lunes, 9 de febrero de 2015

Libro de la Buena Noticia del Bendecido Yehshua (3)

Según Yojanán Marcos discípulo de Kefa



El hombre de la mano paralizada

1 Entró otra vez Yehshua en la sinagoga; y estaba allí un hombre que tenía la mano paralizada.  2 Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle.

3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano paralizada: “Levántate y ponte en medio”. 4 Y les dijo: “¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla?” Pero ellos callaban. 

5 Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: “Extiende tu mano”. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana. 

6 Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él.

La multitud a la orilla del mar

7 Mas Yehshua se retiró al mar con sus discípulos, y le siguió mucha gente de Galilea. 8 Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. 9 Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. 10 Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo.

11Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y gritaban, diciendo: “Tú eres el Hijo de Dios”. 12 Mas él les exigía mucho que no lo manifestaran.

Elección de los doce apóstoles

13 Después subió al monte, y llamó a su lado a los que él quiso; y ellos fueron con él. 14 Y designó a doce de ellos para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, 15  y les dio potestad para sanar enfermedades y para expulsar demonios: 16 a Shimón, a quien puso por sobrenombre Kefa; 17 a Ya’acov hijo de Zebebdi, y a Yojanán hermano de Ya’acov, a quienes apellidó Boanerges, esto es, Hijos del trueno; 18 a Andras, Filíppos, Barptolomé, Mattai, Tau'ma, Ya’akov hijo de Alfeo, Tadeo, Shimón Kananay, 19 y Yehudah Iskaryyot, el que le entregó.  

La blasfemia contra el Espíritu Santo

20 Yehshua regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. 21 Cuando se enteraron sus parientes, salieron para llevárselo, porque decían: “Está fuera de sí”. 22 Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: “Está poseído por Baalzebut y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios”.

23 Yehshua los llamó y por medio de parábolas les dijo: “¿Cómo puede Shaitán echar fuera a Shaitán? 24 Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. 25 Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. 26 Y si Shaitán se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. 27 Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, solo entonces podrá saquear su casa. 28 De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean;  29 pero cualquiera que blasfeme contra el Paráclito, el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, es culpable de pecado para siempre.  

30 Yehshua dijo esto porque ellos decían: “Está poseído por un espíritu inmundo”.

La madre y los hermanos de Yehshua

31Llegaron después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, lo mandaron a llamar. 32 Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: “Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan”.  


33 Él les respondió diciendo: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?”  34 Y dirigiendo la mirada que estaban sentados alrededor de él, dijo: “Estos son mi madre y mis hermanos. 35 Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre”.      

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