Según
Yojanán Marcos discípulo de Kefa
El
endemoniado gadareno
1 Fueron a la otra orilla del mar, a la
región de los gadarenos. 2 Y cuando salió él de la barca, en seguida
vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3 que tenía su morada en los sepulcros, y
nadie podía atarle, ni aun con cadenas. 4 Porque
muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían
sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía
dominar. 5 Y siempre, de día y de noche, andaba
dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras.
6 Cuando vio, pues, a Yehshua de lejos,
corrió, y se arrodilló ante él. 7 Y clamando a gran voz, dijo: “¿Qué tienes
conmigo, Yehshua, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me
atormentes”. 8 Porque le decía: “Sal de este hombre,
espíritu inmundo”.
9 Y le preguntó: “¿Cómo te llamas?” Y
respondió diciendo: “Legión me llamo; porque somos muchos”. 10 Y le rogaba mucho que no los enviase
fuera de aquella región.
11 Estaba allí cerca del monte un gran hato
de cerdos paciendo. 12 Y le rogaron todos los demonios,
diciendo: “Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos”.
13 Y luego Yehshua les dio permiso. Y
saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los cerdos, los cuales eran
como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar
se ahogaron. 14 Y los que apacentaban los cerdos huyeron,
y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron a ver qué era aquello
que había sucedido.
15 Vienen a Yehshua, y ven al que había sido
atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su
juicio cabal; y tuvieron miedo. 16 Y les contaron los que lo habían visto,
cómo le había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los cerdos. 17 Y comenzaron a rogarle que se fuera de
sus contornos.
18 Al entrar él en la barca, el que había
estado endemoniado le rogaba que le dejase estar con él. 19 Mas Yehshua no se lo permitió, sino que
le dijo: “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor
ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti”. 20 Y se fue, y comenzó a publicar en
Decápolis cuán grandes cosas había hecho Yehshua con él; y todos se
maravillaban.
La
hija de Jairo, y la mujer que tocó el manto de Yehshua
21 Pasando otra vez Yehshua en una barca a
la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto
al mar. 22 Y vino uno de los principales de la
sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, 23 y le rogaba mucho, diciendo: “Mi hija
está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá”. 24 Fue, pues, con él; y le seguía una gran
multitud, y le apretaban.
25 Pero una mujer que desde hacía doce años
padecía de flujo de sangre, 26 y había sufrido mucho de muchos médicos,
y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27 cuando oyó hablar de Yehshua, vino por
detrás entre la multitud, y tocó su manto. 28 Porque
decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.
29 Y en seguida la fuente de su sangre se
secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30 Luego Yehshua,
conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la
multitud, dijo: “¿Quién ha tocado mis vestidos?”
31 Sus discípulos le dijeron: “Ves que la
multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?” 32 Pero él miraba alrededor para ver quién
había hecho esto. 33 Entonces la mujer, temiendo y temblando,
sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le
dijo toda la verdad. 34 Y él le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho
salva; ve en paz, y queda sana de tu azote”.
35 Mientras él aún hablaba, vinieron de casa
del principal de la sinagoga, diciendo: “Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas
más al Rabbi?” 36 Pero Yehshua, luego que oyó lo que se
decía, dijo al principal de la sinagoga: “No temas, cree solamente”. 37 Y no permitió que le siguiese nadie sino Kefa,
Ya’acov, y Yojanán hermano de Ya’acov.
38 Y vino a casa del principal de la
sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. 39 Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis
y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. 40 Y se
burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la
niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.
41 Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: “Niña, a
ti te digo, levántate”. 42 Y luego la niña se levantó y andaba, pues
tenía doce años. Y se espantaron grandemente. 43 Pero
él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer.


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