Yehshua
se reencuentra con Mariam
1 Mientras Yehshua permanecía alejado de
Natzeret, Mariam cuidaba de su casa y atendía a sus hijos, los hijos de Joseph,
2 y en todo momento oraba al Padre de la
Vida pidiendo por su hijo Yehshua.
3 Sucedió entonces un día que Yehshua se
presentó ante la puerta de la casa y saludó diciendo: “La paz sea en esta casa,
casa donde transcurrió mi infancia bajo la protección de mi padre Joseph y el
amor de mi madre y mis hermanos”.
4 Y fue grande el gozo de Mariam cuando
abrazó a su hijo; pero los hermanos de Yehshua, los hijos de Joseph, le miraron
con cierta desconfianza. 5 Mariam vio como los hijos de Joseph
miraron a Yehshua y sintió dolor en su alma.
6 Durante algunos días Yehshua acompañó a
su madre y Mariam vio en él algo nuevo, e inexplicable, 7 como si estuviera sumergido dentro de un
rayo de luz, como si su rostro tuviera otra expresión 8 que ella sentía conmovedora y que nunca
antes había notado en él.
Yehshua
en la sinagoga de Natzeret
9 Llegado el Sabbat Yehshua habló a Mariam:
“Mujer, escucha, es necesario que hoy vaya a la sinagoga, porque tengo un
mensaje para el pueblo; 10 pero luego tendré que marcharme de nuevo
porque aún no ha llegado mi tiempo”. Aquellas palabras las guardó Mariam en su
mente sin poderlas entender.
11 Después de esto Yehshua entró en la
sinagoga seguido por Mariam. Él se levantó para hacer la lectura de los
profetas y le entregaron el libro de Ieshaiá. 12 Abrió
el rollo y leyó lo escrito por el portador de la palabra:
“El
espíritu de Yah está sobre mí, porque me ha ungido y me envía a anunciar la
buena nueva a los pobres, a aliviar a los afligidos, anunciar libertad a los
presos, libertad a los que están en la cárcel y anunciar el año favorable del
Padre, el día en que Dios nos librará de nuestros enemigos”.
13 Enrolló el libro y lo pasó al ministro.
Todos los presentes le contemplaban atentamente esperando que dijera algunas
palabras sobre el texto. 14 Entonces dijo Yehshua: “Hoy se cumple en
mí esta escritura que acabo de leer”.
15 Todos en la sinagoga quedaron asombrados
con lo que le acababan de escuchar. 16
Alguien le gritó diciendo: “¿Quién te crees que eres y qué pretendes que
creamos de ti? ¿Acaso sientes que eres el profeta anunciado?” 17 Otro le gritó: “Te conocemos muy bien.
Mira, aquí está tu madre, viuda de tu padre Joseph, y también están tus
hermanos. Carpintero y constructor eres y no profeta”; 18 aun un tercero le espetó: “¿Te crees
acaso que tú eres el Mashíaj esperado?”
19 Yehshua entonces les dijo: “Ciertamente
con ustedes se cumple lo dicho, que nadie es aceptado como profeta portador de
la voz del Padre en su propia tierra”. 20 Y
continuó alegando con pasajes de la historia de Yisraeil, lo que hizo que todos
los hombres dentro de la sinagoga se pusieran de pie furiosos para abalanzarse
sobre él.
21 Se apoderaron de él y le empujaron hasta
el borde del barranco con la intención de arrojarle por el despeñadero, 22 pero Yehshua logró desprenderse de ellos
y se alejó de la aldea diciendo: “Todavía mi tiempo no ha llegado”.
23 Así, Yehshua se marchó a Betseda cerca de
Kapurneum.
Mariam
es invitada a una boda
24 Por aquellos días, después que Yehshua,
se marchara de Natzeret, vino un pariente de Joseph y habló a Mariam y a los
hijos de Joseph que estaban en la aldea: “Mi hijo se casará tal día y me
complacería recibirles en la fiesta de su matrimonio en Caná de Galilea donde
vivimos”.
25 Mariam le contestó: “Complacida estaré de
acompañarles en las bodas y de ayudarles en la preparación de los manjares para
la fiesta”. Los hijos de Joseph, en cambio, alegaron que por esos días estarían
mu ocupados. 26 Entonces el pariente les dijo: “Si al
menos uno de los hijos de Joseph asistiera me sentiría muy honrado”.
27 Cuando ya estaba cerca el día señalado
para las bodas del pariente de Joseph llegó Yehshua a Natzeret acompañado con
cinco hombres que Mariam no conocía. 28
Aquellos hombres la trataron con gran afecto y respeto y denominaban a Yehshua como Rabbi, diciendo
ser discípulos de él. 29 Eran hombres de aspecto rudo y
desenfadado. El mayor de ellos se llamaba Shimón pero todos le decían Kefa y
era de risa poderosa y alegre. 30 Los otros se llamaban Andras, Filíppos y
Netan’el, 31 y el más joven de nombre Yojanán fue el
más afectuoso con Mariam; y vio Mariam que Yehshua sentía gran afecto por él.
Mariam
pide a Yehshua que le acompañe a la boda
32 Cuando Yehshua le dijo a Mariam que
estaban de paso y se dirigían a Kapurneum, Mariam dijo: “Si es así, hijo mío,
acompáñame con tus discípulos a Caná para una boda a la que fui invitada, pues
Caná te queda en camino a Kapurneum”. 33
Yehshua le respondió diciendo: “Mira que ahora mismo comienza mi ministerio y
no me queda mucho tiempo para cumplir la tarea que el Padre me encomendó”. 34 Pero Mariam insistió: “Será para mí
motivo de alegría que vinieras conmigo a Caná y, luego, si elegiste un camino,
yo te seguiré donde quiera que vayas”.
El
agua transformada en vino
35 Y fueron y asistieron a las bodas que se
festejaban en Caná y Mariam ayudaba en la preparación de los manjares. 36 Sucedió que muy temprano se agotó el vino
que se servía en la fiesta, pues muchos eran los asistentes porque el padre del
novio era muy respetado y reconocido tanto en Caná como en Kapurneum. 37 Y Mariam tuvo una inspiración,
diciéndose: “Sé que mi hijo tiene poder procedente de la Luz del Universo y
puede hacer posible lo que para otros no es imaginable siquiera”.
38 Entonces fue y buscó a Yehshua que estaba
junto a los hombres y le llamó aparte y le dijo: “Hijo mío, el vino se ha
agotado”. 39 Yehshua le dijo entonces: “¿Qué tenemos
que ver tú y yo con esto? ¿No has aprendido que todavía no ha llegado mi hora?”
40 Comprendió Mariam, por el tono suave de
voz conque había expresado su reproche, que él cumpliría con su pedido.
41 Mariam buscó a los sirvientes de la casa
y les dijo: “Vayan con él y hagan todo lo que diga cumpliendo en todo con su
palabra”.
42 Allí, en el patio, había seis tinajas de
piedra que se usan para guardar el agua destinada al rito de purificación
conforme a la tradición. Cada una de aquellas tinajas podía contener hasta
cuatro cántaras. 43 Dijo entonces Yehshua: “Rellenen con agua
estas tinajas hasta el borde”. Entonces los sirvientes rellenaron las tinajas y
cuando terminaron dijo Yehshua: “Tomen una muestra y preséntela al maestresala”.
44 Así hicieron los sirvientes y cuando el
maestresala cató el agua transformada en vino, le encontró de buen sabor y
aroma.
45 Sin conocer de dónde había salido aquel
vino, el maestresala fue al encuentro del que se había casado y le dijo: “Siempre
he visto en las festividades que los dueños ponen primero el buen vino, y 46 cuando ya todos han bebido suficiente,
reparten el vino de peor calidad; 47 sin
embargo, tú has reservado el mejor vino para el final”.
48 Maravillados y temerosos quedaron sus
discípulos que había sido testigo de lo hecho por Yehshua y no tenían manera de
entender aquella señal.

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