jueves, 1 de septiembre de 2016

AMPARO DEL PODER SUPREMO III


Emuná

1 Estas son palabras del Predicador: “Escucha, hijo de la tierra y pon atención a mis palabras; porque son palabras de entendimiento y enseñanzas de vida. 2 Estaba yo en mi desesperación y clamé al Padre de la Vida y dije: ‘Luz del Universo, ¿por qué no me escuchas? 3 En Ti he puesto toda mi confianza y firmemente creo en ti, pero mi cuerpo se debilita y me consume la enfermedad; 4 mis carnes se aflojan y solo me queda aguardar la muerte, porque no recupero mis fuerzas y se apaga mi energía 5 y, sin embargo, Tú no me escuchas’.

6 Lloraba viendo como mi juventud se desvanecía comido por las dolencias y no me recuperaban ni cuidados médicos ni potentes medicamentos. 7 Cercana veía mi muerte y yo imploraba con ansiedad. Por siete noches seguidas oré al Padre de la Vida buscando su amparo y no tenía respuesta alguna. 8 La séptima noche me asaltó una fuerte somnolencia y quedé sumido en un profundo sueño.

9 Y tuve una visión en sueños, y he aquí que estaba frente a mí contemplándome con rostro severo uno como hombre rodeado de una luz maravillosa. 10 Y aquella visión me habló y me dijo: ‘Cuan torpe eres, Predicador; cuán torpe y necio eres’. ‘¿Quién eres, señor ─ pregunté con temor en mi alma ─ y por qué me hablas de tal manera?’

11 Y aquel con figura de hombre me dijo: ‘¿Por qué reclamas a la Suprema Inteligencia lo que no has sabido sacar de ti propio? 12 Yo soy Gavri’el y la Luz me ha enviado a tí para dar respuestas a tus reclamos”. 13 Al escuchar su nombre me incorporé y quise ponerme de rodillas ante el ángel bendito de la revelación; pero él me contuvo diciendo: 14 “¡Detente y no dobles tus rodillas ante mí porque solo debes honra al Padre de la Vida! Ahora, contéstame y dime ¿de qué te quejas?’

14 ‘¡Ah, señor!, dije yo, me devora la enfermedad y he pedido al Padre de la Vida que me recupere y me sane, y aunque con devoción le he implorado no he recibido el consuelo. 15 Creo firmemente en Él y predico sus enseñanzas, entonces 16 ¿por qué no me escucha?’ 17 Y dijo el ángel bendito: ‘El Padre siempre escucha y ampara a todos los que no dudan en su mente y 18 tú has dudado en tu mente y has hecho imperfecta tu oración’. 19 Protesté diciendo: “Creo firmemente en el Dios de la Vida y ninguna duda guardo de que es poderoso”.

20 Contestó entonces Gavri’el: “Creer no es suficiente como tampoco suficiente es estar convencido. 21 Es creer con convencimiento y con total seguridad, sin ningún rasgo de duda. La duda siempre está presente en la razón del hijo de la tierra. 22 Creer puedes en cualquier cosa, puedes creer en una mentira o en cualquier fábula y siempre tu razón o la razón de otro te hará dudar de tu creencia. 23 Crees que la lluvia es agua, porque estás convencido de que es agua y porque no tienes duda de ello; tus sentidos te lo demuestran. 24 Puedes creerte capaz de caminar sobre el agua de un lago, pero no puedes estar convencido de que puedes 25 porque tus sentidos te dicen que una piedra no flota en el agua, se hunde. Por tanto, no es suficiente creer’.

26 Sentí en mi alma una gran angustia y dije: ‘Entonces ¿qué esperanza podemos tener del amparo del Dios del Universo?’ 27 Y me dijo Gavri’el: ‘Contéstate tú mismo qué es la esperanza y dime si la esperanza es solo la espera de algo deseado que puede ser alcanzado. 28 No, podrías suprimir esa palabra por confianza y plena certeza en la misericordia de tu Dios y Dios nuestro, 29 entonces comprenderías que, viviendo al amparo del Altísimo y bajo la sombre del Todopoderoso, como ya se dijo, Él te librará del lazo del cazador y del azote de la desgracia. 30 Entonces para alcanzar a Dios se requiere, junto al creer, el convencimiento que nace de la confianza y de la plena certeza de poder que en ti mismo existe y que se irradia de la Suprema Inteligencia, esto es Emuná’.

31 Y dijo más Gavri’el: ‘Emuná es sacar fuerza de uno mismo confiando en la fuerza de la Suprema Inteligencia; es anhelo y confianza en el Gran Saber 32 y la certeza cierta de que su Palabra es firme y segura; 33 la emuná nace de tu ser espiritual sin necesidad de la confirmación por tus sentidos. 34 ¿Crees en la Suprema Inteligencia y sientes anhelo de su amparo? Haces bien, 35 pero esto es solo como la semilla que ha de sembrarse para que crezca un frondoso árbol. 36 Viene la tormenta y te asustas y buscas refugio; tiembla la tierra y corres desesperado y temeroso por tu vida y anhelas la protección del Padre de la Vida; 37 pero no puedes detener la tormenta ni evitar que tiemble la tierra. 38 Sin embargo, en ti, en tu alma, hay un destello de la Divinidad que te confirió el Padre 39 cuando quiso que el hombre fuera a su imagen y a su semejanza. 40 Cuando hay emuná en ti, lo que aparentemente es imposible se hace posible 42 y podrás decirles a los vientos que cesen y los vientos cesarán; podrás decirle a la tierra que cese de temblar y se detendrá el temblor; 43 podrás decirles a las dolencias que desaparezcan y las dolencias desaparecerán. 44 Todo es posible cuando de ti hay emuná’.

45 Rogué entonces que Dios me concediera emuná, pero Gavri’el me contuvo diciendo: 46 ‘Escucha Predicador y pon atención a mis palabras. La emuná no es don que regale el Padre de la Vida, sino poder que en ti mismo existe. 47 La Luz del Universo solo te concede la fuerza para desarrollar la parte luminosa de tu alma. 48 Cuando seas capaz de suprimir las tinieblas que habitan en tu alma y hagas resplandecer tu luz, 49 la chispa divina que alienta en ti, entonces alcanzarás la emuná. 50 La emuná es don de ti mismo que crece y se fortalece en la misma medida en que crezca tu espiritualidad. 51 Esfuérzate con meditaciones, en quietud, sosiego y paz, y con tu mente elevada al Universo, 52 así alcanzarás emuná. 53 Entonces, cuando ores, no habrán dudas dentro de tu razón y alcanzarás la paz y estarás ya en el camino de la perfección”.  


54 Desperté entonces y sentí que dentro de mí crecía una energía que antes no había conocido.

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