domingo, 15 de febrero de 2015

Mariam de Natzeret XI


1 Mariam quedó en Kapurneum, mientras Yehshua y sus discípulos recorrían la región, desde Kapurneum hasta el lago Kinéret y Betseda al otro lado del Kinéret. 2 Entonces, pasados algunos días regresó Yehshua a Kapurneum y Marian salió a su encuentro.

Yehshua y el centurión

3 Entonces se presentó un centurión ante Yehshua y sus discípulos, quien al verle le rogó: “Señor he conocido que eres capaz de hacer prodigios en el nombre de tu Dios; te ruego que sanes a mi esclavo, al que mucho aprecio, y que está postrado por una enfermedad”.

4 Se dispuso Yehshua ir a donde estaba el esclavo enfermo, pero el centurión le detuvo diciéndole: “No creo que mi casa sea digna para recibirte. 5 Yo sé lo que es dar y recibir órdenes y que estas se obedezcan; 6 así que basta que digas una palabra, una orden de tu poder y mi esclavo sanará”.

7 Mariam estaba asombrada con lo que veía y escuchaba, pues los soldados romanos eran altivos y orgullosos y despreciaban a los israelitas. Escuchó las palabras de Yehshua diciendo: 8 “En toda nuestra nación he visto alguno con tal fe que la que demuestra este goyim. Vuelve a tu casa, y tal como has creído, tu esclavo estará sano cuando llegues”.

9 Sucedió que cuando regresaba el centurión llegaron algunos de sus servidores quienes le dijeron: “Señor, es increíble, tu esclavo ha sanado repentinamente”.

10 Y Mariam alabó a la gloria del Padre de la Vida que había actuado a través de la palabra de Yehshua.

Los hijos de Joseph se establecen en Kapurneum

11 Por aquel tiempo, los hijos de Joseph, hermanos de Yehshua fueron y se establecieron en Kapurneum y Mariam se sintió muy feliz al saberles cerca.12 Ellos la recibieron en su casa, aunque disgustados porque 13 creían que Yehshua no se ocupaba de Mariam, su madre.

Verónica

13 Una nueva experiencia tendría Mariam de la gloria que envolvía a su hijo Yehshua, cuando, días después volviera a Kapurneum 14 y era seguido por una muchedumbre que le veía como profeta de Dios.


15 Uno de los principales de la sinagoga que Mariam conocía, llamado Jairo vino y se postró ante Yehshua rogándole: “¡Oh, Señor, ten misericordia de mí! Mi hija pequeña está muy enferma y se mure. 16 Ven pronto, te ruego, para que pongas tu mano sobre ella y ella sane”.

17 Mariam vio que Yehshua se había sentido conmovido con aquella plegaria. Entonces le dijo Yehshua al hombre: “Vayamos de inmediato. Tu fe salvará a tu hija”. Y salieron abriéndose paso entre la multitud. 18 Entonces vio Mariam a una mujer que trataba de llegar hasta Yehshua, pero que no se atrevía a hablarle.


19 Y vio que la mujer se inclinó ante Yehshua y le tocó su manto. Yehshua se volvió hacia ella y la miró con dulzura. 20 Lloraba la mujer dándole explicaciones: “Señor por años he estado inmunda por el flujo de sangre que he padecido, pero en la Decápolis escuché tu nombre y vine para buscar que tú me sanaras y ahora, 21 tan solo tocar tu manto, siento que he sanado”.

22 Yehshua le dijo: “No temas mujer y vete en paz, por tu fe has sido sanada y ya no te llamarán inmunda”. Y siguió Yehshua junto a Jairo dirigiéndose a la casa de este.

23 La mujer había quedado en medio de la calle llorando de alegría y dando gracias a Dios. Mariam, entonces fue junto a ella. Al verla, 24 la mujer le dijo: “Hoy Dios ha hecho maravillas en mí. Bendita sea la mujer que le concibió”.

25 Mariam le dijo: “Soy la madre del bendecido Yehshua. Él tiene el poder del Padre de la Vida. No te quedes ahí gozando de tu alegría. 26 Ve y síguelo y cumple con sus enseñanzas”.


27 Y la mujer dijo que se llamaba Verónica; besó la mano de Mariam y no regresó a Decápolis, sino que fue tras de Yehshua y le siguió a donde él fuera. 28 Entonces escucharon la alegría de los que estaban en la casa de Jairo que se maravillaban porque la niña, luego de haber entregado su aliento, 29 había vuelto a la vida cuando Yehshua colocara su mano sobre su frente.

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