1 Mariam quedó en Kapurneum, mientras
Yehshua y sus discípulos recorrían la región, desde Kapurneum hasta el lago Kinéret
y Betseda al otro lado del Kinéret. 2
Entonces, pasados algunos días regresó Yehshua a Kapurneum y Marian salió a su
encuentro.
Yehshua
y el centurión
3 Entonces se presentó un centurión ante
Yehshua y sus discípulos, quien al verle le rogó: “Señor he conocido que eres
capaz de hacer prodigios en el nombre de tu Dios; te ruego que sanes a mi
esclavo, al que mucho aprecio, y que está postrado por una enfermedad”.
4 Se dispuso Yehshua ir a donde estaba el
esclavo enfermo, pero el centurión le detuvo diciéndole: “No creo que mi casa
sea digna para recibirte. 5 Yo sé lo que es dar y recibir órdenes y
que estas se obedezcan; 6 así que basta que digas una palabra, una
orden de tu poder y mi esclavo sanará”.
7 Mariam estaba asombrada con lo que veía y
escuchaba, pues los soldados romanos eran altivos y orgullosos y despreciaban a
los israelitas. Escuchó las palabras de Yehshua diciendo: 8 “En toda nuestra nación he visto alguno
con tal fe que la que demuestra este goyim. Vuelve a tu casa, y tal como has
creído, tu esclavo estará sano cuando llegues”.
9 Sucedió que cuando regresaba el centurión
llegaron algunos de sus servidores quienes le dijeron: “Señor, es increíble, tu
esclavo ha sanado repentinamente”.
10 Y Mariam alabó a la gloria del Padre de
la Vida que había actuado a través de la palabra de Yehshua.
Los
hijos de Joseph se establecen en Kapurneum
11 Por aquel tiempo, los hijos de Joseph,
hermanos de Yehshua fueron y se establecieron en Kapurneum y Mariam se sintió
muy feliz al saberles cerca.12 Ellos la recibieron en su casa, aunque
disgustados porque 13 creían que Yehshua no se ocupaba de
Mariam, su madre.
Verónica
13 Una nueva experiencia tendría Mariam de
la gloria que envolvía a su hijo Yehshua, cuando, días después volviera a
Kapurneum 14 y era seguido por una muchedumbre que le
veía como profeta de Dios.
15 Uno de los principales de la sinagoga que
Mariam conocía, llamado Jairo vino y se postró ante Yehshua rogándole: “¡Oh,
Señor, ten misericordia de mí! Mi hija pequeña está muy enferma y se mure. 16 Ven pronto, te ruego, para que pongas tu
mano sobre ella y ella sane”.
17 Mariam vio que Yehshua se había sentido
conmovido con aquella plegaria. Entonces le dijo Yehshua al hombre: “Vayamos de
inmediato. Tu fe salvará a tu hija”. Y salieron abriéndose paso entre la
multitud. 18 Entonces vio Mariam a una mujer que
trataba de llegar hasta Yehshua, pero que no se atrevía a hablarle.
19 Y vio que la mujer se inclinó ante
Yehshua y le tocó su manto. Yehshua se volvió hacia ella y la miró con dulzura.
20 Lloraba la mujer dándole explicaciones: “Señor
por años he estado inmunda por el flujo de sangre que he padecido, pero en la
Decápolis escuché tu nombre y vine para buscar que tú me sanaras y ahora, 21 tan solo tocar tu manto, siento que he
sanado”.
22 Yehshua le dijo: “No temas mujer y vete
en paz, por tu fe has sido sanada y ya no te llamarán inmunda”. Y siguió Yehshua
junto a Jairo dirigiéndose a la casa de este.
23 La mujer había quedado en medio de la
calle llorando de alegría y dando gracias a Dios. Mariam, entonces fue junto a
ella. Al verla, 24 la mujer le dijo: “Hoy Dios ha hecho
maravillas en mí. Bendita sea la mujer que le concibió”.
25 Mariam le dijo: “Soy la madre del
bendecido Yehshua. Él tiene el poder del Padre de la Vida. No te quedes ahí
gozando de tu alegría. 26 Ve y síguelo y cumple con sus enseñanzas”.
27 Y la mujer dijo que se llamaba Verónica;
besó la mano de Mariam y no regresó a Decápolis, sino que fue tras de Yehshua y
le siguió a donde él fuera. 28 Entonces escucharon la alegría de los que
estaban en la casa de Jairo que se maravillaban porque la niña, luego de haber
entregado su aliento, 29 había vuelto a la vida cuando Yehshua
colocara su mano sobre su frente.



No hay comentarios:
Publicar un comentario