener la mujer de tu hermano.
19 Pero Herodías le acechaba, y deseaba
matarle, y no podía; 20 porque Herodes temía a Yojanán, sabiendo
que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy
perplejo, pero le escuchaba de buena gana. 21 Pero
venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, daba una
cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de Galilea, 22 entrando
la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la
mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.
23 Y le juró: Todo lo que me pidas te daré,
hasta la mitad de mi reino. 24 Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué
pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Yojanán el Bautista.
25 Entonces ella entró prontamente al rey, y
pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Yojanán
el Bautista. 26 Y el rey se entristeció mucho; pero a
causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso
desecharla.
27 Y en seguida el rey, enviando a uno de la
guardia, mandó que fuese traída la cabeza de Yojanán. 28 El guarda fue, le decapitó en la cárcel,
y trajo su cabeza en un plato y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su
madre. 29 Cuando oyeron esto sus discípulos,
vinieron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro.
Alimentación
de los cinco mil
30 Entonces los apóstoles se juntaron con Yehshua,
y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. 31 Él les dijo: “Venid vosotros aparte a un
lugar desierto, y descansad un poco”. Porque eran muchos los que iban y venían,
de manera que ni aun tenían tiempo para comer.
32 Y se fueron solos en una barca a un lugar
desierto. 33 Pero muchos los vieron ir, y le
reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes
que ellos, y se juntaron a él. 34 Y salió Yehshua y vio una gran multitud,
y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y
comenzó a enseñarles muchas cosas.
35 Cuando ya era muy avanzada la hora, sus
discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy
avanzada. 36 Despídelos para que vayan a los campos y
aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. 37 Respondiendo él, les dijo: Dadles
vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por
doscientos denarios, y les demos de comer?
38 Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y
vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. 39 Y les mandó que hiciesen recostar a todos
por grupos sobre la hierba verde. 40 Y se
recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.
41 Entonces tomó los cinco panes y los dos
peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus
discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos.
42 Y comieron todos, y se saciaron. 43 Y recogieron de los pedazos doce cestas
llenas, y de lo que sobró de los peces. 44 Y los
que comieron eran cinco mil hombres.
Yehshua
anda sobre el mar
45 En seguida hizo a sus discípulos entrar
en la barca e ir delante de él a Betseda, en la otra ribera, entre tanto que él
despedía a la multitud. 46 Y después que los hubo despedido, se fue
al monte a orar; 47 y al venir la noche, la barca estaba en
medio del mar, y él solo en tierra.
48 Y viéndoles remar con gran fatiga, porque
el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a
ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. 49 Viéndole ellos andar sobre el mar,
pensaron que era un fantasma, y gritaron; 50 porque
todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo:
¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!
51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó
el viento; y ellos se asombraron en gran manera, y se maravillaban. 52 Porque aún no habían entendido lo de los
panes, por cuanto estaban endurecidos sus corazones.
Yehshua
sana a los enfermos en Kinéret
53 Terminada la travesía, vinieron a tierra
de Kinéret, y arribaron a la orilla. 54 Y
saliendo ellos de la barca, en seguida la gente le conoció.
55 Y recorriendo toda la tierra de
alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían
que estaba. 56 Y dondequiera que entraba, en aldeas,
ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le
rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le
tocaban quedaban sanos.




No hay comentarios:
Publicar un comentario