1 Y Ieshaiá dijo: “Todos los sedientos, venid a
las aguas; y los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad
vino y leche sin dinero y sin costo alguno.
2 ¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan, y
vuestro salario en lo que no sacia? Escuchadme atentamente, y comed lo que es
bueno, y se deleitará vuestra alma en la abundancia.
3 Inclinad vuestro oído y venid a mí, escuchad y
vivirá vuestra alma; y haré con vosotros un pacto eterno, conforme a las fieles
misericordias mostradas a David. 4 He aquí, lo he
puesto por testigo a los pueblos, por guía y jefe de las naciones.
5 He aquí, llamarás a una nación que no
conocías, y una nación que no te conocía, correrá a ti a causa de Adonai, tu
Dios, el Santo de Yisraeil; porque Él te ha glorificado.
6 Buscad al Dios de Luz mientras puede ser
hallado, llamadle en tanto que está cerca. 7 Abandone el impío su camino, y el hombre inicuo
sus pensamientos, y vuélvase a la Suprema Inteligencia, que tendrá de él
compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar.
8 Porque mis pensamientos no son vuestros
pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos — declara el Dios de la Vida. 9 Porque como los cielos son más altos que la
tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos
más que vuestros pensamientos.
10 Porque como descienden de los cielos la lluvia
y la nieve, y no vuelven allá sino que riegan la tierra, haciéndola producir y
germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, 11 así será mi palabra que pronuncio, no volverá
a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el
cual la pronuncié. 12 Porque con
alegría saldréis, y con paz seréis conducidos; los montes y las colinas
prorrumpirán en gritos de júbilo delante de vosotros, y todos los árboles del
campo batirán palmas.
13 En lugar del espino crecerá el ciprés, y en
lugar de la ortiga crecerá el mirto; y esto será para gloria del Señor, para
señal eterna que nunca será borrada.
14 Y ahora, así habla Dios, el que te dio
vida, Ya’acov, el que te formó, Yisraeil: 15 Ustedes
son mis testigos y mis servidores: a
ustedes los elegí para que entiendan y crean en mí, y para que comprendan que
Yo Soy. Antes de mí no fue formado ningún dios ni habrá otro después de mí. 16 Yo anuncié, yo salvé, yo predije, y no un
dios extraño entre ustedes. Ustedes son mis testigos y yo soy Dios.
17 Y habló Ieshaiá: “Así habla Adonai, tu
redentor, el que te formó desde el seno materno: Soy yo, la Suprema
Inteligencia, el que hago todas las cosas; yo solo despliego el cosmos, yo
extiendo la tierra, ¿y quién está conmigo?
18 Yo hago fracasar los
presagios de los charlatanes y hago delirar a los adivinos; hago retroceder a
los sabios y cambio su ciencia en locura”.

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