Según
Yojanán Marcos discípulo de Kefa
Alimentación
de los cuatro mil
1 En aquellos días, como había una gran
multitud, y no tenían qué comer, Yehshua llamó a sus discípulos, y les dijo: 2 Tengo compasión de la gente, porque ya
hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; 3 y si los enviare en ayunas a sus casas,
se desmayarán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.
4 Sus discípulos le respondieron: ¿De dónde
podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?
5 Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis?
Ellos dijeron: Siete.
6 Entonces mandó a la multitud que se
recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los
partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron
delante de la multitud. 7 Tenían también unos pocos pececillos; y
los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. 8 Y comieron, y se saciaron; y recogieron
de los pedazos que habían sobrado, siete canastas. 9 Eran los que comieron, como cuatro mil; y
los despidió.
La
demanda de una señal
10 Y luego entrando en la barca con sus
discípulos, vino a la región de Dalmanuta. 11 Vinieron
entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del
cielo, para tentarle. 12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué
pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta
generación. 13 Y dejándolos, volvió a entrar en la
barca, y se fue a la otra ribera.
La
levadura de los fariseos
14 Habían olvidado de traer pan, y no tenían
sino un pan consigo en la barca.15 Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos
de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.
16 Y discutían entre sí, diciendo: Es porque
no trajimos pan. 17 Y entendiéndolo Yehshua, les dijo: ¿Qué
discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis
endurecido vuestro corazón? 18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos
no oís? ¿Y no recordáis? 19 Cuando partí los cinco panes entre cinco
mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce. 20 Y cuando los siete panes entre cuatro
mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron:
Siete. 21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?
Un
ciego sanado en Betseda
22 Vino luego a Betseda; y le trajeron un
ciego, y le rogaron que le tocase. 23 Entonces,
tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos,
le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. 24 El, mirando, dijo: Veo los hombres como
árboles, pero los veo que andan.
25 Luego le puso otra vez las manos sobre
los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente
a todos. 26 Y lo envió a su casa, diciendo: No entres
en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.
La confesión
de Kefa
27 Salieron Yehshua y sus discípulos por las
aldeas de Cesárea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos,
diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Ellos respondieron: Unos, Yojanán el
Bautista; otros, Eliyahu; y otros, alguno de los profetas. 29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién
decís que soy? Respondiendo Kefa, le dijo: Tú eres el Mashíaj. 30 Pero él les mandó que no dijesen esto de
él a ninguno.
Yehshua
anuncia su muerte
31 Y comenzó a enseñarles que le era necesario
al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los
principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de
tres días. 32 Esto les decía claramente. Entonces Kefa
le tomó aparte y comenzó a reconvenirle. 33 Pero
él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Kefa, diciendo:
¡Quítate de delante de mí, Ahrimán! porque no pones la mira en las cosas de
Dios, sino en las de los hombres.
34 Y llamando a la gente y a sus discípulos,
les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su
cruz, y sígame. 35 Porque todo el que quiera salvar su vida,
la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del mensaje nuevo,
la salvará. 36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare
todo el mundo, y perdiere su alma? 37 ¿O
qué recompensa dará el hombre por su alma? 38 Porque
el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y
pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria
de su Padre con los santos ángeles.










